el carisma politico en la teoria sociologica - www.permiso.webege.com

www.permiso.webege.com
autos motos wallpapers imagenes vehiculos vehiculos terrestres acuaticos barcos yates aviones

         

 


el carisma politico en la teoria sociologica

 

 





Descripcion:
Ttulo de la tesis: El carisma poltico en la teora sociolgica Nombre de la doctoranda: M Blanca Deusdad Ayala Nombre del director: Dr. Salvador Giner de San Julin Programa de Doctorado: Estructura i Canvi Social Bienio: 1995-97 Departamento: Teoria Sociolgica, Filosofia del Dret i Metodologia de les Cincies Socials. Centro: Facultat de Cincies Econmiques i Empresarials. Universitat de Barcelona.

Justificacin................................................................................................11 Presentacin ...............................................................................................15 Introduccin................................................................................................19

1. Los prolegmenos del carisma poltico..................................................25 1.1. El carisma poltico en Platn...................................................25 1.2. El carisma poltico en la obra de Nicols Maquiavelo............................................................41 1.2.1. Caractersticas del liderazgo poltico........................45 1.3. El carisma poltico en Thomas Carlyle....................................49 1.3.1. Evaluacin................................................................55 1.4. Nietzsche.................................................................................60 1.4.1. Evaluacin................................................................71

2. El carisma poltico segn Max Weber...................................................81 2.1.La dominacin racional...........................................................85 2.2. La dominacin tradicional......................................................87 2.3. La dominacin carismtica.....................................................88 2.4. La rutinizacin del carisma.....................................................91 2.5. La transformacin antiautoritaria del carisma .....................97 2.6. Ejemplos del carisma en la antigedad...................................99 2.7. Evaluacin...............................................................................99 2.7.1. La desmitificacin o carisma neutral de Weber....107

3. Durkheim: ritual e identidad...............................................................111 3.1. Evaluacin.............................................................................117

4. El carisma poltico en Rudolf Otto y Max Scheler..............................123 4.1. Rudolf Otto ...........................................................................123 4.1.1. Evaluacin..............................................................129 4.2. Max Scheler...........................................................................132 4.2.1. Evaluacin..............................................................140

5. Los psiclogos de las masas y la dimensin carismtica....................143 5.1. Gustave Le Bon: La psicologa de las masas........................143 5.1.1. Evaluacin..............................................................149 5.2. Sigmund Freud: La relacin entre el yo y la muchedumbre.................................................................152 5.2.1. Evaluacin..............................................................155 5.3. Weber y Freud: sntesis de sus concepciones carismticas...157 5.3.1. Evaluacin............................................................160 5.4. La rebelin de las masas de Ortega y Gasset.........................161

6. Edward Shils: la ampliacin del concepto de carisma poltico de Max Weber.......................................................163 6.1. Edward Shils .........................................................................163 6.1.1. Evaluacin...............................................................170 6.2. La continuidad de la obra de Shils: S.N. Eisenstadt.

La institucionalizacin del carisma.......................................172 6.2.1. Evaluacin...............................................................176 6.3. Peter Berger............................................................................177 6.3.1. Evaluacin................................................................183

7. La evolucin del concepto de carisma poltico. .................................185 7.1. Evaluacin...............................................................................189 7.2. El carisma y el elemento religioso: Sohm, Weber, Ferreroti, Pizzorno y Giner..............................190 7.3. La anomia como generadora de carisma..................................197 7.3.1. Evaluacin.................................................................199 7.4. El carisma poltico en la modernidad avanzada: La manufactura del carisma.....................................................201 7.4.1. La manufactura del carisma......................................201 7.4.2. Evaluacin.................................................................205

9. El carisma poltico en las sociedades occidentales contemporneas...............................................................213 9.1. Carisma y Liderazgo poltico...................................................213 9.2. Del Carisma a la imagen.........................................................233 9.2.1. Carisma y televisin..................................................240 9.2.2. Evaluacin.................................................................245

9.3. Carisma poltico e identidad....................................................249 9.4. Carisma poltico y populismo..................................................256 9.5. El carisma poltico en la democracia pluralista.......................263 9.5.1. Las transiciones democrticas ..................................271 9.6. El liderazgo carismtico como catalizador de movimientos sociales.......................................279 9.7. Carisma y Gnero....................................................................282 9.8. La Banalizacin del carisma....................................................288

Malinowski, en su libro clsico Los Argonautas del Pacfico Occidental, expona la necesidad de mostrar todo el proceso de investigacin, detallar los pasos a seguir, as como mencionar las condiciones en que se haba producido la investigacin. No me extender en este apartado pues hay que reconocer que la investigacin se ha desarrollado en un pas del Primer Mundo de Europa Occidental, eso s, con la

dificultad que implica realizar una tesis al mismo tiempo que se trabaja y sin ayudas econmicas de ningn tipo. Respecto al proceso de investigacin, mi anlisis empez con el inters por analizar un perodo histrico reciente, dentro de la disciplina de Historia del Presente. Concretamente, la poca socialista (1982-1996). Inmediatamente percib que la figura poltica y el liderazgo del Presidente del gobierno Felipe Gonzlez eran elementos clave en el anlisis del desarrollo de la accin poltica de este perodo y, a la vez, perciba el carisma como una de las caractersticas polticas de su liderato. Mi dificultad del acceso a las fuentes, mayoritariamente en Madrid, y la necesidad de profundizar en la teora sociolgica, hicieron que decidiese, junto a los profesores Salvador Giner y Mary Nash, dedicar mi estudio al anlisis terico del political leadership y ms concretamente al anlisis del carisma poltico en condiciones de modernidad. La finalidad de este estudio ha sido intentar aportar luz a la comprensin y la definicin del carisma poltico en la modernidad avanzada. Es un trmino, el carisma, inabarcable por sus diversas formas de manifestarse y por su complejidad social. Sin embargo, la trascendencia del mismo en la sociedad, su capacidad revolucionaria y de cambio social, con o sin violencia, hace imprescindible un anlisis terico del mismo.

El anlisis se centra en un estudio sobre la historia de las ideas. Reviso las aportaciones tericas en su intento de abordar la naturaleza y las dimensiones del carisma. La eleccin de este anlisis es fruto tambin de la importancia de las aportaciones tericas en un momento histrico de crisis de las ideas y de los ideales. Sin con ello querer desmerecer la trascendencia de la accin poltica quiero destacar la importancia del mundo de las ideas y la reflexin cientfica, en el camino hacia la bsqueda de la verdad cientfica con un objetivo comn la construccin de una

sociedad mejor. A mi entender, la accin poltica de hombres y mujeres debe estar orientada y ser consecuencia de la previa discusin, racionalizacin y anlisis cientfico de las ideas. Con la finalidad de comprender el concepto de carisma poltico, difcil de delimitar por su envergadura y por formar parte del mundo de las emociones y de las ideas, empec mi investigacin intentando aportar elementos para el anlisis holstico del liderazgo poltico y la invisibilidad poltica. La investigacin parte del anlisis de Weber como el primer y principal las

exploraciones tericas de cientficos de los aos sesenta y setenta, si bien tambin destaco algunos trabajos posteriores. El carisma forma parte, en principio, del mundo de las emociones, mientras la accin poltica de los lderes carismticos se halla tambin vinculado al mundo de la razn. La delimitacin no es siempre pues, precisa, pero es orientativa. La perfeccin que los seguidores del lder poltico le atribuyen lo acerca a lo divino, lo convierten en divinidad y por lo tanto, en excelso. La confianza que se deposita en el lder por parte de sus adeptos es fruto de la racionalizacin, al lder poltico se le reconocen unas virtudes y se espera de l unas acciones que hace que se sigan sus mandatos.

En un tercer apartado analizo la dimensin carismtica en la modernidad avanzada. Por ejemplo, la banalizacin del termino carisma como un atributo de uso diario y cotidiano, especialmente, por lo que a la prensa respecta. El vocablo, como veremos, toma una dimensin popular. Se utiliza para referirse a un atributo de la personalidad necesario para conseguir el xito social y su adquisicin es difundida por distintos manuales dirigidos al gran pblico, comentarios periodsticos sobre lderes polticos, y las homilas de la propia Iglesia. No pretendo encontrar formas mgicas sino avanzar en el camino hacia una mejor democracia, la mejor de las politeyas posibles.1 No pretendo abordar un concepto cerrado, sino descubrir elementos que nos permitan dilucidar sobre las manifestaciones del carisma en la sociedad actual. No analizo el carisma porque lo anse, como dir la tesis de Popper acerca del retrato del filsofo rey de Platn, pero s por su fascinacin, su inexplicabilidad y universalidad.

Antes de abordar el trmino acadmico del carisma poltico es necesario tener en cuenta que se trata de un concepto inconmensurable. No se puede abordar o definir en su totalidad. La gran extensin de estudios y la variabilidad del fenmeno hacen del carisma un concepto pluridimensional que abarca desde el mbito de la poltica al de la religin. No podemos olvidar la importante figura carismtica de Jesucristo, Gandhi, el Dalai Lama o el Papa, en las que, a su vez, poltica y religin se entremezclan, son lderes religiosos pero tambin polticos. Otra dimensin carismtica trata del carisma del artista donde encontramos personajes como: Picasso, Dal, los Beatles, Bruce Springsteen, Marilyn Monroe, Gary Cooper, Madona, Buuel y, cmo no, deportistas carismticos como Johan Cruyff, Figo, Guardiola. Todos ellos han desatada fuertes pasiones, adhesiones y el reconocimiento de sus capacidades y habilidades. Hoy el carisma est asociado a la imagen y a la difusin de estas personalidades a travs de los medios de comunicacin, especialmente, la televisin. sta ha ayuda al reconocimiento por parte de las masas de estos lderes y los han elevado, en ocasiones, despus de su muerte a la categora de mitos. A partir de los aos 20 y 30, con la utilizacin de la radio en las campaas electorales norteamericanas, segn Rosenberg, se empez a difundir de una manera generalizada los discursos de los lderes polticos y, a su vez, fue ms fcil la

seguidores. Estoy pensando en alcaldes, caciques, los lderes de comunidades o ciudadanos de a pie, quienes transmitan las ideas, las maneras y las hazaas de los grandes lderes carismticos. Sin embargo, la prensa escrita jugaba un papel

fundamental, junto con las publicaciones satricas, ya que incidan en la crtica a los lderes polticos de la nacin o del estado. Por otro lado los polticos adquiran un gran respeto por la institucionalizacin de sus cargos aunque fueran percibidos desde la distancia. Eran apoyados y ensalzados por sus hazaas y por todo aquello que se deca de ellos entre la poblacin. Como ya he expuesto antes, mi estudio intenta analizar las aportaciones e interpretaciones tericas que desde la teora sociolgica clsica a partir de Weber hasta la dcada de 1970 han aportado distintos autores y estudiosos. En una segunda parte intento delimitar el trmino en la modernidad, adems muestro la banalizacin del concepto, la publicidad con eslganes donde aparecen desde coches calificados de carismticos, hasta las tcnicas para conseguir este don o aura especial, o sea, anuncios, artculos periodsticos y libros divulgativos. En todos ellos el carisma se convierte en una caracterstica necesaria para conseguir los xitos deseados. Con mi anlisis pretendo demostrar que tambin existe una tendencia hacia la racionalidad del carisma en condiciones de modernidad, especialmente en los pases occidentales, ya que en el llamado Tercer Mundo se establecen todava liderazgos populistas que son secuelas del colonialismo y de los totalitarismos. Son un ejemplo de ello los movimientos que tienen lugar en frica o Latinoamrica,1 donde despus de los fascismos europeos surgieron movimientos populistas como el caso de Vargas en Brasil o de Pern en Argentina. No obstante, el proceso de mundializacin y el acceso de las elites de estos pases a la cultura Occidental comportan el intento de consolidar la democracia en estos pases. La difusin de la ideologa marxista, e incluso de la Teora de la Liberacin, ha influido en la toma de consciencia de estos pueblos. As como el

nacimiento de los partidos comunistas primero en la poca de la revolucin rusa, la revolucin cubana el ascenso de la izquierda,2 la revolucin nicaragense (1979) y la aparicin de guerrillas y organizaciones que han reivindicado sociedades ms igualitarias y ms justas. Las ayudas internacionales, la cooperacin, si bien siempre insuficiente, han intentado paliar los desastres de una poblacin depauperada que vive en la miseria, mientras se asista a una cierta modernizacin de las elites de estos pases que sin perder sus races populistas, como es el caso de Chvez en Venezuela, o Alemn en Nicaragua, intentan proyectar una imagen de mayor modernizacin y eficacia. Alejandro Toledo, Presidente del Per de origen indgena y educado en EE.UU., que gan las elecciones del 2 de junio del 2001, da una imagen de modernidad a la vez que se muestra sensible por la cuestin indgena; o del presidente Vicente Fox en Mxico que consigui el 2 de julio del 2000 la derrota histrica del PRI. Ambos, desde distintos colores polticos muestran una imagen y una trayectoria ms moderna y occidentalizada. Sin querer extendernos demasiado en mi objeto de estudio, en el anlisis de la teora del carisma en la modernidad, no podemos dejar de observar y, a su vez, constatar, que en democracia el lder carismtico transforma el partido en un catch-all party - trmino utilizado por primera vez por Otto Kirchheimer3- donde el liderazgo carismtico atrae a ese nmero de electores indecisos, el voto voltil y aquellos individuos situados en el centro del espectro poltico-social. Por consiguiente, recauda

Franco y Salazar respectivamente. LAQUEUR, Walter. Fascism a Readers Guide. Cambridge: Cambridge University Press, 1991 , p. 257. 2 Jorge Castaeda destaca el dinamismo de los partidos comunistas en Brasil, Chile y Uruguay entro los sesenta y principios de los setenta. Vase CASTAEDA, Jorge. La utopa desarmada. Barcelona: Ariel, 1995 , p. 40. 3 Es un tipo de partido surgido despus de la Segunda Guerra Mundial donde se antepone el electorado a la ideologa para conseguir un xito electoral ms rpido. El PSOE ha estado calificado por Miguel Satrstegui como un catch-all party. Vase SATRSTEGUI, Miguel. PSOE: A new catch-all party. En: COLOM, Gabriel (coord.). Socialist parties in Europe II: of class, populars, catch-all?. Barcelona: Institut de Cincies Poltiques i Socials, 1992 y KIRCHHEIMER, Otto. El camino hacia el

un mayor nmero de votos. La confianza e incluso la fe en el lder poltico permiten que sus acciones sean revolucionarias o transformadoras. Durante el perodo de la Transicin democrtica espaola (1975-1982), el afn de libertades y de cambio de rgimen poltico y, a su vez, el miedo a que el propio proceso democrtico fracasara comport la aparicin de lderes carismticos democrticos como Adolfo Surez o Felipe Gonzlez. Esto explica en parte lo que represent el socialismo desde finales de los setenta, concretamente el PSOE con Felipe Gonzlez quien como lder carismtico fue el catalizador de esos deseos y anhelos de la poblacin que siguieron fielmente sus acciones polticas.4 Felipe Gonzlez

transform y refund el PSOE, junto con otros miembros destacados del partido en el interior, un partido anclado en la vieja tradicin marxista, representada por el sector en el exilio, que se convirti en un partido socialdemcrata europeo; en un partido moderno. Cmo surge el carisma en las sociedades modernas actuales? Qu condiciones sociales tienen lugar? Cules son las caractersticas del lder carismtico en la modernidad? Cmo se construye el lder carismtico en condiciones de modernidad? Cmo se define el lder carismtico? Son algunos de los interrogantes a los que intentar dar respuesta.

partido de todo el mundo. En: LENK, Kurt; NEUMANN, Franz (coord.). Teora y sociologa crticas de los partidos polticos. Barcelona: Anagrama, 1980. 4 Considero que Felipe Gonzlez se convierte en un lder carismtico con muestras de adhesin por parte del electorado sobre todo desde la campaa electoral de 1979 y el triunfo socialista de 1982 (informacin obtenida en una entrevista con el Dr. Isidre Molas en octubre de 1995). Adems, podemos considerar otra muestra de su carisma las distintas llamadas televisivas de Felipe Gonzlez a la poblacin pidiendo el voto afirmativo en el referndum de la OTAN (12-3-1986).

Georg Simmel, en su aportacin acerca de la ambivalencia de la vida social, destaca que toda sociedad est hecha ms que de ambigedades, de dualidades.1 En mi enfoque analtico, referente a la teora del carisma, quiero hacer notar que la ambigedad es un atributo poltico a destacar entre las elites y en especial entre los lderes polticos que pueden llegar a ser considerados carismticos, siempre teniendo en cuenta -como en apartados sucesivos expondremos- que un lder puede contar con la aprobacin de un sector amplio de la poblacin y, en cambio, ser rechazado por otros grupos o individuos de la misma comunidad o estado. En efecto, veremos cmo la dualidad entre aprobacin y rechazo es una caracterstica inherente a los lderes

carismticos democrticos, pues stos son capaces de conseguir un gran nmero de seguidores y por un lado, sin embargo, siempre hay un sector de la poblacin sobre el que provocaran el efecto contrario, en otras palabras, se le resiste. Los seguidores de un lder poltico depositan en l plenamente su confianza y fidelidad pero sta puede verse alterada por un grave error o una situacin de crisis extrema. Estos factores pueden hacer mermar el nmero de seguidores, es decir, el lder puede ser castigado por su antiguo electorado fiel. Si bien, quiero destacar que todo carisma adquirido puede resurgir; pues la ambivalencia de los hechos en s, la lgica situacional, as como, el propio contexto histrico pueden favorecer en un futuro a la comprensin de ciertas decisiones polticas o simplemente demostrar su acierto. Si por un lado, el carisma tiende a lo racional, con el anlisis de los acontecimientos que efectan los ciudadanos, no olvidemos un ltimo factor la irracionalidad del carisma, que los seguidores pueden mostrar con su actitud frente al lder. La entrega sin

condiciones, la absoluta confianza en el lder poltico, cuya aceptacin y estima est ms cerca del mito o del hroe que del simple y llano ser humano. Por otra parte, hay un tercer factor que ayuda a crear y mantener el carisma, es el propio discurso poltico, su difusin y como ste es tratado a travs de los medios. No podemos por tanto desestimar la importancia de la lucha individual de los lderes polticos para mantener esas cuotas de electorado y procurar ampliarlo antes y durante una contienda electoral. El carisma poltico democrtico est estrechamente relacionado con varios factores que, a su vez, son los que confieren un amplio espectro de ciudadanos votantes, en el caso de la democracia, o de seguidores, en los casos del carisma poltico en los movimientos sociales. Las democracias occidentales de despus de la Segunda Guerra Mundial continan necesitando que los lderes polticos sean calificados de carismticos, con la finalidad de conseguir el triunfo de sus ideas y el triunfo electoral. La ambigedad del trmino, su polisemia y la construccin permanente de los sistemas democrticos dificulta la comprensin y la definicin. Por otro lado, uno de los elementos que contina sorprendiendo cuando se analiza la dimensin carismtica es la capacidad que las ideas y el pensamiento de un lder poltico puedan ser secundados por una multitud de seguidores. Hay que destacar que un mundo mediatizado por los medios, donde la principal fuente de conocimientos y de comprensin del mundo, para la mayora de la

poblacin, es la televisin. La imagen y un mensaje simple y reiterativo dirigido a las masas (como veremos en el apartado destinado a Le Bon) son elementos fundamentales para conseguir carisma. En palabras de Sartori, el poltico ha pasado de ser partido-dependiente a ser video-dependiente y sondeo-dependiente. Asimismo, el autor afirma que esta

dependencia hace perder la capacidad de abstraccin, el espritu crtico y, por lo tanto, la capacidad de discernir entre el bien y el mal en las elecciones, especialmente en EE.UU. Donde stas se convierten en un vdeo-espectculo.2 Todos los elementos o factores de irracionalidad, y demagogia que se efectan desde las tribunas de los polticos pueden desarrollar carisma. No obstante, la irracionalidad es un arma de doble filo, pues puede convertirse en un elemento de atraccin popular pero puede ser rechazado por otros sectores de la sociedad que no necesariamente son ms cultos, son simplemente favorables a otros intereses y receptivos a las llamadas de otros lderes. Tambin, cabe la posibilidad de mostrarse desinteresados y apticos frente a la vida poltica y por lo tanto optan por la continuidad poltica. No podemos tampoco omitir que con la democracia y el mayor acceso a los recursos se ha producido un acceso a la cultura y al conocimiento por amplias capas de la poblacin. Esto permite la decisin racional hacia aquel lder o partido con el que se identifican, desaparece el velo de la ignorancia.3 No obstante, por encima de todo lo ms importante y que afecta de forma vertical a toda la sociedad es la entrega sin condiciones y sin paliativos que se produce por distintos caminos hacia el lder poltico de un partido o de un movimiento social reivindicativo. Se tiene confianza, fe, se establece una relacin metareligiosa que hace confiar, creer ciegamente y apostar por esa opcin defendida, catalizada y simbolizada por un lder poltico determinado. Por qu afirmamos esto? Sin duda, el proceso de mundializacin de la sociedad, la complejidad de las estructuras sociales, econmicas y polticas favorece el surgimiento del carisma. La dificultad en la toma de decisiones a raz de la misma incomprensin, desconocimiento y excesiva burocratizacin de las instituciones, as como, el descrdito de los partidos polticos llevan a depositar la confianza en aquellos

lderes polticos que son considerados capaces de gobernar, que convencen con su actuacin poltica. Se ha producido un retroceso hacia la accin individual, a sta se le otorga una mayor importancia. El individuo es un elemento importante para dirigir o liderar la colectividad y los movimientos de masas. La falta de operatividad, la lentitud de las instituciones (Parlamento, Tribunales de Justicia) y los partidos polticos para poder solucionar los problemas cotidianos o estructurales en que se encuentran los ciudadanos votantes4 lleva a depositar la confianza en la actuacin individual de los lderes polticos. El conocimiento y contacto con los lderes polticos se produce

fundamentalmente a travs de dos vas: lo medios de comunicacin y los mtines polticos. Sobre todo, tiene una importancia trascendental la televisin entre todos los medios de comunicacin de masas que permiten el establecimiento de relaciones carismticas. En los mtines el carisma lleva a la irracionalidad y a desatar, sobre todo, emociones de gran euforia que pueden ir desde la risa al llanto. En primer lugar la intencin de esta investigacin es indagar en la teora social clsica para aportar luz a la teora del carisma. En la actualidad estamos frente a una fragmentacin terica en la utilizacin del trmino, adems de una banalizacin del vocablo por parte de la prensa y los medios de comunicacin que lo utilizan como comodn para referirse a distintos tipos de lderes polticos. Este anlisis tambin se refiere, es decir, es aplicable a los dirigentes de partidos polticos, desde sus capacidades de oratoria, de discurso u improvisacin, o sus actuaciones reivindicativas y crticas con los problemas estructurales del sistema. La forma como abordan desde el liderazgo las campaas electorales, su propia genuidad.

Expondr algunas de las estrategias que los lderes polticos de sistemas de partidos democrticos utilizan para incrementar y neutralizar el carisma de otros contrincantes. Sin duda, el acercamiento y el dilogo con los sectores en conflicto, el dilogo directo, o a travs de los medios, el establecer un discurso reivindicativo, el anteponer su confianza al propio problema son algunas de las estrategias utilizadas por los polticos. Los lderes efectan llamadas a su electorado como prueba de su capacidad de convocatoria y por tanto de su carisma, no solamente en campaas electorales sino tambin en llamamientos televisivos. Hay por tanto una manipulacin de la opinin pblica, no slo en los sondeos, o en la prensa, sino en la propia imagen y discurso de los lderes polticos, cuya actuacin se convierte en legtima, pues sigue las reglas del juego democrtico. Dedicar un apartado para referirme a la relacin entre el carisma y la imagen, en vistas a una mayor comprensin de este fenmeno. La imagen que adopta el lder poltico es un factor estrechamente relacionado con la manufactura del carisma.5 Toda imagen es una construccin o bien personal, o bien colectiva, cuya finalidad es demostrar la importancia del actor social, su situacin y capacidad por encima de una mayora. El lder transmite a un pas, o a un grupo, elementos simblicos con los cuales se identifican sus seguidores y, a su vez, lo legitiman en su cargo. Por lo tanto, creo poder afirmar que el carisma de cargo se legitima no tan solo por la posicin institucional y el discurso poltico sino tambin por la imagen, la gestualidad y forma de mostrarse en pblico. Esta estilizacin de su persona le ayuda a transmitir una imagen y una personalidad genuinas. En el caso del carisma de los artistas la imagen adquiere an un papel ms relevante por la importancia de la originalidad o genuidad artstica. El caso

Conviene sumergirse en el estudio de Platn para recobrar y observar los antecedentes de la concepcin de carisma poltico en la modernidad. Para ello primero destacar aquellos elementos de la obra de Platn referidos al arte de gobernar, que estn comprendidos en tres de sus obras: La Repblica, El Poltico y la Carta VII. Para Platn el arte poltico est unido a lo racional, al saber.1 A partir de esta concepcin elabora su ciudad ideal gobernada por una casta de ciudadanos dedicados en exclusivo a la poltica y al buen gobierno. En la cumbre de su organizacin Platn inscribir las personas de gran sabidura. sta ser fruto de la experiencia y de la elaboracin del pensamiento. En oposicin a estos gobernantes describir las tiranas de su tiempo (Dionisio I de Siracusa, Periandro de Corinto, Pisistrato). Distingue las formas de gobierno del reino y de la aristocracia como ideales, si previamente se ha educado a los gobernantes;2 adems, nos describe cuatro formas ms de gobierno: la timarqua, la democracia, la monarqua y la dictadura. No solamente se establecen unas limitaciones segn las caractersticas personales, como veremos a

- Y no es a lo racional a quien compete el gobierno por razn de su prudencia y la previsin que ejerce sobre el alma toda, as como al irascible ser su sbdito y aliado? - Enteramente PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p. 277. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). Platn, sobre todo, en La Repblica toma y ensea una comprensin de la naturaleza, de la racionalidad de la vida poltica. NICGORSKI, Walter. Ciceros Focus. En: Political Theory. Mayo-1991, vol. 19, nm. 2, pp. 230-251. 2 Cuando un hombre solo se distingue entre los gobernantes se llamar reino, y cuando son muchos, aristocracia. - Verdad es - dijo. -A esto lo declaro como una sola especie observ -; porque, sean muchos, ya uno solo, nadie tocar a las leyes importantes de la ciudad si se atiende a la crianza y educacin que hemos referido. PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p. 285. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217).

Extr. - Hay, sin embargo, un punto anterior en el que estbamos de acuerdo: que ninguna muchedumbre es capaz de adquirir un arte, sea el que fuere. J Soc. - Estbamos de acuerdo, en efecto. Extr. - Por lo tanto, si existe un arte real, ni la muchedumbre de los ricos ni el pueblo todo podrn jams adquirir esta ciencia poltica.3

En la ciudad se produce una extrema especializacin y en lo que se refiere a los guardianes y a los gobernantes la extrema especializacin les hace desligarse de cualquier otra ocupacin. Del grupo de los guardianes de la ciudad surgir el individuo, que con la experiencia que otorga la edad madura y la sabidura, ser capaz de gobernar como filsofo rey.

El establecimiento de las clases tiene por objeto el bien de la ciudad y se inicia prcticamente en la fundacin de sta por la seleccin de los que han de ser guardianes en virtud de sus cualidades naturales. Con el mismo fundamento son escogidos despus, entre los guardianes, los filsofos gobernantes, que han de ser los mayores en edad y los mejores entre ellos.4

Platn, en la Repblica, describe una sociedad donde cada individuo realiza las funciones que le son ms adecuadas. Es en la adecuacin de las cualidades personales con las actividades que se ejercen donde Platn encuentra la justicia y la armona de su politeya ideal.

- Cumpliendo est, pues, enteramente nuestro ensueo: aquel presentimiento que referamos de que una vez que empezramos a fundar nuestra ciudad, podramos con la ayuda de algn dios, encontrar un cierto principio e imagen de la justicia. - Bien de cierto. - Tenamos, efectivamente, Glaucn, una cierta semblanza de la justicia, que, por ello, nos ha sido de provecho: aquello de que quien por naturaleza es zapatero debe hacer zapatos y no otra cosa, y el que constructor, construcciones, y as los dems.5

PLATN. El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p.594. (Biblioteca Clsica Gredos, 117). 4 PLATN .La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, pp.32-33. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 5 Ibid., pp. 280-281.

Nadie atac jams con mayor seriedad al individuo y a su libertad exactamente del mismo modo en que odiaba las cambiantes experiencias particulares y la variedad del mudable universo de los objetos sensibles. En el campo de la poltica, el individuo es, para Platn el mismsimo Diablo.7

La politeya ideal que nos describe es adems una organizacin transgresora, donde las mujeres y hombres desarrollarn tareas polticas de guardianes de la ciudad, donde los vnculos afectivos y sentimentales sern cortados por un total anonimato y funcionalidad que imperarn en las tareas de reproduccin. Los hijos de esta casta de guardianes no sern educados, ni criados con sus padres, se les apartar y se les ensear aquella actividad que por sus cualidades mejor puedan realizar. El vnculo afectivo familiar y el vnculo materno desaparecen. Se configura una sociedad militarizada de caractersticas ms espartanas que atenienses. El tratamiento de las mujeres en la Repblica ha sido debatido y hay posiciones distintas acerca del trato de igualdad que puede recibir la mujer en esta ciudad. Segn Forde, ha sido motivo de debate el hecho que Platn conceda la igualdad a la mujer - en el libro V de la Repblica - a la vez que destruye la familia. As, Platn ha sido retratado desde un atrevido precursor del feminismo moderno hasta un irnico despiadado opresor de la mujer y de la voz femenina. Estos argumentos se sustentan en que Platn, en el libro I, enfatiza sobre la virtud humana no la virtud masculina,

Tenemos que tener en cuenta ante esta afirmacin que Hegel argumenta que la filosofa de Platn es enftica en el orden y la armona, en vez de hacerlo en la libertad individual y en la propia expresin que eran caractersticas de la Polis arcaica. As, para Hegel la filosofa poltica de Platn no puede ser una expresin de libertad en tanto que la Polis griega no se organiz para promover libertad. Es ms, Hegel considera la ruptura de la polis griega, en el s. V a.C., como consecuencia de la fuerza impuesta por las nuevas afirmaciones de los derechos i intereses individuales. La recomendacin de Platn en La Repblica, como vital para la adquisicin de la justicia, es que los filsofos se les debe confiar, encargar el poder absoluto. Su desarrollo de un autoritarismo agresivo en La Repblica prohbe toda forma de libertad individual. BROWNING, Gary K. Hegels Plato: The Owl of Minerva and a Fading Political Tradition. En: Political Studies. Septiembre-1988, vol. 36, nm. 3, pp. 475-485. 7 POPPER, Karl. R. La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Ediciones Paids Ibrica S.A., 1998, p. 109. (Paids Bsica,1).

cuando discute el carcter de las excelencias humanas. Si hay virtud es una definicin sin determinacin de genero (genderless). Tambin, Scrates deca que la mujer y el hombre sabios en medicina comparten la misma naturaleza y no es difcil vencer o superar las objeciones basadas en que la naturaleza del hombre y de la mujer es distinta.8

- Y as, encargados de los nios que vayan naciendo los organismos nombrados a este fin que pueden componerse de hombres o de mujeres o de gentes de ambos sexos, pues tambin los cargos sern accesibles, digo yo, tanto a las mujeres como a los hombres... - S. - Pues bien, tomarn, creo yo, a los hijos de los mejores y los llevaran a la inclusa, ponindolos al cuidado de unas ayas que vivirn aparte (...) - Y no sern tambin ellos quienes se ocupen de la crianza; llevarn a la inclusa a aquellas madres que tengan los pechos henchidos, pero procurando por todos los medios que ninguna conozca a su hijo; proporcionarn otras mujeres que tengan leche, en el caso que ellas no puedan hacerlo; se preocuparn de que las madres slo durante un tiempo prudencial y, en cuanto a las noches en vela y dems fatigas, sas las encomendarn a las dems nodrizas y ayas? -Qu descansada maternidad -exclam- tendrn, segn tu, las mujeres de los guardianes! 9

Con respecto a las caractersticas personales del guardin, ste deber ser tranquilo, meditativo y a la vez, pasional, podramos sobrentender rpido en las decisiones y actuaciones. Platn nos dice:

Nos dice que cuando admiramos, como lo hacemos a menudo, en muchas acciones, la rapidez, la vehemencia y la agudeza del intelecto o del cuerpo o aun de la voz, expresamos nuestro elogio a travs de un nico nombre valenta. (...) -Y entonces? En lo que se refiere a la especie del poder sereno, no es cierto que lo hemos elogiado muy a menudo en muchas acciones? (...) Llamamos siempre calmas y sensatas a las actividades resultado del ejercicio del pensamiento o de la accin, admirando su lentitud y suavidad, y as tambin los sonidos llanos y graves de la voz, todo movimiento rtmico o bien todo arte de las Musas que recurre a la lentitud en el momento oportuno; y en todos estos casos no aplicamos el nombre de valenta sino de moderacin. 11 FORDE, Steven. Gender and Justice in Plato. En: American Political Science Review. Septiembre1997, vol. 92, nm. 3. 9 PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, pp. 308-309. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 10 PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p.154. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 11 PLATN. El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p.608. (Biblioteca Clsica Gredos, 117).

La moderacin y la valenta son dos aspectos opuestos, que difieren, de la virtud. Al igual que s de un tejido se tratase, la urdimbre representa la valenta y la trama la moderacin ambas es aconsejable que se den en una misma persona, producindose un excelso tejido, el de un rey. Donde se d la necesidad de un nico gobernante que elija estas dos dotes, donde sean necesarios ms habrn que combinar una parte, unos, y otra parte, otros. Es necesario que estn presentes ambos caracteres para la buena marcha de la ciudad. Combinar el carcter de hombres valientes con el de sensatos.12 Deber seguirse una educacin para que los guardianes se asemejen a la divinidad, una divinidad bondadosa, justa y veraz.13 A los guardianes les ser permitido mentir en bien de la comunidad y su eleccin se producir por revelacin divina ya desde nios efectuando ritos de pasaje, luego se observar su conducta a lo largo de la vida y aquellos que crean que poseen una actitud ms til para la ciudad, a partir de los cincuenta aos, sern finalmente elegidos como gobernantes. Segn la teorizacin de Max Weber podemos decir que se produce una dominacin carismtica tradicional, pues la eleccin del lder se fundamenta en un saber adquirido en tiempos remotos. Durante su educacin los guardianes deben demostrar su propio criterio, ser capaces de alejarse de los hechos para poder juzgarlos, discernir entre la bondad y la maldad. En esta descripcin del gobierno de la ciudad Platn conserva las caractersticas de lo que Popper llama la sociedad cerrada. La forma de organizacin propuesta se asemeja ms a las formas tribales de organizacin poltica, con el consejo de ancianos, que a formas modernas de organizacin poltica, donde el elemento asociativo o de ayuda mutua est presente.

El buen juez no puede ser joven, sino un anciano que, no por tenerla arraigada en su alma como algo propio, sino por haberla observado durante largo tiempo como cosa ajena en las almas tambin ajenas, haya aprendido tardamente lo que es la injusticia y llegado a conocer bien, por medio del estudio, pero no de la experiencia personal, de qu clase de mal se trata.14

El Guardin no debe poseer propiedades ni bienes propios, tienen que vivir una vida en comunidad, en plena dedicacin a la comunidad. Se fijar la cuanta que necesitan para el ao pero estarn lejos de poder controlar los bienes de la comunidad.

Ante todo nadie poseer casa propia excepto en caso de absoluta necesidad. En segundo lugar nadie tendr tampoco ninguna habitacin ni despensa donde no pueda entrar todo el que quiera. En cuanto a vveres, recibirn de los dems ciudadanos, como retribucin por su guarda, los que puedan necesitar unos guerreros fuertes, sobrios y valerosos, fijada su cuanta con tal exactitud que tengan suficiente para el ao, pero sin que les sobre nada. Vivirn en comn, asistiendo regularmente a las comidas colectivas como si estuvieran en campaa. Por lo que toca al oro y la plata (...) para nada necesitan de los terrestres ni es lcito que contaminen el don recibido aliado con la posesin del oro de la tierra.15

- La ciudad en que haya ms personas que digan del mismo modo y con respecto a lo mismo las palabras mo y no mo sa ser la que tenga mejor gobierno? - Con mucho.16

En ningn momento Platn tiene en cuenta las inquietudes, las razones de los gobernados y de los que gobiernan para aceptar esta situacin. No previene ningn tipo de rebelin o inconformismo. Por qu aceptan gobernar los gobernantes? Es hacer el bien una razn suficiente? Ms adelante nos dice que el castigo mayor es ser gobernado por otro ms perverso. Se acepta gobernar por temor a este castigo. Se accede al gobierno pensando en algo necesario y no en algo ventajoso.

PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p.168. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 14 Ibid., p. 214 . 15 Ibid., pp. 227-228. 16 Ibid., p. 313

Entonces se hara claro que el verdadero gobernante no est en realidad para atender a su propio bien, sino al del gobernado; de modo que todo hombre inteligente elidira antes recibir favor de otro que darse que hacer por hacerlo l a los dems.18

El papel del lder poltico ideal de Platn ser saber que es justo y que no lo es. Platn distingue dos tipos de lderes: el buen lder, el real, que tiende a la sabidura y tiende a lo racional, y el tirano, regido por las emociones y las pasiones. Establece dentro del lder institucionalizado la oposicin entre rey y tirano, entre el buen gobernante y el tirano. El respeto a las leyes y lo institucional convierten al dirigente en monarca y si gobierna en contra de las leyes en tirano.

Extr. - A su vez, cuando sea un solo hombre quien gobierne conforme a las leyes, imitando aquel que posee la ciencia, lo llamaremos rey, sin usar un nombre diferente para el que ejerce la monarqua conciencia y para aquel que lo hace con opinin, si ambos gobiernan conforme leyes. J. Sc. - As tambin parece.19

Platn adems de elegir a los gobernantes por sus cualidades, tambin los sita dentro de las clases pudientes: los ricos. En la Repblica, deber gobernar una aristocracia que respete las leyes sino es as se convertira en una oligarqua.

Extr. - Hay, sin embargo, un punto anterior en el que estbamos de acuerdo: que ninguna muchedumbre es capaz de adquirir un arte, sea el que fuere. J. Sc. - Estbamos de acuerdo, en efecto. Extr. - Por lo tanto, si existe un arte real, ni la muchedumbre de los ricos ni el pueblo todo podrn jams adquirir esta ciencia poltica J. Sc.- Cmo podran, en efecto? Extr. - As pues, tales regmenes polticos, al parecer, para poder imitar lo mejor posible aquel rgimen poltico verdadero - el de un nico individuo que gobierna apoyndose en un arte -, cuando han recibido las leyes, no deben actuar jams contra la letra escrita ni contra las costumbres tradicionales. (...) Entonces cuando los ricos imiten ese rgimen perfecto, llamaremos aristocracia a ese rgimen poltico; cuando, por el contrario, hagan caso omiso de las leyes, oligarqua. J. Sc. - As parece. 20

Extr. - En cierto modo, es evidente que la funcin legislativa compete al arte real; lo mejor, sin embargo, es que imperen, no las leyes, sino el hombre real dotado de sensatez. Sabes por qu? J. Sc - Qu quieres decir? Extr. - Que la ley jams podra abarcar con exactitud lo mejor y lo ms justo para todos a un tiempo y prescribir as lo ms til para todos.21

Extr.- As pues, tales regmenes polticos, al parecer, para poder imitar lo mejor posible aquel rgimen poltico verdadero - el de un nico individuo que gobierna apoyndose en un arte -, cuando han recibido las leyes, no deben actuar jams contra la letra escrita ni contra las costumbres tradicionales.22

De entre los regmenes polticos, al parecer, es recto por excelencia y el nico rgimen poltico que puede serlo aquel en el cual sea posible descubrir que quienes gobiernan son en verdad dueos de una ciencia y no slo pasan por serlo; sea que gobiernen conforme a las leyes o sin leyes, con el consentimiento de los gobernados o por imposicin forzada, sean pobres o ricos, nada de esto ha de tenerse en cuenta para determinar ningn tipo de rectitud.23

Quien posee el saber es quien es realmente un poltico.24 La Carta VII nos es de utilidad para poder observar cmo Platn pone en prctica su concepcin ideal del Filsofo Rey, al ofrecer consejos sobre las formas de gobierno a su amigo Din y, tambin, al tirano Dionisio el Joven de Siracusa, en Sicilia. Platn realiz tres viajes a Sicilia. En el primer viaje, en el 388 a. C., nos cuenta su estancia en Siracusa bajo el reinado de Dionisio el Viejo, cuando quera atraerse al tirano para la causa filosfica pero fue en vano su esfuerzo. Sin embargo, consigui influir en las enseanzas de su amigo Din, el an joven Din quien despus de su relacin con Platn cambio su forma de vida volvindose un hombre de costumbres ms dricas que itlicas. Platn destaca las costumbres itlicas preocupadas por el hedonismo y los placeres como inadecuadas y opuestas a una vida dedicada a la virtud y a la sensatez. ste ser un aspecto importante a destacar en la obra platnica. Para

Platn las caractersticas del hombre de Estado del filsofo Rey deben alejarse de la vida emotiva y placentera. En la Carta VII, Platn, dando consejos a Dionisio, habla indirectamente de carisma poltico. Describe las cualidades que deben regir al lder, ni ms ni menos que aquellas caractersticas que pueden ser percibidas como carismticas, extraordinarias e ideales por la poblacin. Suponemos que esto era as entre la poblacin ateniense de la poca y sabemos que para Platn se trata de un modelo ideal. Un modelo que podemos calificar de carismtico: un carisma poltico institucionalizado. En primer lugar, aconseja a Dionisio que se rodee de buenos y fieles amigos. Da una gran importancia a las compaas del gobernante y una falta de amigos denota la maldad del tirano. Platn plasma el carisma poltico cuando se refiere a la importancia de aquellos que acompaan al lder poltico, sus amigos fieles, sus camaradas ms prximos, sin ellos un lder poltico no ser un lder carismtico, no ser percibido como un buen legislador. La amistad y la fidelidad estn, en Platn, tambin por encima de la ciudad de origen. As, Platn nunca conspirar ni se sentir partidario de los conspiradores y asesinos de Din, por bien que estos fuesen atenienses como l. La virtud del buen gobernante, que lo convierte en un filsofo rey, se consigue por el linaje y desde los hbitos de vida, entregados al esfuerzo y a la disciplina, hasta legislar con bondad, equidad y decisin. Los hombres entregados al estado deben poseer las siguientes caractersticas.

Sean quienes sean los vencedores, es preciso que, si quieren salvar el Estado, escojan de entre ellos a los de mejor reputacin, a los de edad madura, que tengan mujer e hijos, que desciendan de una larga lnea de antepasados ilustres y virtuosos, y que posean suficientes bienes de fortuna. Para una ciudad de diez mil habitantes, bastarn cincuenta hombres de esta clase.25

- La templanza - repuse - es un orden y dominio de los placeres y concupiscencia segn el dicho de los que hablan, no s en qu sentido, de ser dueos de s mismos...26

La idea platnica no es el original ni el origen del objeto; es su fundamento, la razn de su existencia el principio sustentador de su virtud. Es la virtud de la cosa su ideal, su perfeccin. Al igual que en muchas religiones primitivas los hroes griegos no son sino hroes tribales idealizados personificaciones de la virtud o perfeccin de la tribu. Las caractersticas y las actividades del dirigente platnico son muy diferentes de las del pico hroe Homrico. El dirigente platnico construye un orden basado en unas tcnicas bien encontradas y halladas o rutinas. Para Platn el dirigir y gobernar es un arte. En La Repblica encontramos la idea que dirigir es una cuestin de construccin (making) ms que hacer (doing).27 El poltico no se puede definir como alguien que se dedica a la crianza individual sino a la crianza colectiva:

Extr. - Pero claro est que en el poltico no podemos descubrir un individuo dedicado a la crianza individual, a la manera de quien cuida de un solo buey o ejercita su nico caballo, sino que ms se asemeja a un pastor de caballos o de bueyes. J. Sc. - Esto resulta ahora que lo has dicho.28

Extr. - Y no cabe duda de que el rey, por su parte, se nos presenta con toda nitidez como pastor de un rebao despojado de cuernos. J. Sc. - Cmo podr haber duda? 29

PLATN. Carta VII. Madrid: Espasa, 1999. (Coleccin Austral, 164). PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p.254. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 27 STEINBERGER, Peter J. Ruling: Guardians and Philosopher-Kings. En: American Political Review. Diciembre-1989, vol. 83, nm. 4, pp. 1207-1225. 28 PLATN. El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p.509. (Biblioteca Clsica Gredos, 117). 29 PLATN. El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p.518. (Biblioteca Clsica Gredos, 117).

Extr. Pero yo creo, Scrates que la figura del pastor divino es demasiado grande para parangonarla al rey y que nuestros polticos actuales son mucho ms semejantes por su naturaleza a los hombres por ellos gobernados y que la cultura y la educacin de la que tienen parte se aproximan mucho ms a la de sus gobernados. 30

En su prctica poltica Platn critica a todos los gobiernos y tan solo la filosofa puede ayudar a gobernar para conseguir la justicia. La actuacin del buen rey filsofo estar pues estrechamente relacionada con la justicia. Pero lo importante para Platn no es ser justo sino parecerlo. Todo, nos dir, radica en las apariencias, en semejar ser justo y conseguir una imagen de bondadosos frente a los dems. Hay que ser astuto y aparentar ser justo y bondadoso no hay que querer ser justo, sino slo parecerlo.31 Defiende, sin mencionarlo directamente, la necesidad de una cierta astucia para poder gobernar, la nobleza de espritu solamente hay que aparentarla.

Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho ms ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. Y tiene razn al creerlo as, dir el defensor de la teora que expongo. Es ms si hubiese quien, estando dotado de semejante talismn, se negara a cometer jams injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendran, observando su conducta, por el ser ms miserable y estpido del mundo (...) Hay pues que dotar al hombre perfectamente injusto de la ms perfecta injusticia, sin quitar nada de ella, sino dejndole que, cometiendo las mayores fechoras, se gane la ms intachable reputacin de bondad. 32

Platn define as la poltica moderna, el juego de las apariencias y de la imagen que deben ser trasmitidas como verdaderas. Es cierto que hay referencias dentro de la obra de Platn donde se cuestiona esta actitud hacia la justicia

Ibid., p. 540 Ibid., p. 126 32 PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, pp. 124-125. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 33 Ibid., p. 135 34 Ibid., p. 162

- La divinidad es, por tanto, absolutamente simple y veraz en palabras y en obras y ni cambia por s ni engaa a los dems en vigilia ni en sueos con apariciones, palabras o envos de signos. 35

Construye la imagen de un carisma institucional - concepto que definiremos en el apartado dedicado a Max Weber -. El poltico no debe establecerse al margen de las leyes, debe estar legitimado por la tradicin, incluso por los linajes,36 debe mostrarse, ante todo, justo y bondadoso para aparecer ms cercano a la divinidad, e incluso al mito. No debemos olvidar la importancia del mito en la sociedad clsica, los dioses humanos que protegen y se convierten en reflejo del modelo a seguir por los humanos. La justicia37 es virtud y prudencia, por oposicin a la injusticia que es vicio e ignorancia. Sin negar que en la virtud y en la bondad se establezca una cierta simplicidad, Platn nos demuestra la dificultad de conocer qu es justo y qu no lo es. La capacidad de discernir ante las situaciones es lo que constituye la virtud de los gobernantes. Una virtud, un carisma construido a partir de las acciones justas, de la justicia. Hay un aspecto que llama la atencin, cuando dice que se debe ser justo con el igual y se puede sacar ventaja del desemejante. Nos est estableciendo la justicia dentro de la propia casta o grupo. La crtica de Popper al concepto de justicia platnico, nos ilumina en este sentido, al decirnos que para Platn es justicia todo aquello que favorece la estabilidad y el podero del estado.38 Dir que lo nico que le interesa a Platn respecto a la justicia es el todo colectivo, en ningn caso los derechos individuales, la justicia acta como

Ibid., p. 167 - Por lo tanto, fundada conforme a naturaleza podr ser toda entera prudente por la clase de gente ms reducida que en ella hay, que es aquella que la preside y gobierna; y ste, segn parece, es el linaje que por fuerza natural resulta ms corto y al cual corresponde el participar de este saber, nico que entre todos merece el nombre de prudencia. Ibid., p. 250 37 Las formas de injusticia son tambin un ejemplo de orden racional pero un alma injusta es un alma inarmnica y desordenada. Un ejemplo de bondad es por si solo un ejemplo de orden racional, mientras un ejemplo de maldad no lo es. Las inteligibles analogas del sol, la luz y la visin son el bien, la verdad, y el saber. REEVE, C.D.C. Platonic politics and the Good. En: Political Theory. Agosto-1995, vol. 23, nm. 3, pp. 411-424.

elemento que favorece la estabilidad del todo colectivo, de su politeya ideal, la justicia no es sino la salud, la unidad y la estabilidad del cuerpo colectivo.39 Todo lo que favorece el podero y la unidad del estado. Ms an, Popper destacar que la idea de noigualdad o equidad en la justicia comporta la existencia natural de desigualdades y por tanto al legitimar la diferencia da cabida al totalitarismo, a que unos individuos sean considerados superiores a los otros. Segn Popper el nacimiento de la filosofa puede ser interpretada como reaccin al derrumbe de la sociedad cerrada y sus convicciones mgicas. Es la tentativa de remplazar la prdida de fe en la magia, por la fe racional. Contrastar las teoras y mitos desde una crtica racional. El arte de pensar racionalmente es uno de los hechos que empiezan en nuestra sociedad pero hasta los ms racionalistas reaccionaron ante la prdida de la unidad del tribalismo.40 El carisma puede ser entendido como una caracterstica ancestral que forma parte de esta sociedad cerrada cuyo mantenimiento en una sociedad moderna responde a un atavismo, un no querer desvincularse del mundo mgico, de lo inexplicable y de la superioridad y el aura que ste supone. Platn en oposicin al buen gobernante, al gobernante real, nos destaca todos aquellos aspectos a los cuales no debe tender el gobernante y que, por otro lado, constituyen o se aproximan a las formas revolucionarias de carisma puro o genuino, siguiendo la terminologa de Max Weber.

POPPER, K. La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Paids, 1998, p.111. (Paids Bsica,1) Ibid., p. 111 40 Platn est en la transicin de Atenas. Platn est en el mundo de la transicin de la sociedad abierta que ha comenzado con los griegos, representada por Herodoto, Protgoras, Antstenes, Licrofon, Eurpides...Pericles y Scrates. Son los representantes de la generacin que representa el cambio. La generacin que vivi en Atenas, justo antes y durante la Guerra del Peloponeso. Pericles defiende los principios de la igualdad y del individualismo poltico. Levinson dir que representa el perodo de un siglo ms que una generacin. Despus de la guerra del Peloponeso, Platn experiment el colapso de la sociedad cerrada, la prdida de la unidad orgnica, y la ruptura de su fundacin aristocrtica. GIANNARAS, Anastasios. Plato ad K.R. Popper. Toward a Critique of Platos Political Philosophy En: Philosophy of the Social Sciences. Diciembre-1996, vol. 26, nm. 4.

- Y esto que los retiene de tales cosas no nace, cuando nace, del razonamiento, y aquellos otros impulsos que les mueven y arrastran no les vienen, por el contrario de sus padecimientos y enfermedades? (...) - No sin razn, pues - dije -, juzgaremos que son dos cosas diferentes la una de la otra, llamando, a aquello con que razona, lo racional del alma, y a aquello con que desea y siente hambre y sed y queda perturbada por los dems apetitos, lo irracional y concupiscible, bien avenido con ciertos hartazgos y placeres.41

- Y no es a lo racional a quien compete el gobierno, por razn de su prudencia y de la previsin que ejerce sobre el alma toda, as como a lo irascible el ser su sbdito y aliado? - Enteramente.42

Establece una vinculacin entre el control, la seduccin de las multitudes y el erotismo al hablarnos de las relaciones que se establecern entre los miembros de su comunidad ideal de guardianes. Destaca esta relacin en tanto que considera que el erotismo y la seduccin mueven multitudes. El carisma para la psicologa de las masas, para Le Bon, y Freud participar de vnculos erticos, los que sienten los seguidores hacia el lder. Platn es el primero en tratar elementos relacionados con el carisma poltico, como la persuasin de la muchedumbre a travs de la retrica y la oratoria. La ciencia que tiene el poder de persuadir a la muchedumbre es la retrica y la oratoria. La retrica entendida como ciencia separada de la poltica que est al servicio de sta.

Extr.- Y bien! A qu ciencia le concederemos, por lo tanto, el poder de persuadir a la muchedumbre y a la masa a travs de la narracin de historias, pero no a travs de una enseanza? J. Sc. - Para m esta claro que tambin esto hay que asignarlo a la retrica.43

La retrica se basa en los discursos. Es el arte de persuadir a aquellos, segn Gorgias, que componen las reuniones polticas. La retrica consiste, tambin segn Platn, en adulacin. Scrates hace una distincin entre hacer de los ciudadanos de

Atenas, ciudadanos excelentes, o ser servidor de sus pasiones y no tratar con ellos ms que para halagarlos.44 El orador, segn Gorgias es capaz de persuadir a la multitud, en un momento dado, sobre el asunto que quiera. Scrates matiza que por multitud entiende a los ignorantes porque aparentemente el orador no tendr ventajas ante personas instruidas.45 Sin embargo, Gorgias anteriormente haba afirmado que el orador es capaz de persuadir desde jueces, senadores y mdicos.

Gorgias - A mi modo de ver, el de estar apto para persuadir con sus discursos a los jueces en los tribunales, a los senadores en el Senado, al pueblo en las asambleas; en una palabra, a todos los que componen toda clase de reuniones polticas. Este talento pondr a tus pies al mdico y al maestro de gimnasia...46

Podemos afirmar que disminuye el carisma poltico - entendiendo ste como la entrega emocional al lder poltico - a mayor nivel cultural? No necesariamente, porque como veremos ms adelante, el carisma se relaciona con aspectos irracionales, relacionados con las pasiones, el erotismo y las emociones. Se puede ser un gran profesional y dejarse llevar por impulsos en cuestiones polticas o por discursos errneos o demaggicos. Si bien s que podemos estar de acuerdo que con la cultura poltica se puede ser consciente del carisma poltico y tender a racionalizarlo, pero no necesariamente cultura poltica es sinnimo de ausencia de relaciones carismticas. Platn distingue entre los aspectos a valorar de este lder positivo, hacindonos una descripcin del carisma poltico institucional, que ya hemos abordado, pero tambin nos describe un carisma poltico puro, que a travs de la seduccin y la oratoria arrastra multitudes. Es un carisma al margen de la legalidad que, segn l, se caracteriza por el

PLATN. El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p.603. (Biblioteca Clsica Gredos, 117). 44 PLATN. Gorgias. En: PLATN. Dilogos. Madrid: EspasaCalpe, 1981, p.287. (Selecciones Austral, 19). 45 PLATN. Gorgias En: PLATN. Dilogos. Madrid: EspasaCalpe, 1981, p.206. (Selecciones Austral, 19). 46 Ibid., p. 199

- Y qu diremos de los que se prestan con afn a curar tales ciudades? No admiras su valor y buena voluntad? - S, los admiro -dijo- ; exceptuando, sin embargo a aquellos que andan engaados y se creen que son en realidad polticos, porque se ven celebrados por la multitud. 47

En ningn momento nos establece como positivas las formas de comunicacin entre los gobernantes y los otros grupos de la sociedad. La comunicacin es vista como perversa. El lder poltico, el gobernante, aparece aislado en su mundo institucional y de las ideas. El poder del gobierno se fundamenta en el saber del filsofo Rey no permitiendo ningn tipo de opinin de comunicacin entre gobernantes y ciudadanos. En el mundo de las ideas que busca Platn, la sociedad ideal basada en el origen, como punto de partida sin cambios ni fisuras; Platn niega el carisma poltico genuino como promotor del cambio, como transformador de la sociedad, como agente revolucionario y lo cualifica de peligroso. Describe las caractersticas que configuran un carisma poltico basado en la tradicin, que ayude a legitimar las formas de gobierno. El cambio poltico es negativo para Platn Detened todo cambio poltico!. El cambio es vil, el reposo divino.48 Platn buscaba conocimiento, no opinin al conocimiento racional, para poder interpretar el mundo y aspiraba a descubrir el cambiante mundo de la poltica, del arte de gobernar a los hombres. Platn crea en una tendencia histrica general hacia la corrupcin y en la posibilidad de contener dicha corrupcin, en el campo poltico, por medio de la supresin de todo cambio poltico. El estado de la edad de oro que nunca cambia, es el estado detenido.49

PLATN. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p.244. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). 48 POPPER, K. La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Paids, 1998, p. 93. (Paids Bsica,1)

El concepto de carisma poltico no es utilizado de una forma explcita por Nicols Maquiavelo, pero, su anlisis sobre las formas de gobierno de los prncipes y las repblicas hace que se aproxime enormemente a la naturaleza y complejidad del liderazgo poltico. Analizar algunas de las implicaciones que Maquiavelo cree fundamentales nos acerca a la naturaleza del hombre de estado y del liderato poltico. A travs de su tratado sobre el arte de gobernar muestra las caractersticas que lo configuran: sus consejos sobre cuales son las actitudes indispensables a adoptar por los prncipes; los peligros que comporta, as como, las contradicciones que plantea. Maquiavelo como hombre de su tiempo se plantea un regeneracionismo de la situacin poltica italiana, despus de la expulsin de los Medici y de la instauracin de la repblica de Carlos VIII de Francia, pretende la transformacin o cambio social a travs de la figura del prncipe que es el nico capaz de aglutinar a su alrededor un cuerpo social de ciudadanos que lo apoyen. El poder del prncipe aparece regulado por las instituciones del estado y es capaz de mantenerse en el poder, gracias a su propio ejrcito dirigido directamente por l.50 Presenta una causalidad en la sucesin de las formas de gobierno, (El Principado, la tirana y la democracia)51. stas forman una rueda que va girando sobre s misma regresando sucesivamente a los mismos sistemas de gobierno. Se nos presenta la democracia como una forma de gobierno regida por el desorden y la falta de

Ibid., p. 35. Introduccin a cargo de Miguel A. Granada. MAQUIAVELO, Nicols. El Prncipe. Madrid: Alianza Editorial, 1985 . Para ms informacin sobre la importancia de la guerra vase: MAQUIAVELO, Nicols. Del arte de la guerra. Tecnos: Madrid, 1988 . 51 MAQUIAVELO, Nicols. Discursos sobre la primera dcada de Tito Livio. Madrid: Alianza Editorial, 1996

coordinacin, donde cada cual sigue sus propios impulsos; en oposicin al principado que encabezado por un hombre honrado, al cual se le sigue, consigue poner orden. Si bien el gobierno ideal para Maquiavelo es la Repblica, esta debe ser gobernada por una autoridad. Por otra parte, en los momentos de crisis poltica y transformacin o cambio social es necesaria la figura de un prncipe capaz de transformar e implantar el nuevo orden. Maquiavelo cree en la conveniencia que la autoridad se centre en una sola persona. Es necesario a la vez que sea alguien que procure el bienestar comn y no personal, el poder debe dejarse en manos de una sola persona, esto no quiere decir que no se ayude de instituciones que le aconsejen y lo limiten, como el senado. Cree, pues, en la necesidad de una autoridad central ecunime, con sentido comn y con capacidad de decisin. La importancia del gobierno del prncipe se amplifica por su capacidad de consecucin del cambio poltico, de creacin de un nuevo orden a travs del ejemplo y de la virt de su poderosa personalidad. Maquiavelo destaca en primer lugar el liderazgo de los profetas fundadores de religiones, y en segundo lugar, el lder poltico que funda repblicas, ejrcitos y por ltimo los lderes fundadores de cualquier profesin. Al igual que Platn teme que estos lderes llevados por una falsa gloria se conviertan en tiranos. Los tiranos no sern nunca aclamados como los buenos gobernantes. Establece una dualidad entre un mundo idealizado donde gobierna un buen prncipe, un mundo donde reina el orden, cada cual disfruta de sus riquezas y puede expresar su opinin; y un mundo corrupto de disturbios y conflictos, cuando el gobierno est en manos de polticos tirnicos. Sin duda, da una gran importancia al papel de principado, un buen prncipe genera amor y orden, un tirano desorden y conflictos. Esta necesidad de una autoridad poltica principal justifica la aparicin del dictador como autoridad extraordinaria que aparece en momentos de crisis con el

consentimiento del pueblo. Cuya misin es poner fin a la corrupcin y a los intentos de apropiacin de poder (Hay que tener en cuenta que la dictadura legal slo poda durar seis meses, para solucionar un problema concreto y no poda hacer nada en detrimento del estado). Por lo tanto, las repblicas que en un momento de dificultad no han previsto la figura del dictador o una autoridad semejante, pueden fracasar. No obstante, nos presenta la dificultad y la facilidad a su vez de conseguir ser seguido por el pueblo, pues ste se rige por las apariencias. As, trata al pueblo de incapacitado para dilucidar cul puede ser la mejor opcin. ste es incapaz de saber las verdaderas consecuencias de una decisin. Por eso puede ser fcil y a la vez difcil persuadirle, si las apariencias no le son favorables. Esta mala visin de las cosas le puede llevar a su ruina si est falto de un lder que le dirija y le sepa persuadir. Nos da un ejemplo de la importancia de la elocuencia cuando nos destaca a los oradores, personajes fundamentales para las negociaciones o tratados pues, la elocuencia tiene el don de convencer a la audiencia. Maquiavelo revaloriza el pasado y glorifica a los antiguos romanos a cuyos xitos y actuaciones se remite para dar las directrices ms adecuadas en el presente a travs de la comparacin. Aprecia una gran diferencia entre los hombres de la antigedad y sus contemporneos. En la antigedad se valoraba ms la fuerza y la libertad. La causa de ello es para Maquiavelo la religin que ha establecido unas conductas ms alejadas de lo mundano. Desde la Edad Media se pone mayor nfasis en la abnegacin, la humildad, glorificando ms a los hombres contemplativos que a los activos mientras que Roma pona el nfasis en la fuerza corporal y la grandeza humana. En la guerra, destaca el valor de los soldados, sobre todo en la antigedad, cuando luchaban cuerpo a cuerpo. Dignifica este valor de dar la vida por la ciudad, la fuerza y lo contrasta con su poca, el Renacimiento, donde ya no se comparte este valor

en la lucha. Al hombre lo rige una gran humildad renacentista, habiendo desaparecido los ejrcitos virtuosos, donde los soldados mostraban su valor y entregaban su vida sin temor.52 En la guerra critica la utilizacin de soldados mercenarios y tropas auxiliares ya que pueden armarse contra uno, pero ms all de esta argumentacin, cuestiona estos medios como mecanismos para conseguir el triunfo; alejados de la implicacin personal pueden convertirse en una dificultad para los prncipes y para el pueblo, pues aquello que priman es el inters material y personal. Exalta el orden social y condena el desorden y el caos de su contemporaneidad histrica. Destaca que, en el caso de querer convencer al pueblo (por ejemplo, para enrolarse a la guerra) o delante de sus protestas, es til la figura de un hombre honrado digno de crdito que con su elocuencia convenza a las masas. Nos destaca el valor romano de la elocuencia, teida de tica, que es recuperado por el Renacimiento. En esta misma lnea destaca la importancia que se atribua a los oradores, a los cuales se les encomendaban difciles negociaciones, pues se era consciente de su habilidad de convencimiento. Maquiavelo cree imprescindible reaccionar ante las dificultades con un poder autoritario, dirigir los problemas por un lder poltico sin necesidad de consenso; da, por lo tanto, ms importancia a la figura individual que Platn, sobre el que nos hemos referido anteriormente. Es un lder el de Maquiavelo an con aspectos autoritarios, pero limitado por cnsules y senadores y por el poder del Estado. Est en contra de una autoridad absoluta porque corrompe la materia y se hace rpidamente con partidarios y enemigos. Uno de los problemas planteados para mantener la unidad del principado es la territorialidad del mismo: si su extensin es desmesurada, difcilmente se podr

Maquiavelo dar una gran importancia a la estrategia militar como conocimiento y actuacin necesaria para poder vencer los enemigos y perpetuarse en el poder. En su obra aparece fundamental la exposicin de la estrategia militar. Tanto en el libro Del arte de la guerra como en los Discursi. MAQUIAVELO, Nicols. Discursos sobre la primera dcada de Tito Livio. Madrid: Alianza Editorial, 1996 .

El lder poltico que intenta construir Maquiavelo es un hombre de estado que debe agudizar su ingenio y actitud para mantener el poder entre las distintas instituciones del estado y frente al pueblo. Su conducta debe inspirarse en un personaje histrico que haya sobresalido por sus dotes y de cuya actitud pueda tomar ejemplo. Considera que todo prncipe debe valorar algn perodo y personaje de la historia en el cual se apoye para desarrollar su poltica. Es importante para un prncipe imitar los grandes hombres del pasado aprender de la experiencia trazada. A su vez tiene que poseer unas aptitudes personales que le permitan llevar a cabo su mandato. Las caractersticas personales del prncipe de Maquiavelo deben ser extraordinarias, tienen que sobresalir sus cualidades polticas. Los hombres siguen aquellos que parecen llevar alguna virtud, generalmente son jvenes. Si surge un joven con extraordinaria virtud todos los ciudadanos le seguirn y llegar pronto a poseer un poder que incluso puede infundir miedo al Estado, como es el caso de Cosimo de Medici. Intentar desacreditar o ir en contra de esta influencia simplemente produce un mayor apoyo de la poblacin al virtuoso. El tener virtud ser una caracterstica personal altamente destacada. Qu entiende por virtud Maquiavelo? Una combinacin de inteligencia, fuerza, valor, astucia. Virtuoso es el comportamiento guerrero; a travs de las batallas y de la valenta expresada en ellas se adquiere virtud. Su metfora de que hay que tener el corazn armado expresa el sentimiento de posesin y de afecto hacia la tierra, el vigor y el

mpetu con que hay que defender las ciudades. Si los hombres tienen poca virtud significa que tienen poca decisin, poca inteligencia, poco mpetu, poco valor. Pusilnime sera, pues, el contrario de la virtud maquiaveliana. Sin embargo, este coraje no debe privarlos a los prncipes de la prudencia ante la accin poltica. Por ltimo, la virtud de un Prncipe acaba cuando muere y rara vez contina en su sucesor. Las mujeres estn carentes de virtud, forman parte del universo de la fortuna, con su inconstancia y volubilidad estn alejadas de la virtud y del valor de los hombres. Otro atributo del prncipe debe ser la astucia, su capacidad de prever los entresijos de la poltica, dejar a un lado la nobleza de espritu si es necesario; procurarse alguna oposicin para que al vencerla sobresalga ms su persona y su fama. No debe tan solo cultivar su actitud guerrera sino tambin su actitud civil. Por otro lado, en su concepto de fortuna y astucia afortunada invoca la importancia de la utilizacin en su favor de las oportunidades que brinda el contexto, no estar a merced de la fortuna sino aprovecharla en cada ocasin. Ante todo tiene que tener presente complacer al pueblo para poder estar legitimado por ste. Tiene, a su vez, que ser respetado; por lo tanto, deber infundir respeto a travs del control de las armas, pero sobre todo deber ser amado por su pueblo. La legitimacin se produce con las muestras de afecto, respeto y aceptacin de la poblacin hacia el prncipe. Sin el apoyo de la poblacin no puede mantener su liderazgo, pues otro de los elementos que lo sustentan es poseer su propio ejrcito reclutado entre la poblacin. Adems, la manera de hacer cumplir los mandatos es mitad por la fuerza y la coaccin, mitad por esta aceptacin del liderazgo del prncipe que en ningn caso deber tener la enemistad del pueblo. Esta relacin afectiva que describe Maquiavelo entre pueblo y lder servir tambin para poder controlar y dirigir

las multitudes. As, una forma de controlar la multitud, su furia, es que sea dirigida por un prncipe. El arte de gobernar pasar por conocer los pormenores necesarios para el control de esta multitud dirigida por el poltico a travs del amor pero tambin a travs del temor o simplemente del respeto hacia l. Una manera de infundir autoridad el prncipe es a travs de la utilizacin de los smbolos externos que transmiten poder y jerarqua. La autoridad se transmite, pues, a travs de la simbologa de la imagen, por las prendas y los enseres que son smbolo de poder. A pesar de los cambios en el poder, los distintos liderazgos, se mantiene el ritual, legitimndose el poder a travs de la tradicin, aunque provenga de la tradicin monrquica. Una vez alcanzada esta posicin con la palabra se debe dirigir a la multitud y convencerla. Sin embargo, no hay que olvidar que el prncipe no rechaza la

utilizacin de la fuerza y de la coaccin si es necesario. Es una sociedad influida por lo blico donde el prncipe debe dejar vivir en libertad pero tambin castigar. Esta multitud puede infundir temor si no est guiada por un lder pero a su vez su propia naturaleza hace que despus de un primer momento de efervescencia se desvanezca. Por lo tanto para que una multitud se mantenga unida debe estar dirigida, pues si empieza a reflexionar individualmente sobre las posibles consecuencias de su accin se desintegra. Maquiavelo no demoniza la multitud, cree que sta puede ser tan vil y tan bondadosa como los prncipes y los reyes. Establece que sta vea limitada su voluntad por las leyes y las instituciones. Es consciente que la multitud desenfrenada, llevada por la furia y la sinrazn puede cometer los mismos errores que un hombre llevado por la ira. Acusa a los Prncipes de incluso ser ms inconstantes y variables que la multitud. Ensalza la virtud del pueblo: su criterio, su prudencia, su juicio frente a los prncipes que actan ms a

merced de sus pasiones. Se puede hablar a la multitud pero los prncipes slo responden con la espada. La multitud va a favor del bien comn mientras que los prncipes interponen el bien personal. En casos de peligro se encuentra ms fidelidad en las repblicas que en los prncipes. Vemos que Maquiavelo defiende la figura individual del dirigente poltico por encima del grupo, como suceda en Platn y Aristteles al destacar el gobierno de la aristocracia. Sin embargo, no se limita a engrandecer la figura del dirigente poltico ya que mantiene un equilibrio entre lder y masas. La actitud de las masas no se limita a ser dirigida sino que tiene su propio criterio y su decisin; mientras que en Platn la relacin lder masa se limitaba a un simple seguimiento de las rdenes del lder sin vida propia. El autor da un sin fin de consejos acerca de como mantener un principado una vez conquistado, y por lo tanto sin ser legitimado por la costumbre de la tradicin: extinguir la familia del antiguo prncipe; vigilar los enemigos y los amigos si no han cumplido sus expectativas, mantener la virtud y la prudencia; no dar poder a la Iglesia pues ya tiene la autoridad espiritual. Maquiavelo no es un gran sanguinario pero es un hombre de su tiempo que defiende la guerra como medio con el que se puede expresar el valor de los hombres, por tanto si se ve forzado a ello puede llegar a matar, por ejemplo, para derrotar la envidia, pero a su vez, se muestra contrario a las crueldades. Exalta la importancia de poseer un buen ejrcito integrado por ciudadanos. No hay que depender solamente de la fortuna sino basarse en la propia virtud. La virtud se encuentra en la utilizacin de las armas. En conclusin, Maquiavelo destaca la importancia del liderazgo en la poltica, y de la figura de un lder poltico integrado en una lite intelectual y social y, a su vez,

regulador del Estado. Es un lder con atributos autoritarios y blicos pero no despiadados ni carentes de talento. Sin duda el Prncipe de maquiavlico encarna el ideal poltico y social del hombre del Renacimiento.

Thomas Carlyle public en 1841 su libro titulado Los Hroes donde destaca distintos personajes histricos, a los que califica de hroes de la historia. Cita desde personajes mitolgicos como el dios escandinavo Odn, hasta profetas religiosos como Mahoma o Lutero, pasando por poetas como Dante y Shakespeare, literatos como Rousseau, Burns y polticos como Napolen y Cromwell. Carlyle magnifica la figura del Hroe, ste se convierte en un don divino de la poca. En periodos convulsos la certeza de la humanidad consistir en saber reconocerlos y dejarlos actuar. Por ejemplo, destaca del budismo su idea de reencarnacin, pues se es consciente que en la sociedad reside un Gran Hombre y es necesario descubrirlo. En su anlisis histrico destaca la importancia del lder poltico para entender los acontecimientos histricos, especialmente su toma de decisiones. Sin la presencia del Hroe y su labor de orden social los acontecimientos histricos seran muy distintos. El mejor documento de los lderes est en su obra, razn por la cual, es importante la historia de las ideas para poder profundizar en un personalidades y su labor poltica, literaria o religiosa. Carlyle nos describe al Hroe como un hombre de fe, de convicciones profundas que defiende la verdad, o mejor dicho su verdad, a la vez, es un hombre sincero y valiente. Por otro lado, el autor advierte al lector que debe guardarse de los charlatanes, no se debe caer en el engao de estos falsos Hroes que embaucan y adulan con las palabras. Considera que el charlatanismo y el engao abundan en las religiones sobre

todo en etapas avanzadas de su decadencia. El hombre es en todas partes enemigo innato de las mentiras. La oratoria no es tan importante para Carlyle, lo importante es la accin y la misin de cada Hroe. Cada individuo tiene su propia razn; por ese mismo hecho se convierte en Hroe. El Hroe de Carlyle no tiene nada que ver con la astucia y perversidad del prncipe Maquiavlico, ni con el aislamiento del Superhombre de Nietzsche como veremos en otro apartado. El Hroe de Carlyle tiene el don de los profetas aunque sea laico. Empieza con el paganismo, tomando como punto de referencia la mitologa escandinava. Para l, la teora ms aceptable acerca del paganismo es que se trata de una alegora, una visin potica. La religin pagana es un smbolo de lo que los hombres han sentido y conocido acerca del universo. Sin embargo, lo ms necesario es saber qu camino deben tomar. Seguidamente, pasa a analizar a los profetas y a las religiones monotestas, concretamente, Mahoma. Considera que el tesoro de la humanidad est en el mismo hombre; el Shekinah de los judos es el propio hombre, Dios se revela al hombre, es un hlito del cielo, y establece su lugar en la vida, su propia verdad. No tan slo describe a los Hroes sino que da mucha importancia al Culto a los Hroes. ste consiste en la admiracin trascendente a un Gran Hombre, una forma de fe hacia el gran maestro espiritual. Los Grandes Hombres son admirables y en realidad no hay nada ms admirable. El hroe de Carlyle es todo espritu y moral y lucha contra su fortaleza y su virtud contra vicios y maldades. El culto no es slo mantenerse sumiso frente a los hroes tambin se muestran asombrados por su verdad y la divinidad que revelan. Se sentirn obligados a participar de su grandeza y a colaborar con l. A su vez, el autor nos destaca que el Culto al Hroe est cambiando continuamente, es diferente en cada poca.

La confianza de Carlyle en los lderes polticos es infinita. Para l, ninguna poca poda caer en la ruina si hubiese podido hallar un hombre lo bastante grande, lo bastante inteligente y bueno. Considera que en todas los perodos histricos se hallaran Grandes Hombres y sern los salvadores indispensables de su tiempo.53 Para l los Hroes son la roca viva en medio de todos los cataclismos son la luz el punto firme en la historia revolucionaria moderna. Su descripcin del Gran Hombre es la siguiente: En todo momento la imagen de Fuego resplandece sobre l, por todas partes, innegable! -Os ruego que consideris sta como la principal definicin del Gran Hombre54.

Esta metfora de fuego hace referencia al magnetismo que algunos autores como Lindholm utilizan para distinguir a los seres carismticos,55 asimismo, describe el aura carismtica de los grandes hombres y el anhelo que suscita entre los seguidores.56 Carlyle es consciente de la trascendencia de los Grandes hombres una vez han muerte ya que se amplifica su grandeza pudiendo incluso convertirse en mitos si bien no todos los mitos han existido -. El hroe pasa a formar parte de la tradicin y su importancia es an mayor para los miembros de esa cultura. Para Carlyle el carcter ms significativo de cada poca es el modo en que ha acogido y reconocido la venida del Gran Hombre. Considera que ello es lo ms significativo. Adems, menciona el concepto de dolo: ste es inferior al de hroe, pues se trata de un concepto pagano. Hace una definicin de dolo en la que Eidolon no es Dios sino smbolo de Dios; hace referencia, por ejemplo, a las imgenes, de lo que se deduce que tambin hace referencia a los apstoles y a los santos. Entiende, sin embargo, que todo Culto se hace a travs de smbolos, de eidolas. Todo culto procede

La Historia del Mundo, ya lo he dicho, ha sido la Biografa de los Grandes Hombres...El culto a los Hroes perdurar mientras el hombre perdure. CARLYLE, Thomas. Los Hroes. Barcelona: Editorial Iberia, 1985 , p. 45. 54 Ibid., p. 81. 55 Vase LINDHOLM, Charles. Carisma. Barcelona: Gedisa, 1992.

por smbolos, por dolos. La idolatra es rechazada, incluso odiada, por los Profetas. En tiempos de los profetas ningn espritu humano se siente posedo de su dolo o smbolo. Para Carlyle la idolatra ms abominable es la Beatera que, curiosamente, est muy relacionado con las mujeres. Carlyle en ningn momento se refiere a las Grandes Mujeres de la historia omite por completo el tema, del papel de las mujeres en la Historia. En resumen, se muestra partcipe de desarrollar la propia personalidad, dejarse de sumisiones, o smbolos religiosos pero s cultivar y seguir las directrices de los Profetas, los lderes polticos, o los filosficos de la propia poca. Destaca como grandes hombres al Poeta, al Rey, al Sacerdote, pues los llama toda suerte de hroes. Describe a Mahoma con el calificativo de Hroe-Profeta. En cuanto al Poeta, lo considera una figura heroica que pertenece a todas las pocas. Los que importa es que el Hombre sea Grande, ste podra haber realizado multitud de facetas si la vida o su empeo se lo hubiesen propuesto. En algunas lenguas antiguas Profeta y Poeta son la misma palabra (vates), sobre todo, en virtud de su sinceridad. El Hroe recibe una valoracin de Divinidad, como Profeta y despus como Poeta. Nos habla de la beatificacin de los poetas; stos son vistos como santos. Por ejemplo, Dante y Shakespeare son dos seres excepcionales. Para Carlyle todos los Grandes Hombres: los Hroes, los poetas- participan al igual que los profetas o los sacerdotes del mundo de lo sagrado, se ocupan de los espiritual, entienden y dan sentido a la vida, y su magistralidad les acerca a los dioses. Hay que destacar que Carlyle atribuye la grandeza de los grandes poetas y literatos como Shakespeare por favorecer el vnculo de unin entre toda la Corona, en otras palabras, constituyen una sea de identidad nacional destacable que da sentido a la nacin. Considera que los literatos como Fichte y Goethe viven en la divina idea del mundo, tienen una visin del divino misterio interior.

Ya he dicho que un Gran Hombre ha sido siempre como un rayo de Cielo; los dems hombres le esperan como si fuesen combustibles, para poder arder tambin ellos. CARLYLE, Thomas. Los Hroes.

Como ejemplo de los Grandes Hombres cita, tambin, Lutero el protestantismo con su enfrentamiento al Papa; el Puritanismo Ingls con su rebelin contra las soberanas de la tierra fue su segundo acto y la Revolucin Francesa un tercero. El Protestantismo fue una rebelin contra los falsos soberanos. Todo Gran Hombre debe ser sincero, el mrito de la originalidad no consiste en la novedad sino en la sinceridad. Plantea que el Protestantismo no se desprende de los hroes sino que crea multitud de ellos. Hroe significa hombre sincero. Carlyle no distingue ntidamente como lo har Weber entre hroes y seguidores, por un lado habla como si todos pudisemos ser hroes con nuestra sinceridad, por bien, que habla de los Adoradores de los Hroes del Culto a los Hroes y de la necesidad de reconocer en cada poca a los Grandes Hombres. stos tienen este potencial divino que es necesario cultivar y acoger por parte de las multitudes. El carcter esencial de un Hroe es su sinceridad. El momento ms importante de la Historia Moderna, es la Dieta de Worms de 1521, de ello surgir el Protestantismo, posteriormente el Puritanismo Ingls y despus la Revolucin Francesa. Carlyle critica duramente el utilitarismo de Bentham, se muestra creyente y no acepta la negacin de la divinidad, para l el utilitarismo de Bentham y su defensa de la Revolucin Industrial es una aproximacin hacia una nueva Fe. La realeza representa el resumen de todas las diversas figuras de herosmo. Se le llama Rex, regulador, Roi, King o Knning que significa etimolgicamente hombre capaz. El motivo de las revoluciones o de las explosiones sociales se debe al hecho de haber puesto en el gobierno hombres poco aptos. Se han dado pues Hroes falsos que no han sido capaces de estar a la altura de las circunstancias. El Gran Hombre no deja claro si es hijo del orden o del desorden, en cualquier caso l debe ser portador de orden. Mientras el hombre sea hombre ser necesaria la aparicin de un Napolen un

Cromwell para que acabe con todo tipo de sanculotismo. El Hroe y el Culto al Hroe surgen en pocas como la Revolucin Francesa que no parecen, en principio, favorables, pero a pesar de ello los Grandes Hombres surgen y son reconocidos por las multitudes, y deben inspirar amor fraternal. No solamente es necesario el Hroe sino que adems es preciso que el mundo est preparado para recibirlo. El Hroe es un don divino para Carlyle. El charlatn encarna el mundo insincero de los embaucadores o encantadores de serpientes. La inteligencia de los Grandes Hombres no consiste en sus discursos, la elocuencia, sino en ver bien y averiguar, su virtud consiste no en la oratoria sino en su la capacidad, el valor y el talento para ejecutar las decisiones necesarias, lo que los alemanes llaman Taugen57. Con todo, considera que Cromwell realiz en el Parlamento ingls unos discursos elocuentes y supo imponerse con su voz ruda y apasionada Un error es creer que los Grandes Hombres lo tenan todo planificado, en la vida las cosas suceden pero no se tiene una certeza de ello. Por otro lado, no son ambiciosos slo lo son los mseros hombres pequeos. Considera por lo tanto que estos hombres no queran las aclamaciones de las multitudes, sino que queran que les dejasen solos. Es una imagen similar a la del Superhombre de Nietzsche. Cromwell fue sincero al principio pero luego se convirti en un hipcrita. sta es la teora de Hume, la del Fantico-Hipcrita. Segn Carlyle, Cromwell no era inmaculado ya que haba recorrido un tosco camino, sufriendo alguna cada en su empeo pero no considera que fuese un hipcrita. De Napolen dice que fue sincero y tuvo cierto sentido instintivo para la realidad. Sucintamente, el valor de los Hroes reside en su bondad, en la bsqueda de la verdad, su sinceridad y su sabidura.

Carlyle destaca la importancia de la religin como gua para un liderazgo correcto; es importante seguir la propia verdad y esta la legitima la creencia en una religin o en un paganismo. No cree en la superacin de la idolatra, ni es consciente de hasta dnde puede llegar el seguir ciegamente los mandatos de un lder. Sin duda los fascismos, la figura de Hitler con el Holocausto y la influencia del marxismo ha provocado un rechazo intelectual a posteriori de la segunda mitad de siglo XX a todo lo que significaba culto a la personalidad y revalorizacin del liderazgo, asimismo, la importancia del lder en la casualidad social. La historiografa ha estado preocupada por plasmar todos los sectores sociales en el anlisis histrico, para la elaboracin de una historia total que ha dejado un tanto en un segundo plano las lites.58 Sin embargo, las democracias occidentales a partir de los aos sesenta han hecho resurgir con las campaas electorales (spots televisivos, debates, carteles, mtines, lderes de opinin etc.) nuevas formas de culto al candidato. Hay que destacar que el liderazgo poltico democrtico ve delimitados sus poderes por los sistemas constitucionales y tambin, por una mayor racionalizacin y trabajo en equipo en muchas de las polticas a adoptar. El Dios moderno ms que el Hroe o el poltico es la propia democracia. Carlyle dir que a pesar de las pocas convulsas el Hroe surge y es reconocido por multitudes, su nacimiento es casi un don divino, no establece un racionamiento

La historiografa del s. XX se ha caracterizado por el desarrollo de la historiografa marxista con su intento por reflejar a todos los grupos sociales. Asimismo, la aparicin de la escuela de los Annales en el perodo de entre guerras con las figuras de Lucien Le Febvre y Marc Bloch introdujo los primeros intentos para conseguir de forma consciente la historia total. La historiografa marxista adems de su nfasis en la historia econmica desarroll en la segunda mitad del siglo la historia social donde destaca Pierre Vilar preocupado en la realizacin, ya no terica, sino prctica de la historia total. La mayor renovacin de la historiografa europea la realiz el marxismo ingls con figuras como Edward Palmer Thompson al interpretar el materialismo histrico como la consecucin de la historia total que reunira

racional, ni una causalidad histrica o social acerca del surgimiento del Hroe sino estos existen y hay que reconocerlos, aspecto fundamental para los hombres con quien hay que confiar. Precisamente, en la modernidad avanzada, la imagen se convierte en un elemento que otorga esa confianza en el lder. Se cree que a travs de la imagen meditica se puede conocer al lder, se deposita la confianza en l. De igual forma, la elocuencia ser necesaria, a pesar que Carlyle la sita en un segundo trmino, hoy por hoy, para triunfar en el sistema de poltica mercantilista que nos encontramos, no solo es necesario el valor y talento sino tambin convencer, argumentar, en definitiva, seducir y ser un buen comunicador. El Hroe de Carlyle es muy distinto al Superhombre de Nietzsche que analizar en el siguiente apartado. Mientras Carlyle destaca ya de por s el nombre de Hroe, otorgndole cierta santidad al personaje, defendiendo la veracidad y sinceridad de sus palabras. Recordemos que Carlyle distingue a los Hroes de los meros charlatanes y advierte de la falsedad de estos ltimos. En cambio, el Superhombre de Nietzsche no es todo bondad, debe mentir, aislarse y desatar su astucia. Por otra parte, del mismo modo que Nietzsche critica el idealismo de Rousseau, Carlyle lo destaca como hroe literario. Contrariamente a Nietzsche, Carlyle se muestra ms partidario del idealismo platnico al destacar la bsqueda de las ideas divinas que nos son descubiertas por los grandes personajes histricos y nos advierte al igual que Platn de los falsos hroes. Los hroes luchan contra la mentira y la hipocresa, contra charlatanes exploradores manipuladores de la verdad y que se encuentran lejos de la sinceridad. La fe es para l lo ms importante. El hombre de fe no se equivoca nunca lo que se vaciar de contenido con el tiempo son los smbolos externos, los mitos, las palabras, los gestos. Hay una perennidad de la verdad expresada por los hroes, Mahoma, Odn, Dante,

Lutero. Asimismo, podemos hablar de la perennidad del carisma, si bien se difumina o se amplia en funcin de los acontecimientos y de la difusin de los lderes. Si por este lado, estamos de acuerdo en el componente eterno de los personajes histricos, por otro lado, criticamos su visin del liderazgo tan personificada en un solo lder, sin duda es sobre algunos aspectos que el lder puede desarrollar su liderazgo con la consecuente toma de decisiones. En las democracias modernas los lderes polticos manifiestan la necesidad de la consulta con el equipo de gobierno y los asesores para la toma de decisiones en ciertas materias, lo que hace menos autoritarios algunos liderazgos, si bien, se fortalecen las propias ideas y la toma de decisiones en otras polticas.59 Por otra parte, la labor del lder poltico es siempre susceptible de crtica a pesar que uno siga su propio razonamiento o intuicin poltica esta puede ser favorable o errnea. No podemos por el mero hecho de considerar divinos sus principios considerar favorables sus decisiones, sin analizar las consecuencias. Carlyle deposita un exceso de confianza en los lderes polticos y en la humanidad en general, sin ser consciente de la formacin o la capacitacin, la bondad y la tica de que cree estn impregnados los Grandes Hombres no es del todo real. Hay ms corrupcin de la que menciona y errores a veces por imponer los propios juicios y no ser capaz de escuchar a los colaboradores. La grandeza del lder poltico tambin consiste en tener en cuenta el mayor nmero de opiniones expertas y despus decidir. Respecto al anlisis del liderazgo, hay un matiz importante: el sacerdote, tal como lo concibe Carlyle, es una especie de profeta. Difiere, pues, del sacerdote weberiano quien es concebido como el garante de mantener y reproducir la doctrina. Carlyle es consciente que el sacerdote tiene un rol distinto ya que intenta establecer

vnculos con la Santidad Invisible, mientras el profeta es el Rey espiritual secundado por muchos capitanes pero no llega a establecer una clara diferencia, son personajes distintos pero la dificultad por dilucidar la naturaleza inefable del carisma hace que no sea hasta Weber quien distinga estos dos roles y site la labor del sacerdote en una forma de reproducir y de rutinizar el carisma. A mi juicio, creo impotente destacar la idea de la originalidad del lder poltico efectuada por Carlyle. La singularidad poltica de cada individuo nos lleva a la idea de destacar sus caractersticas personales con relacin a la poltica y a entender una dimensin del carisma. Destaca perodos de cambio social como el Protestantismo, el Puritanismo ingls o la Revolucin Francesa por estar gobernados por lderes destacados como Lutero, Cromwell o Napolen, sin embargo no insiste que se trate de perodos de cambio y crisis social, resalta el protagonismo de los grandes hroes por su toma de decisiones y por la necesidad de los individuos frente al desconcierto de confiar en aquel lder poltico que se muestre seguro ante las circunstancias. Su toma de decisiones se convertir en trascendente para la poblacin, sobre todo en perodos de guerra. Por ejemplo, en pocas de fuerte convulsin social un lder con talante democrtico puede ayudar en el proceso de transicin democrtica y consolidacin de la misma.60 Pero ello no puede llevarnos a elaborar una argumentacin a la inversa en la que consideremos que la falta de un lder poltico legitimado es causa de convulsiones sociales. sta parece ser la idea de Carlyle. Por otra parte, es cierto que Carlyle reconoce la importancia del lder poltico en momentos de descontrol social, como elemento que dirige las multitudes y genera orden social, su falta de reconocimiento del fenmeno carismtico hace que muestre una cierta perplejidad ante la paradoja del fenmeno y le atribuya ms un orden divino que social. El lder carismtico tiene un

gran potencial revolucionario pero a su vez su grandeza reside en su capacidad de estabilizar la poltica y la sociedad, pues consigue apaciguar a las masas desenfrenadas. Carlyle no tiene en cuenta todo el potencial revolucionario y de cambio social del carisma sino su capacidad de orden social, los grandes Hroes son aquellos que proporciona el propio sistema, que forman parte del pensamiento y de la cultura oficial. De alguna manera Carlyle nos dice que cada hombre tiene el destino que se merece, y la solucin al caos social se centra en la capacidad de reconocer los Grandes Hombres, sinceros, portadores de la verdad, y no dejarse embaucar y engaar por charlatanes u otro tipo de tiranuelos.61 La culpa de las revoluciones se debe a la incapacidad de los gobernantes, no a la insostenibilidad de las desigualdades sociales. Se limita a citar los lderes revolucionarios que han triunfado en su intento histrico, como dira Weber que han podido rutinizar el carisma. En su anlisis histrico reduce la lgica de los acontecimientos a la actuacin del lder poltico si bien lo que hace es focalizar la importancia en el lder poltico y sus seguidores ms cercanos en la causalidad de los acontecimientos. Estamos de acuerdo con su idea de que el Culto a los Hroes no muere nunca, en el sentido de la perennidad del carisma pero se manifiesta de distintas formas segn las pocas y las coyunturas polticas, econmicas y sociales. Carlyle tiene en cuenta esta transformacin con el paso del tiempo y segn el momento histrico de las personalidades polticas, literarias o filosficas. Su visin del Hroe o del Lder poltico se decanta hacia una visin de bondad y de santidad en el lder, este Hroe decimonnico no busca su fortuna se la encuentra, no destaca su astucia poltica sino su grandeza, su capacidad, que nos lleva a entenderlo

Vase Gunther para el concepto de consolidacin de la democracia. GUNTHER, Richard. The Politics of Democratic Consolidation. Southern Europe in Comparative Perspective. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press, 1995.

como un don innato. La imagen de fuego, o el trmino magnetismo, que utilizan otros autores para describir el carisma poltico, a mi juicio, no es una terminologa clarificadora, ni suficiente para abordar el fenmeno carismtico. Es un concepto cargado de subjetividad, por un lado, se puede tener carisma sin percibir esa estrella interior, y por otro no es suficiente para llegar a triunfar profesionalmente. Carlyle no llega a utilizar el trmino carisma pero intenta, como podemos apreciar, a lo largo de su obra delimitar las caractersticas del lder carismtico y las relaciones carismticas entre lder y seguidores. El aura especial, la personalidad del lder poltico, es algo inefable y Carlyle lo intenta abordar en su anlisis sin lograr atribuirle un nombre propio, a esa excepcionalidad que aprecia en los Hroes.

A travs de la obra de Nietzsche no he encontrado una definicin explcita del trmino carisma pero si una preocupacin manifiesta por la idea de aquellos individuos que se les considera en un plano superior de la sociedad, ya sean, santos, mitos o profetas. Nietzsche, en su obra As habl Zarathustra, intenta establecer las condiciones de lo extraordinario, lo santo, lo inefable en las personas; adems de exponer, sin utilizar el concepto, las caractersticas que deben poseer los lderes

carismticos a travs de su construccin del personaje del superhombre. Las caractersticas personales del superhombre son a las que debe tender la humanidad, si bien, este superhombre no podr ser alcanzado por todo el mundo.62 Su posicionamiento

Esta crtica tambin la encontramos en Platn. Vase PLATN. Carta VII. Madrid: Espasa, 1999. (Coleccin Austral, 164). 62 Nietzsche manifiesta abiertamente su rechazo a los movimientos de masa, a los ideales sociales del anarquismo y el socialismo, considera a la mayora de la poblacin la chusma; la cultura debe encontrarse en los elementos aristocrticos. NIETZSCHE, Friedrich. El Anticristo. Madrid: Edimat Libros, 1999. (Clsicos Seleccin).

es situar al nuevo profeta al margen del cristianismo, no tanto de la religin como de la moral cristiana, tanto la de catlicos como la de luteranos. Esta aversin a lo catlico queda claramente de manifiesto en su relato de El Anticristo,63 donde critica la figura de Jesucristo y la difusin de su doctrina. La crtica de Nietzsche se remonta hasta los clsicos y a toda forma posible de idealismo; as a pesar de su admiracin por la cultura clsica,64 y en cierta manera su obra ms popular As habl Zarathustra- nos recuerda a La Repblica de Platn y en algunos captulos, los dilogos del mismo autor, Nietzsche se muestra contrario a cualquier forma de idealismo, est en contra del pensamiento de Scrates y de Platn y de cualquier forma de edulcorar la existencia. Se siente prximo a Tucdides y a Maquiavelo por no dejarse embaucar y ver la razn en la realidad.65 Al mismo tiempo, se muestra abiertamente contrario a Rousseau, sobre todo, por su moral. La doctrina de los iguales para Nietzsche no se puede igualar a los desiguales; para l las ideas de Rousseau son una de las causas de la sanguinaria Revolucin Francesa. Nietzsche define el siglo XIX como un siglo en decadencia. El sentido ltimo de la cultura es un Dios artista. El artista articula la incomprensin interior, en l reside la mentira, la primera impresin de lo cambiante, el valor moral aqu es el verdadero porque est en estado naciente. Es en el propio individuo en sus propios parmetros donde Nietzsche busca la superacin de la moral, para l la moral es una interpretacin equivocada de los hechos. Sin embargo, no nos habla de cualquier hombre, nos habla de los filsofos y de su gran hombre, quien es un superhombre construido con la fuerza de la voluntad y de la razn, en su camino hacia la bsqueda de la verdad. El superhombre equivaldra al hroe pero despojndolo

NIETZSCHE, Friedrich. El Anticristo. Madrid: Edimat Libros, 1999. (Clsicos Seleccin). Nietzsche considera, por ejemplo, que los clsicos superaron la tragedia, aspecto que lo demuestra la teatralizacin de la misma. 65 NIETZSCHE, Friedrich. Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975, p. 131.

de su carcter romntico.66 En su descripcin de los momentos en que irrumpen estas figuras en la historia describe una poca de cambios, un perodo en que se ha estado gestando un cambio. ste se ha estado reprimiendo hasta que la tensin es demasiado fuerte y surge un genio. Considera que los grandes hombres son necesarios a pesar que aparezcan en un momento donde la defensa de sus principios sea opuesta a la mayora como es el caso de Napolen, este ejemplo le sirve para demostrar el retorno de valores e ideales, en este caso el de valores absolutistas, establece una continuidad histrica, estos valores se hacen fuertes porque son antiguos. El gran hombre que precede un periodo de agotamiento de una poca es el final de una poca y el inicio de un nuevo periodo. El genio es un derrochador, lidera una presin de fuerzas que se desbordan. A esto lo llama holocausto; se alaba el

herosmo del gran hombre su entrega a una idea a un ideal. El gran hombre se desborda, se gasta como un ro no se puede contener.67 Como se debe mucho a tales explosiones se les atribuye una moral superior. Nietzsche afirmar que todo genio tiene que pasar una fase revolucionaria de sentimiento de odio, de venganza y rebelin dice, como ejemplo nos cita la conjuracin de Catilina (aunque hace referencia a la existencia catilinaria trmino acuado por Bismarck),68 y aadir que es la forma de preexistencia de todo Csar. Nietzsche expone, por ejemplo, la necesidad de disciplinar el cuerpo, los ademanes para producir belleza, no dejarse ir y vivir con hombres que no se dejen ir. As, en dos o tres generaciones ya puede estar interiorizado este comportamiento ms educado.

VALLS, Ramn. Nietzsche. En: BERMUDO, J.M. Los filsofos y sus filosofas. Barcelona: Vicens Vives, 1983, vol. 3, p. 96. 67 NIETZSCHE, Friedrich. Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975, p. 121. 68 Bismarck utiliz este trmino a 30 de septiembre de 1862 y dijo las siguientes palabras: Hay en el pas toda una muchedumbre de existencias catilinarias que tienen un gran inters en hacer revoluciones. Ibid., p. 168.

Estrechamente relacionado con la idea de los grandes hombres encontramos el concepto del superhombre, aspecto sobre todo desarrollado a travs de la voz del profeta persa Zarathustra. Sin embargo, Nietzsche afirma que no pretende crear dolos sino filsofos, prefiere ser stiro antes que santo. La filosofa para l es vivir en las alturas, en las montaas dir Nietzsche, es la bsqueda de todo lo problemtico y extrao en el vivir. Lanzarse hacia lo prohibido es un camino hacia la verdad, pues lo que se ha prohibido siempre ha sido verdadero. Considera que Zarathustra es el libro ms profundo nacido de la riqueza ntima de la verdad.69 Una de sus preocupaciones es pues encontrar la verdad, acotar la razn. La palabra superhombre es un hombre ptimo en contraste con los hombres modernos, con los hombres buenos con los cristianos. Zarathustra ha sido entendido como un hombre idealista mitad santo, mitad genio, lejos pero de la concepcin del hroe de Carlyle a quien siempre critica Nietzsche.70 La autntica demostracin de Zarathustra es superar la tentacin de los bajos instintos, a los que Nietzsche llama los sentimientos de compasin, para poder permanecer fiel a la propia tarea o los propios objetivos y no mezclarlos de estos impulsos. Hay que evitar el azar, uno debe endurecerse y evitar el estmulo venido de fuera. Describe la siguiente imagen metafrica: emparedarse dentro de s forma parte de las primeras corduras instintivas del embarazo espiritual a fin de disponer de soledad necesaria para poder crear. Nietzsche siempre mantiene la importancia de la autodisciplina, del sacrificio, de no sucumbir a las tentaciones, y mantenerse firme a los objetivos. Nos dice que uno a lo largo del da se encuentra con diez momentos en los que puede sucumbir y por lo tanto es necesario que los supere. El superhombre tiene un placer mayor si no se deja llevar por el azar, si se endurece. Nietzsche propugna un endurecimiento del individuo, de su ego; debe tomarse la vida con valenta y propugnar

las propias ideas. Est en contra de la duda y de la vacilacin; en la felicidad hay que seguir una lnea recta, una meta. Lo bueno en el hombre es lo que eleva su voluntad de poder. Lo malo es todo aquello que hunde sus races en la debilidad. La felicidad es superar algo que nos provoca resistencia, la guerra la virt en el sentido Renacentista, la virtud sin moralina.71 Como hemos dicho anteriormente, se muestra contrario a cualquier tipo de idealismo, a cualquier tipo de sentimiento sublime hacia lo bello, pues lo considera propio de mujeres (ms adelante hablaremos de su visin de la mujer). Otro aspecto que expone es el de librar el alma de resentimientos como aspecto imprescindible para hallar la felicidad. Paradjicamente, se muestra contrario a la moral, y est en contra de la represin de los instintos por mandato religioso, por ello deducimos que para Nietzsche la moral no es el camino adecuado para hallar la verdad, el mundo inteligible. Retomando su descripcin de Zarathustra, Nietzsche lo define como el hombre superior, capaz de contradecir todos los opuestos, como el Scrates de los dilogos de Platn. Con Zarathustra se ha llegado a la verdad, a las alturas; se establece un conocimiento superior que va ms all de cualquier oposicin, por lo tanto, est cercano a lo divino, aunque Nietzsche no lo reconozca explcitamente. Antes de Zarathustra no haba un conocimiento verdadero, de ah el concepto de superhombre pues est por encima de cualquier otra idea que hayan podido tener los hombres. Zarathustra es quien ha llegado ms lejos en su pensamiento, se ha acercado a todos los abismos posibles, no se opone al existir ni al eterno retorno- concepto al que nos referiremos ms adelante-. Zarathustra est condenado a no amar por una superabundancia de saber y de poder.72 El hombre superior de Nietzsche puede aparecer desde cualquier cultura; esto nos explica la manipulacin de sus ideas, su utilizacin por los nazis con la finalidad de

perpetuar un nico hombre superior, el propio. Las personalidades excepcionales constituyen un tipo superior de hecho, pueden surgir con la mayor naturalidad; es un don que recae sobre algunas generaciones o grupos. Nietzsche, sin lugar a dudas, est pensando en el fenmeno del carisma cuyo anlisis desarrollar posteriormente

Weber.73 Habla, como apuntbamos ms arriba, de higher and lower men (Un hombre elevado y un hombre inferior) y para l un solo individuo puede bajo ciertas circunstancias justificar la existencia de todo el milenio, lo que en Carlyle definamos como un Gran Hombre. El objetivo para Nietzsche no es la Humanidad, sino el superhombre: Not mankind but overman is the goal! (El objetivo no es la

humanidad sino el superhombre).74 Hay que destacar un elemento que relaciona a Nietzsche con el Nazismo es que mira con desprecio los enfermos, aquellos que necesitan de las recetas mdicas para seguir viviendo. Sin saberlo, Nietzsche se convierte en un buen ideario para la prctica de la eutanasia por Hitler.75 El Superhombre miente ms que dice la verdad. Hay una soledad en l que lo hace inaccesible tanto para alabarlo como para culparlo. Llegar a ser un Gran hombre ha costado mucho; se han hecho sacrificios y se ha sufrido por ellos. Pero si uno considera su familia historia, uno descubre el capital acumulado de fuerza de toda clase de renuncias, de luchas, de trabajo. Es por eso que el Gran Hombre ha costado mucho en crearse y no aparece como un milagro, o un don del cielo, o de la suerte, por esos

Nos describe la sabidura como a su amada. NIETZSCHE, Friedrich. As habl Zarathustra. Madrid: Libsa, 2000, p. 103. 73 Por el contrario, se puede observar que, en puntos muy distintos de la tierra y surgiendo del seno de las ms diferentes culturas, aparecen continuamente casos excepcionales. Tales casos construyen un tipo superior que de hecho se presenta a s mismo sin ms; que, respecto al conjunto de la humanidad, es una especie de superhombre. Esos casos afortunados extraordinariamente logrados han sido siempre posibles, y tal vez continen sindolo siempre. En excepcionales circunstancias, esa buena suerte, puede afectar a generaciones, a estirpes, a pueblos enteros. NIETZSCHE, Friedrich. El Anticristo. Edimat libros: Madrid, 1999, p. 31-32. 74 NIETZSCHE, Friedrich. The Will to power. New York: Vintage Books Edition, 1968, p. 510. 75 No podemos dejar de olvidar que el programa de exterminio de las cmaras de gas de la zona oriental de Europa naci a consecuencia del programa de eutanasia de Hitler. ARENDT, Hannah. Eichmann en Jerusaln. Barcelona: Lumen, 1999.

motivos no se ha convertido en grande. La idea de herencia es un mal concepto, la herencia es un falso concepto, uno ha pagado el precio de lo que es.76 Nos habla del mrtir, el santo, el loco y el encantador como individuos que reciben un trato especial, tienen seguidores y fascinan. Al final de su relato Zarathustra mantiene un dilogo con personajes peculiares, con los que parece ponerse a prueba y demostrarnos sus dotes de profeta, su tenacidad en el camino hacia la verdad. A las mujeres, tambin, las trata con desdn, las describe como la mitad de la humanidad, son tpicamente dbiles, enfermizas, variables, inconstantes. Necesitan una religin para la debilidad, glorifican ser dbiles, amorosas y son humilladas como divinas, hacen fuerte lo dbil. Las mujeres han conspirado siempre con los tipos de decadencia. Las mujeres llevan a los nios al culto de la piedad y el amor, la madre representa altruismo. Su descripcin de las mujeres y el tono como habla al respecto no est exenta de una cierta misoginia. Cul es el papel que Nietzsche reservaba para las mujeres? No parece mostrarles mucho respeto,77 un ejemplo lo tenemos en la siguiente frase: El hombre ha de ser educado para la guerra, y la mujer, para el solaz del guerrero: todo lo dems es tontera.78 Considera que la mujer es vengativa, esto se debe a su debilidad, como lo es su sensibilidad por la indigencia humana. La mujer necesita hijos y el hombre solamente es un medio para conseguirlos, y aade que la emancipacin de la mujer, representa la mujer mal constituida. Todas sus afirmaciones referentes a las mujeres estn teidas, pues, de misoginia, y parten de la concepcin de considerar a la mujer inferior frente al hombre.

NIETZSCHE, Friedrich. The Will to power . New York: Vintage Books Edition, 1968, pp. 507-508. Es una obra fundamental de Nietzsche. Todos sus pensamientos estn escritos en este libro. Es un libro pstumo, esta compuesto despus de la muerte de Nietzsche donde figuran sus notas sobre su proyecto, por eso suele ser ms telegrfico. Aspecto que dificulta su comprensin. Nietzsche amaba la brevedad y es muy fcil perder el significado de lo que nos quera decir. 77 Critica a Georg Sand y su estilo afectado rusoniano, de hecho critica su condicin femenina. Ms adelante habla de la mujer literata demasiado preocupada por el saber, por los libros que deja a un lado los instintos. NIETZSCHE, Friedrich. Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975. 78 NIETZSCHE, Friedrich. As habl Zarathustra. Libsa: Madrid, 2000.

En su libro As habl Zarathustra se puede dividir en cuatro grandes temas: el superhombre, la muerte de Dios, la voluntad de poder y el eterno retorna.79 El eterno retorno es un tema recurrente en sus escritos. Esta idea es una sensacin de madurez de Nietzsche en la que pretende resaltar el sentido cclico de la vida, el regreso del pasado de forma simblica a la realidad cotidiana. Otro tema que queremos destacar es su idea de libertad, cercana a su idea de superhombre, significa volverse ms indiferente a la fatiga, a la dureza, a la privacin, incluso a la vida. En su concepto de libertad considera que la guerra educa a la libertad, pues se est dispuesto a sacrificar hombres a sacrificarse uno mismo. La muerte sera el fin en un camino hacia la libertad. El sacrificio no es entendido como una traba a la libertad, o mejor dicho, a la voluntad sino que libera al hombre de sus bajos instintos o pasiones. Nietzsche intenta que el individuo sea libre que acte por su propia decisin o voluntad si bien siempre ser necesaria la disciplina, el auto control, para poder llegar a una mayor perfeccin, conseguir xito y poder llegar a la verdad.80 En cuanto a las cualidades que dan virtud santidad en los hombres se pregunta si estas cualidades residen en los hombres o en las ventajas que comporta. Los atributos que menciona como garantes de la virtud son: Integridad, dignidad, sentido del deber, justicia, humanidad, honestidad, rectitud, buena consciencia. Su pregunta, si se aplican estos valores debido a consecuencias positivas de la conducta del propio individuo, o si bien tienen valor por ellas mismas. Entonces cuestiona si esa valoracin de lo bueno significa que solo hay que procurar un tipo de conductas y, por lo tanto, hacer

Para ms informacin vase el prlogo de Jos M Valverde en la edicin de Editorial Planeta de As hablo Zarathustra. 80 NIETZSCHE, Friedrich. Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975, pp. 114 y132.

cuando asistimos a la propia virtud. El mdico debe primero cuidarse a s mismo y as curar a un enfermo. El pensamiento de Nietzsche en la voz de Zarathustra dice as:

Me hallasteis cuando an no os habas encontrado a vosotros mismos. Ahora os ordeno que me perdis a m y os encontris a vosotros; y solamente cuando hayis renunciado todo de m, solamente entonces volver entre vosotros81.

El hombre ha puesto su valoracin de la vida en crear un tipo de vida estndar. Algunos hombres tratan las condiciones como condiciones que deben ser impuestas como leyes, la verdad, el bien, la perfeccin. Traduce el buen hombre, quien no quiere ponerse el mismo como objetivo, es desinteresado. Todo lo persuade a la prudencia, su experiencia, su vanidad, e incluso la fe es una forma de desinters. Los ideales populares son: el buen hombre, el hombre desinteresado, el santo, el sabio o sensato y el hombre justo.82 El hombre dbil y enfermo tiene ms empata con los dems, es ms humano. Para l son de gran importancia las formas, el respeto, el defender ciertos valores elitistas propios de la aristocracia a los que se debe tender en el camino hacia la verdad y la perfeccin. Por un lado, afirma que slo hay nobleza de nacimiento, nobleza de sangre, There is only nobility of birth, only nobility of blood, pero, por otro lado, no habla de los nobles de rango sino de los aristcratas de espritu, afirma que es pues posible el aprendizaje de las formas despus del rigor durante dos o tres generaciones. Debe haber algo que ennoblezca el espritu: la sangre. Cree en el placer en las formas, para l la educacin es una de las grandes virtudes.

En su obra encontramos su preocupacin por la figura del sacerdote. ste es el que consigue la perpetuacin del cristianismo a travs de sus homilas. Nietzsche habla bastante sobre los sacerdotes en varios de sus libros (As habl Zarathustra y en el

Anticristo). Los critica porque los considera unos manipuladores del pensamiento de las masas, no permiten que haya otras pticas imponen su moral, en definitiva critica la influencia del carisma de cargo, en otras palabras, la influencia que el sacerdote ejerce sobre sus fieles. Considera que no hay nada ms hondo y ms destructor que los deberes y los sacrificios impersonales dirigidos a un Dios. Considera que el Dios bondadoso, el que proclama la sumisin, el conformismo, la paz interior, es un Dios moralizador; otra posibilidad es el Dios que tiene voluntad de poder ese es el Dios del pueblo. Para Nietzsche tanto el Dios bueno como el diablo son producto de la decadencia. El Dios cristiano es uno de los dioses ms degradados del mundo. Otra religin similar en este sentido es el budismo, pero sta es mucho ms realista que la religin cristiana, no habla de una lucha contra el pecado sino de una lucha contra el dolor, por lo tanto se sita ms all del bien y del mal. La idea de ms all del bien y del mal comporta la superacin de la moral cristiana, la superacin del hombre pecador, de lo que est bien y de lo que est mal. Para Buda el egosmo se convierte en deber. En el cristianismo, la verdad y la creencia en la verdad son dos cosas distintas, ya que no necesariamente porque se crea que es verdad lo es.83 Nietzsche se muestra pues totalmente contrario a la casta sacerdotal. Para Nietzsche las convicciones son mantenerse firme a una idea, en cambio, la debilidad necesita la fe, necesita ser incondicional en sus afirmaciones y negaciones, necesita sustentar una teora como la de Carlyle. El creyente es, por lo tanto, forzosamente un hombre dependiente, la fe es su apoyo, su conviccin, no es imparcial, toma partido en la senda de su conviccin esto hace que sea una visin rgida. Acaba concluyendo afirmando que la fe es la anttesis de la verdad y el hombre de convicciones el

antagonista del hombre veraz.84 Como ejemplo relevante de sus palabras cita a los sacerdotes porque ellos nunca afirman que la verdad sea la suya propia sino que todo camino a seguir es fruto de la voluntad de Dios, revelacin de Dios, de las escrituras. Estos argumentos son formas de acceder, conservar y perpetuar el poder por parte de los sacerdotes ya que quedan refrendados ante sus decisiones. Considera que el anarquista y el cristiano son de la misma clase. En el fondo est haciendo hincapi a su crtica de los ideales, incluso afirma que a quien odia ms es a la chusma socialista.85 frontalmente, Ms que la religin, es el cristianismo al que critica

socialismo y el anarquismo. Destaca el Renacimiento, mitifica la Europa del Renacimiento,86 porque hizo triunfar los valores contrarios al cristianismo, los valores aristocrticos, todo tipo de valores que podran ser considerados amorales o faltos de valores ticos. Observa el cristianismo como un elemento que niega la Iglesia, es una invencin contra la verdad sacerdotal. Respecto a su preocupacin por el lder carismtico, manifiesta su preocupacin por el redentor. Para l Jess no es ni un genio ni un hroe, el Evangelio est alejado del concepto de hroe, de toda forma de lucha. Considera que el tipo de redentor que se ha transmitido es una forma muy desfigurada. Define al redentor como una mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo. Para Nietzsche, Jesucristo fue, sobre todo, un gran simbolista que crea que las verdades

Ibid., p. 106. Ibid., p. 114. 86 Burke afirma la mitificacin del perodo del Renacimiento cuando, en realidad, los hombres eran bastante medievales. Incluso el libro de Maquiavelo pertenece a un gnero medieval el llamado libro de espejo o libros de aviso para gobernantes. El autor define el Renacimiento como una poca en la que acaeci un cmulo de cambios. Uno de sus rasgos distintivos era el de revivir otra cultura, la antigedad clsica. Los historiadores del s. XIX, como Burkhardt solan presentar a los humanistas del Renacimiento como paganos, y cristianos en apariencias, sin embargo, la tendencia actual es al contrario. Hay que destacar que hubo al parecer un cierto proceso civilizatorio destacado por Norbert Elias, especialmente en las costumbres higinicas y alimenticias, tambin, aument el sentido de la privacidad. BURKE, Peter. El Renacimiento. Barcelona: Crtica, 1993 .

eran las interiores. Ningn otro libro ms que la Biblia ha podido elevar lo personal al nivel de lo Santo, que alcanza el nivel de genialidad con Jesucristo. Habla de la libertad, como hemos visto anteriormente, y se compadece de los sacerdotes por las cadenas que les atan al redentor, quien les ha cargado tambin de valores falsos. Habla de la falsedad que se respira en el mundo creado por la religin, las Iglesias. Habla de la cristiandad, de los creyentes que aman a un Dios aun que les contrare y a pesar de haber crucificado a su hijo en la cruz. Considera que la sangre y el sacrificio envenenan hasta la doctrina ms pura. Considera que el redentor surge del corazn caliente y la cabeza fra y afirma que ha habido hombres ms grandes que el propio redentor. Si se quiere hallar la libertad, se habr de ser redimido por hombres ms grandes que todos los redentores. Afirma: An no ha llegado el Superhombre, quien por las referencias posteriores no debe ser humano o aparentar humanidad. El nico personaje que merece su consideracin del Nuevo Testamento es Poncio Pilatos, el gobernador romano, para quien la doctrina de Jesucristo no era ms que una disputa entre judos, y un judo ms o menos le era igual. Para Nietzsche, el superhombre, al que podramos denominar como el Mesas nietzscheano, surge en momentos de gestacin de cambios, de crisis estructurales, estas son situaciones insostenibles que piden a gritos el cambio y que se pueden conseguir a travs de lo que propongo denominar como movimientos carismticos.

No pretendo hacer una crtica al anticristianismo de Nietzsche, no es el tema que nos ocupa. Sin embargo, el carisma forma parte de lo religioso a lo que Nietzsche no renuncia por bien que lo haga de la doctrina catlica. Siguiendo el pensamiento de

Nietzsche, su idea del eterno retorno se dirige tambin a los movimientos sociales y a las ideologas como la perduracin del absolutismo a pesar del intento de reafirmarse el liberalismo. En ese sentido podramos prever, en la actualidad, el retorno de movimientos igualitarios como el comunismo, movimientos pacifistas etc. Sin duda Nietzsche al hablar de la moral superior se refiriere a la trascendencia de perodos carismticos, describe esta eclosin que supone el carisma liderado por un hombre, o mujer, capaz de catalizar todas las inquietudes de una sociedad, o mejor dicho, de un amplio sector de la misma que est exigiendo cambios. En su concepcin del gran hombre describe al lder carismtico decimonnico, aquel que en aras de sus ideales es capaz de defender un sector amplio de la poblacin que ha estado gestando un cambio durante un periodo largo de tiempo, de malestar y finalmente consigue sus fines. El camino seguido por un cristiano implica tambin dificultades, enfrentarse con las debilidades y mezquindades personales. El encontrar la verdad no es sinnimo de no creyente sino que depende de la profundidad en el pensamiento en cada uno de los mbitos de la vida, las posturas o convicciones tomadas de forma individual dan coherencia y sentido al camino trazado. No podemos olvidar que las ideas de Nietzsche sirvieron de sustrato ideolgico para el nazismo. No obstante, la superioridad de la que habla Nietzsche es la superioridad que otorga la sabidura, no la fortaleza fsica, o el poder poltico. Nietzsche est en contra de los enfermos que necesitan de las recetas mdicas para seguir viviendo, los considera parsitos de la sociedad. Esta interpretacin crtica de la enfermedad y de la falta de coraje es una posicin que llevada al extremo fue utilizada por el nazismo para la solucin final contra los judos y que tambin conllev al extermino de personas con deficiencias, como sealaba anteriormente. Con respecto a las afirmaciones de Nietzsche contrarias al talante y al pueblo alemn. Nietzsche cae en el estereotipo, en una acusacin llevada en parte por el

resentimiento, a una valoracin muy subjetiva y, a su vez, irracional. Su irona es difcil de discernir; parece, a su vez, llevar un cierto grado de amargura y de cinismo por su parte. Sus afirmaciones son egocntricas, en las cuales es consciente de que su obra marca un punto de inflexin; su pensamiento se presenta como imprescindible para la sociedad, alcanzando el valor de mesinico, a pesar de mostrarse en su discurso ateo. As que no es de extraar que su virulencia, su egocentrismo sea aprovechado por un lder poltico como Hitler, convirtindose en megalmano. La bondad de las palabras de Nietzsche radica en la falta de accin poltica de su persona, en ser ideas, aportaciones tericas. El mesianismo de sus palabras de su obra, lo llevan a un posicionamiento que recuerdan a una especie de religin civil. Su pensamiento rechazo lo voluble, lo dbil, lo sensible, lo delicado, la piedad, la compasin, a todos los valores que inspira el cristianismo. Adems de su rechazo, insiste en la idea de deshacerse de ello, es un lenguaje que si bien Nietzsche lo establece en trmino de valores es un abono para la actuacin posterior de los nazis. Con todo, el pensamiento de Nietzsche an es profundamente actual y contina rigiendo la dualidad entre cristianismo y atesmo o agnosticismo. La negacin del altruismo, de la capacidad de actuar a favor del prjimo es negar cualquier tipo de afecto, de amor o de amistad, Qu lugar ocupa en la obra de Nietzsche la generosidad? Cuando habla de condescendencia, de benevolencia, de simpata, lo hace desde su posicin de sabio y de superhombre, en definitiva, del filsofo que se distancia de los hechos para conseguir su mayor objetividad. Niega el hecho de tener como ideal el altruismo, la resignacin de los valores cristianos o idealistas. Sin duda, en la sociedad de consumo actual siempre hay un inters material o individual en nuestras acciones, aunque se acte desde una consciencia altruista.

que podrn ser criticables pero que a travs de las acciones colectivas o individuales pretenden aportar el granito de arena para la mejora de la sociedad. Nietzsche parte de la idea de ser realistas, de afrontar la realidad y a partir de ella conocer los propios lmites. Su mayor crtica a la moral cristiana se basa en su control de los instintos y de las actuaciones individuales por el miedo al castigo eterno. Sin duda, el cristianismo es una forma de dominar al mundo, de dominar las acciones de los individuos y muy especialmente, su sexualidad. La grandeza de Nietzsche reside en su capacidad de repensar la realidad, repensar los valores y las actitudes humanas a partir del propio ser individual, aspectos que chocan con el arraigamiento durante siglos de los valores cristianos y el idealismo. Hay autores que ven en su teora del eterno retorno un sustituto de la religin, -llegar a algo desde la nada-. Yo dira que es un pensamiento de madurez que se relaciona con el proceso cclico de la vida, la repeticin de imgenes y de vivencias no en un sentido literal pero s alegrico. Nietzsche se adelanta a Wittgenstein, quien afirma que los lmites de nuestro lenguaje son los lmites de nuestro mundo. De hecho Nietzsche, diciendo que todo pensamiento para existir necesita del lenguaje afirma, sin duda, lo mismo. La idea de la libertad que expone Nietzsche en su libro el Crepsculo de los dolos se basa en la accin revolucionaria de la libertad. La libertad es una accin individual llevada al lmite de las consecuencias en aras a defender los propios valores o convicciones, el camino de la libertad es el camino de la muerte. Por otra parte, Nietzsche se muestra totalmente crtico al idealismo, su crtica sin embargo no se centra en criticar la entrega sin paliativos a una idea, el matar en nombre de un ideal, el dar la vida por l, su rechazo se basa en ser una forma incorrecta para llegar a la verdad, el idealismo de Platn o de Jesucristo, el intentar crear una sociedad utpica son mtodos, o caminos rechazados por Nietzsche. El muestra un fuerte individualismo. Es siguiendo

el propio camino interior cuando se llega a la verdad. Es necesario tener dominio de uno mismo, de la propia voluntad y por lo tanto tambin dominio de las cosas y las personas. Nietzsche niega la religin en su famosa frase Dios ha muerto, sin embargo, su filosofa de vida est inmersa en el mundo de lo espiritual y de lo religioso. En su concepcin del gran hombre no refleja la manipulacin que puede acarrear un lder poltico ante su poblacin, como ser el caso de los liderazgos carismticos de los totalitarismos; por ejemplo, en el caso del holocausto donde la idea est desarrollada desde los dirigentes nazis. El lder puede limitar las acciones de la multitud de una poblacin, pero, a su vez, puede exacerbar los instintos de sta. El esfuerzo que le supone a Nietzsche su creacin intelectual se justifica por considerar el mismo que escribe obras trascendentales, originales, lo mejor hasta el momento.87 Esta idea de ser el mejor ser tomada por los fascismos como la idea de ser superior. La importancia de la belleza para conseguir el xito radica en mantener tras generaciones unos ademanes; sin duda el carisma est regido por la gestualidad, la forma de expresar y armonizar el lenguaje con la expresin corporal, sin embargo, su relacin con lo que la alta sociedad considera correcto no tiene necesariamente que ser carismtico fuera de este crculo social. No es partidario de las guerras ni de las revoluciones, de ah su crtica a la filosofa de las Luces, especialmente, a Rousseau, porque los considera provocadores en cierta medida de la Revolucin francesa. El Superhombre de Nietzsche no es un hombre superior a los dems, su distincin se debe a su capacidad de autocontrol y de poseer mayor sabidura y acierto en sus acciones, es el hombre racional. El mismo en una cita se considera apartado de la idea de Hroe elaborada por Carlyle, de quien Nietzsche

habla casi siempre con desprecio.88 Su desprecio por la represin sexual no presupone o se contradice con la necesidad de aislamiento, de retiro para conseguir ser el superhombre, para l la castidad es antinatural, pero olvida el sacrificio al que deposita el hombre en aras a constituirse un ser superior, inmerso en lo que llamaramos religin civil. A menudo establece dualidades, que no necesariamente las encontramos en formas tan extremas. En la realidad nos encontramos con un mundo dividido entre individuos ni totalmente fuertes, ni totalmente dbiles. Nietzsche se opone prcticamente a todo el mundo, a los librepensadores de su tiempo, exceptuando Schopenhauer y Voltaire. Finalmente, se muestra contrario, incluso, con su ntimo y admirado amigo Wagner, por su obra Parsifal. La obra de Nietzsche se construye a partir de la negacin del otro, quedndose en su ms ntima soledad, criticando y buscando su propia originalidad, su propia esencia. Paradjicamente, el camino de la razn para Nietzsche lo convierte en superhombre, desde esta soledad el individuo puede convertirse en carismtico al establecer dilogos con distintos ciudadanos, el superhombre es un lder y como tal puede convertirse en lder carismtico en el sentido weberiano. Las ideas que defiende Nietzsche de aislarse del mundo, estar en desacuerdo con todos no son la anttesis del individuo carismtico, son un proceso posible para poder conseguir carisma. En su descripcin de Zarathustra, Nietzsche defiende su postura como un pensador que ha marcado una inflexin en el tiempo, es consciente de la importancia que puede tener su pensamiento aunque su falta de modestia, que a la vez es irnica,

Yo he dado a la humanidad el libro ms profundo que ella posee, mi Zarathustra: dentro de poco voy a darle el ms independiente NIETZSCHE, Friedrich. Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975, p. 128. 88 Zarathustra se ha entendido como un hombre idealista de una especie superior de hombre mitad santo, mitad genio...incluso se ha redescubierto aqu el culto a los Hroes, tan duramente rechazado por m, de aquel gran falsario involuntario e inconsciente que fue Carlyle. NIETZSCHE, Friedrich. Ecce Homo. Barcelona: Alianza Editorial, 1979, p. 57.

ofende a un lector que es consciente de sus propios lmites intelectuales y de su propia mortalidad. El placer simbolizado por el dios Dionisio89 en Nietzsche no se alcanza con dejarse llevar por las situaciones, el azar y un laisser faire. Tampoco, deducimos, por un carpe diem. El placer de llegar a ser un superhombre requiere, como apuntbamos anteriormente, autodisciplina, parece que Nietzsche nos incite a conseguir serlo pues da las pautas para conseguirlo. Por otra parte, su talante elitista, la utilizacin del concepto de chusma y de elite ha tendido a mitigarse a lo largo del s. XX. El acceso a la educacin de la mayora de la poblacin, al menos en el mundo occidental, la expansin de la sociedad del consumo ha comportado tambin cambios de hbitos en los

ciudadanos. Con la universalizacin del acceso a la educacin se han reducido los grupos de masas incultas, depauperadas y proclives a cualquier actuacin. Si bien esta falta de medios en los pases perifricos, o llamados del Tercer Mundo, ha comportado la ira de los sectores solidarios con estas poblaciones, que a su vez estn quedando bastante al margen de las ventajas del proceso de mundializacin. Qu quiero decir con ello? El proceso de mundializacin provoca desconcierto, inseguridad, desde los aspectos econmicos ms cotidianos hasta las nuevas estructuras laborales creando sectores cada vez ms marginales, incluso en los pases ricos.90 La gran obsesin de Nietzsche ser su bsqueda de la verdad, y esta no se encontrar en las buenas obras, sino en el lado mezquino y malvado, en lo grotesco, en el fondo del ser humano. Su visin de la mujer es la de una figura bondadosa, ligada a la idea de ngel del hogar y al cristianismo, aunque no sea explcito al respecto.91

Nietzsche se inclin por lo dionisaco, lo expresivo y lo emotivo, pues entenda la relacin entre el hombre y el universo (o entre la mente y la vida) como algo que necesariamente deba pasar por el mito, la religin o la ilusin .GINER, Salvador. Historia del pensamiento social. Barcelona: Ariel, 1994 , p. 634. 90 Para ms informacin vase SENNETT, Richard. La corrosin del carcter. Barcelona: Anagrama, 1998. (Coleccin Argumentos, 239). 91 La visin de Nietzsche sobre las mujeres, a pesar de su admiracin por Lou Andreas Salom, si tenemos en cuenta las referencias que hay sobre las mujeres en su obra recuerdan la de la mayora de pensadores del s. XIX, que la consideraban incluso inferiores intelectualmente. En el caso de Nietzsche

Nietzsche cree ser consciente de la propia realidad, de las propias limitaciones, as se puede llegar a la verdad, a travs de un proceso individual. El superhombre es un hombre de ciencia un hombre educado, lo desastroso o la fatalidad, por utilizar los trminos de Nietzsche, es que esa creencia en la verdad propia, si est en manos de una persona atormentada psicolgicamente o demente, puede llevar a la creacin del horror como fue el caso del nazismo. Nietzsche afirma que a los griegos les gustaba la tragedia porque huan de ella, las representaciones teatrales de las tragedias griegas son una muestra de su superacin, no un reflejo de su sociedad. Nietzsche busca la perfeccin en el hombre y en su intento se convierte en inhumano. No concibe la necesidad de comunidad, de compartir del hombre con la comunidad, mantener un crculo de amistades, o tener relaciones sociales, para l los valores trascendentes son los garantes de la felicidad. Sin duda la obra de Nietzsche se ha de situar en un contexto prefascista, el liberalismo tambin influy en la demarcacin de su pensamiento a travs del individuo solitario, as es como se nos muestra el hombre triunfador, el hombre que consigue la verdad y se sita por encima de su tiempo. Nietzsche expone unos valores muy masculinos asociados al hombre de su tiempo, a una cierta visin militar del hombre (fuerza, valor, libertad, eficiencia en la defensa, poder de comandar) En El anticristo, Nietzsche hace referencias al carisma sin mencionarlo. Encontramos caractersticas del carisma puesto que es un elemento religioso y Nietzsche hace una crtica a la religin, adems de una crtica al carisma encarnado por la casta sacerdotal. Como hemos descrito antes, no critica la existencia de profetas, ya que stos pueden ayudar a encontrar la felicidad, critica su concepcin de la vida basada

consideraba que su sensibilidad las acercaba al mundo de los sentimientos y la compasin, relegadas a la cocina, la iglesia y a los nios, las famosas tres K (Kirche, Kchen, Kinden). Lejos de la visin de la New Woman que apareci en Norteamrica en 1870 caracterizada por el acceso a la educacin superior, su

en el pecado y el castigo, en la sumisin por miedo y por deber. Sin embargo, no critica al profeta que da esperanza. En su crtica al hombre de convicciones, incluso su comparacin con hombre de fe no se debe porque establezca una relacin entre estos dos factores. Una cosa es producto, tal vez, de la creencia religiosa y como tal no falseable y, la otra, una conviccin producto de la razn. La conviccin es necesaria para mantener, establecer, una senda en el camino hacia la bsqueda de la verdad, incluso Kant quien utiliza el trmino de razn prctica termina por afirmar que la autntica filosofa se reduce a saber cules son los lmites de la razn. Podemos decir que su anticristianismo, su rechazo a todos los valores cristianos, tales como el amor al prjimo, la beneficencia, entre otros, hace que acepte actitudes dentro de la iglesia y del papado (como la corrupcin de Csar Borgia) faltas de toda tica. En el caso de los lderes polticos se valora tambin una cierta maldad, mejor dicho, la astucia poltica y la virtud. Este ltimo concepto fue destacado por

Maquiavelo en su defensa de la valenta del superhombre, su inteligencia y su capacidad de decisin.92 Respecto a las ideas de Carlyle, las caractersticas que configuran el Hroe de Carlyle son muy distintas a las del Superhombre de Nietzsche. Mientras Carlyle

destaca ya de por s el nombre de Hroe otorgndole cierta santidad al personaje. Ser hroe es un don divino que queda en manos de los hombres saber reconocerlo. Adems, defiende la necesidad de la veracidad y sinceridad de sus palabras. El Superhombre de Nietzsche debe mentir, alejarse y desatar su astucia. Del mismo modo que Nietzsche

profesionalizacin y su independencia econmica. NASH, Mary. La dona moderna del s. XX: la nova dona a Catalunya. En: LAven. Febrer-1988, nm. 112, pp. 7-10. 92 Giner utiliza el trmino virtud cvica para referirse al comportamiento adecuado y a la vez crtico de los ciudadanos y ciudadanas en democracia (cumplir con los deberes democrticos, participacin en la democracia). GINER, S. Cultura republicana y poltica del porvenir. En: GINER, Salvador (coord.) La cultura de la democracia: el futuro. Barcelona: Ariel, 2000, p. 153.

critica el idealismo de Rousseau, Carlyle lo destaca como hroe literario pues es un defensor del idealismo. Nietzsche no solo hace referencias implcitas al carisma, al criticar la adoracin de los mrtires, la seduccin que provocan entre sus seguidores, lo considera pues nocivo para la verdad,93 tambin describe las bases del liderazgo, la necesidad de seguir los propios objetivos y empeos cmo antdoto a ser un seguidor acrtico.

Max Weber tom el trmino de carisma de los tericos de las religiones como el estudioso del derecho cannico Rudolf Sohm (1841-1917), quien consider que exista una contradiccin entre carisma y derecho. Tambin, el filsofo de la religin Ernst Troelsch (1865-1923) utiliz el trmino para destacar el proceso de transformacin de las sectas religiosas.1 El concepto de carisma en griego significa: encanto, gracia, gozo, festividad, don, favor, mrito, veneracin. En latn el trmino Charisma atis significa gracia divina, don, y est relacionado con el concepto de sagrado en el sentido de cosas y personas extraordinarias que son mediadoras con la divinidad.2 Las afirmaciones de Weber suponen una base fundamental para cualquier pretensin de aproximacin y anlisis sobre el tema. Destacar aquellos aspectos de su obra referentes al carisma que nos permitan avanzar en nuestra investigacin. La teora de Max Weber, si bien hace referencia al carisma del guerrero y al carisma en democracias plebiscitarais, describe el concepto a partir del carisma religioso. Como ya he mencionado, mi objeto de estudio se centra en el anlisis del carisma poltico, pero las fronteras divisorias entre la esfera de influencia de lo poltico y lo religioso son difusas y se producen superposiciones. A su vez, encontramos ciertos paralelismos entre lo poltico y lo religioso en el proceso de construccin del liderazgo (aislamiento y separacin de la familia, encomendarse a la realizacin de una misin) y en las formas de ritualizar la comunicacin con los adeptos.

Vase GINER, Salvador. Teora sociolgica clsica. Barcelona: Ariel, 2001, p.317. (Ariel Sociologa). Vase FERRAROTTI, Franco. Una fe sin dogmas. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1993.

hierocracia es un orden poltico donde el poder es detentado institucionalmente por la casta sacerdotal. En la actualidad est ms difundido con el nombre de teocracia.4 En sus orgenes el lder carismtico tena un poder mgico o religioso, por sus dones sobrehumanos y sobrenaturales, entendidos como tales por ser cualidades no accesibles a todos. As, en las sociedades simples, el carisma se atribua a gente con sabidura legal y teraputica, a lderes cazadores, chamanes, hroes de guerra. Como ejemplos de estas y otras sociedades, nos cita los xtasis de los chamanes, que incluso podan llegar a desembocar en ataques epilpticos; la capacidad del hroe irlands Cuchulain o el Aquiles homrico; los casos en el Bizancio medieval, individuos que adquiran un carisma del frenes blico o el caso de Joseph Smith, el fundador de los mormones. Por su parte, Jesucristo rodeado de sus apstoles santos, y sus fieles puede ser considerado el gran hroe mitolgico carismtico de la cultura Occidental.5 En Weber el concepto de carisma gira entorno dos ideas centrales. Por una parte, lo extraordinario del lder carismtico y, por otra, el reconocimiento que recibe de los seguidores, que an no siendo fundamento de legitimidad, produce un efecto legitimador, es decir, se construye a travs de las relaciones que establece con los dominados. La definicin de carisma de Weber es la siguiente:

Debe entenderse por carisma la cualidad, que pasa por extraordinaria (condicionada mgicamente en su origen, lo mismo si se trata de profetas que de hechiceros, rbitros, jefes de cacera o caudillos militares), de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesin de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas -o por lo menos especficamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro-, o como enviados de dios, o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, gua o lder. El modo como habra de valorarse objetivamente la cualidad en cuestin , sea desde un punto de vista tico, esttico u otro cualquiera, es cosa del Est documentado en Israel durante los siglos IX i X a.C. funcionaba como una de las soluciones de las tribus israelitas a las amenazas de egipcios, asirios, hittitas i filisteos. 4 WEBER, Max. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993 , p. 173. 5 Vase TAMAYO ACOSTA, J.J. (dir.). Diez palabras clave sobre Jess de Nazaret. Estella: Verbo Divino, 1999. GONZLEZ FAUS, Jos. Acceso a Jess. Salamanca: Sgueme, 1991.

Esta extraordinariedad del lder, caudillo o gua radica en ser actores alejados de lo comn, de lo ordinario o cotidiano e, incluso, de lo humano, y no en utilizar el trmino en un sentido cualitativo. Est condicin permite ejercer una dominacin

sobre los actores que por deber siguen los mandatos del carismtico producindose un reconocimiento que no es fundamento de legitimidad sino un deber, fruto de la vocacin y entrega al carismtico. Esta relacin se da en el carisma genuino o puro, donde se produce una entrega personal por las circunstancias de indigencia o simplemente por la esperanza y el entusiasmo en que se encuentra el dominado. Vemos como Weber seala, en la definicin, la relacin que se establece entre el lder y sus seguidores. Lo que define al lder carismtico no son slo las cualidades extraordinarias objetibables sino el reconocimiento efectuado por los seguidores y como estos le perciben. Las caractersticas del lder se basan en la virtud, concepto que puede relacionarse, al igual que en Maquiavelo, con la fuerza fsica, el valor, pero tambin con la fuerza psquica y con una actitud tica o comportamiento ejemplar. Las cualidades del lder, su extraordinariedad, se basan en la extracotidianidad, en lo sobrenatural7 y como tal, el carisma no es accesible a todo el mundo, solamente lo es para algunos elegidos. Weber pone nfasis en como son vividos o percibidos por los adeptos las caractersticas carismticas. En el poltico profesional las cualidades que subraya Weber es su pasin por una causa pero a la vez su mesura, su capacidad de mirar con distancia, tranquilidad y el

recogimiento necesario los avatares polticos, no dejarse llevar por el calor del momento sino actuar con frialdad, es decir, racionalizar los acontecimientos.8 Se pone nfasis en la dominacin del lder carismtico hacia los adeptos, en vez de una relacin de poder,9 ya que el poder puede ser ejercido por cualquiera. Muchas veces los individuos pueden encontrarse en una situacin en la que les sea posible imponer su voluntad, en cambio, exclusivamente la relacin carismtica tiene la capacidad de ejercer la dominacin hacia los adeptos. Los seguidores del lder carismtico se convierten, pues, en dominados carismticos y aceptan, por lo tanto, una relacin de dominacin. La dominacin es ejercida de una manera ms excepcional que el poder e implica la obediencia a un mandato por parte de los dominados. No hay que confundir el concepto de dominacin con el de disciplina. En el caso de la disciplina se trata de la obediencia a un mandato de forma automtica y simple como consecuencia de actitudes aprendidas, adems, se trata de una obediencia habitual de las masas sin ofrecer resistencia. Con la racionalizacin de la sociedad moderna, tanto en lo poltico como en lo econmico, se tiende a la divulgacin de la disciplina y esta va en detrimento de la importancia del carisma y del actuar de forma individualizada. La relacin de dominacin se establece en base al lder carismtico al que se le reconocen unas caractersticas extraordinarias. Sus seguidores se entregan a su santidad, al herosmo o ejemplaridad; responden a sus llamadas. La relacin de dominacin que se pretende establecer se basa, por lo general, en la obediencia incondicional de un grupo de creyentes cuyas razones pueden fundamentarse en intereses materiales, valores ideales, por seguimiento de la costumbre o por razones

Distingue tres tipos puros de fundamentos de legitimidad o dominacin legtima: la racional, la tradicional y la carismtica, la autoridad racional es una autoridad legal basada en la legalidad escrita previamente estipulada; la autoridad tradicional est legitimada por la tradicin (las tradiciones que rigen desde tiempo inmemorial) y la autoridad carismtica es la entrega extracotidiana a una persona por su santidad, herosmo o ejemplaridad. Como hemos mencionado anteriormente, la autoridad carismtica es valorada por su dimensin sagrada (religiosa, guerrera o tica) en una sociedad determinada. Ninguno de estos tipos ideales de dominacin, que expondremos a continuacin, se dan de una forma pura en la realidad, sino que cada realidad histrica puede participar, en mayor o en menor medida, de cada uno de los tres casos: la dominacin racional o burocrtica; la dominacin tradicional y la dominacin carismtica.

Todo derecho que se establece puede hacerse de forma racional para que sea respetado como mnimo por los miembros de la asociacin y su mbito territorial. La asociacin es la encargada de aplicar estas normas o reglas en cada caso concreto segn la normativa estipulada. Parece ser que el soberano, la persona que dirige el grupo, lo hace siguiendo esta normativa, as el que obedece lo hace como miembro de la

Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relacin social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad. WEBER, Max. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993, p. 43.

asociacin y en orden de una normativa establecida, y no siguiendo nicamente a una persona que lo lidera. La aplicacin de las reglas o normativa pueden ser tcnicas o normas

propiamente. Quien las aplique de una forma racional debe ser un miembro de la asociacin con formacin, quien supere las pruebas y demuestre estos conocimientos puede pasar a ser funcionario e integrar el cuadro administrativo burocrtico de la asociacin y establecer una dominacin legal. La dominacin la ejercen los miembros de esta asociacin, los funcionarios y el dirigente de la misma cuyas profesionalizaciones estn debidamente reglamentadas (jerarqua de cargos, retribucin, perspectiva de ascenso. Sometidos a una vigilancia administrativa conciben el cargo como nica profesin). Este funcionamiento lo encontramos desde organismos oficiales, como puede ser la Hacienda pblica, hasta organismos privados como Fundaciones, partidos polticos, incluso, ONGs y rdenes religiosas. Esta dominacin se ejerce de forma ms pura donde se rigen por funcionarios. Se pueden distinguir dos tipos de burocracia, la de libre eleccin de los funcionarios: la burocracia moderna y la burocracia patrimonial basada en un funcionario servil. A la burocracia moderna debe acompaarle la profesionalizacin de sus integrantes, quedan exentos los lderes de estas organizaciones (presidentes, gerentes generales) que tan solo son funcionarios en un sentido formal pues la dominacin burocrtica en su cima no tiene un elemento burocrtico puro. Weber nos describe un mundo teido de elementos burocrticos, esta burocracia es el germen del estado moderno. A la burocracia, actual, le acompaan toda una complejidad moderna como son la utilizacin de las comunicaciones y los medios de comunicacin. La dominacin burocrtica se aplica gracias al saber, el conocimiento a fondo, no solamente terico, sino tambin prctico, el conocimiento de aquellos

aspectos que podemos llamar secretos profesionales. Los empresarios capitalistas pueden mantenerse al margen de este control burocrtico. Todas las dems asociaciones de masas estn inmersas en este control cientfico-racional burocrtico. Socialmente, la burocracia puede comportar: el reclutamiento de los ms profesionalizados, la formacin puede durar hasta la madurez; el funcionario aplica sus normativas sin una implicacin emocional o personal sino formalmente y en funcin de criterios utilitario-materiales al servicio de los dominados pero sin olvidar los reglamentos. La eliminacin de la sociedad estamental y la tendencia a la democracia de masas ha implicado una necesaria mayor burocratizacin que garantice el acceso igualitario a los cargos en la administracin.

La legitimacin de la dominacin tradicional se produce por el peso de la tradicin, se cree en la santidad de ordenaciones y de mandos heredados desde tiempo inmemorial y en virtud de ello se les sigue sus mandatos, efectuados, en parte, dentro de los lmites que marca la tradicin y, en parte, segn la decisin del Seor. La relacin que se establece se califica, con los nominativos de Seor, sbditos y servidores, propio de relaciones feudales y de la sociedad de Antiguo Rgimen. As, no aparece una reglamentacin formal como en el caso de la dominacin legal sino que lo lmites y las actuaciones del Seor se basan en sus decisiones basadas en la justicia o por conveniencia utilitaria, dentro de los lmites marcados por la costumbre, permitidos ya que pueden producirse resistencias entre los sbditos. El reclutamiento de los servidores se produce por lazos de piedad o

por reclutamiento extrapatrimonial (favoritos, vasallos y funcionarios). A cada grupo se le otorgaba una funcin dentro del cuadro administrativo. Se distinguen dos tipos de dominacin tradicional: la gerontocracia y el

patriarcalismo. La gerontocracia consiste en la existencia de una autoridad ejercida por los ancianos del grupo. Con respeto al patriarcalismo se encuentra, generalmente, dentro de la unidad familiar. La dominacin la ejerce una sola persona, un hombre de la familia, segn unas reglas hereditarias.

Al empezar este apartado he hablado de la concepcin weberiana del carisma, ahora pretendo ir desglosando los distintos elementos y tendencias que lo rigen para poder acercarnos, en otros apartados, a modernidad avanzada. El lder carismtico no est rodeado de una burocracia y, menos an, de una burocracia profesional sino de un grupo de seguidores unidos al lder por camaradera de amor, por empata, por el propio vnculo del carisma (al profeta lo siguen sus discpulos, al prncipe guerrero su squito). Esta relacin carismtica entre lder y seguidores va ms all de una simple comunicacin, nos es descrita como comunizacin de carcter emotivo, una unin emotiva a travs de la creencia y la coincidencia comn de ideas, valores y sentimientos. No hay ninguna intencin de ascenso entre ellos, ni vinculo material, los recursos se procuran por mecenazgo. La dominacin carismtica aparece pues en dos sentidos, fundamentalmente, como opuesta a la dominacin burocrtica y tradicional, por su falta de organizacin normativa y por subvertir el pasado. Es en este sentido de ruptura con la tradicin y de sus caractersticas en condiciones de

innovacin que configura su carcter ms revolucionario. El carisma se opone a la tradicin y puede ser una fuerza verdaderamente revolucionaria producindose una doble direccin en las intenciones sociales: tradicin o carisma. Por tanto el carisma, para Weber, hace referencia a innovacin, a la modernidad. El profeta genuino impone nuevos mandamientos -transgrediendo el orden establecido, las normas y la cotidianidad- que le pueden ser revelados por distintas vas, por orculos, la propia revelacin, o las puede haber creado el mismo.10 La comunidad de creyentes deben seguir sus mandatos. Por tanto el reconocer al lder carismtico se crea un deber de los dominados hacia el lder. La dominacin carismtica no se produce por apropiacin de poder, sta existe y es legtima por el reconocimiento que efectan los creyentes. Se produce una corroboracin que da legitimidad carismtica y como tal constituye el carisma. ste existe gracias al reconocimiento de los llamados que se entregan sin lmites al lder carismtico. Su entrega a la personalidad carismtica hace que sigan el mandato del lder carismtico. Los lmites del carisma estn en el lder carismtico, quien establece las propias limitaciones que vienen desde el orden interior. Se produce, tambin, una transformacin interna de los seguidores, sobre todo, los ms prximos. Su creencia interna los transforma e intenta conformar un nuevo orden social, poltico y econmico. El profeta o lder carismtico estipula aquello que se debe hacer en aras a realizar su misin en un marco o limite territorial determinado (pueblo, etnia, grupo profesional). La dominacin racional y la tradicional son formas de dominaciones rutinarias, cotidianas, vinculadas al pasado y orientadas por normas. En cambio, como hemos visto, la dominacin carismtica genuina rompe con este pasado, y es considerada

Generalmente son revelaciones, pero la frase que utilizan los profetas Estaba escrito, pero yo en verdad os digo nos lleva a creer en su propia creacin, siguiendo unos principios generales. WEBER, Max. Economa y sociedad. Fondo de Cultura Econmica: Madrid, 1993 , p. 195.

extraordinaria, extracotidiana, fuera de la cotidianidad e incluso de la normalidad, por lo tanto es ms inestable que las otras formas de dominacin mencionadas. Por lo que se refiere a la prdida de carisma nos habla que los grandes fracasos rompen el prestigio del lder y facilitan las revoluciones carismticas. Son manifestaciones sobrehumanas, no accesibles a todo el mundo. As, mientras la dominacin tradicional y burocrtica las consideramos racionales, la dominacin carismtica es cataloga de irracional, extraa a toda regla. El carisma puro aparece contrario a toda racionalizacin econmica, en este sentido es antieconmico. Su vocacin no est ligada a una tarea para el sustento econmico. Sin embargo, no renuncia a otras formas lucrativas, o formas de conseguir ingresos. Por ejemplo, en el caso del carisma del guerrero buscan enriquecerse a travs de un botn. Pero las formas ms tpicas de buscarse el sustento y cubrir las necesidades son el mecenazgo y las formas mendicantes. No hay pues una bsqueda del enriquecimiento personal en su forma pura, los bienes econmicos son donaciones o ganancias honorficas, incluso puede haber un rechazo a todo lo material como sucede en la orden franciscana. No obstante, esta vinculacin afectiva de la dominacin tiene que aportar satisfaccin y bienestar a los dominados, es decir, les tiene que reportar mejoras materiales, si esto no es as, el lder carismtico se considerar abandonado de la divinidad. Slo un pequeo grupo seguir el lder por vocacin, la mayora de seguidores buscarn a largo plazo poder vivir materialmente de ello. Consideramos que las personas pueden actuar movidas por el mundo de las ideas, de las creencias y de los smbolos, pero detrs de estas actitudes se esconden intereses materiales que pueden hacer referencia a ganancias propiamente materiales y de acceso a los recursos; a conseguir posiciones de prestigio dentro de la sociedad; de

honor; de aceptacin social. Esto nos lleva a la siguiente afirmacin: un lder carismtico para poder mantener su carisma tiene que mantener permanentemente un discurso reivindicativo. Engendrar o difundir la esperanza de cambio y de mejora. Otro elemento junto al poder del dinero es el poder de la palabra: el carisma de la palabra como mtodo de seduccin de los dominados y de las masas. Son un ejemplo de ello, los jefes indios y los palavers africanos, tambin se incluiran en este grupo, los charlatanes,11 los oradores y los demagogos que convencen con la fuerza del dialogo a la audiencia. Cuando la accin se produce sobre las masas y con una organizacin rigurosa es menos importante el contenido de los discursos. Cada vez los discursos tienden a ser ms simplistas y demaggicos. El efecto de los discursos es puramente emotivo y tiene el mismo sentido que las manifestaciones y fiestas de los partidos, pretenden dar seguridad en la victoria y presentar las facultades carismticas. La maquinaria de los partidos modernos los ha llevado a revalorizar el carisma individual de sus lderes aunque esto suponga una oposicin con los aparatos de los partidos. Un ejemplo es el control de los rganos de los partidos Norteamericanos por los bosses. Se presenta el antagonismo entre el control administrativo y financiero del partido y el lder carismtico. Las dificultades de convivencia entre aparato y jefe carismtico pueden llevar a la escisin, por ejemplo, es el caso del partido liberal ingls.

El carisma puede perder su carcter puramente emotivo para pasar a formar parte de lo cotidiano, puede incluso someterse a lo tradicional, pierde su caracterizacin de revolucionario para pasar a ser aceptado en lo cotidiano. Deja su carcter de efmero

para convertirse en una relacin estable, duradera que se institucionaliza. Generalmente, esto se produce por aceptacin de los seguidores y del grupo ms prximo al lder. Este cuadro administrativo que participa del orden carismtico posee autoridad y pretende legitimar su posicin ideal o material dando un origen carismtico a su dominacin y por lo tanto sagrado. La rutinizacin del carisma que supone su aceptacin social, su reconocimiento y su legalizacin plantea el problema de la sucesin. Al desaparecer el portador del carisma se plantea su substitucin, este problema influye en todas las relaciones sociales que surgen. Encontramos cinco formas de sucesin.

y posteriormente se efecta el reconocimiento de toda la comunidad. El caso histrico ms importante es en Roma, donde eran elegidos los funcionarios superiores por un procnsul con la aceptacin del ejrcito de ciudadanos.

hombres de confianza, es posteriormente aceptada por toda la comunidad, se trata de elegir al portador del carisma, generalmente, comporta la entronizacin y todo un ritual. Como ejemplo tenemos la designacin primitiva de los Obispos y del Papa por el clero.

se extendi la costumbre de la primogenitura evitndose el conflicto en la sucesin. En este caso se accede al carisma por derecho consuetudinario o reglamentado jurdicamente pero no por carisma, el elegido puede carecer totalmente de l. Un ejemplo de carisma hereditario fue la India, pero tambin Japn y China.12 El carisma pues est vinculado a un grupo domstico a un clan. De donde surgir el poder del rey y la nobleza. Adems de estas reglamentaciones muestra otras formas de eleccin, desde farsas electorales, donde los candidatos estn elegidos por una oligarqua, a la rivalidad democrtica entre los distintos pretendientes que siguiendo las reglas del juego se produce la eleccin del candidato dentro del mismo partido. Queremos hacer hincapi en la dificultad de suceder a un lder carismtico. En primer lugar, el sucesor tiene que mostrarse suficientemente cualificado para ello. La sustitucin comporta el restablecer un nuevo sistema de relaciones interpersonales e intereses. Por otra parte, difcilmente se podrn recuperar las caractersticas personales del lder carismtico anterior. No podemos encontrar dos personas idnticas, de momento, lo genuino, por tanto, es intransferible. A partir de la creencia de que el carisma puede ser transmitido en otro se produce una objetivacin del carisma y aparece el carisma de cargo, la persona adquiere el carisma no por revelacin sino por sus cualidades adquiridas en virtud de su cargo y de los actos hierrgicos. Se le atribuye al cargo la posesin del carisma y por tanto tambin a quien lo ocupe. Por ejemplo, el sacerdote que separa su persona de sus caractersticas en el cargo, o el predicador de los cuqueros que adquiere el carisma al desarrollar su misin, su oficio. As, el cargo se

Marrakech. Naruhito, el prncipe heredero del Japn, comenz a celebrar funciones oficiales desde los veinte aos, despus de su mayora de edad. Desde esta fecha ha sido preparado cautelosamente para ser emperador y el trato de absoluto respeto de la prensa y la poblacin del pas en general hizo que fuese un diario estadounidense (Washington Post) el que revelase su futura paternidad en 1993. En Malaisia no hay un

apropia de la valorizacin de carismtico y en virtud de su ocupacin se extiende el carisma a la persona que lo ocupa. En el carisma genuino o puro el lder carismtico lo es por su extraordinaridad y sus seguidores, su squito pueden vivir con l, unidos por su vocacin, de acuerdo con una economa no racionalizada, como hemos ya explicado anteriormente. La rutinizacin del carisma supone pues la apropiacin material de las ganancias y de los mandos de estos seguidores. El cuadro administrativo puede imponer ahora nuevas formas econmicas ajenas al mecenazgo u otras formas expuestas. Ahora puede obtener prebendas, remuneracin de los cargos y establecer la feudalizacin. La rutinizacin, por tanto, supone el alejamiento del carcter no econmico del carisma en su estado puro o genuino. Esta rutinizacin del carisma comporta ms transformaciones:

reclutamiento (educacin o prueba). El carisma solo puede ser despertado o probado pero no inculcado. Deja por lo tanto plena libertad individual para demostrarlo y se basan en unos dones o facilidades personales. El ejemplo ms clarificador son las casas de hombres en las sociedades simples donde con las prcticas mgicas y guerreras de los ritos de pasaje los hombres demuestran sus cualidades y adquieren la edad adulta para poder ser aptos para los cargos oficiales.

transformarse en hereditarias, en este caso es el rango carismtico-hereditario del linaje el que determina el rango, no el cargo que ocupe, ya que es el linaje el que determina la posibilidad de acceder al cargo. Weber menciona

entre el carisma, personal y el hereditario y el carisma de cargo o carismaobjetibable. Los ejemplos se encuentran en el principio de dominaciones religiosas y polticas que ceden a la rutinizacin y a su insercin en lo cotidiano cuando se ha asegurado la dominacin y sobre todo cuando tiene un carcter de masas. Las diferencias entre un profeta y la clase sacerdotal estriban en que el primero es el portador de una misin divina y en su nombre ejerce la dominacin carismtica, una misin religiosa de salvacin que le ha sido revelada; mientras el sacerdote es el encargado de sistematizar la doctrina aceptada de manera que se adapte a los modos de pensar y de vida de los fieles, distinguir lo que es sagrado de lo que no lo es e imponer la creencia a los laicos. Los sacerdotes reproducen las formas tradicionales con el ritual de la ceremonia religiosa, vigilan estas prcticas y justifican su existencia. El profeta, en cambio, trabajar en virtud de unos dones personales. En cuanto a la educacin el carisma es una actividad que no posee el mismo tipo de educacin que la burocracia, donde el aprendizaje parte de un conocimiento

sultanes del pas que eligen a uno de ellos como sucesor. En la sociedad rabe tradicional para poder ser soberano era necesario tener asabiya, es decir, tener un linaje ejemplar que a travs del establecimiento de lazos de solidaridad le permitiese llegar a ser un buen soberano. La asabiya hace referencia al grupo agnaticio pero tambin funciona como agrupacin poltica. Ibn Haldun nos lo describe como un cuerpo compacto y fervoroso con el que se puede vencer sucesivamente a los dems. Sin asabiya no se puede conseguir la supremaca. La finalidad ltima de la

racional. En el caso del carisma es un conocimiento que es despertado, una capacidad ya innata; se trata de un renacer a un nuevo mundo de los sentidos. Se educa para ser guerrero, o sacerdote pero las tcnicas suelen ser superar un rito de pasaje, con la separacin del grupo domstico, transformacin de la forma de vida, ascetismo, ejercicios espirituales y corporales para llegar al xtasis u otras capacidades que lo conviertan en un mago, un guerrero o un sacerdote carismtico. Las formas de educacin para las distintas misiones (sacerdotes, chamanes, hechiceros, curanderos, monjes etc.) son diversas pero parecidas a la vez. Como ejemplos tenemos la educacin de los efebas helnicos que reciban una educacin gimnstico-musical como un tipo de educacin militar; la formacin cultural de los escribas y funcionarios egipcios por medio del sacerdocio. En Occidente, en la Edad Media, la educacin racional era transmitida por los monasterios, pero a sta se superpuso la educacin caballeresca que dio origen a las Universidades. La educacin puede llegar a convertirse en un privilegio de un o pocos grupos sociales. Se observ un monopolio de los grupos acomodados en la educacin

carismtica, lo que en un principio era una educacin para lo mgico o para la guerra se vincul a la educacin el aspecto econmico. As, no se asociaba ya a determinadas cualidades el tener o no educacin sino a ciertos grupos sociales. A pesar que el carisma disminuye a medida que van consolidndose formas permanentes de gobierno y aparece en ocasiones como mediante elecciones con imprevisibles emociones de masas14 se puede continuar considerando, incluso en la modernidad, un elemento importante en la estructura social. Los grupos privilegiados tienden a la rutinizacin del carisma para consolidar sus posiciones de prestigio y

asabiya es conseguir la soberana. Se trata de un principio no accesible para todos que se transmite por sangre. HALDUN, Ibn. Introduccin a la Historia. Sevilla: Biblioteca de la Cultura Andaluza, 1985. 14 WEBER, Max. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993 , p. 880.

control social. El carisma genuino que no se basa en ningn orden establecido sino en el herosmo personal, guerrero o mgico se convierte por medio de la herencia en un carisma legalizado que legitima a los grupos privilegiados herederos del mismo. Este tipo de carisma difiere del carisma esencialmente religioso y puro, sustancial en esta forma de carisma hay una intencionalidad material que se plasma en el control de la moral rutinaria, la utilizacin del carisma para mejoras personales. Para preservar a los gobiernos o instituciones con su valor carismtico se separan de toda actividad que pueda ser interpretada negativamente. Es decir, para que los actos desafortunados con consecuencias negativas no se asocien con el Monarca se dejan estas actuaciones para otro cargo. Por ejemplo, en Oriente encontramos la figura del Gran Visir que se mantiene para preservar el carisma del Sha de Persia, pero tambin lo vemos en las labores que se encomiendan a los Monarcas Parlamentarios (Asuntos exteriores, beneficencia).

La autoridad carismtica puede reinterpretarse como antiautoritaria pues la legitimidad la otorgan los dominados que reconocen y corroboran el carisma, si bien en el carisma genuino estos deben reconocer al jefe o lder carismtico, es una legitimidad por deber no por voluntad propia. Ahora bien, con la racionalizacin del carisma esta legitimidad se convierte en fundamento del carisma del lder. En otras palabras, es el reconocimiento de los dominados el que legitima al lder carismtico. Esta legitimidad recibe el nombre de legitimidad democrtica. El ejemplo es la democracia plebiscitaria, destaca la democracia de jefes i es definida como una forma carismtica oculta legitimada con el plebiscito, cuya utilizacin histrica se basa en legitimar

gobiernos tirnicos o dictatoriales (tiranos, demagogos griegos, Graco en Roma, Cromwell en Inglaterra, Robespierre en Francia). Es caracterstico de la democracia de caudillaje la entrega espontnea y emotiva al lder. La transformacin antiautoritaria del carisma conduce a la racionalidad, por los motivos anteriormente expuestos (apoyarse en una burocracia y vincular los dominados a su carisma gracias a procurarles establecer el honor familiar y el bienestar material). El aspecto material o econmico puede mantenerse resistente a la racionalizacin y conservar aspectos revolucionarios (tribunales revolucionarios, o bonos de

racionamiento) para contentar a las masas, es el caso del dictador social. Reconoce la democracia con caudillaje como preferible a la democracia sin caudillo que genera formas de corrupcin entre los notables y es proclive a una eleccin plebiscitaria de un caudillo.15 Weber muestra distintos ejemplos a lo largo de la historia de formas carismticas. Ejemplos en que la sucesin se produce de forma hereditaria, como el caso de las monarquas Occidentales, o el shiitismo en el Islam. El ejemplo de la Iglesia como institucionalizacin del carisma, donde ste se adquiere por la posesin de un cargo por consagracin, por ordenacin sacerdotal. Destaca la institucionalizacin y el predominio de las organizaciones o instituciones frente las formas de carisma personal.

Establece una diferenciacin entre la religin puritana y la luterana. La caracterstica de los puritanos de no divinizar en su religin les llevo a no fomentar las relaciones carismticas. Para ellos el cargo oficial es visto de una forma plenamente racional, existe por necesidad pero no se pone por encima de los dems. Esta actitud contrasta con la visin luterana que ve las autoridades con carisma. En el cristianismo destaca el carisma indeleble se accede a su reconocimiento mediante una ceremonia mgica, separndolo de lo que se merezca la persona, de su dignidad. Sobre todo aparece con la burocratizacin, uno puede juzgar al sacerdote como persona sin cuestionar sus actividades carismticas. El carisma de la realeza es una derivacin del carisma guerrero con el sometimiento de la poblacin tributaria o trabajadora a travs de un squito guerrero real. Esto a su vez deriva de los diversos tipos de carisma que pueden aparecer en las sociedades simples, se establece una dualidad entre el carisma y lo cotidiano. En ellas aparecer un lder carismtico de la guerra o prncipe guerrero, si se produce una guerra en el poblado, al igual suceder con un lder de la caza si es que se da esta actividad. Otro ejemplo, puede ser la aparicin de un mago carismtico en aquellas comunidades donde sean frecuentes los trastornos climticos (sequas, inundaciones).

Weber destaca la extraordinaridad del carisma pero nos encontramos con una falta de descripcin con detalle de cules son los atributos del lder portadores de carisma, que a su vez no son ampliamente explicitados por los seguidores. No siempre hay una relacin consciente entre seguidor y lder referente a los aspectos que son

portadores de carisma.16 Se deja un tanto a un lado la objetivacin de las cualidades del lder y lo importante pasa a ser la relacin que se establece entre el lder y sus seguidores o adeptos. Sin duda, el carisma se crea con la relacin o comunicacin que se establece entre el lder y sus seguidores, independientemente de cuales sean las caractersticas personales del lder. En otras palabras, lo importante para Weber, es como valoran los seguidores al lder indistintamente de cules sean sus caractersticas personales. La extraordinariedad se construye a travs de la relacin lder - adeptos. Para poder vislumbrar las cualidades que en cada caso son consideradas como caractersticas carismticas, un elemento imprescindible es profundizar en la figura del lder poltico carismtico, definir cules son sus caractersticas personales. Considero que no es posible definir a los lderes carismticos simplemente a travs de la relacin lder-adeptos, sin duda, es necesario un mayor distanciamiento con el objeto de estudio que nos permita profundizar en el anlisis de los actores polticos, y ms concretamente en el lder carismtico. Weber, en su libro La ciencia como profesin; La poltica como profesin, aborda alguna de las caractersticas de forma concreta del lder poltico (pasin, sentido de la responsabilidad y mesura) pero no profundiza suficientemente en aquellos elementos que configuran las caractersticas extraordinarias del lder. Por lo tanto, en su argumentacin falta un anlisis donde se expliciten las caractersticas que, en cada contexto histrico, o atemporalmente, constituyen la percepcin de excepcionalidad del carisma de la que nos habla. Hay que destacar, la propia genuidad de cada lder poltico carismtico -ya que no se podr encontrar una persona idntica a otra-, lo genuino es intransferible pero, paradjicamente,

prximos captulos, en la actualidad, es posible manufacturar el lder poltico, reconstruir su propia imagen, efectuar un maquillaje poltico. As pues, en la actualidad los medios de comunicacin de masas son un elemento indispensable para poder acceder a la condicin de carismtico, agente con el que no contaba Weber en su poca.17 A su vez, el lder carismtico siempre toma como referente los ademanes y el estilo de un poltico de un perodo anterior que le sirve de modelo.18 Con todo, la propia genuidad persiste y puede salir a la luz no slo frente a las masas o a travs de la televisin, tambin, en la propia accin poltica, en relacin con los distintos actores polticos. Weber pone nfasis en el carisma puro como una caracterstica inherente en el individuo, considero que hay ciertas predisposiciones personales a ser ms o menos carismtico a ser garante de carisma puro; sin embargo, la complejidad del mundo actual y el propio sistema democrtico hacen necesario un aprendizaje y estar constantemente a prueba, bajo la mirada atenta de la sociedad masa. Podemos hablar por tanto de un aprendizaje del liderazgo y en consecuencia de las tcnicas de la adquisicin de carisma. La extraordinariedad del lder poltico no puede ser dada simplemente por su capacidad de magnetismo,19 pero si por una capacidad de liderar, ser, pues, necesario preguntarse qu entendemos por liderar, cuestin que abordar en sucesivos apartados. El carisma del lder natural solamente podemos acercarnos a percibirlo en su totalidad si estudiamos sus acciones polticas y su genuidad. No

conseguir la comprensin del fenmeno carismtico. LINDHOLM, Charles. Carisma. Barcelona: Gedisa, 1992. 17 Ser a partir de su muerte en la dcada de los veinte que los nazis introducirn las tcnicas americanas de la persuasin y propaganda poltica que haba introducido Rosenberg. 18 WILLNER, Ann Ruth. Charismatic Political Leadership: a Theory. Princeton: Princeton University Press, 1968. 19 Charles Lindholm destaca en su libro el magnetismo, la capacidad hipntica de la relacin que se establece entre el lder y sus adeptos. No pretendemos negar esta experiencia emocional pero s que queremos remarcar la complejidad del fenmeno y por lo tanto la necesidad de un anlisis racional ms a fondo sobre el tema. LINDHOLM, Charles Carisma. Barcelona: Gedisa, 1992.

obstante, podemos tomar como marco general sus mtines polticos donde establece una relacin emotiva con las multitudes, donde recoge sus ideas, respeta su identidad y a la vez las convence, el lder se convierte, pues, en un catalizador colectivo de inquietudes emociones y necesidades. Tambin, son fuente de carisma las intervenciones televisivas de los lderes efectuando llamadas a la poblacin para convencerla de su propia accin poltica y dirigir el electorado. El lder poltico debe acertar en la construccin del discurso poltico adaptndolo a cada contexto, elaborando una sntesis de los acontecimientos y ayudando a clarificar al electorado la lgica de los hechos. A su vez, un aspecto importante a tener en cuenta es que el propio acceso a un cargo pblico otorga por s solo carisma. As, en el proceso de rutinizacin del carisma el lder carismtico construye y aprende continuamente su rol, adapta su actitud y actividad poltica al contexto histrico y a la lgica situacional. El carisma en la modernidad se reviste de aspectos emocionales, formas ya institucionalizadas (partidos polticos, instituciones,

conmemoraciones y aniversarios), pero tambin de un grado importante de racionalidad que encontramos en las acciones del lder poltico en su intento por conseguir el xito poltico. Con respecto a la rutinizacin del carisma, sta se convierte en una forma de dominacin cotidiana, presupone la integracin al sistema dominante. Hay que destacar que Weber no prev que, a pesar de la rutinizacin, el lder poltico carismtico para perdurar debe mostrarse innovador, sorprender y a su vez debe mostrarse reivindicativo, hacer alarde de su capacidad de crtica y de protesta ante los aspectos necesarios del pas o el estado que representa y, a su vez, ser respetuoso con la tradicin. No obstante, puede ser innovador, sorprendente y opuesto a la tradicin cuando hablamos de carisma

relacionado con los movimientos sociales y en menos grado cuando nos referimos al carisma institucional. Otro aspecto que parece poco desarrollado es la delimitacin del carisma poltico. Hay una relacin del carisma con la religin y con la guerra como antecedentes al carisma poltico, pero no circunscribe propiamente ste ltimo en condiciones de modernidad (su simbologa, su ritual) simplemente hace hincapi en el discurso poltico, al hablar de un carisma de la palabra pero no analiza a travs de qu proceso se crea y se difunde el carisma poltico, ni toda su pluridimensionalidad.20 Sin duda, es difcil delimitar ntidamente este fenmeno carismtico pues se muestra y participa de los distintos mbitos: el poltico, el religioso y el artstico. El fondo de la cuestin poltica puede distar del contenido religioso pero no la forma, pues la simbologa y el ritual estn prximos al universo de lo religioso, en otras palabras, configuran la religin civil.21 La eleccin tiene lugar por medio de la influencia personal y de la apelacin a intereses materiales o ideales del electorado, el procedimiento electoral representa las reglas del juego para la lucha pacfica22 por el acceso al poder. El poltico carismtico en una democracia tiene la misin de explicar unas ideas, un programa poltico, de efectuar una cierta pedagoga poltica. Uno de los elementos que influyen en la entrega, sin paliativos, de los individuos a su lder es la confianza depositada en l; como destac S.N. Eisendstadt, los seguidores del lder creen en su persona, en la veracidad de sus palabras, en su honestidad y en su capacidad para liderar un pas o un estado, una institucin religiosa, y el caso del carisma del artista hacer vibrar y emocionar al

Hay que mencionar que Weber habla del gobierno plebiscitario, del cesarismo francs. El plebisicto es un reconocimiento al pretendiente a soberano carismtico. Una eleccin plebiscitaria es una eleccin carismtica para Weber. WEBER, Max. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993, pp. 861-863. 21 GINER, Salvador et al. Formas modernas de religin. Madrid: Alianza, 1994. 22 WEBER, Max. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993, p. 864.

pblico, por ejemplo, en un concierto de rock. El lder es a su vez el smbolo, la persona donde se deposita toda una simbologa nacional o simplemente idealista, el estandarte que da cabida y esperanza a nuevos ideales o al xito nacional. Weber muestra una cierta aceptacin del carisma por lo heroico, individual y creativo de su carcter. No menciona en ningn momento el peligro que conllevan los movimientos carismticos sino al contrario, parece mostrarse fascinado con el carcter individualista y revolucionario. Mas muestra, tambin, una cierta crtica basada en los aspectos materialistas del proceso de rutinizacin del carisma y en las distintas formas de institucionalizarlo y legitimarlo. Entiende el carisma puro o genuino y su potencial revolucionario, por lo menos como fuente para conseguir destruir dominaciones anteriores. Con respecto a la desmitificacin o carisma neutral que destaca Weber, en la modernidad esta tendencia se mantiene a medida que avanza la modernidad, pero por otro lado, se incrementa el carisma meditico. Podemos afirmar que el componente mgico del carisma desaparece con el proceso de racionalizacin y secularizacin de la sociedad. Sin embargo, los cambios estructurales que comporta la modernidad avanzada, su complejidad, la dificultad que supone la comprensin del mundo en que vivimos, junto al sentimiento de prdida de identidad23 como consecuencia del fenmeno de la mundializacin provoca que haya una tendencia latente a mitificar los centros de poder y las personas que los ostentan.24

GUIBERNAU, Montserrat. Los nacionalismos. Barcelona: Ariel, 1996, p.168. (Ariel Ciencia Poltica). Salvador Giner destacaba con las siguientes palabras la tendencia a la idolatra de la sociedad moderna: Los individuos atomizados y asustados del mundo contemporneo a menudo les prestan su apoyo al buscar refugio y seguridad en la idolatra del lder, una actitud que en s ya es autoritaria y constituye un verdadero mecanismo de evasin de las condiciones imperantes de peligro y aislamiento que ahora rigen la vida de hombres y mujeres. GINER, Salvador. Sociedad Masa: crtica del pensamiento conservador. Barcelona: Pennsula, 1979, p. 229.

aceptado por todos. Es el caso de los catch-all party partidos de todo el mundo25, donde el liderazgo carismtico ayuda a configura un partido situado en el centro del espectro poltico que se encuentra o ha sufrido un proceso de desideologizacin, y que, por razones tcticas, se ha visto obligado a supeditar sus opiniones y decisiones a la consecucin del mayor electorado posible. Esto slo es propio de partidos grandes, y nunca en democracias pequeas como la sueca o la noruega.26 Otro factor a destacar es la actuacin del carisma poltico en democracia. ste no slo hay que buscarlo en lo extraordinario, tambin, en la representacin de lo cotidiano, en la identidad comn. Al lder poltico, adems de su magistralidad, hay que reconocerle unas caractersticas accesibles a todos, que sean humanas y un

reflejo de la sociedad en que vive. Los artistas del s. XIX, por ejemplo, dedicaban sus cuadros y sus esculturas a mostrar el prototipo de la mujer o el hombre rural.27 En el carisma encontramos un cierto espritu romntico, un aura de sensibilidad frente al pragmatismo y a la eficiencia. En esta dualidad emocin razn, tradicin-modernidad dentro de estos parmetros se mueve el carisma en la modernidad avanzada. El lder carismtico es vivido como propio, se convierte en un smbolo, y a su vez es considerado el poltico ms apto para llevar a cabo los intereses e ideales del sector de la poblacin que le otorga carisma.

Son partidos donde se sacrifican las ideologas en pro de ampliar el espectro poltico, es decir, el nmero de votantes. KIRCHHEIMER, Otto. El camino hacia el partido de todo el mundo. En: LENK, Kurt y NEUMANN, Franz. Teora y sociologa crticas de los partidos .polticos. Barcelona: Anagrama, 1980. 26 Ibid., p. 335. 27 Nos estamos refiriendo a las esculturas del Rosend Nobas cuyas imgenes mostraban el prototipo del hombre cataln medio, la campesina ilerdense, el campesino tarraconense, fruto, tambin, de una

Weber, a pesar de mostrarnos algn ejemplo, no analiza con detenimiento los diferentes motivos que pueden ocasionar la prdida de carisma, o las fluctuaciones del mismo. Como ejemplo nos cita que los grandes fracasos comportan una prdida de carisma, estos fracasos rompen el prestigio del lder y facilitan las revoluciones carismticas. Por ejemplo, en el caso de las Monarquas son peligrosas las guerras donde se salga derrotado y para la Repblica las guerras triunfales pues pueden dejar aparecer algn general como victorioso. Pero abordar el concepto de una forma tangencial, a mi entender, una vez ha surgido el carisma, ste siempre puede volver a aparecer. El carisma se construye lentamente, surge, puede pasar a formar parte del olvido, pero se retiene en la memoria, pues va acompaado de momentos decisivos de cambio, puede volver a resurgir sobre todo si el liderazgo ha tenido xito-, podemos hablar, pues, de fluctuaciones del carisma, de momentos o perodos carismticos, estrechamente relacionados con la aparicin de un lder poltico catalizador y smbolo de la esperanza en momentos histricos decisivos, o simplemente por el cambio que en democracia significa la alternancia poltica. Un elemento vinculado al carisma es su capacidad de sorprender a la audiencia o a los seguidores, el aportar claridad y la propia trascendencia que el cargo poltico otorga. Weber no menciona que el carisma deba ser sorprendente, innovador, que deba adelantarse a cualquier acontecimiento, a la vez, el lder carismtico tiene que mantener siempre un tono reivindicativo, una autocrtica al propio sistema. El profeta o lder carismtico estipula aquello que se debe hacer en aras a realizar su misin en un marco o limite territorial determinado (pueblo, etnia, grupo profesional), esta limitacin contempornea de Weber se puede ver superada en la modernidad avanzada con los nuevos medios de comunicacin (televisin e internet),

ya que el proceso de mundializacin tambin puede afectar a los movimientos carismticos, especialmente en su difusin transnacional y en su envergadura. La mundializacin ayuda a que se sobrepasen los lmites tnicos o nacionales del carisma para poder establecerse relaciones carismticas en mbitos mucho ms difusos, si bien sigue habiendo un componente de identidad importante, no necesariamente el nacionalista, pero s se comparten preocupaciones, injusticias o ideales que configuran una masa de seguidores liderada por individuos ms o menos visibles y sobre todo aglutinados a travs de organizaciones con idearios claros y prcticos. El carisma es visto en estos casos para los individuos que lo integran, sin ser conscientes tal vez de ello, como una accin eficaz y dirigida directamente contra los poderes establecidos, contra la misma rutinizacin poltica del carisma, cuyas caractersticas per se abordaremos en otro apartado. La ambivalencia del carisma hace que sea fruto de la simple manipulacin de las masas y de la irreflexin. Por ejemplo, el Holocausto judo cometido por los nazis, los atroces suicidios colectivos de sectas norteamericanas como la de Charles Manson y la del Templo del Pueblo. A su vez, los medios de comunicacin pueden ser agentes de socializacin negativos que inducen a la conducta amoral y a la delincuencia.28

Se plantea, tambin, el problema de la libertad y del carisma. Si las masas estn plenamente dominadas por este lder carismtico, la nica persona que goza de plena libertad en sus actuaciones es el lder poltico. El carisma es, pues, una forma de

autoridad, aspecto que considera ha ido desapareciendo a medida que ha avanzado la modernidad durante el s. XX,29 frente a la persuasin. Se remonta a los clsicos, concretamente a Platn quien introduce la autoridad como alternativa de la forma griega de tratar los asuntos pblicos a travs de la persuasin. Autoridad y persuasin son analizados como dos conceptos distintos cuando podemos encontrar una autoridad persuasiva. Si bien Arendt considera la autoridad como necesaria, pues cada vez nos movemos en un mundo resbaladizo cuestionado constantemente, en la actualidad, el concepto de autoridad, a pesar de ser necesario, est cada vez ms desacreditado y para superar cualquier actitud subjetiva hablaramos de la importancia de la normativa. De hecho, la autoridad descrita por Arendt es la que sigue las leyes, por lo tanto parte de una base racional. Finalmente, Weber a partir de su comprensin de la psicologa de las turbas30 pone en duda que la actuacin de las masas pueda ser considerada una accin social, entiende que la multitud y el gento provoca frenes, euforia, se acta por influencia, no necesariamente se decide. As, la actuacin de las multitudes no se puede considerar una accin significativa, la accin no est cargada de intencionalidad, por lo que hace a las turbas que iban a linchar comunistas o judos, puede ser una mera imitacin. Este aspecto es cuestionable, como defiende Arendt, por lo que respecta a los burcratas de la muerte, los ejecutores de la Solucin Final en este caso s puede ser considerado accin social. Usando la terminologa de Weber entiendo que el carisma se convierte en una accin social, tradicional, afectiva -motivada por la pasin y la identidad-, mas

ARENDT, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexin poltica. Pennsula: Barcelona, 1996 . 30 WEBER, Max. La accin social: ensayos metodolgicos. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1984.

En este apartado destacar aspectos de la obra de Durkheim relacionados con el ritual y la identidad que considero pertinentes para mi argumentacin. Durkheim aborda el ritual como parte integrante del culto y ste, a su vez, como prctica indispensable para que pueda darse o practicarse una religin. Nos interesa, especialmente, todos los aspectos que destaca sobre la religin y, es a partir de su teora sobre las religiones que podemos acercarnos al carisma poltico. Como hemos visto en el apartado anterior, el carisma poltico proviene del carisma religioso por lo tanto su mbito de actuacin est, sino inmerso, ms prximo a lo sagrado que a lo profano.1 El carisma poltico tiene una forma de manifestarse similar a la religiosa. A travs de la obra de Durkheim intentar interpretar la relacin que se establece entre lder y seguidores. Analizar el concepto de la identidad, si bien Durkheim no se refiere propiamente a ella, en base a la identificacin de los fieles con la religin, para poder percatarnos, posteriormente, como a travs del carisma poltico se percibe la identidad. A travs de ciertos ritos aborgenes australianos Durkheim intenta llegar a una teora de las religiones. Para Durkheim la religin es un sistema ms o menos complejo integrado por mitos, dogmas, ritos y ceremonias. Establece dos categoras en los sistemas religiosos: las creencias y los rituales. Tambin, establece una dualidad entre dos formas de ordenar el mundo: los aspectos referentes al mundo de lo profano y lo perteneciente al mundo de lo sagrado. Lo profano no puede entrar en contacto directamente, sin previa preparacin, con lo sagrado; para poder ponerse en contacto con lo sagrado debe participar, en cierta medida, de este mundo. Lo sagrado se define por ser aquello que es protegido por las

prohibiciones y lo profano es aquello a lo cual se aplican estas prohibiciones. Las creencias religiosas son representaciones que expresan la naturaleza de lo sagrado y, por ltimo, los ritos son unas reglas que estipulan como el ser humano debe acercarse a lo sagrado. Hay fenmenos religiosos que no pertenecen a ninguna religin y eso se mantiene en algn vestigio de un rito religioso que, en la actualidad, puede estar representado como una muestra de folklore. Durkheim, adems de destacar como esencia de la religin las representaciones y las creencias, destaca la importancia del ritual. La funcin de la religin es para el creyente infundirle nimo y ayudarle a vivir. Esta transmisin se efecta a travs del culto que se genera, una y otra vez, a travs del ritual. As, mantiene vivas las creencias de los fieles. Se parte de la idea de la existencia de una experiencia religiosa, vivida por los creyentes, que como tal tiene un valor explicativo. La causa de estas experiencias religiosas es la sociedad. A travs de la accin comn de sus individuos la sociedad toma conciencia como tal, y es posible a travs de la creacin de smbolos y de ritos configurar la vida religiosa. Establece que las categoras fundamentales del pensamiento y por tanto de la ciencia tienen orgenes religiosos. Por ejemplo, el hecho que la ciencia y la magia provengan de la religin, o que en muchas sociedades no se pueda diferenciar entre el ritual y las normas morales hasta avanzada la evolucin, le lleva a pensar que muchas instituciones provienen de la religin. Los sentimientos colectivos de una religin, para que tomen consciencia, tienen que representarse sobre objetos. La forma fsica que adquieren es tan slo una apariencia superficial. Es necesario entender la conciencia que los integra para poder obtener el verdadero significado. Los rituales tienen una funcin mecnica, se trata de

unas acciones (comidas, abluciones). Pero estas maniobras externas slo son la superficie, en profundidad se llega hasta las conciencias para tonificarlas y disciplinarlas. La religin no tiene como espejo una sociedad ideal sino una sociedad real con sus virtudes y sus maldades o bajezas. An as reconoce que a travs de la mitologa se encuentra representada la sociedad de forma idealizada. Hay que preguntarse acerca de la idealizacin de la sociedad Cul es su origen? Durkheim lo encuentra en la misma naturaleza de los hombres, en la tendencia del pensamiento humano a idealizar. La idealizacin, es pues, una caracterstica de las religiones. Lo sagrado se define, al igual que el ideal, por ser lo aadido a lo real, por lo tanto no es posible separar lo sagrado de lo ideal. Este mundo ideal es aadido en el pensamiento al mundo profano, o mundo real; es como una dignidad ms alta que se relaciona con el primero. Esta sociedad ideal forma parte de la sociedad real pues la sociedad se define no tan solo por un conjunto de individuos, en un territorio y con unos utensilios sino tambin por la idea que tiene de si misma. Es en el mundo colectivo donde el hombre aprende el ideal y a partir del ideal social el individuo crea su propio ideal individual. La idealizacin es una caracterstica de las religiones. La conciencia individual desarrollada en las religiones a travs de sus cultos individuales proviene de la conciencia colectiva. Las creencias se fundamentan en la fe y sta no es una meditacin individual sino que es una exaltacin colectiva. Durkheim, adems de preguntarse sobre el culto individualista, se pregunta por la universalidad de las religiones. sta la ha encontrado no slo en las grandes religiones, sino tambin en religiones de sociedades simples como en Australia, donde aparecen dioses comunes a distintas tribus. Afirma, pues, la tendencia universalista de las religiones.

Las manifestaciones de efervescencia colectiva que pueden inspirar emocin y entusiasmo pueden quedar obsoletas con el tiempo pero difcilmente son substituibles. Reconoce ciclos en la sociedad de ms o menos efervescencia. Es de la propia sociedad de donde pueden surgir cultos nuevos. Durkheim estima que la religin cambia el estado de la actividad psquica suscita un gran grado de efervescencia, de sensaciones fuertes que incluso se siente transformado y transforma la realidad que le rodea atribuyendo a las cosas que le rodean un poder excepcional, el cual no tienen. El ritual permite la creacin de momentos de efervescencia colectiva aspecto que consideramos va unido a los momentos carismticos, la efervescencia describe el carisma como ste es vivido por los seguidores de un lder o una causa.

La religin no solamente se basa en el culto (fiestas, ritos); tambin es un sistema de ideas que intenta expresar el mundo en cuestin a travs de su idealizacin de la realidad creando una cosmologa. La religin y la ciencia tienen el mismo objeto de estudio, y a medida que avanza el pensamiento cientfico la religin est en regresin. Pero la ciencia no puede negar la existencia de la religin, sta no es discutida, ciencia y religin rivalizan en el aspecto especulativo, en su capacidad de crear dogmas en aquellos aspectos que son objeto de estudio de la ciencia. Reconoce que las teoras destinadas a ayudar a vivir de la religin sobrepasan la ciencia pero a su vez tiene que conocerla y no puede actuar en contra de lo que ella limita. Con la aparicin de los fundamentalismos y en las prcticas religiosas que siguen la tradicin se crean contradicciones entre los postulados de la Iglesia y los de la ciencia. Los dioses en cada religin son creados a partir de conceptos que no son percibidos de igual forma. Cada pueblo crea sus hroes histricos y legendarios que varan segn las pocas. Las representaciones sensibles o imgenes que tienen una

movilidad constante en el tiempo. Una experiencia vivida, sin embargo, es difcil de repetirla con las mismas sensaciones ya que continuamente estamos cambiando. Los conceptos, contrariamente, son impersonales y mucho ms permanentes y su cambio es mucho ms limitado, adems, son universales y comunicables. Esta mayor estabilidad de los conceptos frente a las imgenes o las sensaciones se debe porque las representaciones colectivas son ms estables que las individuales. Solo grandes acontecimientos pueden afectar a la colectividad. Los conceptos colectivos pueden enriquecer el saber individual, pues muestran toda la sabidura colectiva acumulada. Pensar en conceptos es una forma ms sabia de actuar, los conceptos clarifican la realidad. La mayora de los conceptos se obtienen a travs del lenguaje, no metdicamente, sino a partir de la experiencia comn. Las representaciones colectivas se encuentran bajo control continuamente por todas aquellas personas que van aadindose y las verifican a partir de su propia experiencia. Se propone la necesidad de analizar las creencias religiosas y ver su veracidad por muy extraas que sean. Pensar conceptualmente consiste en subsumir lo variable de lo permanente y lo individual de lo social. El pensamiento lgico ha existido siempre porque empieza con el concepto. Por encima de los conceptos se encontraran las categoras que englobaran a estos. El concepto de todo no puede venir del individuo ya que solo es una parte de la realidad. El todo, la totalidad, es la categora por excelencia, pues su funcin es englobar nada mejor que el propio concepto de totalidad. Tampoco podemos tener a partir de nosotros mismos el concepto de tiempo global, o espacio global. La nica manera es a travs de la sociedad, sta proporcionar las nociones de totalidad (con las que debe ser representada). Para poder representar el mundo tenemos que recorrer a la sociedad, el nico lugar donde podemos encontrar los conceptos en su totalidad.

De igual forma la historia mundial es la historia de la sociedad, con sus perodos establecidos de dispersin y de concentracin que corresponden a los perodos de reflexin colectiva. Curiosamente, estos momentos se relacionan con la aparicin de algn astro, eso es as para poder hacer visible estos movimientos de la sociedad a todo el mundo. Se establecen un conjunto de relaciones sociales en la base de las categoras (clases sociales, tiempo social, espacio social y causalidad colectiva) cuyas formas son aprendidas por las consciencias individuales. La sociedad no es pues un ser ilgico est formado por la consciencia colectiva que es la forma ms alta de vida psquica. La consciencia colectiva est situada, dentro de esta construccin durkheimiana, en la parte superior, desde donde se puede vislumbrar el aspecto permanente de las cosas y, tambin, puede vislumbrar lejos, a travs del tiempo, con lo cual puede proporcionar unos marcos aplicables a todos los seres. El pensamiento lgico es parte de la sociedad. La sociedad es a su vez una individualidad que contiene subjetivismos que deben apartarse para poder llegar a su verdadera realidad. A medida que se universalizan las creencias, se ampla tambin la sociedad sta ya no es el todo sino es una parte de un todo con unas fronteras ms difusas. Las cosas ya no se organizan dentro del marco de la sociedad sino que parten de principios propios y su organizacin lgica se diferencia de su organizacin social. El ser humano tiene la capacidad de superar su punto de vista y elevarse a un posicionamiento impersonal. Esta razn impersonal no es nada ms que el pensamiento colectivo. Hay una parte impersonal en nosotros porque hay una parte social. Entre el mundo de los sentidos y las apetencias y, el mundo de la razn y la moral, hay una gran distancia. La sociedad, en su capacidad creadora, es la encargada de acercarlos. Cada creacin -a excepcin de la mstica- es una sntesis. Hay que elevar la sntesis de la sociedad por

encima de las creaciones individuales. La sociedad es un todo de una gran riqueza fsica y moral. Durkheim tambin habla de la anomia como un estado de desintegracin social de las sociedades, ms adelante dedicamos un apartado a este aspecto.

El carisma por su origen proviene de la religin y del mbito de lo sagrado. El lder poltico se construye a travs de la realidad y es idealizado. Esta construccin idealizada del gua poltico por los seguidores es una parte del aspecto constitutivo del carisma por ello podemos decir que participa ms del mundo de lo sagrado que de lo profano. As, el carisma al participar del ideal participa del mundo de lo sagrado. A su vez, el lder puede ser un poltico-religioso ostentar la direccin poltica y ser una autoridad religiosa. Otra muestra de este paralelismo entre religin y carisma poltico lo muestra la transformacin personal y la atribucin de excepcional a todo lo que lo envuelve tanto en el mbito de la religin, que nos describe Durkheim, como en el de lo poltico. De igual forma que las religiones necesitan fijarse sobre objetos exteriores para tomar conciencia, los grupos polticos necesitan personas e ideas para configurarse. El lder poltico se convierte en una imagen venerada de la realidad transcendiendo del mundo poltico de la profano al mundo sagrado a travs del carisma. El lder poltico carismtico se convierte pues en una imagen idealizada de la realidad. A su vez, el lder poltico como miembro de una sociedad tiene que responder por lo menos a los intereses de algunos de sus grupos, tiene que encarnar aquellos valores que son considerados representativos de la colectividad a la que representa. El carisma que se configura con la relacin entre lder poltico y seguidores, est tambin influenciado por el contexto histrico y por el sector que representa el lder poltico. El

carisma no se limita a una simple relacin de entrega al lder por sus adeptos se producen a su vez unos lazos de identidad. El lder simboliza los valores y los anhelos del grupo al que representa y el grupo lo considera la persona capacitada para defender sus intereses. La ciudadana atribuye carisma al lder poltico, en parte, porque le reconoce un nmero de atributos personales y valores aceptados socialmente como son: la relacin matrimonial; una imagen correcta, ser joven; una forma de expresin adecuada. Todo ello puede incluso ser ms valorado que las cualidades propiamente polticas que quedan en un segundo trmino. Estas caractersticas y cualidades son valoradas, sobrestimadas e idealizadas por los ciudadanos y las ciudadanas de forma consciente o inconsciente. Ann Ruth Willner constat la posibilidad obvia de que los lderes nacionales aparecieran con la posibilidad de una identificacin plural, en un principio podan ser vistos como hombres marginales i despus podan ser identificados con diferentes grupos o segmentos.2 Posteriormente, Kysti Pekonen en su anlisis del Presidente Mauno Koivisto atribua su xito poltico electoral a la identificacin del electorado del Presidente con la clase obrera tradicional finlandesa.3 Esto nos lleva a la siguiente pregunta acerca de la identidad nacional y su expresin a travs del liderazgo poltico En un mundo cada vez ms globalizado cul es la relacin del carisma respecto al lder nacional? Podemos hablar de un lder poltico transnacional, susceptible al proceso de globalizacin? Sin duda las

WILLNER, Ann Ruth. Charismatic Political Leadership: a Theory. Princeton: Princeton University Press, 1968. 3 El presidente Mauno Koivisto representaba, tambin, a travs de su imagen la historia y las caractersticas de la clase obrera finlandesa con su patriotismo, dominacin masculina, las caractersticas patriarcales y con el mito del hombre honesto y trabajador. PEKONEN, Kysti. Charismatic

significado, por una parte, la reafirmacin de los valores nacionales en la bsqueda de la propia identidad4 y subsecuentemente la mayor adhesin a un lder que represente la defensa de los valores tradicionales y nacionales. Sin embargo, a su vez, el liderato poltico carismtico de un pas puede trascender sus fronteras, e incluso puede ser vivido como propio, como es el caso de los lderes norteamericanos como J.F. Kennedy y Bill Clinton, debido a su gran influencia en Occidente; o en lderes polticos del Tercer Mundo idealizados por su ideologa y tenacidad, como es el caso de Gandhi y de Fidel Castro en los aos setenta. No podemos pretender que el carisma se manifieste de igual manera sino que las formas en como se presenta varan a lo largo de la historia. En un doble sentido se readapta a los valores e idealizaciones de la sociedad en cada momento y es tambin sensible al contexto histrico, especialmente, como veremos ms adelante en los momentos de transicin o cambio histrico. El modelo de lder poltico carismtico predominante vara a lo largo de la historia y es extremadamente sensible a las diferencias tnicas y sociales. Con el proceso de mundializacin de la cultura y la aparicin de las superestructuras polticas se tiende a que el carisma sobrepase las fronteras nacionales. La inmediatez que proporcionan los medios de comunicacin acerca los actores polticos y los acontecimientos de distintas zonas del planeta con las que podemos sentirnos identificados por solidaridad, por pasado comn o simplemente por admiracin. As pues el liderazgo poltico carismtico tiende a reflejar las distintas identidades que se desarrollan en la sociedad ; desde la identificacin con grupos

Leadership and the role of image in modern politics.Charismatic effects and the Problem of Political Presence: The case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989, p. 41. 4 GUIBERNAU, Montserrat. Los nacionalismos. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel Ciencia Poltica).

marginales, profesionales, tnicos, femeninos, hasta un mbito estrictamente nacional, donde se perfilan co4rrientes progresistas, tradicionales, pero tambin reaccionarias, unidas a los valores de defensa del nacionalismo a ultranza; hasta la posible defensa en un futuro de las superestructuras polticas, como Europa, o la identificacin con lderes que defiendan valores universales como los Derechos Humanos ms all de las propias fronteras. El carisma poltico puede ser revolucionario y la adhesin se produce por un acercamiento irracional o racional que permite identificar los postulados del lder como propios y, a su vez, entrar a formar parte de una identidad compartida. Se comparte la defensa de unos objetivos polticos situados territorialmente en un mbito nacional, supranacional o mundial. De hecho, el carisma puede producirse tan solo por una identificacin del lder poltico con smbolos prximos a los seguidores, desde su lenguaje, identificacin con hroes del pasado, referentes histricos o mesinicos, una imagen que se considere correcta pero a la vez prxima y representativa de un estilo de vida o de un sector de la poblacin. Debemos aadir que el propio lder crear con su genuidad unas nuevas caractersticas que se convertirn en caractersticas carismticas. Adems, el lder poltico carismtico es considerado por sus seguidores la persona ms capaz de liderar un pas o una revolucin y con esta finalidad se le otorga su apoyo incondicional. El liderato ayuda a configurar, a travs de las ideas que expone el lder poltico, la sntesis de valores e ideales que la sociedad representa. El lder poltico acta como catalizador, como espejo corrector de la realidad.5 Los valores individuales, la comprensin que cada cual hace de las cosas es homogeneizada con las actuaciones de los lderes polticos. El lder poltico puede ser creador de conciencias

BOURDIEU, Pierre. La reprsentation politique. Elments pour une thorie du champ politique. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials. Febrero-1981, vol. 2, nm. 36-37.

colectivas a travs de la sntesis de las conciencias particulares. Al igual que en la religin el lder poltico comparte proyectos, ideas y creencias con sus seguidores. La pregunta que nos hacemos a continuacin es si una vez consideramos al dirigente poltico como un lder poltico carismtico, tambin, est sujeto a la misma variabilidad. En el caso del lder poltico carismtico vemos como el carisma puede aparecer y desaparecer, es fluctuante segn el contexto socio-poltico de manera que en aquella persona que ha aparecido puede siempre volver a surgir. Es por tanto una cualidad permanente de un lder poltico con fluctuaciones, la prdida de carisma, puede venir ocasionada por el fracaso poltico, la corrupcin y el descrdito que ella comporta. Pero siempre el lder poltico carismtico mantiene un sustrato a travs de cuya base puede volver a resurgir. Pero an tenemos que destacar otro factor de la actuacin del carisma poltico en democracia. El carisma hay que buscarlo, tambin, en lo cotidiano, al lder poltico se le deben reconocer unas caractersticas accesibles a todos, unas caractersticas humanas, es un aspecto, por lo tanto, contrario a la visin histrica de Weber. Por ltimo, a mayor secularizacin de la sociedad tambin ir desapareciendo la importancia del ritual poltico, el culto variar su forma a lo largo de la historia, si bien se mantiene pues una forma intrnseca del carisma poltico, ste no puede darse sin un mnimo ritual previo ya sea real o meditico. Se produce pues una sacramentalizacin de la actividad poltica formas rituales de la religin se transportan, con modificaciones en la forma y en el espacio, al mbito poltico. Por ejemplo, la intervencin de un Secretario General en el congreso de su partido, no est tan lejos del sermn del capelln a sus feligreses ; los recordatorios al final de una intervencin o varias para

Rudolf Otto intenta discernir lo irracional y lo racional en la idea de Dios para llegar a ello define la esencia de lo santo como categora explicativa y valorativa que nace en la esfera religiosa. En primer lugar, descarta utilizar explicaciones simplistas como pensar que lo irracional es creer en el milagro y lo racional no. Asimismo, rehsa la acepcin kantiana de voluntad y su contenido moral que lleva a significar simplemente lo bueno. El autor lo que pretende es encontrar una palabra que defina el excedente de significacin de lo santo, ese algo ms que es indefinible y que la propia palabra ha perdido en significado por su estrecha relacin con la idea de la moral. Ello le lleva a crear el neologismo y una nueva categora lo numinoso.1 Lo numinoso viene etimolgicamente de la palabra latina numen. Al llenar de significado el vocablo, ste, por un lado, presenta la forma del tremendum del misterio que distancia con su majestad, pero, por otro lado atrae, embarga y fascina. Los conceptos que lo describen son el amor, la misericordia, la compasin, la piedad.2 La idea de mysterium tremendum y de org, la clera de Jahveh, son formas arcaicas de la religin que Otto las califica de formas ms primarias o primitivas. El cristianismo al hablar de la idea de ira de Dios transmite un carcter de espanto que no siente el hombre actual. Con respecto al sentimiento de numinosos cita a Schleiermacher quien lo considera un sentimiento de dependencia, un sentimiento de criatura. Este sentimiento para Otto es el previo, es concomitante al sentimiento que l llama numinoso.

Expresa la dificultad de definir lo numinoso, ese contacto con Dios. No se puede poderse traducir, tal vez lo ms cercano sea lo enorme, lo sublime, lo inesperado lo heterclito, que sorprende. OTTO, Rudolf. Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Madrid: Alianza Editorial, 1998 , p. 15.

El sentimiento religioso de mysterium tremendum puede ser sentido de diversas maneras ms o menos dramticamente. El misterio no significa nada ms que lo oculto, lo secreto, lo tremendo se acerca a expresiones que hacen referencia al terror. El sentimiento numinoso se distancia del pavor, pero son trminos cercanos (temblor, estremecimiento, terror). Un segundo elemento que configura lo numinoso es el concepto de majestad que designa lo poderoso, la omnipotencia. Junto a los conceptos de tremendo y majestad hay tambin el de energa. Esta energa comporta, actividad, movimiento. La idea de energa, en Fichte, de lo absoluto como gigantesco como afn de accin, para Schopenhauer es la voluntad demonaca. Goethe subraya el carcter del numen en sus descripciones de lo que l llama demonaco. Tambin, destaca la utilizacin de los griegos de la palabra eusebia que hace referencia a la relacin de emocin y de servidumbre respecto a lo divino. As, los tres caracteres del numen son lo tremendo, la majestad y la energa. Otro atributo que destaca en la idea de Dios es lo misterioso, lo desconocido, es la idea de lo incomprensible y lo inaprehensible, algo que es inconmensurable hasta provocar el espanto. Conseguir un pleno conocimiento de lo numinoso es imposible por su carcter inefable, esto lleva a Otto a invitar al lector a que indague en la propia experiencia religiosa, en su capacidad de estremecerse, de sentir la emocin religiosa, el momento de solemnidad. Nos advierte que no se podr entender su anlisis sino se ha tenido previamente una experiencia religiosa. De todas formas lo numinoso buscado es apetecido, no slo en virtud de los auxilios y beneficios, tambin, fuera de lo racional. Una forma de entrar en contacto con lo numinoso es a travs de los ritos, las formas de comunin, los sacramentos. Con multitud de prcticas (ceremonias,

bendiciones, conjuros, prcticas chamansticas).3 Uno intenta apoderarse de lo sagrado hasta identificarse con el numen. Los Cnticos al Seor le demuestran algo ms a lo que llama lo fascinante. Pero el elemento fascinante no alimenta tan solo el sentimiento religioso del anhelo; tambin, se da en el sentimiento de lo solemne, la solemnidad que llena el espritu de manera inefable. El elemento irracional fascinante conduce al hesychia (estado mstico de profunda quietud del espritu) y al arrobamiento en que se llenan el volumen del alma. Todo ello nos demuestra que bajo nuestra esencia racional yace oculto algo que el consumo, o que nuestros impulsos no sacian, lo que los msticos han llamado el fondo del alma. Lo fascinante por exaltacin se convierte en lo excesivo (en latn super-abindas), en todo sentimiento de beatitud religiosa por muy contenido que sea manifiesta este sentimiento de exceso, esta emocin de reboso. El misticismo4 es la identificacin con Dios, con ese algo superior.5 Otro elemento que destaca en su anlisis y que es de enorme inters para nuestro estudio es la nocin de gracia. Expone que la gracia hay que entenderla en el sentido de los msticos, como clemencia pero nos dice que al mismo tiempo es algo ms que eso. Las emociones de regeneracin y gracia del cristianismo tienen su correspondencia en otras religiones, por ejemplo, en el budismo con el Nirvana. Quien se acerca al numen se torna numinoso por su contacto, las formas de consagracin los medios de gracia son a su vez derivados e instituidos por el numen, el mismo confiere algo de su propia naturaleza para permitir el trato con l. Este contagio

La magia incluye una tcnica de prcticas que son comparables con la religin, en las sociedades primitivas magia y religin se entremezclan. Adems, los chamanes no son tan solo los magos y los sacerdotes, son tambin los sabios y los nicos cientficos que tienen tiempo para contemplar y conocer la naturaleza. Mauss afirma que las prcticas mgicas son hechos sociales del mismo tipo que los ritos religiosos. MAUSS, Marcel. Sociologa y Antropologa. Madrid: Editorial Tecnos, 1979 , pp. 148-152. (Coleccin de Ciencias Sociales. Serie de Sociologa). 4 Leon Schlamm destaca la tendencia interpretativa a identificar la experiencia mstica con la experiencia numiniosa, a su vez, destaca la necesidad de observar lo que une la mstica y las formas de devocin de la experiencia religiosa. SCHLAMM, Leon. Rudolf Otto and Mystical Experience. En: Religious Studies. 1991, pp. 389-398.

de lo sagrado a travs de entrar en relacin con ello se encuentra en el concepto de mana de los melanesios quienes lo adquieren al estar en contacto con todo lo considerado mana.6 El sentimiento numinoso no se ensea ni se aprende no existe transmisin. Solamente puede ser sugerido y despertado, lo numinoso gravita en la actitud grave, en el tono de voz, en la importancia del acto, en lo solemne, en el recogimiento y devocin de la comunidad orante.7 Lo santo no se ensea a s mismo como tal sino que es sentido de estas emociones a veces groseras pero sentidas nacen las comunidades religiosas. El autor ha distinguido lo santo como categora a priori del espritu racional. Estos conocimientos no son los que tiene todo ser pues sino seran innatos, sino los que puede tener. No se despiertan por si solos en la experiencia sino que son despertados por otros mejor dotados para ello. As, destaca la frase de Lutero solo quien es verbo entiende el verbo. Otto habla de la impresin numinosa por ejemplo que emana de Jess, un sentimiento de temor y admiracin que lleva a la entrega, a seguir sus pasos. Si podemos experimentar la emocin de ver lo santo a travs de la contemplacin, el alma se abre de par en par y se entrega a la pura impresin. All donde ha habido una verdadera percepcin de lo santo se presenta un elemento que podra designarse como signo concomitante, se refiere a esa fuerza espiritual exaltada que se desprende de la imagen histrica de Cristo. La pasin y la muerte de Cristo tambin estn cargadas de una valoracin sentimental.8 Por otra parte, el medio ms eficaz de que dispone el arte para representar lo numinosos es lo sublime, sobre todo la arquitectura. Este sentimiento empez ya en la

OTTO, Rudolf. Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Madrid: Alianza Editorial, 1998 . 6 Para ms informacin vase el libro de: MAUSS, Marcel. Sociologa y Antropologa. Madrid: Editorial Tecnos, 1979 , pp.122-133. (Coleccin de Ciencias Sociales. Serie de Sociologa). 7 OTTO, Rudolf. Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Madrid: Alianza Editorial, 1998 , pp. 83-91. 8 Ibid., pp. 218-222.

prehistoria en la poca paleoltica con las pinturas rupestres. El sentimiento de grandeza solemne, de gestos pomposos y sublimes es un sentimiento bastante primitivo. Lo mgico no es ms que una forma encubierta y velada de lo numinoso, que el gran arte presenta ennoblecido y transfigurado. Frazer destaca la funcin de los Reyes en las sociedades simples, adems de su carcter de sacerdotes, en su relacin con los dioses, poseen la dimensin de hechiceros; es ms, pueden obtener su cargo por su habilidad con la magia blanca o negra.9 Malinowski, por su parte, establece la relacin entre lo mtico, lo mgico y la tradicin. Las montaas, las palabras, tienen un poder mgico. En los mitos kula se cuenta que la magia da poderes de belleza, fuerza e inmunidad frente al peligro. Por otra parte, el mito tiene una influencia normativa de fijar las costumbres y sancionar los comportamientos atpicos. La magia ocupa un papel muy importante en la vida de los indgenas de la Trobiand, estudiados por Malinowski, pues en ella se basa el xito o el fracaso, la magia es un intento por gobernar las fuerzas de la naturaleza; tiene pues un componente racional.10 En las religiones, por ejemplo, en el Tao lo sublime es el paisaje y las esfinges, en lo cristiano es la arquitectura gtica, las grandes catedrales. Sin embargo, lo mgico no es lo numinoso, el arte no es ms que un medio indirecto de representacin de lo sublime. El silencio y la oscuridad, especialmente lo primero, producen el efecto de la presencia del numen. El vaco del desierto y de las estepas, tambin, produce el alejamiento de la conciencia del aqu y ahora y hace presente lo absolutamente heterogneo. La msica no tiene tampoco una manera de expresar lo santo. El instante ms santo de la misa, la consagracin, se expresa con el silencio. El estado inferior del

FRAZER, J.G. La rama dorada. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1998 MALINOWSKI, Bronislaw. Los argonautas del pacfico occidental. Comercio y aventura entre los indgenas de la Nueva Guinea melansica. Barcelona: Pennsula, 2000 .

sentimiento numinoso es el pavor demonaco y est superado desde los profetas y salmistas. En ninguna religin se ha llegado al anhelo penitencial con tan intensa y profunda expresin como en el cristianismo esto demuestra la superioridad del cristianismo frente a otras religiones.11 Por fines pedaggicos no suele presentarse ms que el aspecto racional de las religiones. El Dios del Nuevo Testamento es ms santo, Jesucristo se convierte en persona que acoge, da refugio para que la persona ya consagrada y desprofanizada pueda acercarse a la misma santidad. Otro aspecto a destacar del cristianismo es la comunin, la fraternidad, que rodea a Jess junto a sus discpulos quienes creen en sus palabras y en que es el redentor. En el Nuevo Testamento todo queda mistificado, todo se hace numinoso, el ejemplo lo tenemos en los apstoles, se les denomina los santos. La ltima cena de Jess no se trata del miedo a la muerte sino el espanto hacia el misterio tremendo. Tambin, hay pasajes que muestran la clera de Dios contra la injusticia; recuerda al Jahveh colrico y rabioso del antiguo testamento slo que ahora se ve en forma de Dios grandioso. La idea de predestinacin debera dividirse entre eleccin, la idea de haber sido elegido por Dios y propuesto para la salvacin: el tocado por la gracia, y la idea de la predestinacin de todos los hombres a salvarse o a perderse. El hombre con sus decisiones libres queda marcado por un poder eterno. Con respecto a Lutero el autor destaca su frase Tener un Dios no es nada ms que confiar en l de todo corazn.12 Dios es para l pura bondad, pero conoce tambin lo temeroso de su Dios. Lutero lo designa el lado irracional de Dios. Aspecto criticado por Otto quien considera que no se puede separar el lado racional y el irracional de Dios. Es una relacin semejante a la asociacin de ideas, cuando se da X se da Y, es la

relacin entre lo racional y lo irracional en la idea de lo santo. La ntima relacin de lo sublime con lo santo en todas las religiones elevadas muestra que tambin lo sublime es un esquema de lo santo. La frase Tu solus Santus pretende conocer y ponderar algo valioso por encima de todos los conceptos. El autor entiende que qadosch o santus es una categora moral se suele traducir por supracsmico pero esto no hace referencia al aspecto numinoso para ello propone introducir los trminos Augustus lo mismo que sebastos mayesttico, venerable y semnos lo que infunde respeto. Solo cuando se convierte en pecado se siente esa terrible pesantez de conciencia. De pensadores clsicos destaca las ideas de Platn acerca de la racionalizacin de Dios. Platn, segn el autor, incidi en racionalizar la religin, segn su filosofa la divinidad era igual que la idea de bien por tanto era algo racional y concebible. Platn no tiene en realidad una filosofa de la religin sino que capta y aprende lo religioso no por conceptos sino por otros medios: por los ideogramas de los mitos, por el entusiasmo, por el Eros. Se niega a encerrar en un mismo sistema religin y razn. Otto reconoce que ningn autor del pensamiento ha expresado mejor la idea que Dios est por encima de toda razn no solamente por incomprensible sino tambin por inaprehensible.13

Su definicin de lo numinoso, esta idea de algo ms espiritual que es inefable, nos sirve plenamente para intentar definir el carisma y la acepcin religiosa y sagrada del trmino. Es pues de especial inters para nuestro anlisis su concepto de lo

numinoso puesto que se encuentra muy cercano al concepto de carisma, ambos se funden en el campo religioso. El trmino majestad conserva el aspecto de numinoso y podemos aplicarlo tanto a dioses como a reyes. El intento de acercarlo a lo numinoso es el intento de llenar el vaco del alma, la vacuidad14 que se da en las sociedades modernas occidentales a causa de su tendencia a la anomia y el posible aislamiento en las grandes ciudades y en las pequeas comunidades. En las sociedades simples existan ya ciertos conceptos que participaban del numen como: puro, impuro, creencia, culto a los muertos, animismo, hechizos, mitos y adoracin de objetos naturales. Estos aspectos han sido estudiados por antroplogos como Frazer y Malinowski de quienes hemos destacado, sucintamente, su anlisis sobre la magia en las sociedades simples. Un concepto que queremos ilustrar por estar impregnado de lo sagrado y su caracterstica de inefable es el concepto de mana que el mismo Otto cita. Es difcil de definir por ser una caracterstica que poseen objetos, personas y que impregna sus relaciones. Es una categora que poseen solo algunos espritus, como las almas de los jefes y los lugares sagrados. Se configura un mundo interno donde lo nico que est en juego es el mana. La nocin de mana forma parte de lo sagrado incluso se confunde con ello.15 El mana es un atributo que hace referencia a lo extraordinario que al igual que el carisma reciben personas, objetos y relaciones. La existencia de estas relaciones inefables y cercanas a lo mgico, a lo extraordinario y a lo superior en sociedades simples plantea poder considerar el carisma como una arcasmo de las sociedades que si bien se configura en la esfera religiosa persiste en la actualidad tanto en la esfera religiosa, como en la poltica y la artstica adoptando formas ms acordes con los nuevos tiempos. Favoreciendo la cohesin social y, a la vez, manipulacin de las masas.

Otto da importancia a que el sentimiento religioso no se desve de antemano hacia cosas terrenales tomndolas errneamente por numinosas. Este tema preocupa a distintos autores pero lo impuro, lo vulgar, nunca llega a convertirse en numinoso, simplemente se convierte en un sucedneo de lo divino.16 La importancia de la relacin entre el profeta y los creyentes queda mitigada por la influencia de su moral, en definitiva, sus ideas. Lo numinoso en la experiencia de la relacin carismtica se encuentra en la emocin, el estremecimiento.17 Ser despus de la relacin carismtica que las acciones del lder poltico o religioso influencian, por un lado, las ideas y las actuaciones de los colectivos que lo secundan y, por otro lado, las acciones del lder carismtico se convierten en potencialidad de cambio. Con respecto a su definicin de lo numinoso considero que efecta un anlisis sincrnico del trmino, no contempla el proceso diacrnico, las variaciones de su significado en funcin de los cambios sociales e histricos. Otto aporta un anlisis riguroso y con detenimiento del trmino pero olvida su posible transformacin, especialmente, con el proceso de secularizacin y de modernizacin de la sociedad, por ejemplo, se deja en el tintero cul es el papel del estado ante la figura sagrada de Dios. Por otra parte su obra no hace ninguna referencia al Dios justiciero medieval encarnado por la figura de Jesucristo en la cruz sus referencias al cristianismo se basan en los orgenes de la doctrina. En su definicin de lo numinoso, como gracia, solemnidad divina, en la fascinacin y la devocin que suscita nos est describiendo las caractersticas que

MAUSS, Marcel Sociologa y Antropologa. Madrid: Editorial Tecnos, 1979 (Coleccin de Ciencias Sociales. Serie de Sociologa), pp. 122-133. 16 GINER, Salvador. Religin civil. En: Claves de razn prctica. Abril-1991, nm. 11. 17 Rudolf Otto considera que el misterium tremendum es el elemento central de la experiencia religiosa, lo sagrado solo se puede conocer a travs del sentimiento. Este aspecto ha sido considerado por Donald Lpez no vlido para el budismo pues para Tsong-Ka-Pa el razonamiento y anlisis es bsico en la

convirtindose en una religin civil. Las caractersticas de estado puro del numen se atribuyen a su forma arcaica, la sociedad moderna ya ser capaz de fabricarlo, imitarlo y manipularlo. En la actualidad, hay una necesidad de bsqueda de la trascendencia, as como de la propia expresividad y gestualidad de los individuos. Se observa un anhelo por recuperar las formas ms primitivas de expresin del cuerpo. Por una parte, encontramos una influencia de culturas tradicionales africanas y caribeas como formas ms cercanas a lo terrenal, a la movilidad, al baile y a los instintos; alejadas de los elementos asociados al mundo laboral, al autocontrol y que han comportado la racionalidad en la modernidad. Por otra parte, relacionado con la idea del numen hay una bsqueda de la paz a travs de las religiones orientales, la naturaleza y el silencio todo ello alejado de los cambios ambientales y laborales a los que nos ha conducido el siglo XX.

Los aspectos que destacar de este autor son sus aportaciones sobre la reflexin de la figura de los hombres excepcionales, los lderes de la historia que Scheler sintetiza en su disertacin sobre las figuras del santo, el hroe y el genio o sabio. En su obra contempla explcitamente la importancia del carisma como factor de legitimidad fundamentado por los lazos de amor al lder. La influencia del cristianismo en su

enfoque lo lleva a la idea de que la actuacin por amor es un elemento importante que revaloriza a las acciones de los personajes descritos. Con respecto al liderazgo afirma que en todas partes existe una ansia de caudillo, la prueba son la cantidad de nuevas comunidades, crculos, rdenes, sectas, escuelas que surgieron en Alemania para satisfacer intereses vitales, cada uno con su propio salvador, su propio profeta o reformador. En las comunidades o naciones se plantea el problema de cmo hay que elegir el jefe y quin hay que elegir como tal. Describe distintas clases de lazos que unen la comunidad con los jefes: utilitaristas, tradicionales, legales disciplinarias, naturales (padres e hijos), hereditarios y lazos afectivos. La autoridad carismtica descrita por Sohm y Weber consiste en la fe en la persona, la confianza, el amor (ertico, no-ertico), la entrega y la fidelidad, pero tambin temor, respeto y terror que destacar Edward Shils. Asimismo, destaca cmo la autoridad carismtica tiende a surgir en perodos de cambio histrico, de revoluciones. Su definicin es la siguiente:

La autoridad ms autntica, y tambin la ms poderosa, la que interviene ms profundamente en la vida es siempre la autoridad carismtica personal, y se puede decir que tambin la autoridad carismtica profesional (por ejemplo, el sacerdocio catlico-romano) y la carismtica hereditaria, luego tradicional, la legal y la del vnculo consanguneo, en ltima instancia se remontan a esta forma suprema de autoridad. En pocas revolucionarias, en pocas de cambios en la mentalidad colectiva, la autoridad carismtica vuelve a adquirir preponderancia.18

Adems del liderazgo se preocupa por la idea de modelo cuya imagen se sigue a veces de forma inconsciente, sin saberlo la propia persona. Siempre hay un elemento en el mundo interior de las personas que predomina sobre otros, ste es el modelo a seguir. A veces, en el caso de lderes carismticos, los jefes se convierten en el modelo, en todos los dems casos no lo son. Los modelos eficaces son los que influyen en la eleccin del lder y sobre todo en las caractersticas del lder.19 Por eso el concepto de modelo es tan importante pues es el eco de los valores y preferencias; los dioses a los

que se sirve son los modelos que a su vez deciden los jefes elegidos. Nos matiza que mientras un jefe debe saber y creer que lo es, una persona puede ejercer de modelo sin saberlo. La relacin entre modelo e imitador no tiene porque ser real ni depender del espacio, tiempo, presencia real, puede ser una persona que ha vivido en cualquier poca (Csar, Scrates, Jess, Buda) o personajes creados por la literatura, en cambio, el jefe debe estar presente. Finalmente, los modelos suelen transfigurarse en los mitos y las leyendas de los pueblos. Scheler denomina jefatura al grupo reducido de personas que ejerce el dominio y subordinados al grupo grande de dominados. Los investigadores franceses e italianos, Pareto y Mosca, hablan de una circulacin de lites que constituyen la trama de la historia. El concepto de jefe que expone Scheler, a pesar que ste pueda ser de muchos tipos, demagogo, seductor, conductor..., es el siguiente:

En la medida que quiere conducir y tiene cualquier nmero de seguidores, es jefe en el sentido sociolgico... Modelo implica, en su sentido inmanente, siempre tambin un concepto de valor. Todos consideran a su modelo, en la medida en que lo tienen y lo siguen, como lo bueno, lo perfecto, lo que debe ser20.

El concepto de genio lo utiliza en el sentido de sabio. En todo modelo hay una parte emprica y una parte apriorstica, un ser y un deber ser, un elemento real y otro estimativo. Podemos decir que hay muchos tipos de modelos y estos abarcan muchos aspectos. La importancia de los modelos sobre la accin de los hombres, es muy importante; la accin de los modelos no incide sobre la voluntad sino sobre la consciencia de los valores que poseen las personas y sobre el amor y el odio de stas. De ah la importancia que Scheler otorga a la historia de las ideas en su capacidad de plasmar los ideales, las normas, los sistemas de valores y discernir entre lo que ha sido y lo que pudo haber sido.

Las posibles formas de modelo o tipos de modelo son: el santo, el genio, el conductor espiritual de la civilizacin, el artista en el arte de vivir. stos participan de la naturaleza espiritual de los seres humanos.21 El hombre ha trado por sus modelos superiores, indicados por Dios mismo, consigue superarse. Un aspecto curioso a destacar, y no por ello poco importante, es la labor del cmico. El comediante elabora modelos, categoras cmicas sobre la forma de vida que se convierten en espejo de la realidad, una forma de crtica saludable sobre la propia sociedad. Repasa los aspectos del cristianismo primitivo dejando al margen las caractersticas religiosas de las sociedades simples con la figura del hechicero o chamn, el mago y el curandero. En Occidente, en el cristianismo primitivo hay hombres de gracia. La idea de gracia y libertad despus aparecer con Lutero, Calvino y Cromwell con la Reforma. El prototipo para todos los modelos religiosos se presenta como carismtico, debido a la importancia del factor personal, siempre es la idea de Dios y su contenido igualdad con Dios, parecido con Dios; es la norma suprema por la que se rige el fundador. Todo el resto de modelos, el genio, el hroe, hasta el conductor de la vida econmica dependen directa o indirectamente de los modelos religiosos vigentes. En la comunidad religiosa, el santo a diferencia del sabio, o del genio, se apoya en una fuente de conocimiento que trasciende, la razn natural (Revelacin, gracia, iluminacin), se apoya en una comunidad de vida con un ser sagrado y absoluto. Los jefes religiosos como Confucio (maestro de salvacin) o Jesucristo apelaban a una comunicacin divina de la sustancia de Dios o del saber divino (Profetas). El Santo, originario de la religin, es siempre nico para sus creyentes. Por otra parte, los grandes genios no se excluyen unos a otros. En cambio, un santo desplaza a otro lo describe la frase: el que no est conmigo est contra mi. Se debe creer en su verdad, l es la

verdad, es el caso de Jess: Yo soy el camino, la verdad y la vida.22 l encarna la verdad, el cristianismo se fundamenta en la fe en Cristo. El genio est en sus obras, el hroe en sus acciones, el santo en la Historia Universal. El mundo griego coloca al sabio por encima del santo, Scrates es quien ms se acerca a la santidad. Un santo nos deja a el mismo pero el mismo es todo. El santo est por encima de la gloria es el que aporta la salvacin. El santo no est condicionado a su obra, l mismo es el ser, la obra y la accin. El santo fundador es el que tiene una gran influencia sobre las gentes, impregna con su ser todo ordenamiento jurdico, todos los valores espirituales abarca amigos y enemigos. Paradjicamente, el santo solo puede existir en personas reales, tiene que tener realidad histrica. El genio es el portador de valores materiales y se presenta en tres formas: el artista, el filsofo y sabio, el legislador y juez. La influencia del genio se ejerce a travs de su obra donde lo individual de su personalidad espiritual est presente y visible. Lo que quiere el genio es el amor apasionado hacia la idea. Es una influencia menor a la del santo. En la obra del genio se representa su individualidad, su genuidad u originalidad. Hay un aspecto en su obra que es fcil de identificar, y nos remite a el genio (Es aquello que nos dir que tal pintura es un Velzquez o un Goya). Su obra atestigua por si sola el autor, el origen. Para entender al genio de una poca, por ejemplo a Platn, se debe tener la comprensin de totalidad a travs de la visin de Platn. Es importante volver a estudiar histricamente los distintos modos de captar la Antigedad clsica, la filosofa y el arte griego, para purificar la mirada con que contemplamos las obras. Hay perodos de la historia que han perdido la visin, por ejemplo, en el siglo XVIII la tica de Spinoza. Kant destac que es posible conocer ms al filsofo que el mismo, lo mismo sucede en las obras de arte. La realizacin de la obra de arte a veces supera en mucho la intencin del artista. Destaca la profundidad creadora a la que llega el genio es

lo que levanta su obra de lo puramente azaroso o casual y lo transporta a lo eterno, el plano de la duracin. La palabra crear se debera aplicar solo al genio. La obra del genio se puede trasladar a mundos distintos. De hecho, la obra del genio es universal porque se centra en los aspectos bsicos de la vida, comunes en toda cultura. El genio, como ya vio Kant, es un ser que crea una obra modelo sin regla.23 Si en un elemento de fabricacin puede ser suplantada una persona por otra, ese no es el caso de las obras de los genios o los sabios. Por ejemplo, la obra de Platn no podra haberla realizado otro por l. En cambio, si los descubrimientos no los hubiera hecho uno, los podra hacer otro. La diferencia entre filosofa y ciencia. Filosofa es conocimiento absoluto. Parece pues extrao que el conocimiento sujetivo (cientfico) sea impersonal y el conocimiento de hechos puros no sea transferible. Esto se debe a que no existe una verdad absoluta, todo pueblo toda persona tiene su propia verdad. La verdad cientfica es subjetiva es subjetiva con validez universal mientras la verdad filosfica es absoluta es personal pero no es universalmente vlida slo existe para la persona y es vlida nicamente para ella. La filosofa siempre produce crecimiento porque se parte del saber reconocido y se le aaden nuevas obras consiguiendo un conocimiento ms all de lo hasta el momento escrito. Distinto es el progreso que pretende criticar o desutilizar la ciencia o la tcnica anterior. Se establecen correlaciones entre genios, es una forma de apropiarse de un conocimiento y a partir de all crear el propio pensamiento lo que supone un crecimiento infinito e intensivo de los contenidos culturales espirituales.24 El genio es para el mundo lo que el santo es para Dios amplia la concepcin del mundo. Destaca, como comentbamos en un principio, el acto de amor como vehculo creador en el santo, el amor a Dios; en el genio, el amor al mundo; el desinters

conducira al fracaso. La civilizacin moderna se apoya mucho ms en el odio al mundo que en el amor a ste. Este odio a la negacin del mundo en el pragmatismo moderno que deja al lado todos los aspectos no referidos al trabajo, el mundo fuera de ste no tiene sentido. Exista ms amor al mundo en la Edad Media que en el mundo tecnificado de los tiempos modernos. El Hroe, al igual que el genio, tiene que mostrar su excepcionalidad en alguna funcin espiritual. Es un hombre de voluntad y de poder. Debe mantener una armona entre instinto y voluntad espiritual. Al hroe el mundo le ofrece resistencia. Es un hombre de accin pero, para no obrar a ciegas, debe estar respaldado de una cultura espiritual superior.25 Es audaz, intrpido, ama la lucha, el riesgo, tiene capacidad de sufrimiento y de resistencia. Es un hombre bondadoso dispuesto al sacrificio por los amigos y por la comunidad. Es el representante del ideal heroico, no solamente es el hombre ideal para la mujer sino que l mismo como el hroe de Cervantes, crea el ideal de mujer. El estadista, el militar, el colonizador, son los principales tipos de hroes. El estadista y el militar pueden darse en una misma persona es el caso de Csar, Alejandro, Napolen. Nos encontramos frente al modelo de hroe. Los hroes no se dejan llevar por la libre voluntad responden a una disciplina. Los valores superiores no pueden ser queridos no se debe querer el reino de los cielos sino el paraso terrenal. Los cambios de modelo determinan los cambios de orientacin de la historia posible. Las ideas derivan del modelo cmo se aplican al arte, la filosofa o la

economa. Se pasa de las ideas como conceptos abstractos a estructuras eficaces entre s. En el sentido estricto slo el amor es creador.26 El fin y la razn estn por

amor espiritual, convertido en pasin. El filsofo est impulsado por el eros filosfico o el amor al conocimiento; el artista lo est por amor al conocimiento a la esencia de las cosas. Es una pasin de espritu que hace posible la objetividad supranormal de la conducta. Lo que separa al genio del hroe, en tanto poltico, estadista, general, es su realismo. El genio es uno de los tipos humanos que ms libera en su creacin su espiritualidad, sus instintos y necesidades. Distingue los genios como el sabio o el genio del corazn. Todos los tipos de genio estn fundados en la sabidura. La sabidura del filsofo se encuentra tan arraigada en el amor al mundo como el sentido del artista por la belleza del mundo. El arte no es evasin del mundo como pretendi hacer creer el romanticismo. El arte es volver un poco hacia tras para repensar mejor la realidad, hacerla ms bella.27 La cancin de amor, el canto amoroso como esperanza y alegra de unirse con la amada constituye la primera forma de la prctica del arte. El hroe sigue viviendo en sus hechos, en sus hazaas como autor de los mismos, en la imagen de la fantasa, del mito, del canto, de la poesa. El hroe solo lo es en su pueblo, entre naciones.

Hroe es el tipo ideal de la persona que carga con el valor de lo noble, el portador de la suma de todas las excelencias vitales. Pero su raz ltima es el coraje, que est referido a los hechos y que, sumergido en el vuelo de un espritu grande y activo, se llama intrepidez...El hroe vive y est en el hecho, y no como el santo, que lo es por su ser, ni como el genio, que lo es por su obra; el hroe est en sus hechos. Pero el hecho es otra cosa que la accin. En l se resume la totalidad de una vida afanosa.28

El hroe es el intrpido que tiende hacia lo desconocido, el primero en conocer, en actuar. Lo que conforma el destino trgico del hroe es caer en falta, errar. El hroe puede ser a su vez estadista o estar a las rdenes de ste. A diferencia del jefe de partido que aplica su programa el estadista debe adaptarse al da a da. El estadista est por encima de los partidos y no se deja gobernar por ninguno. El estadista debe defender

Scheler destaca la importancia de estos dolos estn presentes entre sus seguidores. Los dolos los modelos deben estar cercanos, convertirse casi en familiares, ser el modelo social a seguir. Esta observacin de Scheler goza de una gran actualidad, las actuaciones de los personajes carismticos se convierten en modlicas no slo con respecto a su profesin sino en todos los mbitos de la cotidianidad. La vida privada del poltico, en la mayora de los casos se muestra como un modelo de virtud, como un modelo ideal a seguir o admirar. Tampoco podemos olvidar que el lder carismtico aporta gloria y gozo en sus intervenciones, en su relacin con la comunidad ya sea de creyentes o de afiliados a un partido poltico, aporta comprensin y facilita el compartir las ideas. Scheler describe, al igual que Carlyle el hroe, decimonnico. Sin embargo la visin del hroe como un hombre guerrero permanece, pensemos en el actual

Presidente de EE.UU. preocupado por reforzar las estrategias armamentsticas del pas. Sin embargo, desde los aos cincuenta del s. XX con la figura de Gandhi nos encontramos con el hroe que defiende sus ideas y sus posiciones desde una postura pacifista, un hroe o herona que defienden la desaparicin de las minas antipersona de los campos africanos. El hroe o la herona actuales defienden valores de paz y de derechos humanos. No obstante, tambin existen los presidentes cercanos a los valores militares, por no mencionar aquellos que son militares, y que siguen la continuidad el

modelo del hroe decimonnico, un hombre de guerra que se enfrenta a la muerte sin temor. Por otro lado, Scheler habla de los prototipos de dolos como el hroe, el santo y el genio. Los describe, intentando afinar en su naturaleza, y establece las relaciones independientes que cada uno entabla con sus seguidores. Sin embargo, no tiene en cuenta la relacin de los lderes con sus seguidores que se produce entre los tres tipos una superposicin de las esferas. Es decir, los seguidores a veces atribuyen valores de la religin en la figura del hroe o del genio. Se puede interpretar o percibir un hroe como un salvador y el genio como un santo, y viceversa. Si bien cada personaje puede ser descrito singularmente. Su individualidad se difumina en relacin con los otros quienes perciben elementos de otras esferas en estos personajes.30

El aspecto de la singularidad como un elemento fundamental para comprender las personas humanas ha sido un aspecto abordado en la obra de Max Scheler. La singularidad debe ser descubierta a travs del amor y desarrollada a lo largo de la vida .VACEK, Edward. Personal Growth and the Ordo Amoris. En: Listening. 1986, nm. 21, pp. 197-209. Aadiremos que el conocimiento personal debe ir precedido de un tipo de amor: amor de soi, amor por uno mismo. Amor hacia las cosas, hacia el conocimiento y hacia los otros. Qui connat lordo amoris dun homme, connat cet homme (Quien conoce el ordo amoris de un hombre conoce a este hombre). SCHELER, Max. Six essais de philosophie et de religion. Friburg: Editions Universitaires Friburg Suisse, 1996.

Despus de la Primera Guerra Mundial se consolidan un grupo de psiclogos y socilogos llamados los psiclogos de las turbas los ms influyentes son Gustave Le Bon con su libro Psychologie des foules y Ortega y Gasset con La Rebelin de las masas.1 Estos psiclogos sern muy influyentes para Freud, tanto es as, que incorpora a la teora del psicoanlisis las aportaciones de Gustave Le Bon que aparecern incluidas en su libro: Psicologa de las masas y anlisis del yo. En cuanto al carisma poltico aportan una nueva dimensin, tanto en el estudio de las cualidades del lder poltico como en el tipo de relacin que se establece entre el lder y sus seguidores.

Gustave Le Bon es el primer autor que desde la psicologa social trata el problema de la relacin que se establece entre el lder y una multitud de seguidores. Su anlisis se centra en las actitudes que desarrollan las masas y como es posible clasificarlas. En el contexto socio-histrico que est escrito el libro (1895) destaca la importancia que van adquiriendo las masas, con la aplicacin de la democracia (sufragio universal, sindicatos, reivindicaciones laborales), lo que lleva al autor a afirmar que la nueva era ser la era de las masas. Esta afirmacin se hace con un tono despectivo, ms si tenemos en cuenta que considera a las masas como no hbiles para el razonamiento solamente para la accin.

Considera que el advenimiento del dominio de las masas llevar la civilizacin hacia la anarqua. Las masas solamente tienen capacidad de destruccin, quien ha creado las civilizaciones ha sido una lite. Como si de una catstrofe se tratara el advenimiento del dominio de las masas se produce porque no se ha vigilado bien, no se han controlado. Justifica el estudio de la psicologa de las masas para conocer perodos histricos que sin ella no se podran comprender Establece una diferenciacin entre masas homogneas y masas heterogneas. Las primeras que no entraremos a analizar, se dividen en sectas (unidas por creencias); castas (grupos profesionales: casta militar, casta sacerdotal) y clases (los mismos hbitos de vida y de produccin: clase burguesa, agrcola). Las segundas, las ms estudiadas, por Le Bon, estn configuradas por individuos de diferentes procedencias sociales e incluso de origen distinto, unidos por un mismo lder poltico. Distingue entre las masas annimas (multitudes) y las no annimas (jurados, asambleas deliberativas), estas ltimas se diferencian de las primeras porque actan con responsabilidad frente a la indiferencia de las anteriores. Considera que el individuo se transforma plenamente cuando est sumergido en la masa, el inconsciente es el que domina y hace que los individuos acten bajo el efecto de la hipnosis de la sugestin, estos se dejarn dirigir por el lder, casi como hipnotizados. En un estado casi hipntico la mente se deja llevar alegremente sin producirse un razonamiento crtico, en este sentido los individuos son menos inteligentes porque no pone todos sus sentidos alerta. La transformacin puede ser total, del mundo de la consciencia que rige al individuo, al mundo de lo inconsciente que rige la masa: el avaro se puede convertir en prdigo y el pacfico en violento.

El alma puede ser dotada de una alma colectiva que hace que los individuos puedan actuar de manera diferente de como lo haran como individualidades. Los individuos se asemejan por los elementos inconscientes y se diferencian por los elementos conscientes. Esta masa o turba puede ser peligrosa, pues a ella siempre van asociados elementos de violencia, adems, como hemos expuesto anteriormente, se transforma en un grupo de individuos fcilmente sugestionables y capaces de hacer todo aquello a lo que no se atreveran individualmente. As, los culpables de las revoluciones o de los crmenes revolucionarios no son en ningn caso los dirigentes polticos sino las masas por su propia naturaleza. Estas pueden sobrepasar los lmites de las acciones ordenadas por sus lderes polticos de ello se desprende que no siempre son los reyes, ni fue Robespierre el culpable del terror, pueden serlo las masas Las caractersticas que rigen las masas annimas, en lneas generales, es al actuar como colectividad, lo que hace que pierden la responsabilidad y tienen ms valenta que actuando individualmente. El contagio mental que se produce lleva incluso a sacrificar el inters individual, hay una mayor sugestibilidad de las masas a las rdenes de un lder. Esta relacin, como hemos comentado, es parecida a la del hipnotizado. Le Bon destaca el autoritarismo del lder y el servilismo de las masas. Otras caractersticas que definen a las masas es el hecho de ser impulsivas, en la masa el individuo no controla sus impulsos. Su movilidad hace que pase de un estado de crtica a un estado generoso o heroico; desaparece para un individuo en masa la nocin de imposibilidad. Los deseos deben verse cumplidos; los grados de impulsibilidad e irritabilidad varan segn la raza - Le Bon utiliza el concepto de raza para dirigirse a una cultura (latina, anglosajona). La intolerancia de las masas a aceptar el error, estas prefieren el autoritarismo al paternalismo, paradjicamente, la masa es capaz de

cometer crmenes pero tambin es capaz de mostrar una cierta moralidad, no queriendo, por ejemplo, robar a sus vctimas. Las ideas en las masas quedan almacenadas, al ser ideas-imgenes pueden desencadenarse en cualquier momento, sin tener ningn nexo comn y en consecuencia pueden cometer actos muy dispares. Los razonamientos tericos deben simplificarse para que las masas, segn la raza, los entiendan ms o menos. Des del punto de vista de las ideas, las masas llevan unas cuantas generaciones de retraso. Los discursos muy simples son precisamente los que son seguidos por las masas. Las opiniones se generalizan por la dificultad de las masas para razonar. Al no reflexionar no son capaces de discernir lo inverosmil y son fcilmente impresionadas y arrastradas por imgenes. Los aspectos maravillosos y legendarios son los que ms atraen a las masas. Igualmente, las grandes catstrofes, sobre todo, la forma en que estas se han producido, es lo que ms impresiona. Tambin, las masas se ven afectadas por el teatro que sugestiona su imaginacin, a la masa le ser difcil discernir entre lo real y lo imaginario. As, conocer el arte de impresionar la imaginacin de las masas equivale a conocer el arte de gobernarlas.2 Las masas actan movidas por una religin o expresiones comparables a las religiones. Claramente, ello se observa al adorar a los hroes que los convierten en mitos, en dioses. En la poca romana se construan templos en honor de Cesar o, posteriormente, se han construido monumentos para ensalzar a los hroes, aunque no quisiesen or hablar de religiones. Para poder comprender los acontecimientos histricos que tienen como protagonistas las masas, hay que tener en cuenta la actitud religiosa de las mismas.

Pero el aspecto ms importante para nuestro anlisis es la descripcin de Le Bon de las caractersticas que se establece entre el lder y las masas. Las masas se caracterizan por un simplismo que hace que el orador se deba dirigir a ellas sin ningn tipo de razonamiento, limitndose a exagerar, afirmar y repetir. Recomienda al lder poltico, para poder controlar y dirigir las masas, evitar cualquier tipo de razonamiento y utilizar las afirmaciones simples y reiterativas. Las masas no son guiadas por la razn sino por los sentimientos por tanto para controlarlas hay que tener presente los sentimientos que las animan y despus intentar substituirlos por asociaciones simples e imgenes sugestivas. Pueden someterse dcilmente a la autoridad de un tirano, pues prefieren obedecer. El lder, tambin, padece un proceso de hipnosis. El lder es hipnotizado por cuya idea va a convertirse en apstol. Si en una masa desaparece el lder esta tiende a desaparecer, pierde su cohesin. Distingue dos categoras de lderes :

han estado al frente de los acontecimientos ms importantes. (Mahoma, Cristbal Coln) Otra caracterstica relacionada con el liderato es el prestigio. El prestigio es una fascinacin que una persona, obra o doctrina ejercen sobre nosotros invalidndonos el espritu crtico y colmndonos de asombro. Distingue dos tipos de prestigio: el prestigio adquirido y el prestigio personal.

aspectos materiales. Es una atraccin o magnetismo, una fascinacin que ejerce el individuo sobre sus iguales los cuales le obedecen dcilmente. Nos cita el ejemplo de Napolen que a pesar de la mala predisposicin en sus acciones cuando se le conoca se quedaba fascinado uno al instante por su autoridad. Sin este prestigio es incomprensible la gnesis de las grandes religiones, las grandes doctrinas e imperios. El prestigio puede crecer y desaparecer, de una forma ms lenta, ante un fracaso y tambin ante la discusin del mismo. Hay que tener en cuenta que si se discute respecto al prestigio ste ya no existe. Esta es la definicin que da Le Bon del prestigio personal :

De ndole muy diferente al prestigio artificial o adquirido, constituye una facultad independiente de todo ttulo, de toda autoridad. El reducido nmero de personas que lo poseen ejercen fascinacin autnticamente magntica sobre los que lo rodean, incluidos sus iguales, y se les obedece como la bestia feroz se somete al domador, al cual podra tan fcilmente devorar.3

Por lo que se refiere a las creencias las clasifica en dos tipos las permanentes que duran siglos y las momentneas. Las primeras son estructurales y perduran largo tiempo, son pocas y adems se imponen con dificultad, no pueden ser cambiadas sino es con revoluciones. La imposicin de una creencia comporta dificultades pero una vez se ha establecido dura durante siglos. Destaca que la mayor tirana es la que se ejerce sobre las almas de forma inconsciente, los tiranos ms difciles de combatir son los que establecen influencia en las ideas, incluso despus de su muerte (Mahoma o Jess) Observa como durante el s. XIX las opiniones eran dirigidas y difundidas a travs de un par de peridicos, pero a finales de siglo estos, al igual que los estadistas, seguan las opiniones de las masas, cada vez ms escpticas. En la poca en que fue escrito el libro (1895) ya se producan corrientes de opinin que se difundan por

contagio formndose una masa no necesariamente en el mismo lugar sino por coincidencias de ideas. Por ltimo nos habla del fin de cualquier civilizacin y de cualquier liderato, esta senectud viene marcada por la prdida del ideal con cuyo desvanecimiento la raza va perdiendo su cohesin y su fuerza.

En primer lugar, hay que destacar los avances en el anlisis del liderazgo y del carisma poltico que suponen las ideas de Le Bon que hemos comentado. Freud recoge sus ideas y las incorpora a sus teoras. Le Bon describe la relacin de dominacin que se produce entre el lder o conductor poltico y la masa; no se produce un reconocimiento del lder por parte de la masa sino una actitud de total abnegacin y servilismo. El inconsciente es el que rige las actuaciones de las masas movidas por un alma colectiva que iguala al intelectual y al carpintero en sus actuaciones y deseos. Esta caracterstica de la hipnosis de las masas frente al lder y el avance en el conocimiento de las leyes que rigen la multitud permite ampliar el concepto de dominacin de Weber, dndole una nueva dimensin, la incorporacin de las actitudes inconscientes e irracionales. Hay que destacar la nocin de prestigio. Es interesante el trmino en dos aspectos. Por un lado, es prcticamente sinnimo del carisma, en algn aspecto, pues nos remite a que el lder posee cualidades extraordinarias. Por otro lado, su doble significado, los atributos derivados del cargo y el prestigio como no accesible a todos

los individuos, nos remite a Weber y nos permite una doble interpretacin de un carisma institucional u oficial y un carisma innato. La utilizacin del trmino, magnetismo, es confuso porque este magnetismo puede referirse a un tipo de sentimiento parecido a la atraccin amorosa. Sin duda, el sujeto puede intentar ejercitar formas de atraccin hacia su persona, como pueden ser el dilogo, formas ms o menos autoritarias o ms o menos convincentes; acompaarse de una gesticulacin armnica, pero en ningn caso simplemente con la presencia se puede ejercer un prestigio personal en el sentido que apunt Le Bon. S, en cambio, una atraccin o fascinacin, pero en ese caso no estamos hablando de carisma sino de belleza, de sensualidad. Por otro lado, hay varios aspectos para reflexionar en el pensamiento conservador de Le Bon. En primer lugar, su determinismo respecto a las actitudes violentas en que desencadenan las masas. Entendemos que el anonimato de las masas les facilita el poder actuar libremente y cometer crmenes de los que sin un apoyo colectivo, seguramente, no se realizaran. Ahora bien, las actitudes violentas de las masas se corresponden al contexto histrico socio-cultural, o en ltima instancia al lder que las dirige. En otras palabras, en una sociedad o colectivo que defienda valores pacifistas, difcilmente actuar de forma violenta, se resistir a la utilizacin de cualquier tipo de violencia. Por el hecho que se produzca un movimiento en masa no podemos establecer la relacin directa que ste vaya a ser violento. Los movimientos violentos estn ms condicionados por problemas estructurales de pobreza, que conllevan sublevaciones violentas, que por la propia naturaleza de las masas. Le Bon utiliza el trmino raza para referirse a una cultura. Trmino que en la actualidad rechazan las ciencias sociales, no solamente por sus connotaciones, sino tambin porque no podemos hablar genticamente de la existencia de razas sino de caractersticas fenotpicas. Le Bon pretende diferenciar de raz, y de una forma

determinante, las diferencias culturales entre la Europa industrial y moderna del Norte y el Sur predominantemente agrcola y pre-industrial. No profundiza en conceptos como el de identidad. No nos muestra la identificacin que se produce entre lder y seguidores. Estos deben reconocer en el lder elementos propios, caractersticas culturales, sociales prximas a ellos para que se pueda producir una cohesin entorno a la figura del lder. A la vez que se establece una relacin, un feed-back, con la incorporacin de los objetos personales que utiliza el lder, los rituales, a la propia cultura. Por otro lado, el autor demuestra un posicionamiento claramente evolucionista y etnocntrico al referirse a los primitivos. Estos se reafirman se refugian en las tradiciones pues es su cultura, su forma de encontrar y construir la identidad. La idea de entender que las masas no aceptan paternalismos y se inclinan hacia una autoridad fuerte puede ser fruto del contexto histrico. La imagen de los lderes decimonnicos est mucho ms prxima a la autoridad militar y todo lo que de rgida, autoritaria e inflexible conllevaba, esta influencia continuar hasta los fascismos surgidos en la Segunda Guerra mundial, algunos de ellos, como en el caso de Espaa y Portugal, se prolongan hasta los aos setenta. Pero a pesar de ello, creemos que podemos diferenciar un cambio en las caractersticas de los lderes polticos en Occidente a partir de la Segunda Guerra Mundial ya que el talante autoritario empieza a disminuir para surgir una imagen ms eficaz, astuta y negociadora como lderes democrticos garantes de la paz como John Fitzgerald Kennedy. La docilidad que describe como caracterstica de las masas respecto al lder no responde a una actitud autoritaria sino al carisma descrito por Weber, la entrega sin condiciones.

El inters de la obra de Freud en este estudio se centra en su anlisis de la relacin entre el individuo y la masa. Freud en su obra expone los razonamientos de Le Bon que ya hemos expuesto en el apartado 5.1. Critica de Le Bon dos aspectos: por una parte, dos de las caractersticas que atribuye a la masa, la sugestibilidad y el contagio, ya que no efecta una diferenciacin suficientemente clara entre ambas. Estas dos caractersticas -a las que Freud menciona como causas de la transformacin del individuo en masa- son especificadas por Freud. Describe su significado al exponer en que consiste el contagio. ste se basa en la accin recproca entre los miembros de una multitud; la sugestin, en cambio, es la identificacin con la influencia hipntica. Tambin, critica a Le Bon que no mencione o hable abiertamente de la persona que debe sustituir al hipnotizador. Freud aade al concepto del alma primitiva, descrita por Le Bon, su capacidad de actuar segn instintos inconscientes; la capacidad del individuo de deprimirse en la masa. Otro aspecto que tambin rectifica es la necesidad de establecer una distincin sobre el tipo de masa; tanto Le Bon como Sighele se refieren a masas de existencia pasajera, mientras que hay acontecimientos como la Revolucin Francesa de gran trascendencia y que influirn enormemente en el futuro. Destaca algunos fenmenos fundamentales de la psicologa colectiva que encontramos tambin en Le Bon aunque Freud los detalla de la siguiente manera :

comn, que un mismo inters los una a un objeto, experimentar los mismos sentimientos en una situacin determinada que de alguna manera les permita influir los unos sobre los otros.

observador los mismos sentimientos, la misma afeccin emocional que el individuo o individuos que est observando, el individuo imita a los dems. Entonces, el individuo deja de mantener una actitud crtica y se deja invadir por la misma emocin. Cuanto ms simples y burdas son las emociones ms fcilmente se propagan. La intensidad afectiva de la masa da la sensacin que el individuo tiene un poder ilimitado y que no hay un peligro invencible, la masa sustituye por un momento la autoridad, encarna la sociedad. En conclusin, el individuo inmerso en una multitud experimenta un aumento de su afectividad y una limitacin de su actividad intelectual. Pero su siguiente preocupacin ser dar con los motivos de esta modificacin psquica del individuo en la masa. El lder de Freud es, bsicamente, un hipnotizador una persona capaz de generar sugestin. El prestigio personal del que habla Le Bon, Freud considera que no se exterioriza, sino es con la capacidad de provocar sugestin. Al igual que Bernheim, considera que la sugestin es un hecho primario de la vida anmica humana. Un nuevo concepto que incluye Freud dentro de la psicologa de las masas es el concepto de libido. Se trata de la energa de los instintos relacionados con todo aquello susceptible de ser considerado bajo el concepto de amor. Distingue dos acepciones en el concepto de amor la de amor sexual y la del amor sin esta finalidad (amor paterno y filial, amistad, amor a la humanidad), aunque en la teora del psicoanlisis todos los

tipos de amor tienen la tendencia a constituir una unin sexual. Por lo tanto parte de la hiptesis que en la esencia del alma colectiva existen relaciones amorosas. As, la unin de la masa derivara del eros que mantiene la cohesin, al igual que lo confirma el hecho de que se produzca la prdida del beneficio individual, en favor de la colectividad (amor a los dems). El observar que en la creacin de una masa heterognea, las personas no presentan aversiones y limitan su egosmo demuestra que las relaciones que se producen en las masas se establecen lazos libidinosos que hacen superar el narcisismo y egosmo por el amor a los dems. La existencia de estos lazos afectivos revela un nuevo proceso psicolgico: las identificaciones. Esta consiste en el enlace afectivo a otra persona. La identificacin ms primitiva, en el sentido de primera, es la que influye en el complejo de Edipo. Primero se produce una identificacin con el padre y luego cuando se quiere el objeto, la madre, hay un rechazo al padre porque es la figura que no le permite llegar sexualmente a la madre. Por lo que se refiere a la identificacin en los procesos colectivos, se produce un enlace recproco entre los individuos. Se crea una amplia comunidad afectiva que es enlazada con el caudillo o lder que la dirige. Distingue en el Yo una instancia crtica que se encierra en l a la que llama ideal del Yo y en la que se inscribe la conciencia moral, la auto-evaluacin, la censura onrica y es, a la vez, la principal influencia en la represin. En las masas pasajeras, que especifica Freud, en estas multitudes se observa la renuncia del individuo al ideal del Yo para pasar a adoptar el ideal de la masa encarnado por el caudillo o lder. Se detiene en el anlisis de la hipnosis cuyas caractersticas escapan de la comprensin racional. Tiene un carcter mstico, se produce un enamoramiento sin

tendencias sexuales. Es la influencia de una persona omnipotente frente a otra de indefensa. Para Freud el hombre en la masa es un animal de horda, todos los individuos quieren ser iguales identificndose entre si, mientras existe uno de distinto, de superior que se convierte en el jefe. Corresponde a la misma representacin que la horda primitiva. Por ltimo, quiero destacar el inters demostrado por el concepto y origen del tab. ste tiene una doble significacin, la de prohibicin y la de sagrado. En el idioma original, en polinesio, el trmino se opone al concepto de noa que significa lo ordinario, lo accesible a todo el mundo. Se encuentran entre los reyes y los ms importantes hacen referencia al movimiento y a la alimentacin.

Freud da un paso ms en la investigacin que Le Bon, al incorporar la relacin individuo-masa a la teora psicoanaltica. Incluye la dimensin afectiva y de identificacin en la relacin de la masa y el lder. Adems, concibe siempre la multitud de individuos en relacin con un lder o un gua. Entiende la actitud de las masas en funcin de las relaciones que se establecen entre el individuo, el colectivo y el lder, no como entes separados, sino interelacionados. Freud se centra en la relacin lder-masa y no nos describe como debe ser el lder, que actitudes debe fomentar, si es igual o no en todos los contextos. Nos describe los procesos de identificacin y sustitucin pero no nos describe como es este lder si vara en funcin del tipo de colectivo, o si por el contrario, sus caractersticas consisten en estereotipos de la sociedad.

Las teoras de Freud son ilustrativas del proceso emocional que se produce cuando entran en relacin el lder y la masa. ste puede ser vivido con ms o menos intensidad, con ms o menos represin. Sin embargo, no describe el lder de forma detallada, ni nos da luz respecto a si pueden haber fuertes resistencias a querer integrarse en un alma colectiva. En que casos esto se produce, o como esta integracin vara segn las caractersticas socio-econmicas y culturales de los adeptos. En cuanto a la relacin lder-masa creemos que est demasiado determinada por el eros. ste no tiene porque ser el nico factor determinante, se produce sin duda una identificacin con el ideal del yo, sin embargo puede haber otros factores que configuren esta relacin, las ansias o deseos de poder y de control de la vida pblica, el inters puramente material. La relacin descrita por Freud est plenamente basada en motivaciones ideales, altruistas y no tienen porque ser exclusivas. Pueden intervenir una compleja trama de factores que hagan intervenir motivaciones de cariz materialistas. El concepto de tab est en cierta medida relacionado con el del carisma, pues el tab como prohibicin es una caracterstica tambin asociada a Emperadores, reyes y jefes.4 Tocar o utilizar objetos de la propiedad de reyes o jefes puede ser un tab y comportar enfermedades. Es el caso de Fidji o de Tonga descritos por Frazer; o incluso puede existir la creencia de que produce la muerte como entre los maors. As, por una parte, esta prctica es una forma de distanciar y proteger a los soberanos y mximos dirigentes del contacto con la multitud y, por otro lado, acerca la figura del lder poltico al mundo de lo sagrado y lo divino. El contacto con el monarca o el lder, simplemente, el hecho de tocarle una extremidad, puede incluso comportar efectos curativos. El tab asociado al mundo de los gobernantes les confiere esa aura de divinidad,

El anlisis desde una perspectiva comparada de las teoras de Weber y Freud responde, en primer lugar, a la existencia de estudios en esta direccin. En segundo lugar, la perspectiva social de Weber y la psicolgica de Freud se complementan y nos permiten entender ms holsticamente el fenmeno carismtico. Creemos, adems, que ambos autores configuran las bases tericas para poder desarrollar un acercamiento al objeto de estudio en condiciones de modernidad avanzada. Segn Donald McIntosh5 para Weber el carisma es ms una experiencia que transmite una extraa e irresistible fuerza que una cualidad. Desde una perspectiva psicoanaltica el carisma significa una extraa fuerza que exterioriza el inconsciente que se transforma en consciente como fuerza externa. En cada etapa de desarrollo de la evolucin de la religin en Weber (preanimismo, magia, religin y profeta) le corresponde una fase en la teora psicoanaltica, concretamente, de maduracin de la psique (En el Preanimismo el consciente y el inconsciente no se distinguen separadamente; la magia est en un estado preedipal). En el tratamiento de la legitimidad como deber indica que se est tratando con aspectos y funciones del superego. La deidad es una imagen del padre que ha sido idealizada, interiorizada, representada y finalmente desplazada fuera (superego). Pero no solamente la deidad

FRAZER, J.G. La rama dorada. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1998 , pp. 244-247. McINTOSH, Donald. Weber and Freud: On the Nature and Sources of Authority. En: American Sociological Review. Octubre-1970, vol. 35, nm. 5, pp. 901-911

puede ser investida con carisma. Cualquier figura que se parezca o pueda ser asociada con la representacin del padre puede ser revestida del aura del poder carismtico. As, la autoridad tradicional del monarca puede comportar no solo el carisma de la persona sino el carisma del Dios de la religin oficial. La autoridad proftica es vista por Weber como revolucionaria. Destruye las formas institucionales existentes y mueve la sociedad hacia nuevos caminos y nuevas direcciones. Si en el caso de la autoridad tradicional implicaba un divorcio entre el ego y el superego, al reprimirse importantes elementos del superego. Psicolgicamente, el factor decisivo de la religin proftica es que reintegra estos elementos separados. Segn Freud es una reconciliacin con el padre. El superego se vuelve menos duro los sentimientos de culpabilidad disminuyen y pueden transformarse en conscientes, estos forman parte del proceso de salvacin. Est liberacin de las fuerzas del inconsciente es lo que explica el enorme dinamismo del carisma proftico. Tanto el poder beneficioso de Gandhi, como el malfico de Hitler nacen del mismo proceso, solamente es el contenido el que difiere. Para los seguidores el lder toma la forma del hermano mayor, el sustituto del padre, es el objeto de identificacin del superego, y un hermano es el igual con el que el ego se identifica. Weber pone el nfasis en la dificultad de mantener con la rutinizacin la fe carismtica en su forma inicial. Psicolgicamente es tambin muy difcil el pasar de un grupo revolucionario a un grupo responsable. As muchas veces el lder carismtico deja la tarea para un sucesor. McIntosh critica las afirmaciones de varios autores acerca de que Weber en su anlisis no distingue suficientemente entre la autoridad personal y la institucional. El autor nos destaca la dicotoma en Weber entre carisma y razn, es la distincin tradicional entre fe y razn, y la diferenciacin entre burocracia y carisma proftico. Es un trabajo sobre la distincin tradicional entre fe y razn. La

institucionalizacin del carisma puede adoptar multitud de formas, pero en la sociedad occidental es caracterstica la autoridad burocrtica moderna. La identificacin con las instituciones puede ser tanto paterna (corporaciones de negocios, armas) como materna (Iglesias, Universidades, hospitales). Sin embargo, podemos decir que si una institucin a menudo tiene una identificacin materna, el liderazgo de la institucin tiene una identificacin paterna. De hecho una institucin puede ofrecer una amplia gama de identificaciones desarrolladas en una familia. Desde una perspectiva de la teora freudiana, la razn de las intensas emociones de lealtad y rebelin que las instituciones pueden evocar hay que encontrarla en su identificacin con las relaciones familiares. El siglo XX ha mostrado que la modernizacin econmica y poltica se ha producido a expensas de la legitimacin i las instituciones religiosas. Pero si el estado moderno est legitimado por el carisma secular, la oposicin weberiana entre carisma y razn tiende a desaparecer. Este carisma secular puede aplicarse tambin a las empresas que han avanzado hacia formas racionales de organizacin. Freud define los grupos sociales en funcin de dos tipos de identificacin: la identificacin con ego, entre los miembros, y con el superego con el lder (o con una institucin personificada). Paul Shapiro6 destaca que Weber sugiere que el carisma es un excedente de energa social. En la modernidad actuara como un excedente de energa de la modernidad. Esta idea de Weber es paralela a la idea de Freud del deseo como energa. Shapiro destaca los desplazamientos de energa que movilizan las acciones del grupo hacia mecanismos de carisma y de fraternizacin. A diferencia de la razn que acta en

La interpretacin psicolgica del carisma es sin duda una ampliacin y complemento para llegar a una mayor comprensin del fenmeno carismtico, pero no podemos reducir la simple interpretacin del carisma a un excedente de energa social, pues no nos permite comprender la totalidad de los mecanismos y los aspectos que convierten a un individuo en un lder carismtico. Otro elemento a destacar en la obra de McIntosh y Shapiro es que parten del carisma solamente como un elemento atemporal y no lo condicionan al proceso histrico. No relaboran el anlisis de Weber y Freud situando el carisma en la modernidad avanzada. Por ejemplo, no tienen en cuenta ideas de autores como Gabriel Tarde7 para quien los medios de comunicacin de masas -los peridicos, en su pocahaban ocasionado que una poblacin dispersa; Un pblico que compartiese ideas, sentimientos, valores sin entrar en contacto fsico. Crea en la persuasin que ejercitaba la prensa diaria sobre los lectores. Se haba terminado con la era de las muchedumbres y se estaba entrando en la era de las multitudes dispersas y mentalmente unidas cuyo nombre que otorgaba era pblicos. Los pblicos eran de tamao ilimitado. Otro aspecto omitido es como puede afectar a una mayor aparicin del carisma la prdida de lazos comunales y cmo se produce su mayor difusin en respuesta a la sociedad-masa. Por ltimo, consideramos que el paso del carisma puro a la rutinizacin del carisma tanto por Weber como por los autores posteriores mencionados es analizado

como dos fases claramente diferenciadas sin establecer un claro nexo entre ellas. En el proceso de rutinizacin del carisma perduran residuos y elementos del carisma genuino, no podemos olvidar que se trata de la misma persona.

En primer lugar, Ortega y Gasset define la creacin del hombre-masa. Un tipo de hombre hecho deprisa que tiene presente slo algunas abstracciones. Un hombre vaco de historia y de intimidad, sin profundidad, sin reflexin ni fondo, carente de yo. Su ignorancia de la sabidura histrica hace que surja como un hombre simple y primitivo que acta sin tener en cuenta la experiencia histrica. Por otra parte, es un hombre que slo ansa poseer las cosas, no tiene proyectos y eso hace que a pesar de sus posibilidades no construye nada. Un hombre que es igual de un extremo al otro de Europa. Sin embargo, el hombre-masa es vanidoso, se cree perfecto y con derecho a la vulgaridad. Cree estar en posesin de la verdad, por lo tanto no se deja dirigir por una lite especializada. Este hombre se siente satisfecho con cualquier cosa, no tiene inquietudes ni se exige. Ortega diferencia entre el hombre-masa y lo que llama minora selecta que correspondera a las persones con inquietudes y exigentes consigo mismas. Esta ausencia de normas, creer tener derechos y no obligaciones, as como, el olvido de la experiencia histrica lleva al regreso de la barbarie. Ortega plantea que no reservar ciertas cuestiones delicadas a las habilidades y dotes de una minora, por ejemplo, las funciones de gobierno como podra ser el liderazgo, es un error, pues puede empobrecer la actuacin social. Asimismo, habla de los demagogos quienes se caracterizan por su irresponsabilidad frente a las ideas que

manejan. stos entienden la manera de solucionar los problemas por medio de la revolucin. Ortega es totalmente crtico con la ruptura histrica, se muestra en contra de romper la continuidad con el pasado. El ser humano aprende de sus propios errores y eso le permite no volverlos a cometer. La actitud de las masas es ir en contra de la civilizacin que las mantiene. El autor alerta del peligro de la manipulacin de los colectivos por los demagogos y tambin de los peligros que comporta una sociedad con superabundancia. Para una clase social como la burguesa, donde no hay una obligacin personal acerca de las tareas que se deben realizar, se crea la figura del seorito satisfecho quien no contempla el esfuerzo y la superacin. Este tipo de hombre vive en la abundancia, no escucha la voz de la sabidura, se encuentra autocomplacido y seguro pues no es consciente de sus limitaciones, encuentra la vida fcil y tiene la sensacin de triunfo y dominio. El seorito satisfecho ignora las dificultades para conseguir el bienestar, cree tener derecho de hacer lo que le apetezca en cualquier lugar y sin pensar en las consecuencias. No es consciente del sentido del deber o de la obligacin, del propio destino.

Weber se centr en describir los mecanismos en que se produca la emergencia del liderazgo carismtico y su posterior rutinizacin y, a veces, su coexistencia con la autoridad tradicional y burocrtica. El propsito de Shils es concebir el carisma en una perspectiva ms global. En primer lugar, intentar examinar los mecanismos del fenmeno carismtico en una sociedad secularizada. Su inters se centra, no solo en averiguar las condiciones en que las cualidades carismticas se concentran en los individuos, sino las condiciones en que se hallan focos ms dispersos de carisma en instituciones, estrados y en los roles personales. Shils constata que Weber no solo us el trmino para hablar de manifestaciones divinas. El us el trmino para referirse a individualidades extraordinarias (poderosas, expresivas, fluidas, profundas, enrgicas) que no necesariamente crean estar bajo la influencia de la gracia divina. Weber usaba el trmino para referirse a polticos, artistas, cientficos, soldados que no tienen ninguna relacin con lo divino. Tambin, usaba el trmino en un sentido psicolgico para referirse a una constelacin de cualidades personales. Estas cualidades extraordinarias de Weber, Shils las emplazar como cualidades de profesiones centrales en la sociedad, por desempear una labor vital en sta y por la intensidad de las mismas. La centralidad junto a la intensidad las convertirn en caractersticas extraordinarias. En esta tendencia, que observa Shils de las sociedades a elaborar centros, lo carismtico o lo sagrado se sitan en este ncleo social.

La centralidad est constituida por su poder formativo en iniciar, crear, gobernar, transformar, mantener o destruir lo que es vital en la vida del hombre. Este poder central es el que rige la sociedad (ley de leyes). Todas las caractersticas se

transmiten a lo terrenal a travs de personas carismticas. Estas personas muestran sabidura (artistas, cientficos) y a travs de prcticas artsticas, de disciplina cientfica o de sensibilidad son capaces de conectar con lo divino. Es decir, lo central para la existencia de los humanos. Este elemento central de Shils corresponde al atributo de lo serio en Durkheim. As, lo central es lo carismtico, lo que tiene la capacidad de ordenar la sociedad desde el ncleo a lo ms perifrico. Se atribuye el calificativo de carismtico a lo que, o a quien, detenta el poder en la sociedad y como tal es tratado con deferencia. Para Shils el carisma est ntimamente relacionado con la ordenacin de la sociedad:

La disposicin para atribuir carisma est ntimamente relacionada con la necesidad de orden. La atribucin de cualidades carismticas sucede en la presencia de creacin de orden, revelacin de orden, en el descubrimiento del orden como poder; es una respuesta a un gran poder ordenador. La eficacia o el xito de un ejercicio de poder a gran escala, en una escala macro-social, evoca a una actitud legitimadora. Cada actitud legitimadora. Cada legitimacin de poder efectivo a gran escala contiene un elemento carismtico.1

El generador o autor de orden hace crecer la sensibilidad carismtica. Los hombres necesitan un orden en que poder localizarse, un orden que de coherencia, continuidad y justicia. La mayora de la gente siente la necesidad de situarse ellos mismos dentro de una estructura ms profunda y amplia de las cosas (nacimiento, muerte, matrimonio). Es en el contexto de estos rdenes que la vida del individuo en sociedad se hace comprensible.

The disposition to attribute charisma is intimately related to the need for order. The attribution of charismatic qualities occurs in the presence of order-creating, order-disclosing, order-discovering power as such; it is a response to a great ordering power. The effectiveness or successful exercise of power on large scale, on a macro-social scale, evokes a legitimating attitude. Every legitimation of effective large1

acompaada de un atributo de sacralidad a los poderes trascendentes, o terrenales, que gobiernan las vidas de las gentes. Estos atributos en contacto con las personas se convierten en los objetos de atribucin de carisma. Esta sacralidad se muestra en, por ejemplo, la deferencia respeto a las ms altas autoridades, o en el ritual que rodea lo oficial, en el temor del lugar donde se sienta el gobernante. La atribucin de carisma a aquellos que ejercen el poder y a sus objetos. La caracterstica de atribuir carisma forma parte de la constitucin neuronal del ser humano, la motivacin, la intensidad, dependen tambin de aspectos culturales. El origen del trmino carisma deriva de la referencia de II Corintios donde se describe las formas como aparecen los dones de la gracia divina. Shils critica de Weber que tiene la tendencia de ver el carisma en su forma ms intensa y no contempla la posibilidad de su existencia en una forma ms dispersa y atenuada, a la vez que en su anlisis segrega, asla, el objeto al cual se le atribuye el carisma. Shils considera que el carisma se manifiesta intensamente en cualidades, palabras y acciones individuales, pero tambin aparece en su forma residual en distintos grados de intensidad en instituciones, categoras o estrados de la sociedad. Shils establece categoras de profesiones que van de lo ms central de la sociedad a lo ms perifrico. Reyes, presidentes, primeros ministros, gobernadores, la corte suprema y los principios constitucionales formaran parte del centro de la sociedad junto con los valores de la justicia referentes a los principios constitucionales, cientficos, fsicos nucleares, profesores universitarios. Todos ellos son los que reciben una mayor deferencia. En segundo lugar, pero todava con un alto estatus estaran los abogados y directores de grandes compaas. Algunas de estas actividades tienen un fuerte poder coercitivo y afectan a multitud de personas, otras, por el contrario, como

profesores o cientficos tienen una actividad central pero no ejercen ni un poder coercitivo ni un poder sobre muchas personas. Conectados con el orden central carismtico encontramos, artistas, legisladores de principios legales, como los derechos humanos, que se dedican a relacionar el orden racional con el orden carismtico. Ya en un trmino ms difuso, nos encontramos profesiones que tienen un cierto contacto con las instituciones y el sistema de valores y un atenuado papel en la creacin de orden de las cosas como son: maestros, trabajadores sociales, trabajadores manuales. Por ltimo, estaran las ocupaciones de obreros o trabajadores no

cualificados que desarrollan sin duda labores indispensables pero que no forman parte de los rdenes creadores de carisma. La dispersin del carisma no puede ir tan lejos hasta engendrar una sociedad totalmente igualitaria. La autoridad es crucial para la creacin y el mantenimiento del orden. Hay una tendencia a un reconocimiento consensual del carisma en aquellos que estn en posesin de la ms alta autoridad. Si la autoridad es visible esta se legitima a si sola. La consecuencia de la distancia del centro carismtico es un sentimiento de inferioridad y por tanto se suele negar la distribucin o el orden carismtico donde ellos estn tan mal situados. Hay una capacidad, un impulso carismtico en cada persona pero ste se puede ver mitigado. Una forma de dispersin del carisma ha sido el crecimiento del estado-nacin cuyo seno engloba una autoridad central y visible. En esta dispersin del carisma hacia la periferia la sociedad se mueve hacia una sociedad civil. Una amplia dispersin del carisma es una condicin indispensable para la civilizacin. La civilizacin implica no solamente atribuir carisma a la masa, a la poblacin, sino, tambin, que la lite distribuya cierto carisma para el resto de la sociedad. La distribucin del carisma en central o disperso depende de las sociedades.

carisma es atribuido a personalidades con una fuerza de liderazgo o por un estado interior ejemplar que es expresado en un comportamiento de serenidad. Distingue tres tipos de carisma, los dos primeros forman un fenmeno comn, son el carisma del pueblo y el carisma de la ms alta autoridad y, el tercero, es el carisma institucional. El primero se referira a la legitimidad otorgada por el pueblo en la relacin carismtica y el segundo al carisma que desprende la propia autoridad. Por lo que se refiere al carisma institucional, no es un carisma que se desprenda de la creatividad individual sino de los mandatos que el poseedor de un cargo ha efectuado como miembro de una institucin. Weber niega la posibilidad que el carisma pueda ser un elemento integral en el proceso de secularizacin institucional y subraya que lo trascendente ocupa un dominio ms reducido en la modernidad como resultado del proceso de racionalizacin y burocratizacin. Shils, en cambio, cree que en todas las sociedades existe una identidad fundamental y uno de los elementos de esta identidad es la presencia del elemento carismtico a travs del cual se produce una identificacin del grupo. La necesidad de orden y la fascinacin por el desorden persisten y la propensin carismtica es una funcin de la necesidad de orden. Las ms altas autoridades de la sociedad, presidentes, reyes, primeros ministros, gobernadores, jueces son los gobernantes del ms completo orden existente en la tierra. El gran poder terrenal tiene mltiples afinidades con los poderes relacionados con el orden trascendente. Aquellos que creen en un orden divino trascendente tambin creen que los poderes terrenales tienen que tener alguna relacin con el poder celestial. Los gobernantes necesariamente estn relacionados con el orden esencial de las cosas. La persona que se puede calificar de carismtica es un creador de un nuevo orden, a la vez, que rompe con el antiguo orden. Este nuevo orden busca generar algo nuevo inspirado en los poderes

trascendentes. Las caractersticas de aquellos que son carismticos sern la inteligencia, la sensibilidad moral y tener inclinaciones metafsicas. Si la centralidad y lo sagrado estn estrechamente unidos podemos decir que el carisma de una institucin o de un cuerpo corporativo no depende en su fundacin por una persona carismtica. Los cuerpos corporativos seculares, econmicos,

gubernamentales, militares, y polticos tienen cualidades carismticas simplemente por la virtud del tremendo poder concentrado en ellos. El orden social no solamente tiene que dar la impresin de ser coherente y continuo, tiene tambin que aparecer integrado con una moral trascendente. Hay otras conexiones con lo carismtico adems del poder, por ejemplo los cientficos, los mdicos, el herosmo fsico. Los poseedores de este carisma no tienen que estar necesariamente en armona con las lites de las esferas, donde estn otras actividades conectadotas de orden. Sin embargo, diferentes sectores de la lite tienden a estar en consenso y soportarse mutuamente. Las diferencias en su relacin con lo csmico y el orden social, sus diferencias de intensidad en relacin con ello producen un cierto grado de disensin, de desacuerdo. Esta disensin, o desacuerdo dentro de la lite (intra-lite) se expande a otros sectores de la sociedad y encuentra acogida entre los estrados y grupos ya poco dispuestos a reconocer las demandas de los poderosos. A pesar de la disensin, el centro de la sociedad se impone por si solo y abundan las muestras de este reconocimiento. El reconocimiento toma forma en un espontneo respeto a las leyes. Se confirma la superioridad del centro del cual el orden es sostenido y controlado y representa un consentimiento de la desigual forma en que estn repartidas las recompensas y las facilidades. Las consecuencias son que en las sociedades modernas, ms que en las antiguas, estn enredadas en una tensin perpetua de competicin de conceptos acerca el ltimo

locus/lugar del carisma. La lite terrestre est bajo presin por el carisma del orden trascendente y por el carisma encarnado en la poblacin. La lite no puede evitar el carisma por su posicin central pero tampoco puede evitar la presin y las crticas de los otros portadores de cualidades carismticas. Otras propiedades que aparecen relevantes son la riqueza, la ocupacin, el mando, la prohibicin y control de los recursos, el nivel de vida, la educacin, la parentela con personas que poseen estas caractersticas, el poder de proteger y beneficiar la comunidad o la vida. La distribucin de estas propiedades tambin distribuye la distancia frente al carisma. Las caractersticas personales, las cualidades como el humor, la generosidad, la belleza, la educacin, la fuerza fsica y la belleza son importantes en las relaciones personales pero no interfieren en la atribucin de carisma. Hay un amplio consenso en la sociedad acerca de quienes tienen propiedades carismticas. A pesar de ello hay un cierto grado de disensin. Las causas de ello son mltiples algunas de ellas son: La proximidad a las fuentes del carisma distorsiona la mente de los que viven en tal proximidad. Diferente sensibilidad: algunas personas son ms sensibles que otras al orden trascendente. Estas son dos formas de disensin de la lite. Aquellos que estn ms lejos del centro del carisma son ms hostiles hacia aquellos que dominan el orden social. Todo carisma inspira no solo temor y deferencia sino tambin hostilidad. El contenido del orden trascendente no puede especificarse, es ambiguo y puede sostener distintas interpretaciones, especialmente entre aquellos que son muy sensibles a lo trascendente. El consenso sobre la localizacin de lo carismtico en una sociedad no se produce. Sin embargo, los viejos portadores de carisma son las principales

colectividades, parientes y grupos localizados territorialmente y agregados tnicos. Las cualidades primordiales todava funcionan poderosamente como cualidades carismticas y su conflicto con las reivindicaciones carismticas de ordenar la autoridad es una caracterstica constante de las sociedades humanas. Otra variante de dispersin del carisma es el carisma de la nacin o del pueblo. Los beneficiarios o autores de esta dispersin atribuyen cualidades carismticas a los sectores de la sociedad que son perifricos. Cuando se atribuye el carisma a este estrado la diferencia entre centro y periferia disminuye.

En primer lugar hay que destacar las aportaciones de Shils para poder realizar un anlisis holstico sobre el carisma y, en nuestro caso, del carisma poltico. Destaca de su definicin de carisma, como elemento generador de orden. Un orden que es percibido mentalmente por los seguidores para poder comprender y clarificar la sociedad en que viven. La relacin que se establece con los lderes carismticos, segn Shils, es de temor y deferencia, este aspecto creemos que atiende ms a caractersticas temporales que a valores permanentes, es un elemento sincrnico sin continuidad en el tiempo. As, en la actualidad la autoridad carismtica lejos de despertar valores autoritarios es ms propensa a suscitar admiracin, respeto, confianza, seguridad. Elementos todos ellos que responden a una mayor democratizacin e igualdad de las sociedades y a la desaparicin de vestigios autoritarios. Shils destaca los valores intelectuales y morales como elementos decisivos para encarnar una personalidad carismtica pero deja al margen de la relacin carismtica

aspectos como la propia imagen, la belleza, la juventud, la simpata, la cordialidad, la franqueza o la sencillez, atributos que consideramos importantes en las relaciones carismticas de la modernidad avanzada, sobre todo, como consecuencia de la sociedad de la imagen, los mass media, y en funcin de la modificacin de lo considerado como carismtico. As, los medios de comunicacin aproximan a un mbito familiar y cotidiano el lder poltico, la democracia permite mecanismos de discusin con la autoridad -la libertad de expresin-. Adems de las distintas sensibilidades respecto al carisma que expone Shils, tambin intervienen las caractersticas culturales de la sociedad que convierten a sus ciudadanos en ms o menos expresivos de la emotividad carismtica. La autoridad, en la modernidad avanzada, est mucho ms prxima, cercana, es igual a todos y por tanto tambin cuestionable en los aspectos personales. Por lo tanto todo tipo de caractersticas personales o de aspectos del mbito privado estn tambin relacionadas con el orden carismtico. Por otra parte, aquellos que estn ms lejos del centro de poder y control social son, no menos, sino ms fcilmente manipulables por el carisma porque puede ser su forma de acercarse al centro social ya sea directamente a travs de la propia autoridad carismtica, o como alternativa al orden establecido, a travs de formas de carisma puro. Ser importante analizar cuales son las caractersticas que adquiere el carisma en sociedades democrticas. De momento siguiendo el anlisis de Shils podemos avanzar que se encuentra ms disperso en democracia al aparecer relacionado con actividades de la sociedad civil que generan movimientos carismticos y que sitan lo trascendente y lo moral no solo en la autoridad poltica sino tambin en actuaciones de colectivos. Respecto a la posicin perifrica en la sociedad de maestros y familias y, por tanto, respecto, tambin, al poder carismtico nos parece que las familias y los maestros tienen un papel influyente en la formacin de las futuras personas, sus valores, sus

capacidades intelectuales. A pesar de situarse lejos de los centros de poder poseen un poder difuso, una influencia directa sobre los actores que puede ser altamente decisiva en la futura configuracin de la sociedad. Por ltimo, consideramos que Shils considera excesiva la influencia del carisma en los actores sociales. Muestra demasiada confianza en la imposicin del orden a travs del centro de la autoridad carismtica. Los actores pueden dejarse llevar por intereses colectivos, altruistas, trascendentales pero tambin por el mero inters personal, los motivos individuales los que tambin mueven sus impulsos. Por ejemplo, por el hecho de ser carismticas las leyes no siempre se cumplen. Shils destaca la importancia del carisma y su institucionalizacin, en su esfuerzo por delimitar el carisma fuerza su propia dinmica. La naturaleza del carisma poltico es en la modernidad avanzada mucho ms dispersa y sorprendente.

institucionalizacin del carisma, para la rutinizacin del carisma propuesta por Weber. Sugiere este trmino para enfatizar el hecho que los objetivos del lder carismtico se adopten por la sociedad en cuestin. El lder carismtico puede surgir de la oposicin al sistema establecido y son las lites gubernamentales quienes tienen que dar soluciones en trminos institucionales. La institucionalizacin es por tanto la respuesta de grupos y clases a distintos problemas que se presentan y que tienen que solucionarse. Si bien todo proceso de institucionalizacin lleva consigo, inherente, la posibilidad de cambio. Destaca de la

obra de Weber su anlisis de la tensin entre el potencial creativo del carisma y, a su vez, su capacidad destructiva. El carisma es, al mismo tiempo, creador y destructor de orden social. Es por ello por lo que Eisenstadt afirma que todo sistema social lleva implcito, la posibilidad de cambio. Para Weber el gran mrito de un lder carismtico no recae solamente en su habilidad de crear un gran acontecimiento, sino tambin en su capacidad de crear un impacto estable en una institucin. El carisma nace ante situaciones extremas que precisan un cambio social. La mayora de anlisis destacan los efectos transformadores del carisma y su contribucin a la destruccin de las instituciones existentes. Se observa la importancia de los smbolos polticos y culturales, as como, de las acciones de personalidades carismticas en situaciones sociales anormales, por ejemplo, en pases que experimenta situaciones de crisis y tensin. Eisenstadt, al igual que Shils, considera que el carisma se encuentra cerca de las reas que configuran los distintos centros de la sociedad (lo poltico, lo econmico, lo cultural). El prestigio est, tambin, estrechamente relacionado con estos centros de poder. As, no solamente la detentacin del poder poltico y econmico otorgan prestigio, tambin, la participacin en lo central de la sociedad lo confiere. Un elemento que preocupa a Eisenstadt, y cuya informacin al respecto es escasa, es cmo se produce gente carismtica. Para Eisenstadt no es tan solo cuestin de una personalidad, pues el mero hecho de una personalidad fuerte no nos explica el proceso de rutinizacin descrito por Weber. Nos demuestra que no todos los lderes carismticos responden a un mismo modelo, podemos encontrar lderes carismticos legitimados con tendencia al dispendio y al lujo personal, a pesar de la pobreza en que est sumido su pas. Eisenstadt, distingue, pues, entre el lder carismtico de pases asiticos o africanos que hacen gala de su enriquecimiento personal, mientras sus

sbditos estn inmersos en una vergonzosa pobreza; de aquellos lderes carismticos, ms cercanos al modelo maquiavlico, es decir, aquellos gobernantes que procuran el bienestar comn, actan en favor de sus sbditos y no solamente en el inters propio. Maquiavelo, tambin reconoce en su tratado la importancia de las instituciones como consejeras y como instrumentos garantes de los lmites de poder de los Prncipes. Eisenstadt en su anlisis destaca la figura del profeta, un individuo portador de carisma que en virtud de una revelacin divina atrae y llama a sus seguidores. As, los profetas, al igual que los magos, ejercen su poder en virtud de sus dones personales, mientras que los sacerdotes se limitan a ejecutar su doctrina siguiendo la tradicin. No obstante, el profeta proclama revelaciones divinas y su misin es ante todo difundir su doctrina, mientras que el mago simplemente se remite a demostrar o utilizar sus dones. Otra apreciacin de Eisenstadt remite a su separacin entre una democracia donde la autoridad est legitimada por plebiscito y una democracia donde la autoridad intenta distribuirse o administrarse junto al liderazgo. Esto, segn el autor, es caracterstico de aquellas democracias que muestran una gran devocin y confianza en el lder.2 Devocin y confianza son dos caractersticas inherentes al liderazgo carismtico, que nos destaca este autor. Respecto a la relacin entre carisma y democracia, Eisenstadt utiliza el trmino democracia dirigida para referirse a un sucedneo democrtico ms cercano al populismo o presidencialismo que a una democracia occidental. Describe un rgimen inmerso en la aceptacin de valores tradicionales, como es el caso indio o asitico, en cuyos pases se ha basado su anlisis, y donde el calificativo de regmenes democrticos presenta aspectos tenues y por lo tanto dudosos.

En el caso del protestantismo, ste tuvo la habilidad de influir en el comportamiento humano debido a su independencia respecto a los centros de poder polticos y religiosos. Esto supuso que no hubiese una fuerte identificacin social con ellos. En los pases protestantes se produjo un nuevo tipo de identidad personal que gener el convencimiento de que era necesario hacer algo para la comunidad. Eisenstadt, tambin destaca la idea de Weber de la presin carismtica o charismatic push contra la organizacin estructural. La tica Protestante es un intento, por parte de Weber, de explicar la transformacin de todo un sistema social o cultural en las relaciones individuales y las identidades colectivas y entre algunas instituciones. A su vez, la transformacin simblica es la que facilita la emergencia de un nuevo desarrollo institucional. Con la institucionalizacin del carisma a pesar que el lder carismtico muera, sus metas y sus concepciones sobre el orden social prevalecen. A todo ello, Eisenstadt destaca la importancia de transmitir una imagen de modernidad, ms que la propia modernidad en s, para conseguir el aura carismtica. Sin embargo, tambin nos habla del concepto mstico del cristianismo antiguo, el cristianismo oriental. Donde exista una fuerte conviccin que el amor, cuando era puro y fuerte, tendera a liderar la unidad de todas las cosas. El mstico necesita apartarse de la presin que le supone la sociedad slo as consigue su estado de gracia. Si bien el camino hacia el ascetismo lleva hacia lo racional, al enfatizar lo metdico en la conducta externa, por ejemplo, la organizacin de las comunidades monsticas. Asimismo, hay que hacer notar que la secularizacin de la vida actual, la rutina del da a da, tiende a competir con la religin, sobre todo, con la bsqueda del orden y la perfeccin en las distintas actitudes, al igual que la vida asctica de los monasterios.

Eisenstadt sita el liderazgo carismtico y el carisma en general ms prximo a la sociedad tradicional que a la moderna. Observa la importancia de la relacin de devocin y de la confianza que se establece entre el lder y sus seguidores. A su vez, no pone lmites culturales, sociales, econmicos o polticos al carisma, presupone la universalidad del mismo. En su intento de superacin de la dicotoma Gemeinschaft (Sociedad tradicional) y Gesellschaft (Sociedad moderna) propuesta por Tnnies, nos expone que la modernizacin en muchos pases se produce a travs de valores tradicionales y observa como perduran estos an y la evidente modernizacin de pases como el Japn o el Reino Unido. As pues, uno de estos elementos perennes a lo largo del tiempo sera el propio carisma. La adquisicin de carisma de charis o gracia divina en los sistemas democrticos se produce, como ms adelante analizaremos, al aparentar o ofrecer una imagen de modernidad, la posesin de una aura carismtica, que en la sociedad meditica se produce a travs de la aparicin en los medios; por el cuidado de la imagen ms que por los propios valores de cambio social y modernidad. Sin duda este tipo de carisma es representativo de aquellos ciudadanos-votantes que estn situados en el centro del espectro poltico. Es un carisma, como veremos, manufacturado, que se inserta dentro de la legalidad democrtica y de los lmites del orden poltico y econmico. A pesar de ello, en condiciones de crisis estructurales del sistema, situaciones de alarma social o indignacin pueden surgir con mayor fuerza lderes carismticos, al margen del sistema de partidos. Este potencial carismtico que genera una situacin de crisis social puede intentar ser canalizado por lderes del propio sistema de partidos, con las dificultades que comporta defender intereses y posiciones extremas, sin defraudar a

unos ni a otros, mediar soluciones factibles y suficientemente consensuadas. El lder poltico en estos casos debe hacer alarde de una gran ambigedad siendo en ocasiones inevitable la fractura social o el propio deterioro del cargo poltico. El poltico, en ocasiones, debe mostrarse crtico y en otras apoyar las acciones de su propio gobierno, adems de intentar convencer al electorado.

Berger analiza en su estudio3 la teora de Weber sobre el carisma y su comprensin sobre la profeca israel. Sita su anlisis en el contexto histrico del Antiguo Testamento y describe el debate acadmico que ha suscitado la interpretacin de los profetas de ste perodo. El autor centra su estudio en las aportaciones de Weber y las concepciones historicistas de la poca. Considera necesaria la relacin entre la teora sociolgica y el contexto histrico esa es una de las aportaciones de Weber. Una de las bases del trabajo de Weber es la sociologa del antiguo Israel. Concretamente, el rol del movimiento proftico despus del exilio babilnico. Es errneo interpretar los profetas como individuos aislados que se oponen a la religin oficial, puesto que estuvieron relacionadas con ciertos cultos de cargo. La interpretacin de Weber de la profeca israel se basa en el trabajo histrico intelectual de ese tiempo, la clsica profeca del fenmeno temprano del Nabiism, proviene de Nabi un trmino hebreo para profeta. La monarqua que se consolid bajo el reinado de Salomn desmilitariz los campesinos y cre un ejrcito bajo la autoridad del Rey, con lo cual la guerra de los profetas qued obsoleta y se institucionaliz como un simple

negocio de magos. Las mismas cortes institucionalizaron una corte proftica para proclamar la buena fortuna de los reyes y rendir servicios a la realeza circundante. En el siglo IX emerge una nueva profeca se caracteriza en un no nfasis (deemphasis) en el xtasis, su actividad consiste en proclamar la buena fortuna en vez de juzgar y predestinar. El carcter social y la localizacin de estos profetas ha cambiado enormemente ya no son militares ni terapeutas del xtasis ni portadores de la lluvia pero s un estrato literario y de ideologa poltica. Weber rechaza la idea que estos profetas deban analizarse como portavoces de movimientos sociales no privilegiados. La preocupacin de los profetas es la religin y estn implicados en ella, social y ticamente. Los profetas no pertenecen al esoterismo sino que estn en medio de su gente y estn interesados en la tica no en el culto, aportan una racionalizacin. Berger hace un recorrido a travs de la intelectualidad protestante del s. XIX. Considera un estereotipo la imagen de los profetas opuestos al establishment, a los sacerdotes desafiantes con las autoridades de la poca. Wellhausen4 que dominaba la escuela del Antiguo Testamento entenda a los profetas como los portavoces de un movimiento social en contra de la paganizacin de la religin de Israel, el paganismo tena su centro en el culto. Otro intelectual como Duhm vea los profetas como el clmax de la evolucin de la religin de Israel, antes de ellos haba un perodo de preparacin, despus vena el declive. Los profetas son entendidos como escritores de panfletos independientes y oradores pblicos. Su contribucin en el esquema evolutivo es la moralizacin y la desritualizacin de la religin. En el mundo anglosajn destaca George Adam Smith.5 El carcter del profeta es entendido como un genio religioso, en esta corriente se enfatiza la obstinacin individual.

Por otra parte, Jepsen6 intent escribir una historia social del Nabiism que entenda como extra-israel en origen, ajeno al nomadismo israel, pero adquirido en la cultura Canaanite o cananita despus del asentamiento de las tribus Palestinas. Destaca que mientras los curas utilizaban medios tcnicos leer los orculos, los Nabis pronunciaban los orculos estando en xtasis. En el norte del reino el Nabiismo era sobre todo popular entre los pobres y los estratos no privilegiados de la sociedad, mientras en el sur se encontraba entre los sectores de la alta sociedad. Segn Jepsen la localizacin social de estos profetas se deduce del contenido de sus mensajes. Para resumir, esta visin protestante de los profetas cannicos distintos de los cura y Nabis cita el autor el libro de Volz7 quien considera que la religin de los profetas es una religin de la palabra, acerca la voz de Dios a los hombres, de hecho contina con l clsico esquema de oposicin entre sacerdotes y profetas. Mowinckel8 sostiene que la inspiracin proftica es la pronunciacin de las palabras de inspiracin divina para los detentores del culto. Respecto al culto distingue entre el sacrificio y los elementos sacramentales. Hay ciertos grados de domesticacin del elemento proftico en el propio culto. ste autor tambin cree que el Nabiism fue adoptado por Israel despus del asentamiento en Palestina. Originariamente los Nabi no estaban afiliados al sacerdocio, el autor piensa que ellos procedieron del laicismo, siendo individuos carismticos legitimados ellos mismos por su virtuosidad en el xtasis, razn por la cual estaban junto a los santuarios y fueron institucionalizados bajo la supervisin del sacerdocio. Esta relacin con el sacerdocio llevar a la domesticacin litrgica del carisma exttico. Segn Berger el mejor estudio sobre el tema es el de A. R. Johnson (1944) quien demostr que el Nabi al igual que el sacerdote tena funciones

GUILLAUME, Alfred. Profecy and Divination among the Hebrews and other Semites. London: Hodder Stoughton, 1938. 7 VOLZ, Paul. Prophetengestalten des Alten Testaments. Stuttgart: Calwer Verlag, 1949 . 8 MOWINCKEL, Sigmund. Psalmenstudien. Kristiana, 1923.

sacramentales y de sacrificio. La funcin del Nabi tiene que ver con el bienestar (shalom) de la gente, ste era su trabajo por excelencia. En el Antiguo Testamento, durante la Monarqua, el profeta era una figura importante en el personal de los cultos especialmente en el Templo de Jerusaln. Su funcin era proporcionar el shalom o el bienestar a la gente. Tena un rol dual no era solamente el portavoz de Jahveh, tambin, era el representante de la gente. Otro estudio que rebati a Johson fue el del sueco Haldar.9 ste se basa en un anlisis comparativo entre varias culturas semticas alrededor de Palestina y destac la importancia de la transmisin oral en contra de la tradicin escrita en la tradicin religiosa. Establece dos funciones sacerdotales principales: los sacerdotes Baru que usan mtodos tcnicos para los orculos y los sacerdotes mahhu que lean los orculos con mtodos extticos. Los dos tipos de curas eran organizados en corporaciones distintas en los santuarios. El liderazgo del ritual de ambos grupos era frecuentemente tomado por el rey. El mismo fenmeno se encontr en Israel. El sacerdote israel (kohen) es identificado con el tipo Baru y el profeta (nabi) con el tipo mahhu. El Nabiismo israelita, tambin, se organiz en corporaciones alrededor de los santuarios, formando parte y siendo parcela del culto oficial. La identificacin de la profeca cannica con el Nabiismo y el nfasis en la tradicin oral fueron en un principio criticados por los investigadores y por lo tanto las conclusiones de Haldar basadas en estos aspectos se vieron debilitadas. Posteriormente, el artculo de Wuerthwein sobre el Libro de Amos plasm ya un cambio en la tendencia acadmica. Wuerthwein cree que Amos funcionaba como santuario de un Nabi convencional. Las bases de la proclamacin del destino de Amos no son una nueva concepcin de la tica, sino la herencia legal y moral de Israel que fue encontrada en el

Pentateuco. Jahveh se aparta de la gente porque haban roto el contrato cuyas demandas eran conocidas por todos a travs del culto. El posicionamiento de Haldar llega a la conclusin que existan fuertes afinidades entre los sacerdotes y los profetas, a pesar de ello rehsan una identificacin completa de los profetas cannigos con el Nabiismo profesional. Hentschke10 critica la interpretacin protestante conservadora, que los profetas cannigos ataquen el culto y que estos no puedan ser identificados como personas de culto. Sin embargo, Berger puntualiza que se ha llegado en los ltimos aos a un cierto consenso del que no participa Hentschke. Antonius Gunneweg critica a Hentschke y la posicin protestante conservadora por su anticuada visin que el culto excluye todo elemento o elementos carismticos. Considera tambin una falacia creer que, porque los profetas cannigos atacan el culto, ellos no han podido tener una posicin al respecto. Asimismo, considera que la distincin entre elementos ticos y del culto en la religin es un concepto moderno que se aplica al Viejo Testamento. El intento de encontrar criterios externos entre profetas cannigos y Nabis ha fracasado. Segn Gunneweg los profetas cannigos empezaron sus carreras como Nabis, pero su mensaje 4les lleva ms all de las definiciones de culto de sus funciones (Nabis no-longer Nabis). La radicalizacin reside en la idea que Jahveh debe abandonar Israel, la radicalizacin de la proclama empuja estos profetas ms all de sus propias funciones de su culto oficial. Gunneweg termina con el intento tradicional de establecer los profetas cannicos dentro de una categora sociolgica especial. El mensaje de los profetas se bas en las viejas tradiciones de Israel y fue trasmitido por el culto, posteriormente se radicaliz y esto transform el cargo ocupado por los profetas. Berger dir que siempre es delicado hablar de un consenso acadmico respecto al Viejo

Testamento, la posicin que describe representa por lo menos una fuerte tendencia hacia el consenso en esta cuestin. Berger, por su parte, destaca el carcter no-institucional y anti-institucional del carisma de Weber donde la concepcin de la profeca israel juega un papel importante. El profeta como figura socio-religiosa es visto por Weber como la figura ideal opuesta a la institucionalizacin hierocrtica. Esto es la oposicin entre profeta y sacerdote. Las demandas de los profetas estn basadas en revelacin personal y carisma. En otras palabras, el cargo es lo que diferencia el sacerdote del profeta. La actividad del profeta no es profesional por lo tanto es econmicamente gratuita. Los profetas practican la adivinacin como curaciones mgicas y consejos. Weber estaba preocupado por demostrar que las ideas religiosas tenan una eficacia histrica por ellas mismas y no podan simplemente ser entendidas como un reflejo o una funcin de procesos sociales. Por esta razn, intent demostrar los factores religiosos en la gnesis de lo que l consideraba las dos grandes fuerzas innovadoras de la historia: el carisma y la razonalizacin. Respecto al carisma su preocupacin es evidente. El carisma representa la irrupcin de nuevas fuerzas a menudo unidas a nuevas ideas. Esto no quiere decir que considere dichas religiones innovadoras, ello huye de todo idealismo. La comprensin de Weber de la relacin de las ideas con la historia puede ser ms claramente entendido en su concepto de eleccin de afinidades (elective affinity, Wahlverwandtschaft) esta es la manera como ciertas ideas y ciertos procesos, en la historia, se buscan unos a otros. Es consciente que el pensamiento siempre ocurre en un contexto social e incluso lo ms importante: el pensamiento, debe encontrar un grupo social para que cumplir su objetivo y para ser histricamente eficaz.

Volviendo a la cuestin de la profeca israelita, Weber rechaz la idea que el profeta cannigo refleja intereses del campo contra la ciudad, o de las clases bajas en contra sus dirigentes pues consideraba que sus mensajes y sus motivos eran religiosos. El profeta en Weber es percibido como un individuo solitario que no representa a nadie ms, excepto Jahveh, oponindose l solo al orden religioso establecido. Berger considera que como ha intentado demostrar esta comprensin individual es difcil de sostener despus de las recientes investigaciones del Antiguo Testamento. As pues, entiende que el profeta emerge de un cargo tradicional, ejerciendo su actividad carismtica desde el propio cargo pero llevando ms all su definicin con su mensaje religioso. Esta teora apoya ms la insistencia de Weber en la independencia de las ideas religiosas ms que la concepcin del profeta individual previa. La nueva interpretacin de los profetas acerca de las instituciones religiosas del antiguo Israel no debilita la nocin weberiana del poder innovador del carisma, bien al contrario. El carisma puede ser una caracterstica de individuos sociales marginales, pero el carisma puede tambin ser una caracterstica de los individuos situados en el centro de las instituciones, fabricndose desde dentro un poder de radicalizacin. Finalmente, considera de suma importancia que la teora sociolgica haga atencin a las lneas histricas para sustentar sus investigaciones

individuos que se sitan en la marginalidad, como los lderes que sustentan el sistema, en este caso religioso, es imprescindible para el anlisis y la comprensin del carisma poltico en la modernidad. A mi juicio, adems de reformista el carisma de cargo posee

dotes carismticas y puede por tanto incidir en la cohesin social. Asimismo, permite controlar a la poblacin, dirigiendo sus actitudes y apaciguando los nimos. Por consiguiente, el elemento revolucionario de cambio que aporta el profeta no necesariamente se opone al orden poltico y econmico establecido, pues puede desde producir transformaciones hasta evitarlas. Las armas del carisma para controlar los grupos son sus discursos, las apariciones en pblico, la utilizacin de los medios, la propia imagen. Las aportaciones de Berger acerca de la fe Bahai y el anlisis entre la transformacin de sectas en Iglesias no las he analizado por su trabajo especfico ni por ser objeto de nuestro estudio sino por su importancia terica. Este aspecto es destacado en un artculo de Peter Smith donde se expone la importancia de las aportaciones de Berger, tanto para el anlisis de la Fe Bahai como para aspectos tericos de la sociologa de las religiones.11

SMITH, Peter. The routinization of Charisma? Some Comments on Motif Messianique et Proecessus Social dans le Bahaisme. En: Babi and Bahai Studies. 1998, vol. 2, nm. 6.

El trmino carisma en su origen griego significa: encanto, gracia, favor, don, mrito, veneracin y, tambin, gozo y festividad. En latn Charisma, -atis significa: don, gracia divina y est estrechamente relacionado con el concepto de entendido como cualidad extraordinaria de personas y objetos.1 El antroplogo J.G. Frazer abord en cierta manera el tema al analizar las funciones del sacerdote-mago-rey que comportaba la institucionalizacin del carisma. Rudolf Sohm analiz la nocin de gracia divina al establecer la contradiccin entre el carisma y el derecho cannico. Troeltsch fue otro autor que desde la perspectiva religiosa analiz el carisma en la transformacin de las sectas religiosas en iglesias. Pero, sin duda, el autor de la teora social clsica que ms ha influido en la definicin del concepto es Max Weber. Weber hizo hincapi en dos aspectos, la naturaleza revolucionaria del carisma y cmo ste se construye a travs del lder y sus adeptos. La legitimidad del liderazgo carismtico la otorgan los seguidores del lder. Weber daba un sentido, tambin, religioso a la legitimidad al considerarla una creencia que establece la relacin entre la sociologa del Estado y la sociologa de la religin.2En los aos sesenta Edward Shils revis el concepto de Weber y aport una nueva dimensin al trmino. El carisma de la mano de Shils se convirti en un elemento creador y ordenador de la sociedad que, a su vez, daba un sentido a la misma, como hemos expuesto en el captulo 6. Todos los autores, clsicos y modernos, parecen coincidir en el origen religioso del trmino. Las distintas matizaciones en el anlisis aparecen con la evolucin del sagrado,

FERRAROTTI, F. Una fe sin dogmas. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1993, p. 227. ALONSO, Ignacio. La persistencia de la religin en el mundo moderno. En: DAZ-SALAZAR, Rafael; GINER, Salvador. Formas modernas de religin. Madrid: Alianza Editorial, 1996.

concepto a medida que avanzamos en la modernidad. Si bien la base del concepto de que parten todos los autores continan siendo las aportaciones de Weber su anlisis del trmino parece insuficiente, no inadecuado, para explicar el carisma en la modernidad. Por una parte, la aparicin de los nuevos medios de comunicacin de masas: la radio, a partir de los aos veinte, y la televisin, en los aos sesenta, han proporcionado nuevas herramientas con que elaborarse el carisma y nuevos espacios donde desarrollarse. La utilizacin de los medios en la poltica no slo ha servido para difundir el carisma sino tambin para manipular y filtrar la imagen de los candidatos. Primero, tan solo con la fotografa, y sobre todo a travs de la pequea pantalla, donde imagen, expresin y movimiento tienen cabida. Donde, adems, a diferencia del cine, su difusin es inmediata y extensiva al corazn de cada hogar. Por imperativo biolgico, Weber no puedo plasmar las transformaciones que comportara al concepto de carisma en los medios de comunicacin de masas, y es debido a este nuevo escenario que aparece una nueva dimensin del concepto en la modernidad avanzada y sobre cuyas caractersticas han trabajado algunos autores contemporneos como: David Aberbach, Joseph Bensman, Luciano Cavalli, Ronald M. Glassman, Salvador Giner, Michael Givant, William H. Sawatos y cuyos resultados abordaremos en el prximo apartado. Autores como, Salvador Giner, Karl Loewenstein, inscriben el carisma en el mundo de la religin otros, como seala Glassman, en el caso de Wolfgang Mommsen, conciben el carisma como una energa espiritual. Autores como Swatos, citando a S.N. Eisenstadt, hablan de la tendencia en el mundo actual a la desmitificacin y secularizacin y por tanto de la atenuacin del carisma y al surgir de una clase de neutralismo carismtico.

Alan Berger por su parte destaca la prdida de trascendencia de la sociedad occidental actual como consecuencia de los cambios en la vida espiritual del s. XX. El hombre desde la Ilustracin habita en un mundo desacralizado donde se ve a si mismo como sujeto y agente de la historia. La trascendencia esta asociada con la tradicin y esto ha hecho que fuese relegada. Los lderes carismticos son propensos a aparecer en una situacin de anomia, que vendra a ser lo mismo que afirmar que un lder carismtico aparece en una situacin de crisis o de cambio social. Podemos afirmar que en la sociedad actual se produce una ambivalencia: la tendencia a la secularizacin de la sociedad produce a su vez una necesidad de trascendencia, que es encarnada por el lder carismtico y por todo aquello que podemos considerar carismtico (lugares, cosas y personas). Sin duda la aparicin del carisma no responde solamente a una necesidad humana. Tambin, ayuda a discernir como seal Shils, la complejidad humana y social al ofrecer un ncleo reordenador del teatro social. Salvador Giner destaca la secularizacin del pensamiento filosfico y sociolgico occidental, como ste influye en la separacin entre fe y razn. Propone una revisin de los fundamentos de la racionalidad de la teora de Weber. As, entiende que el carisma debe verse no necesariamente como irracional, sino como algo esencialmente metaracional. El carisma pues no estara sujeto a la dicotoma racional o irracional. Forma un tercer ncleo de cosas que pueden seguir (o no) la senda de lo racional.3 Para este autor el carisma enlaza con lo santo y lo sagrado en su valor de ser o significar ms de lo que empricamente es, en su valor de trascendencia.4

GINER, Salvador. La Iluminacin Carismtica de la Razn. En: International Review of Sociology. 1997, vol. 7, nm. 3. 4 La trascendencia de la figura del lder poltico carismtico, especialmente en momentos de crisis, ha sido tambin subrayada por Kysti Pekonen en su estudio del presidente finlands de la dcada de los ochenta Mauno Koivisto. Esta trascendencia estara unida a un elemento de identidad. Al identificar el presidente con la clase social trabajadora finlandesa y con los valores tradicionales e histricos del pas.

Un segundo elemento crucial que seala Salvador Giner es la aparicin de la religin civil.5 Con el proceso de secularizacin de la sociedad, los valores trascendentales, las prcticas rituales se trasladan al mundo de lo profano se produce una sacralizacin o consagracin de lo profano. Sin duda, podemos afirmar que se ha producido una transformacin en el concepto de carisma, en primer lugar, como consecuencia del proceso de secularizacin de la sociedad que ha reducido el mbito de lo religioso y ha construido en su lugar lo que podemos llamar religin civil como manifestacin de lo trascendente en un mundo donde lo propiamente religioso est limitado a pequeos grupos. En segundo lugar, el carisma como elemento bsicamente de comunicacin entre el lder poltico carismtico y sus seguidores o su audiencia se ha visto profundamente alterado, transformado en su morfologa con la aparicin y gran difusin de los medios de comunicacin de masas como la radio y muy, especialmente, la televisin, como hemos mencionado anteriormente. En este contexto socio-histrico cambiante el carisma adquiere nuevas formas de plasmacin y de configuracin, bsicamente, como consecuencia de la aparicin de los media.

PEKONEN, Kysti. Charismatic Leadership and the Role of Image in Modern Politics. Charismatic Effects and the Problem of Political Presence: The Case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989. 5 El concepto de religin civil fue utilizado por primera vez por Rousseau, Salvador Giner define el trmino religin civil, que consiste en la sacralizacin de ciertos rasgos de la vida comunitaria, a los que se atribuye trascendencia por su simbologa, su carga histrica. Esto se plasma a travs de rituales y liturgias. Este proceso tiende a reforzar la identidad y el orden en una sociedad heterognea GINER, Salvador. Religin civil. En: Claves de razn prctica. Abril-1991, nm. 11.

Las argumentaciones tericas de William Swatos no permiten dar luz a aquellos aspectos en que se muestra el carisma poltico en la modernidad, ni prever sus posibles tendencias futuras. Sin duda, hay una secularizacin de la sociedad, una prdida del ritual y la liturgia religiosa, pero paradjicamente la sociedad no ha olvidado completamente la tradicin, ni la necesidad de mantener elementos religiosos que aparecen en distintas manifestaciones de la vida civil, una de ellas es el liderazgo poltico carismtico. Las sociedades, por una parte, no son lo suficientemente adultas

democrticamente para concebir y utilizar unos mecanismos que canalicen la participacin democrtica individual desde la crtica y la expresin de la voluntad. La utilizacin de unos mecanismos que, a su vez, eduquen en democracia. Por otra parte, la complejidad social y su desconocimiento inducen a la poblacin a optar por la solucin rpida y simple del carisma poltico. Un carisma, que no lo olvidemos, da orden y significado a sus vidas. Ayuda a comprender la complejidad de la sociedad occidental y llena de significado y trascendencia sus vidas. Nos parece mucho ms sugerente y acertada la aproximacin terica de Salvador Giner quien prev la aparicin del carisma poltico a travs de una forma que puede estar inmerso en un orden democrtico, o incluso racionalizado y tendiente a la racionalidad, o bien, a un carisma basado en lo irracional y en la oposicin al sistema poltico. Irnicamente, el carisma en los sistemas democrticos occidentales tiende a mostrarse bajo un aura de racionalidad, busca la imagen de racionalidad; cuando est incitando a una eleccin irracional y es en esencia revolucionario.

El carisma que podemos encontrar en las sociedades occidentales actuales proviene de una evolucin del carisma cristiano, de la tradicin cristiana del carisma proftico. Sin duda, la tica protestante estableci unos valores de trabajo, utilizacin del tiempo, racionalizacin de la labor y de la riqueza; y lo que es ms importante concibi el trabajo como vocacin como el medio ptimo para conseguir el estado de gracia, el trabajo, es por lo tanto, lo que concede este estado de gracia, es lo que otorga carisma.6 Por lo tanto, como seal S.N. Eisenstadt, la tica protestante estableci nuevos valores carismticos en el camino hacia la modernidad. El lder poltico moderno debe encarnar los valores de la sociedad occidental que otorgan carisma: el trabajo, la beneficencia, el pragmatismo, la astucia, la sociabilidad, entre otros, y que provienen de una nueva moral cristiana y de la herencia del proceso industrializacin. Segn Wiliam Swatos, Calvino fue visto en su tiempo como un lder carismtico y el calvinismo como una forma de dominacin carismtica. Irnicamente, hoy en da Calvino aparece como un personaje desmesurado y profundamente aburrido mientras la sencillez y el valor intelectual de Lutero lo convierten en un personaje interesante y profundo. En las sociedades actuales donde encontramos una religin tibia el portador del carisma puede ser un personaje laico, no es necesario que est ungido como Cristo, si bien, como comentaremos ms adelante, debe habrsele depositado la herencia de algn otro lder poltico en su persona, debe ser heredero de, o como mnimo hacer referencia a. El lder poltico carismtico en la modernidad puede ser, y es en la mayora de ocasiones en las sociedades occidentales, un individuo laico al cual se le

atribuye el don de la poltica y por tanto la capacidad de transformar, mejorar la sociedad y los problemas individuales, adems de elevar la propia nacionalidad, la comunidad. Tampoco es necesario que el lder poltico carismtico siga todos los rituales polticos, en cierta medida se acepta su rebelda, recordemos que tampoco Jesucristo era un personaje sumiso a su tiempo. Se acepta su coraje como fuerza transformadora de la sociedad al igual que se acepta en un hijo, o mejor an, se tolera por reconocrsele el don de la poltica, al considerarse la persona mejor dotada del grupo para representarlo. El lder carismtico demuestra la necesidad de cumplir con una misin divina, una misin imprescindible para la comunidad. A pesar de gustarle o interesarle otros temas se ve obligado a cumplir con su misin. Los objetivos polticos se plantean como misiones divinas a cuya consecucin el lder est llamado a realizar. El inters econmico o personal queda mitigado bajo el aura sagrada del carisma. Ferrarotti destaca la funcin legitimadora del poder del carisma. El autor describe la relacin carismtica entendiendo que el grupo o masa busca la relacin con la potencia divina a travs de la mediacin del lder carismtico. Esta relacin entre el grupo, el lder y lo trascendente se plasma a travs de la potencia del grupo, del elemento carismtico, al reconocer en el lder el don especial otorgado por Dios. Segn Ferrarotti el carisma produce metanoia, una regeneracin interior, una transformacin del alma. Una mutacin de las mentalidades. El lder aparece frente la crisis como portador de nuevas ideas y valores. Pizzorno7 nos hablara de la conversione o conversin, la accin a travs de la cual una identidad personal se transforma, se renueva. As, los valores en que se basaban las acciones de esta persona se convierten

en otros y sus fines coinciden con los del emisor del mensaje, en este caso el lder poltico. Metanoia es un trmino religioso que refleja que la poltica no puede solamente medirse por un clculo material sino que tiene afinidad con lo emotivo, con los sentimientos religiosos. En definitiva, la conversin es una reconstruccin de la identidad, es la reconstruccin de la estructura de la certeza para hallarse en posesin de la verdad. Concretamente Pizzorno habla de la conversin a la fe poltica por parte de los electores y de la devocin al lder, a las ideas, movimientos y partidos, un estado de entusiasmo y de disposicin al sacrificio.8 Podemos decir que el lder poltico carismtico tiene la capacidad de convertir a los seguidores a sus ideas y a sus propsitos.9 Pizzorno a su vez divide dos niveles de seguidores de la poltica, un sector de oidores intelectuales que responden a un discurso terico y que tienen un dilogo directo con los dirigentes polticos y un discurso dirigido a las masas de ideologa vulgar donde, delante un auditorio convertido y que atiende las instrucciones, tiene lugar la conversin. Salvador Giner, discpulo de Edward Shils, transmite sus apreciaciones sobre el orden creador de carisma va ms all de las conceptualizaciones al describir el juego entre lo racional e irracional que integra el carisma. Describe a ste como un elemento de perennidad que varia en las distintas culturas. El carisma proviene de la religin y como tal aporta elementos religiosos a la esfera pblica donde se desarrolle. En esencia es irracional pero puede mostrarse racional segn la lgica de la situacin, por ejemplo en el liderazgo polticos de los sistemas democrticos. El carisma en las democracias

PIZZORNO, Alessandro. Le radici della politica assoluta, e altri assagi. Milano: Feltrinelli, 1993, p. 143. 8 Ibid., p. 13. 9 La conversin de la que habla Pizzorno, usando una terminologa que proveniente de la religin y del marxismo, sera lo que se ha llamado enamoramiento. As, al conocer al lder poltico, or sus palabras se produce un enamoramiento, una conversin.

occidentales tiende a mostrarse bajo una aura de racionalidad para luego despertar sentimientos irracionales, se sita en un espacio metarracional. El carisma poltico de la modernidad formara parte de la religin civil, mejor dicho se nutre de la religin civil a travs de la trascendencia que adquieren los actos polticos y la simbologa que en ellos se representa. Giner en su trabajo epistemolgico sobre el trmino plantea la dualidad entre fe y razn y propone superar esta dicotoma demasiado simplista y fracturadora. Por ello, plantea superar este maniqueismo epistemolgico y encontrar una nueva senda ms all de la metarracionalidad. En su anlisis son bsicas las aportaciones de Tnnies sobre la distincin entre una doble voluntad: una voluntad racional y otra de esencialmente emocional e instintiva. Giner propone la revisin de los dos trminos de racionalidad weberiana (racionalidad sustancial y racionalidad instrumental) y pasar a considerar el carisma no como nicamente irracional sino como algo metarracional que se basa en la utilizacin instrumental de la racionalidad, como herramienta que sostiene el carisma. Destaca la afirmacin de Weber acerca de que la entrega a un valor, por racional que ste sea, es un hecho en s irracional.10 Giner plantea que en la modernidad la senda de la religin y de la poltica clsica son insuficientes para entender las caractersticas del carisma en la modernidad avanzada, para dilucidar un carisma eminentemente meditico y de masas. ste autor destaca en su definicin de carisma no slo la prdida de carisma con la rutinizacin, como hizo Weber, sino tambin la dispersin del carisma a travs de mbitos sociales ms amplios. Se produce una gradacin del efecto carismtico. El carisma se encontrara centrado en lugares, personas y cosas y se diluira a su alrededor, hacia elementos menos carismticos, menos dotados de esta luz escnica. Giner considera que los lderes carismticos son percibidos como individuos

sobrehumanos que estn en estrecha relacin con lo trascendente y por lo tanto participan de ello. Estn envueltos de un aura de trascendencia que los sita en un plano ms elevado que el resto, entrando a formar parte de una mstica que envuelve personas y lugares, situndolos por encima del plano terrenal y ocupando el calificativo de lo especial y verdaderamente autntico, es decir, de lo carismtico. Giner plantea la racionalidad o irracionalidad del carisma segn el contexto en que ste se halle inmerso. Se puede seguir un lder carismtico desde la racionalidad que comporta asumir unas ideas y haber recibido una determinada formacin, o simplemente dejarse llevar por elementos pasionales que fomenten la violencia, la explotacin, las acciones irreflexivas. El carisma que se presenta como racional es el carisma democrtico, si bien no podemos olvidar que suscita la irracionalidad y por lo tanto siempre puede estar cercano a lo irracional y a la fractura poltica. Su manifestacin an en un contexto poltico laico no est exenta de elementos religiosos, es ms la propia democracia exige para su respeto y mantenimiento un cierto grado de fe en el sistema y de solidaridad con todos los actores de la sociedad. Giner plantea en sus recientes trabajos que en esta sociedad globalizada surge la preocupacin por la salvacin y conservacin del planeta generndose un nuevo tipo de carisma: el ecolgico.11Para avanzar en la democracia es necesaria la secularizacin del carisma y

GINER, Salvador. La Iluminacin Carismtica de la Razn. En: International Review of Sociology. 1997, vol. 7, nm. 3. 11 Salvador Giner y David Tbara hablan de una nueva piedad csmica de las sociedades occidentales que pretenden unir de una manera pseudocientfica, la relacin entre la existencia humana, la naturaleza y el universo. Plantean la aparicin de la Ecoreligin con sus correspondientes lugares sagrados, sus lugares carismticos. El nuevo carisma se ha convertido en el intento de conseguir un bien comn. La ecoreligin ha comportado un componente tico en la transformacin de algunas actitudes en las sociedades industriales y ha favorecido a la comprensin y explicacin de los temas medioambientales. GINER, Salvador; TBARA, David. Cosmic Piety and Ecological Rationality. En: International Sociology. Marzo-1999, vol. 14, nm.1, pp. 59-82.

la separacin relativa de las piedades pblicas de las sobrenaturales.12 Es decir, el carisma debe perder su elemento religioso. En democracia el carisma, como analizaremos en el siguiente apartado, se ve limitado por el sistema poltico y se desarrolla siguiendo unos cauces marcados por los partidos polticos y las instituciones democrticas. En las democracias occidentales actuales nos encontramos delante de un carisma meditico e institucional. No obstante, pueden aparecer formas carismticas antisistema: movimientos de protesta,

reivindicaciones estructurales que estn largamente desatendidas por los polticos. Por ejemplo, el caso de las protestas de los campesinos franceses lideradas por Jos Bov, o la manifestacin antiterrorista del 23 de noviembre de 2000 en Barcelona, y como no, los movimientos fascistas. Un elemento arcaico del carisma que permanece en ste y que tiene un origen religioso es la esperanza que suscita un lder poltico carismtico; la fe depositada en su persona abre la esperanza a la solucin de problemas y al cambio. El carisma aporta esa esperanza necesaria para continuar avanzando. Una esperanza que permite sentir que se est haciendo lo debido, se est en el camino adecuado. Se deposita la confianza en un lder poltico por emociones relacionadas con el eros, por admiracin, o por el reconocimiento intelectual estricto. Por ejemplo, la identificacin del lder poltico carismtico con el Mesas redentor, tan prximo al imaginario colectivo de la cultura judeocristiana y musulmana. Ann Ruth Willner13 da ejemplos de la identificacin popular de lderes carismticos con un Mesas religioso. Observ no solo una actitud devota hacia Fidel Castro sino tambin su comparacin con Jesucristo por parte de sus seguidores; o las

comparaciones de Lutero con Hitler. Asimismo, los inmigrantes italianos en Estados Unidos seguidores de Mussolini crean como verdadero todo aquello que ste dijo y ponan en entredicho lo que se enseaba en las escuelas norteamericanas. Por otra parte Willner destaca la creencia del pueblo en los poderes sobrenaturales del lder, como las dotes curativas de Gandhi. Tocar al lder representa algo sagrado, o tener objetos de su pertenencia, o que simplemente han estado en sus manos. Por ejemplo, los nios turcos que Ataturk haba cogido en brazos eran considerados benditos y los seguidores a quien tocaba no se les lavaban las manos en semanas. Fervores similares desataba Daniel Ortega en Nicaragua al querer ser tocado y besado por sus seguidores, o Felipe Gonzlez durante los aos ochenta en Espaa.

Estas caractersticas religiosas del carisma poltico estn desapareciendo en occidente? Sin duda el proceso de secularizacin atena la dimensin religiosa del carisma pero la permanencia de elementos religiosos responde a una tradicin cultural. La identificacin del lder poltico con un Mesas, con el redentor o con un padre espiritual se produce de forma inconsciente sin necesidad de explicitar la comparacin del lder poltico con una figura religiosa. Se identifica el lder poltico con una figura mesinica religiosa, se le puede atribuir la categora de salvador y se establece una relacin ms de fieles y creyentes adeptos que de electores. Esta atribucin de contenido religioso al lder poltico se produce en mayor o menor medida segn el grado de religiosidad de los seguidores. A su vez, el lder poltico adopta rituales, ademanes y formas de discurso propias u originarias de un lder religioso. La idea de misin poltica tiene en s un origen religioso. 7.3. La anomia como generadora de carisma

La anomia es un trmino introducido en la sociologa por Durkheim que expresa una situacin de falta de referentes normativos por lo tanto del fracaso del sistema poltico y la inadecuacin social del mismo. Alan Berger y William Swatos destacan que los lderes carismticos parecen bastantes prominentes en periodos de anomia. Tambin, sugieren que el ritual hasdico en Estados Unidos es un remedio para la anomia contempornea. Las razones del surgir del carisma las podemos encontrar en la Teora del carisma de Shils. El carisma ordena la sociedad y por lo tanto establece los ejes a travs de los cuales discurrir y con los que sostenerse. En un momento de crisis de las estructuras sociales, el carisma puede ser el asidero con el cual afrontar el presente, una forma de reivindicar e intentar transformar el futuro.14 Partiendo en el anlisis del carisma de la perspectiva del lder poltico carismtico Willner da razones psicolgicas para entender las personalidades susceptibles de ser lderes carismticos (heterogeneidad familiar en varias dimensiones: clase, religin, afiliacin tnica; inestabilidad familiar durante la infancia y la

juventud). David Aberbach15 tambin destaca que el componente de crisis personal, problemas psicoanalticos infantiles, desestructuracin de la personalidad, conlleva la aparicin de lderes carismticos. Concretamente, el autor relaciona psicoanalticamente los lderes carismticos con su infancia, los traumas infantiles, como el suicidio de los padres de Hitler tuvo relacin posteriormente con su desarrollo carismtico.

University Press, 1968. Pascal Perrineau afirma que en las zonas de Francia donde hay una falta de integracin social y poltica del individuo. reas con niveles altos de delincuencia e inmigracin hay un mayor voto a la extrema derecha, es decir, al Frente Nacional francs de Jean Marie Le Pen. As, afirma que el voto de extrema derecha es un sntoma de la anomia social. PERRINEAU, Pascal. Le symptme Le Pen. Radiographie des lecteurs du Front National. Francia: Fayard, 1997, p.137-138. 15 ABERBACH, David. Charisma in Politics, Religion and the Media. Private Trauma, Public Ideals. London: McMillan Press LTD, 1996.

Aberbach, en sus estudios en clnicas infantiles de psicoterapia de Londres, lleg a la conclusin que los nios con un solo padre o madre resultaban ms vulnerables a las relaciones carismticas, tanto como seguidores como lderes, que los nios con ambos padres y con referentes muy claros. Para este autor, la relacin carismtica tiene lugar entre el mundo interior traumatizado del lder carismtico y el exterior social, en crisis poltica. Lo pblico se convierte en un sustituto ideal de la unin familiar y la armona, una realidad que puede subsistir la ruptura y la desilusin. El carismtico, como el mstico, crea una nueva identidad de las cenizas de un yo daado o en ruinas. As, podemos afirmar que el carisma est relacionado con el misticismo. Mientras Aberbach analiza el carisma desde el punto de vista del carismtico, Charles Lindholm evala el carisma desde el punto de vista de los seguidores, como ste es vivido por los seguidores carismticos. Lindholm plantea los problemas sociales que acarrea la modernidad: aislamiento social, rpida movilidad, competitividad, ausencia de valores, la sensacin de vacuidad, la prdida de relaciones vecinales y de lazos familiares. Todo ello conlleva a la sobrevaloracin de la nacin como marco de participacin comunitaria, en cuyo centro se encuentra el Presidente de la nacin. El carisma en esta sociedad occidental y ms concretamente americana, descrita por Lindholm, se convierte en una vlvula de escape de emociones y de transgresin de los lmites del yo. Para Lindholm el carisma no se aprende ni se crea, simplemente existe, est por tanto hablando de una concepcin ms premoderna del carisma, recogiendo su esencia antropolgica y basndose en el atractivo personal del lder carismtico. Una personalidad que suscita un sentimiento de atraccin cuya materializacin pueden ser las ideas, si el lder consta de una misin, objetivos y discurso poltico, o simplemente relaciones emocionales.

Sin duda Lindholm se refiere a la expresin carismtica referida a las multitudes y deja de reflejar en su anlisis aquellos individuos que se adhieren a un lder, solamente a travs de los medios de comunicacin, por ser el lder un smbolo de todos los valores culturales, nacionales pero tambin por ser alguien extraordinario, considerado como capaz de gobernar el propio pas de la mejor manera posible. Lindholm entiende el carisma como una cualidad innata, se tiene o no se tiene carisma, no contempla la posibilidad de fabricar y manipular el carisma en la modernidad de las sociedades occidentales y eso limita su anlisis. En la modernidad adems de ser un lder poltico natural es necesario fabricar, o maquillar polticamente a los personajes para optimizar su proyeccin pblica. Por lo tanto Lindholm

circunscribe su estudio a un escenario donde se establece una relacin directa entre el lder y las masas, ms propio de sociedades agrcolas, indgenas o del lder poltico occidental decimonnico. La descripcin de la atraccin que produce el lder carismtico de Lindholm es plenamente irracional, el lder carismtico viene a llenar un vaco emocional. La fascinacin que siente el seguidor carismtico no es discernible del atractivo amoroso, si bien el contexto social y la relacin en grupo establecen una relacin carismtica que dista de la relacin de pareja o de la atraccin amorosa. El seguidor se deja llevar estrictamente por el vnculo carismtico. Hay otro factor importante que es olvidado por Lindholm en su anlisis: la dificultad de discernir y comprender la realidad social en la cual estamos inmersos. La complejidad social de la modernidad, expresada en la diversidad de relaciones sociales,

de sentimientos, emociones, identidades culturales, conocimientos, informacin conduce a la eleccin irracional delante la dificultad que supone la racionalidad. Resulta ms sencillo depositar la confianza en un lder poltico que sea considerado como miembro integrante del grupo o nacionalidad y a quien se vea intuitivamente capaz de representar y defender de forma ptima los intereses de la comunidad que la labor de fiscalizar la tarea poltica e influir en las instituciones del Estado desde la participacin activa en democracia. El concepto de carisma poltico de Lindholm merece una especial atencin por su trabajo epistemolgico, al intentar delimitar el concepto de carisma poltico des de una perspectiva social, antropolgica e histrica. Sin embargo cie excesivamente las relaciones carismticas a un sentimiento magntico de atraccin hacia una persona que posee este don innato del carisma. Se centra en esta relacin y en sus distintas manifestaciones en mbitos marginales fuera del sistema poltico y social, olvidando aquello de carismtico que se encuentra en el centro, en el ojo del huracn de las sociedades democrticas occidentales. No solamente la anomia y la crisis social comportan la aparicin de lderes carismticos, tambin, la complejidad social a que estn sometidos los ciudadanos y su incomprensin dificultan un acercamiento con instrumentos racionales a la solucin de los problemas y, en definitiva, la toma de decisiones. Se opta por la pasividad y la delegacin absoluta de responsabilidades en la solucin de los problemas al lder poltico. Se crea una identidad comn con el lder poltico, ste forma parte de todos los que representa. Para poder desempear este rol debe simbolizar y encarnar los atributos nacionales e identitarios propios de la comunidad o grupo que representa.

Distintos autores han analizado las caractersticas del carisma poltico en la modernidad y con algunas diferencias conceptuales todos coinciden en que el carisma poltico en la modernidad avanzada es un carisma meditico, un carisma manufacturado. Qu entendemos por el trmino manufactura del carisma? Basamos nuestro acercamiento en la extensin formulada por Salvador Giner y Manuel Prea Yruela. Para estos autores la excelencia humana que se consigue a travs del esfuerzo, la virtud y la vocacin, es accesible a todo el mundo en la modernidad, pero solamente una minora lo hace, es un bien escaso. Para los autores el lder carismtico moderno no es genuino sino un sucedneo, al igual que se fabrican productos en serie a travs de los media se fabrica carisma. El carisma poltico ha dejado de ser un atributo personal que se comparta estrechamente con los seguidores, para elaborarse en un gabinete de expertos, escenificarse y proyectarse a travs de los medios de comunicacin. Una de las caractersticas del carisma poltico contemporneo es que se produce una reconstruccin del liderazgo carismtico. A partir de las caractersticas personales de cada lder poltico se matizan aquellas que se consideran inadecuadas mientras que se potencian las susceptibles de ser consideradas extraordinarias, y propiamente

genuinas. El proceso carismtico deja de ser una comunicacin directa entre el lder y un grupo de seguidores para pasar a establecerse un carisma poltico de masas donde el personaje carismtico es reconstruido por los asesores de imagen.16 El candidato se

Hemos utilizado el trmino reconstruccin a pesar que la mayora de asesores de imagen prefieren el trmino reflejar y no crear para describir su trabajo. El maquillaje poltico consiste en destacar las virutdes de los candidatos y mitigar los defectos de cada personaje. NIMMO, Dan. Political Image Makers and the Mass Media. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science, AAPSS. Septiembre-1976, 427, pp. 33-44.

proyecta a travs de los media para alcanzar un gran nmero de seguidores. La comunicacin se establece entre lder poltico, los media y los receptores, la audiencia. Karl Loewenstein y Reinhard Bendix han reconocido la importancia de los media en el carisma poltico moderno, ambos ponen el nfasis en la falsedad que puede acarrear este carisma meditico. Concretamente, Loewenstein cree que el carisma genuino raramente existe en la era moderna. As, Bendix y Loewenstein califican el carisma en la modernidad de pseudocarisma.17 Para ellos esta es la forma ms corriente como se manifiesta el carisma en la modernidad. Cuando utilizan este trmino referente a la apariencia del carisma suponen que la mayora del carisma moderno no es genuino. El autor nos presenta el carisma como una mscara de personalidad que es la que gobierna en las relaciones por lo tanto los elementos proyectados en el carisma moderno han de ser vistos como fraudulentos. La evocacin del carisma se convierte en una labor calculada. Desde los rganos de decisin y de mando se selecciona un lder que encarna las caractersticas deseadas por la poblacin.18 As, el lder carismtico es el resultado de una decisin tomada formalmente por dirigentes polticos o por burcratas racionales. El desarrollo de las cualidades que proyectan imgenes personales a travs de los media es el resultado de un producto planificado, de estrategias racionales y sistemticas. La poltica moderna cientfica incluye la bsqueda de una estrella planificada, esto es, un lder carismtico. La metodologa poltica standard se basa en, tener en cuenta la opinin pblica, pruebas de audiencia, smbolos, eslganes y la habilidad de varios lderes carismticos para encarnar o proyectar los temas seleccionados.

BENSMAN, Joseph; GIVANT, Michael. Charisma and Modernity: The Use and Abuse of the Concept. En: GLASSMAN, Ronald M.; SWATOS, William H.(coord.). Charisma, History and Social Structure. New York: Greenwood Press, 1986, pp.48-56. 18 Dan Nimmo expone que la imagen de los candidatos no es aquello que los image makers (asesores de imagen) buscan o consiguen sino aquello que los electores estn dispuestos a percibir. NIMMO, Dan

imagen de una estrella de cine es realzada, con las relaciones pblicas, de prensa, con ancdotas personales, entrevistas televisivas, psters fotogrficos. Una caracterstica comn de todas estas tcnicas es que estn planificadas y representan la racionalidad formal.19 Sin embargo, a pesar de estas estrategias racionales y cuidadosamente preparadas el carisma no puede ser plenamente previsible ni planificable. Est

weberiano no se preocupa por su imagen, y esta realidad es un atributo de Dios. Sin embargo, hay una preocupacin por la imagen de los reyes y dirigentes polticos institucionales desde antao. El intento de manipular el carisma no es exclusivo de la modernidad.20 Ronald Glassman destaca que a pesar que las formas tradicionales de carisma manufacturado han probablemente desaparecido para siempre, las lites del liderazgo continuarn explotando nuevas tcnicas de carisma manufacturado ambas para adquirir integracin social y para legitimar su usurpacin del poder. Glassman puntualiza que la televisin adems de crear y aumentar el carisma, es tambin un medio descarismatizador, puede mitigar o incluso anular a los lderes con carisma puro. Por otro lado, la televisin puede ser un medio descarismatizador en tanto el lder con oratoria en otros medios no es capaz de adaptarse a las necesidades y recursos tcnicos

Political Image Makers and the Mass Media. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, AAPSS, Septiembre-1976, 427, pp. 33-44. 19 Este anlisis corresponde a las aportaciones de Kysti Pekonen en su libro: PEKONEN, Kysti. Charismatic Leadership and the Role of Image in Modern Politics. Charismatic Effects and the Problem of Political Presence: The Case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989.

del propio medio. Nos da los ejemplos de John Fitzgerald Kennedy como lder con xito meditico y el de Ronald Nixon con poca presencia televisiva. Los locutores de televisin al dominar el medio ponen en evidencia a los polticos, menos habituados a ste. Debido a ello los polticos se ven obligados a aprender como presentarse ellos mismos en la televisin tanto en situaciones espontneas como en situaciones preparadas. Adems de tener que alquilar los servicios de relaciones pblicas y asesores de imagen para optimizar su xito. Los expertos mediticos pueden hacer o romper un candidato. Un paquete de candidatos es presentado al pblico de forma regular. Todos estos procesos de asesoramiento de imagen representan los intentos de crear carisma y que podemos clasificar de meditico y manufacturado. En conclusin, la televisin puede desde inhibir la proyeccin de carisma puro hasta incluso desacreditarlo cuando surge. A la vez, puede alentar estructuralmente la manufactura del carisma a travs de las tcnicas de los medios. Es decir, si bien desbanca el carisma puro de lderes polticos tambin produce por si sola figuras carismticas. Glassman hace referencia a la burocracia como limitadora, no tan solo del liderato carismtico, sino tambin de la efectividad poltica. Para l la organizacin democrtica inhibe el liderazgo poltico carismtico y el liderazgo democrtico racional, dejando al individuo en un estado de alienacin y de bajo estado moral.

El factor que hace difcil la manufactura del carisma en la poltica moderna es que la sociedad moderna es un multigrupo, una sociedad de multiclases y muy heterognea. Por lo tanto cualquier lder carismtico puede fracasar al no conseguir llegar a amplios sectores de la poblacin y solamente conseguir su liderazgo en subgrupos. Uno de los aspectos interesantes del trabajo de Pekonen21 es su valoracin de los smbolos. Estos tienen que entenderse como una forma de discurso poltico que intenta explicar acerca de lo que no se dice pero existe, lo que uno no puede atender, que es difcil de expresar exhaustivamente pero a lo que uno est obligado a intentar captar. Los smbolos polticos y especialmente su potencial para manipular son ms evidentes en periodos de crisis que en periodos de relativa paz. Estos periodos transicionales estn politizados a travs de la lucha entre smbolos que otra vez intentan explicar lo que la realidad verdaderamente es. El lder poltico simboliza y captura la imaginacin poltica de la gente. A mi entender, si bien no podemos continuar hablando de carisma genuino o puro, siguiendo la terminologa de Weber, ya que el medio en que se manifiesta y la reconstruccin que sufre el carisma desvirtan el trmino. S quiero destacar la permanencia de la genuidad innata en cada lder poltico que se manifiesta a travs de sus caractersticas personales. Lo propiamente genuino e innato en cada lder poltico se encuentra recubierto por toda la parafernalia meditica y simblica cuyo tejido hace que permanezca escondida en el fondo del personaje y se proyecte hacia el exterior a travs de nuevas estrategias y mecanismos de difusin. El maquillaje poltico tambin consiste en intentar destacar lo genuino de cada personaje, aunque no se sea consciente de ello.

PEKONEN, Kysti. Charismatic Leadership and the Role of Image in Modern Politics. Charismatic Effects and the Problem of Political Presence: The Case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989.

Por otro lado, hay que destacar las observaciones de Salvador Giner y Manuel Prea al afirmar que la consecucin de una imagen honorable y excelsa es un logro que puede conseguirse sin ser verdaderamente cierto. As, se puede estar entre las personalidades consideradas excelentes sin serlo. Se produce una falsificacin del personaje. Los medios y el maquillaje poltico reconstruyen la imagen del poltico contribuyendo a elaborar esta mscara que cubre la realidad. El liderazgo poltico carismtico de los sistemas democrticos est sumamente racionalizado, analizado y reflexionado incluso por el propio lder poltico. La imagen pblica que la lite poltica proyecta est en ocasiones milimtricamente estudiada; pero a veces el cors impuesto puede ser contraproducente. La propia personalidad poltica debe emerger sino difcilmente se consigue la ptima aceptacin por parte del electorado. La idea de la manufactura del carisma es clave para entender la creacin del carisma poltico y, especialmente, el carisma meditico del s. XX.

El trmino carisma ha sido aplicado con multitud de matices y categoras afines. Hay una gran cantidad de trminos relacionados con el concepto de carisma. Entre los distintos autores analizados he calculado ms de treinta trminos. Destacar algunos de ellos, especialmente los utilizados por Weber y Shils. La enumeracin pretende ser un primer paso hacia el intento de una tipologa del carisma que permita una clasificacin previa a un anlisis en profundidad. Algunos autores, como Schweitzer, exponen una tipologa que considero demasiado extensa y fragmentada lo que dificulta poder formar una visin global del fenmeno carismtico.1 En primer lugar debemos distinguir los distintos tipos de carisma: carisma religioso, carisma poltico y carisma del artista. Mi anlisis se centra en la definicin del carisma poltico en la modernidad, si bien es necesario para su delimitacin establecer referencias, especialmente, con el carisma religioso y, en menor medida, con el carisma del artstico.

Conceptos Weberianos: Carisma de la palabra Hace referencia a la capacidad retrica y oratoria de los lderes para poder conseguir adeptos. Weber tambin utiliza el trmino Carisma retrico para referirse a la preocupacin del control de las masas. Es una retrica sin contenido, disimuladora y abiertamente emotiva.

Carisma genuino o puro Esta condicin permite ejercer una dominacin sobre los actores que por deber siguen los mandatos del carismtico producindose un reconocimiento que no es fundamento de legitimidad sino un deber fruto de la vocacin y entrega al lder carismtico. Esta relacin se da en el carisma genuino donde se produce una entrega personal por las circunstancias de indigencia o simplemente por la esperanza y el entusiasmo en que se encuentra el dominado. Es una entrega con entusiasmo llena de esperanza. El carisma puro aparece contrario a toda racionalizacin econmica, en este sentido es antieconmico. Su vocacin no est ligada a una tarea para el sustento econmico. Sin embargo, no renuncia a otras formas lucrativas, o formas de conseguir ingresos como por ejemplo, la guerra. El carisma puro, en el sentido weberiano, se opone al orden social establecido hasta que es institucionalizado.2

Carisma de cargo La legitimidad no reside en la persona sino que se produce con respecto al cargo. Se sustenta por las cualidades adquiridas y a la eficacia de sus actos que puede demostrar habiendo accedido al cargo. La persona adquiere el carisma no por revelacin sino por sus cualidades en virtud de su cargo y de los actos hierrgicos. Un ejemplo lo tenemos en el sacerdote que separa su persona de sus caractersticas en el cargo, o en el predicador de los cuqueros que adquiere el carisma al desarrollar su misin, su oficio. Es el carisma objetivado. Asimismo, lo podemos aplicar a polticos, como Presidentes del gobierno o ministros.

Schweitzer ha utilizado una tipologa muy extensa referida mayoritariamente al carisma dictatorial y ms concretamente al rgimen fascista de Hitler. SCHWEITZER, Arthur. The Age of Charisma. Chicago: Nelson Hall, 1984. 2 BENSMAN, Joseph; GIVANT, Michael. Charisma and Modernity: The Use and Abuse of the Concept. En: GLASSMAN, Ronald M.; SWATOS, William H. (coord.). Charisma, History and Social Structure. New York: Greenwood Press, 1986, p. 38.

Carisma indeleble En el cristianismo destaca este tipo de carisma con el que se accede a su reconocimiento mediante una ceremonia mgica, separndolo de lo que se merezca la persona, de su dignidad. Indeleble significa un carisma inalterable, fijo, duradero.

La dispersin del carisma Shils estaba muy preocupado por la difusin del carisma en la sociedad, puesto que no estaba encarnada por el hroe carismtico o por el cargo sino por la estructura de la sociedad. ste se encuentra en la propia sociedad, en sus elites, en sus valores centrales, en su poblacin y en los grupos de ms alto prestigio. Se refiere a la calidad que evoca temor y reverencia (awe and reverence), all donde aparezca dicha cualidad. Los trminos que propongo utilizar, adems de los de Weber y Shils son los siguientes:

Carisma exttico ( Peter Berger) Se refiere al carisma de los Nabis en Israel durante el medievo, desapareci por su domesticacin litrgica por el prelado.

Pseudcarisma (Bensman Givant) En el carisma moderno su forma ms corriente es el pseudocarisma: la fabricacin del lder, su manufactura. Termino que se opone a la idea de carisma genuino o puro de Weber. Bendix habla de la apariencia del carisma.

Carisma meditico (Giner) Es el carisma que se transmite por los mass media. El carisma meditico se ha convertido en una forma de carisma imprescindible tanto para la elite poltica como para la poltica municipal con la emergencia de las televisiones locales y de la prensa local.

Manufactura del Carisma (Giner) Trmino utilizado para la produccin del carisma en la modernidad. Destaca la fabricacin de lderes carismticos a travs de los asesores de imagen y como estos son sometindolos a un maquillaje poltico.

ROTH, Guenther. Socio-historical model and developmental Theory. Charismatic Community, Charisma and Reason and Counterculture. En: American Sociological Review. Abril-1975, vol. 40, nm. 2, pp. 148-157.

Carisma de transicin Es aquel que surge en un momento de cambio poltico o de transicin poltica. Por ltimo propongo una tipologa que sirva como marco de referencia para el estudio y anlisis del carisma en la modernidad.

Utilizo el trmino multitudes en vez de masas siguiendo el anlisis efectuado por Salvador Giner (1979). Este autor pone en entredicho la utilizacin del trmino masas por no implicar una referencia ideolgica o cientfica clara con respecto a la teora social. Adems, su significado obedece ms al intento de expresar la angustia y el temor que han producido en los tericos las nuevas formas de las sociedades modernas que a la descripcin de la realidad social.

A lo largo del trabajo de investigacin delimitaremos el mbito del carisma como caracterstica del Political Leadership en la modernidad. Bsicamente, considero que el carisma es una caracterstica inherente al estudio del Liderazgo poltico cuyo anlisis no puede obviarse, a fin de conseguir una visin holstica del proceso y consolidacin de los lderes polticos.1 Todos los lderes polticos para desarrollar su cargo poltico deben gozar de carisma, bien sea ste una caracterstica natural, es decir, que forme parte de la propia personalidad, bien sea una construccin carismtica, un aprendizaje. Sin duda la manufactura del carisma en el liderato poltico de la modernidad es imprescindible, todos los lderes de la alta poltica cuentan con asesores de imagen, asesores tcnicos para maquillar su imagen. En una sociedad mediatizada donde la imagen es un elemento de comunicacin imprescindible para conseguir adeptos, el carisma se ha convertido en una estrategia para poder conseguir el mximo de votos posibles.2 Podemos afirmar que todos los lderes polticos gozan de ms o

Wiliam Spinrad en su artculo expone que puede ser saludable la eliminacin del trmino carisma en algunas discusiones, a la larga el trmino perjudica el anlisis del Political Leadership. A mi juicio, esto se debe a la dificultad que supone la delimitacin del trmino, sobre todo, despus de la vulgarizacin del mismo, sin duda, el anlisis del carisma no debe dejar al margen otros aspectos de la sociedad o no podemos caer en simplismos, debemos abordar en toda su complejidad el carisma poltico. Spinrad divide la legitimacin carismtica en lderes carismticos de derechas, generalmente lderes fascistas; lderes de izquierdas, lderes comunistas, su ejemplo es el culto a la personalidad de Stalin y lderes nacionalistas, por ejemplo los movimientos anticoloniales de la dcada de 1960. SPINRAD, William. Charisma: a Blighted Concept and an Alternative Formula. En: Political Science Quaterly, 1991, vol. 16, nm. 2. 2 De forma similar como las estrategias del mercado afectan al consumidor, el marketing poltico se apoya en dirigir a los votantes indecisos en un creciente mercado electoral voltil. La manera en que el producto poltico es anunciado y envuelto parece ser que afecta ms al voto que las cualidades interiores del producto. El marketing poltico requiere de los polticos no solamente vender ideas sino venderse tambin ellos mismos. MIDTB0*, Tor. The Electoral Effect of Party Leader Approval in Norway. En: Scandinavian Political Studies, 1997, vol. 20, nm. 2.

menos carisma, segn los sectores con los que logren identificarse. Una de las claves del triunfo electoral pasa por convertirse en una sea de identidad, un smbolo social, esto sin duda requerir tiempo, confianza y conocimiento. El electorado deber sentirse representado, identificado con el lder y por lo tanto confiar en l, debe pues poseer una imagen y unas actitudes con las que el electorado se sienta identificado y cuyos actos pueda comprender.3 Entre los estudios a destacar figura el anlisis terico y emprico de Alistair Cole sobre el liderazgo de Franois Mitterrand. Cole aporta elementos tericos, a parte de aspectos puramente histricos, donde define las variables que condicionan el liderazgo del hombre de estado.4 Consigue hacer comprensible el xito i fracaso del liderato poltico al detallar sus aciertos, el aprovechamiento de sus oportunidades y sus fracasos. Muestra de forma amplia y comprensible la gnesis y el desarrollo del liderazgo de Franois Mitterrand. Otro autor que ha analizado el liderazgo es Geoffrey Stern, al igual que Cole se pregunta por los lmites del liderato poltico, destaca la movilidad de actuacin que poseen los lderes polticos, los ms dinmicos y expresivos son posiblemente ms favorables a ser ms aventureros que sus colegas ms conservadores. Stern adems de sus aportaciones tericas hace un estudio comparativo de trece lderes polticos mundiales de la segunda mitad del s. XX que nos lleva a reflexionar sobre el bagaje cultural, la actuacin poltica y las convicciones de estos lderes polticos.5

Gardner destaca que un lder no solamente es importante que se confe en l, tambin que se comprenda. La confianza adems de comportar una mayor aceptacin y por lo tanto unos mejores resultados electorales tiende a conseguir el consenso social de grupos en pugna. Tambin, destaca la importancia de la identidad cultural con el lder que veremos en el siguiente apartado. Los medios de comunicacin tienden a crear una ilusin acerca del lder que muchas personas prefieren creer a enfrentarse con la realidad, si bien hay que distinguir entre la seduccin exitosa y ganar la confianza del electorado GARDNER, John W. El liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Sudamericano, 1991, pp. 52-53. (Estudios Polticos y Sociales). 4 Sus variables se dividen en caractersticas personales y caractersticas posicionales; constricciones internas y oportunidades internas; constricciones externas y oportunidades externas. Vase COLE, Alistair. Franois Mitterrand a study in Political Leadership. London: Routledge, 1994, p. 167. 5 Para ms informacin vase STERN, Geoffrey. Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993.

Al igual que Cole, Stern menciona la relacin del lder con el ambiente social y econmico con el que debe operar. Por otra parte, segn los pases la constitucin o el proceso de toma de decisiones limita o engrandece el poder del lder. Las alianzas, los tratados, la diplomacia en el mbito internacional pueden limitar las acciones de los lderes de terceros pases, sobre todo de los no democrticos. En general, las instituciones son elementos que limitan el papel del liderazgo, el poder del lder. Una mayor influencia de las instituciones es una garanta para la democracia.6 Es importante la afirmacin de Stern respecto que el actor poltico, en el teatro de la poltica, no tiene que actuar segn un texto dado, al igual que el actor en un drama improvisado trabaja en un subtexto o escenario derivado de la historia y la tradicin. Esta afirmacin me lleva a considerar que la habilidad para improvisar en el teatro de la poltica junto con la sobreactuacin son actitudes que aportan carisma. Para Stern, los actores polticos deben evaluarse en trminos de su contribucin hacia la seguridad, bienestar y prestigio de sus respectivas sociedades, como esta contribucin es entendida depende del grado en que el lder juega su papel en el mbito de ceremonias, como presidente, jefe, demagogo o semidis y, por su puesto, del sistema poltico (democracia parlamentaria o presidencialismo, dictadura). Giner destaca que el teatro poltico era un elemento importante en el poder7 pero no el nico como viene sucediendo. As, la presidencia de un gobierno depende mucho ms de una retransmisin de los candidatos por televisin que de los programas polticos.8 De todo ello deduzco que la percepcin de la labor o accin poltica protagonizada por el lder y su partido o gobierno es percibida por los ciudadanos ms

CASTELLS, Manuel. La era de la informacin. La sociedad red. 3 vol. Madrid: Alianza Editorial, 2001 . 7 Friedrich habla del poder no solamente como una cosa o una posesin sino tambin como una relacin, as, la relacin carismtica de dominio de un lder, bien sea por el consenso, como es el caso de los lderes democrticos es una forma de poder. FRIEDRICH, Carl J. Political Leadership and the Problem of the Charismatic Power. En: Journal of Politics. 1961, vol. 23, nm. 1.

por la relacin carismtica que establecen con el lder que por las polticas implementadas o por los logros polticos, sin querer por ello negar una cierta percepcin de la labor hecha (reformas arquitectnicas, pensiones, mejora en la enseanza). Ni Cole ni Stern mencionan los lobbies como poderes econmicos condicionantes del liderazgo poltico, la presin que ejercen estos grupos junto con su poder econmico hace que sea necesario tenerlos en cuenta para un anlisis veraz y con detenimiento del liderato poltico en la modernidad. Giner reconoce la restriccin que los poderes fcticos (grandes corporaciones multinacionales capitalistas, estamentos militares, fabricantes de armas, algunas asociaciones religiosas y profesionales) poseen sobre los gobiernos a los que influyen en su toma de decisiones. Esto tiene como consecuencia la necesidad de la ambigedad poltica para intentar contentar tanto los grupos de presin, entre ellos, al electorado en un intento de conseguir y mantener el carisma. Giner adems de su aportacin acerca del carisma meditico, que hemos expuesto en apartados anteriores, analiza la relacin entre liderazgo y democracia. 9 Tanto Cole como Stern para su anlisis se basan en estudios de caso, una de las afirmaciones de Stern es que a travs del anlisis con detenimiento de los lderes polticos se puede conocer mejor el liderazgo.10 Otra autora, Helen Drake, 11 destaca en su anlisis del liderazgo europeo de Jacques Delors la importancia que ha suscitado a mediados de los ochenta el liderato de una superestructura como la Comunidad Europea ello es un sntoma de la aceleracin del proceso de unidad europea.

GINER, Salvador. Carta sobre la democracia. Barcelona: Ariel, 1996, p.79. (Ariel, 145). Ibid. 10 Un ejemplo es el estudio del liderazgo de Ben Gurion con los intelectuales de su tiempo, destaca su profundo saber tanto en el campo de la historia bblica como de la filosofa moderna. Por encima de todo era un poltico mesinico que calculaba todas sus ideas, su estudio es una contribucin a la Historia de las ideas, sobretodo respecto a los dominios entre poder y conocimiento. KEREN, Michael. Ben-Gurion and the intellectuals: Power, Knowledge, and charisma. Dekalb: Northern Illinois Press, 1983 .COSER, Lewis A. Ben-Gurion and the intellectuals: Power, Knowledge, and charisma. En: Contemporary Sociology. Enero-1985, vol. 14, nm. 1, pp. 88-89. 11 DRAKE, Helen. Political Leadership and European Integration: The Case of Jacques Delors. En: West European Politics. Enero-1995, vol. 18, nm. 1, pp.140-160.

liderazgo. En muchos casos los problemas no se resuelven nunca (crimen, pobreza e injusticia), mientras los nuevos problemas emergen. La presentacin dramatrgica de los lderes y sus xitos o fracasos sirve solamente para personificar el sistema,

disfrazando las fuerzas sociales para mantener el poder de las lites, en vez de imaginar el liderazgo como innovacin. El poder poltico o econmico es algo ms que saber dibujar agendas; hay una base material desigual y un inters para la desigualdad de la riqueza, el poder y la autoridad que los grupos dominantes quieren mantener. Las lites definen la realidad, crean acontecimientos y dan presentaciones dramticas que sirven ampliamente para mantener o incrementar su propio poder. Algunos temas se convierten en problemas sociales basndose en como grupos poderosos que definen, controlan y explican la realidad.12 Otros autores, que se han dedicado al estudio del liderazgo poltico son R.E. Neustadt.13 Todos los autores coinciden en intentar discernir cual es el papel del lder frente a los acontecimientos histricos. El lder poltico efecta su eleccin racional en funcin de las estructuras (instituciones, gobierno, poderes econmicos) y del electorado. Cambia el lder su decisin poltica en funcin del electorado? George Simmel, contemporneo de Weber, sugiri que los seguidores tienen tanta influencia sobre sus lderes como estos sobre aquellos. El lder poltico y su gobierno pueden tomar medidas que sean altamente populares (subida de las pensiones, baja en las tasas de las autopistas) con la finalidad de incrementar el voto, a su vez que mantienen y aumentan el nmero de seguidores, en otras palabras, el carisma poltico. Martha

EDELMAN. Constructing the Political Spectacle. Chicago: University of Chicago Press, 1988. LANGMAN, Lauren. Constructing the Political Spectacle. En: Contemporary Sociology. 1989, vol. 18, nm. 3. 13 NEUSTADT, R.E. Presidential Power: The Politics of Leadership from Roosevelt to Reagan. New York: John Wiley and Sons, 1990 . En su estudio intenta analizar la labor de los distintos presidentes con relacin a cuatro grandes variables: los objetivos polticos con relacin al contexto

Nussbaum destaca la importancia de la compasin del lder, la empata hacia los ciudadanos o grupos que pretende liderar. Esta idea se enfrenta a la concepcin del superhombre de Nietzsche y es crtica con los autores de la Ilustracin como Rousseau; Nussbaum, en cambio, destaca que una actitud compasiva no tiene porque renunciar a los objetivos de la Ilustracin acerca de la razn.14 Con la mediatizacin de la poltica el lder se convierte en el elemento ms visible de las decisiones polticas, capitaliza el xito poltico, aunque tambin puede acusar el fracaso. No obstante, el lder poltico puede desdoblar sus decisiones y sus polticas del discurso ante el electorado, en los mtines o en sus apariciones en los medios, es decir, cuando se dirige directamente a los ciudadanos- votantes. Sin duda el carisma hace referencia a la relacin entre el lder y las masas de seguidores, a la capacidad de conseguir adeptos y de transmitir valores polticos, argumentando las propias decisiones y objetivos polticos, en definitiva, ser capaz de comunicar e infundir confianza que puede incluso, a veces, convierte en una fe ciega en el lder.15 Sin embargo, por otro lado el carisma del lder poltico est constituido por el propio estilo poltico, lo genuino del lder poltico, ms su legado poltico, sus referentes polticos. ste suele ser un lder importante del pasado reciente o cercano con el que se identifica, imitando alguno de sus ademanes, ideas o estilo.16 En este punto hay una difusin de campos entre el liderazgo poltico y el carisma poltico, ste se sita en las

histrico; su capacidad de adaptacin al cargo poltico; su capacidad de reaccin en situaciones de crisis y por ltimo su legado o influencia sobre los que le sucedieron. 14 NASSBAUM, Martha. Compassion : The Basic Social Emotion. En: Social Psychology and Policy. Winter-1996, vol. 13, nm. 1, pp.27-58. 15 Vanderoef destaca del libro de Willner que define el liderazgo carismtico como la relacin entre el lder y los seguidores. El lder es percibido por los seguidores como un superhombre; los seguidores creen ciegamente en los argumentos del lder, cumplen incondicionalmente con las directrices del lder para llevar a cabo sus acciones y dan al lder un respaldo con su compromiso emocional. VANDEROEF, John S. The Spellbinders: Charismatic Political Leadership by Ann Ruth WILLNER. En: Journal of Politics. Mayo 1985, vol. 47, nm. 2, pp.761-763. 16 WILLNER destaca en su libro que los lderes polticos buscan referentes histricos (lderes importantes del pasado) en cuya accin poltica poderse identificar WILLNER, Ann Ruth. Charismatic Political Leadership: a Theory. Princeton: Princeton University Press, 1968. Bulet Bulent Ecevit

caractersticas personales del lder y en sus dotes comunicativas y de atraccin del electorado. Carl Friedrich reconoce una dimensin psicolgica en el carisma, ste inspira la confianza del electorado y afirma que el liderazgo carismtico est mucho ms cercano a la religin.17 A mi juicio, el origen religioso nos ayuda a comprender su forma de manifestarse en la actualidad, los valores de trascendencia, el ritual y el consenso que comporta el carisma; sin embargo, su desarrollo en las democracias occidentales no se encuentra siempre vinculado a la religin y por lo tanto debemos hablar del desarrollo del carisma en la politeya democrtica en el marco de la religin civil.18 Como religiosas, los distintos autores se

debaten entre la eleccin racional del lder poltico por parte del electorado y la eleccin irracional fundamentada por la emotividad. No obstante, mi propuesta se centra en que la propia razn histrica, la verdad histrica, comporta emocin, la emotividad puede estar presente en la eleccin racional; emocin no implica falta de racionalidad. Observamos una tendencia a la racionalizacin del carisma en el lder poltico, pero esta tampoco est inmune a la emocin. En cuanto al lder poltico, segn Weber, la responsabilidad personal y la conviccin pasional, es decir, la tica de la responsabilidad (verantwortungsethik) y la tica de la conviccin (gesinungsethik) pueden ser reconciliadas.19 Giner afirma, como ya hemos expuesto, el intento de

reconoce haber tenido como referente : Ataturk certainly was a great source of inspiration for me... STERN, Geoffrey. Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993, p.36. 17 FRIEDRICH, Carl J. Political Leadership and the Problem of the Charismatic Power. En: Journal of Politics, 1961, vol. 23, nm. 1. 18 Adems del nacimiento de nuevas formas de religin, como es el caso de la aparicin de sectas, ha surgido un conjunto de expresiones de religiosidad que conllevan que algunos autores hablen de un retorno a lo sagrado. La religin civil consiste en la sacralizacin de ciertos rasgos de la vida comunitaria, que se plasma en un conjunto de rituales pblicos, liturgias cvicas o polticas y devociones populares encaminadas a conferir poder y reforzar la identidad de una colectividad socialmente heterognea, a la que se atribuye trascendencia GINER, Salvador. Religin civil. En: Claves de razn prctica. Abril-1991, nm.11. 19 GANE, Nicolas. Max Weber on Ethical Irrationality of Political Leadership. En: Sociology. Agosto1997, vol. 31, nm. 3.

superacin de la disyuntiva entre razn y pasin, entre fe y razn, propone entender el carisma como algo necesariamente irracional sino metarracional.20 Los seguidores quieren ver mejorada su situacin como colectivo.21 Siguen al lder porque se identifican con l, creen en su bondad y astucia, en sus capacidades cuyo reconocimiento depender de la cultura poltica del electorado o de una entrega ms o menos simblica al lder (la representacin del buen lder se fundamenta, a veces, sobre la base de modelos ejemplares de grandes lderes del pasado).22 La psicologa poltica ha demostrado que las razones de la gente para seguir a un lder en particular estn a menudo lejos de lo racional.23 El elector puede depositar en el lder su confianza sin necesariamente racionalizar sino por una entrega simblica, por su entrega o conversin en los mtines o por ser lder de un determinado partido. La eleccin es, en este caso, una actitud ms cercana a la puncin que a la eleccin racional.24 El acto irracional de la sumisin es el de la obediencia y el de la fe, el inters personal est definido por los parmetros de riesgo precedentemente aceptados. La eleccin del sometimiento a un poder ms grande impersonal, a una figura carismtica, es racional porque se busca una

GINER, Salvador. La Iluminacin Carismtica de la Razn. En: International Review of Sociology. 1997, vol. 7, nm. 3. 21 SHAOGUANG, Wang. Failure of Charisma: The Cultural Revolution in Wuhan. Oxford: Oxford University Press, 1995. Se trata de un estudio sobre la Revolucin cultural en China, pero desde una perspectiva local de la aldea de Wuhan. Shaoguang intenta probar que la revolucin cultural China no se debi al Carisma de Mao sino que hubo elementos de racionalidad as la motivacin de los participantes fueron al menos clculos subconscientes de los riesgos y recompensas. Calhoun, contrariamente, afirma que el carisma no fue solo un atributo de Mao sino una estructura social en la cima de la cual estaba Mao y fue una fuerza potente en generar accin, incluso si Mao no poda controlarla. CALHOUN, Craig. Failure of Charisma: The Cultural Revolution in Wuhan by Wang Shaoguang. En: American Journal of Sociology. Septiembre-96, vol. 102, nm. 2, pp. 609-611. 22 TURNER, Stephen. Carisma e obbedienza. Un approccio cognitivista. En: Quaderni di Sociologia. 1993, vol. 37, nm. 6, pp.63-88. 23 Lindholm aade que el magnetismo personal es una cualidad admirada y envidiada que triunfa en el amor y en el trabajo LINDHOLM, Charles. Lovers and Leaders: a comparison of social and psychological models of romance and charisma. En: Social Science Information. Marzo-1988, vol. 27, nm. 1, pp.3-45. 24 Jos M Colomer plantea que la Transicin espaola fue un modelo de consenso entre las lites polticas, sin embargo lo que fue una virtud en la Transicin ha pasado a ser un vicio en la democracia pues la poblacin continua apartada de los centros de poder, hay poca participacin poltica y cultura poltica. Su anlisis se inserta en la teora de la eleccin pblica o teora de la eleccin. COLOMER J.M El arte de la manipulacin poltica. Barcelona: Anagrama, 1990.

eleccin para la mejora.25 La proximidad de la esfera religiosa y poltica en el carisma nos permite reconocer la importancia del campo simblico en lo poltico al igual que en el mbito de la religin.26 As, el carisma esta envuelto de un elemento mstico, aporta trascendencia al liderazgo poltico en mayor o menor medida segn el cargo que se ocupe o el alcance del movimiento social, y sobre todo en el caso de las sectas el seguimiento de los mandatos del lder religioso puede llevar hasta la muerte.27 Un elemento asociado al carisma es la mstica que lo envuelve su aura de trascendencia. As, los agentes polticos responden a la lgica de las estrategias simblicas con su vestir, sus ademanes y sus relaciones, son tocados y venerados por los fieles votantes. El lder poltico da, a su vez, coherencia a la vida cotidiana entre los ideales y la conducta, es pues el gua a seguir, o simplemente es quien nos reafirma la propia identidad, la coherencia entre nuestras ideas y nuestras acciones. Para Bourdieu el lder poltico debe cumplir la funcin de catalizador de las ideas de la multitud puesto que sta es no es capaz de expresar su malestar, bien por desconocimiento, bien por la falta de canales donde se de cabida a su malestar. Esta idea del lder como catalizador la encontramos ya en Rousseau.28 A un nivel ms simple del electorado el lder puede incluso aparecer como algo mgico, o milagroso, inexplicable a los ojos de la poblacin razn por la cual se magnifica su figura. Un elemento muy importante para entender la relacin carismtica entre lderes y adeptos consiste en que los seguidores creen en la veracidad de las palabras del lder,

TURNER, Stephen. Carisma e obbedienza. Un approccio cognitivista. En: Quaderni di Sociologia. 1993, vol. 37, nm. 6, pp.63-88. 26 Bourdieu resalta la importancia del campo simblico en el elemento religioso. BOURDIEU, Pierre. Gense et structure du champ religieux. En: Revue Franaise de Sociologie. 1971, vol. XII, nm. 3. GINER, Salvador. La Iluminacin Carismtica de la Razn. En: Review of Sociology. 1997, vol. 7, nm. 3. GINER, Salvador. Religin civil. En: Claves de razn prctica. Abril-1991, nm. 11. 27 Una muestra del carisma asociado a las sectas y que nos muestra el peligro que ste puede conllevar lo encontramos en el libro de Charles Lindholm donde nos describe la secta destructiva del Templo de Pueblo y su lder carismtico Jim Jones que llevo al suicidio a sus miembros. LINDHOLM, Charles. Charisma. Barcelona: Gedisa, 1992 .

el carisma est constituido por la confianza depositada en el lder, se efecta una entrega sin paliativos. Por esto el carisma se puede convertir en un elemento peligroso y empobrecedor de la cultura poltica y en consecuencia de la democracia. Por otro lado, el carisma poltico es un atributo del liderato poltico en democracia. El carisma se convierte en imprescindible para que una formacin poltica pueda conseguir el mximo de votos posibles. Sin la legitimacin del lder poltico por parte de los ciudadanos-votantes una formacin poltica no puede mantener el techo electoral. El lder poltico es un factor determinante para poder conseguir el voto voltil y el voto del electorado de centro. Dicho de otra manera, por el momento, para conseguir el triunfo electoral es imprescindible contar con un lder poltico carismtico. Los estudios electorales de Europa Occidental han sealado la importancia del carisma del lder. La popularidad del lder no se distingue de la popularidad del partido, incluso el partido eclipsa al lder en la competencia por los votos. Sin embargo, con la manifiesta personalizacin de la poltica hay muchos ejemplos en que los lderes pueden ayudar en el xito o fortuna de sus partidos. Algunos estudios recientes concluyen que la evaluacin por parte de los votantes de los lderes de partidos afecta significativamente la eleccin de partido, el party choice. 29 Esto nos lleva a intentar delimitar lo propiamente carismtico del lder poltico en democracia. En un intento de ampliar el concepto de carisma definido por Weber consideramos, como apuntbamos anteriormente, que algunos de los atributos o

Para Rousseau el legislador era un mero catalizador (For Rousseaus legislator was a merely a catalyst). BLONDEL, Jean. Political Leadership. California: Sage, 1987, p. 198. 29 MIDTB0*, Tor. The Electoral Effect of Party Leader Approval in Norway. En: Scandinavian Political Studies. 1997, vol. 20, nm. 2.

modlica a travs de los medios, capaz de crear identidad y inspirar confianza; el reconocimiento de la labor poltica. En cuanto a los aspectos propios de la lgica situacional que condicionan el mantenimiento del carisma, al contrario que el momento de emergencia del lder, en la rutinizacin del carisma destaca la estabilidad poltica, el control de los medios de comunicacin y la proyeccin internacional. Sin duda la aparicin en los medios ser decisiva para configurar un aura carismtica en el lder poltico que lo elevar a un nivel de trascendencia y de santidad. Burke y Brinkerhiff en su anlisis intentan medir la intensidad o el grado del carisma a travs de adjetivos semnticos opuestos, como por ejemplo, valiente/cobarde; emotivo/fri; amable/avaro; sano/enfermizo; atractivo/feo; especial/anodino; fuerte/dbil; astuto/infantil. Parten de la idea que cada persona tiene su propio carisma y no tiene que ser reconocida como carismtica de igual forma que otra. As, el carisma es multidimensional y pueden, por lo tanto, variar las caractersticas de los individuos.31 En un estudio basado en que la cualidad del liderazgo segn los rasgos de personalidad se lleg a la conclusin que mientras los votantes reconocen diferencias fundamentales en la personalidad de los candidatos, algunas caractersticas eran ms importantes electoralmente que otras, por ejemplo, la efectividad y la capacidad de escuchar.32 Queda por destacar la relacin entre el liderazgo poltico con relacin con el sistema de partidos y su papel en el sino del partido poltico. Helmut Schmitdt considera

Roelofs parte de la idea que hay Presidentes que tienen carisma y otros no, si bien no estoy del todo de acuerdo con esta afirmacin pues considero que cada carisma es distinto y tiene ms o menos difusin. Roelofs intenta explicar la adquisicin de carisma a travs de la tradicin judeocristiana. El rol proftico de la Biblia est relacionado con las palabras y el dilogo. A diferencia de los filsofos griegos, en la tradicin hebraica el alma puede crecer con palabras y gestos asociados pudiendo producir dolor o satisfaccin. El lder proftico hebreo es sobre todo un narrador de historias, escucha a su gente y la historia que cuenta es la de su vida juntos. El Presidente norteamericano est en posicin de servir como orador en la nacin y encarna este sentido mtico. ROELOFS, Mark. The Prophetic President: Charisma in the American Political Tradition. En: Polity. Fall-1992, vol. 35, nm.1, pp.1-20. 31 BURKE, Kathryn; BRINKERHIFF, Merlin B. Capturing Charisma: Notes on an elusive Concept. En: Journal for the Scientific Study of Religion. Septiembre-1981, vol. 20, nm. 3.

que cada tipo de democracia necesita un tipo de liderazgo, por ejemplo, en Norteamrica solo hay dos partidos polticos, mientras que en Francia o Italia hay seis o ms partidos polticos esto implica la necesidad de establecer coaliciones polticas, cuyo aspecto no preocupa en absoluto al Presidente de EE.UU.33 Para Sara Gentile el Presidencialismo con su mayor carisma es una solucin a la inestabilidad de los gobiernos y de los regmenes parlamentarios.34 Con respecto a la configuracin del propio partido poltico y su relacin con el liderazgo carismtico hay que destacar que el lder carismtico tiende a reforzar el catch-all-party o partido de todo el mundo, trmino elaborado por Kirchheimer35 para designar un partido situado en el centro del espectro poltico que favorece con su inclusin un liderato carismtico capaz de aglutinar adeptos de distintas procedencias y situados desde el centro izquierda al centro derecha. Este tipo de modelo de partido tiende a favorecer el liderazgo carismtico a la vez que ste refuerza la amplitud de sectores a los que puede abarcar el partido. Gentile utiliza el concepto de personalizacin del poder que tiene como fundamento la personalizacin de la poltica es el caso de Silvio Berlusconi en Italia. En la campaa de Berlusconi se produjo una absoluta personalizacin y construccin del consenso no tanto alrededor del partido, Forza Italia, sino alrededor del lder. Berlusconi a su vez supo conectar con el electorado femenino ofreci un universo poltico ms prximo a la mujer una imagen

JONES, Philip ; HUDSON, John. The Quality of Political Leadership: A Case Study of John Major. En: British Journal of Political Science. Abril- 1996, vol. 26, nm. 2, p. 236. 33 Schmidt tambin destaca el cambio en el liderato que supone la utilizacin de la televisin, agente que podemos considerar revolucionario de la poltica. STERN, Geoffrey. Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993, pp. 13-25. 34 GENTILE, Sara. La construzione del carisma: per uninterpretazione della leadership di De Gaulle. En: Teoria politica.1997, vol. XIII, nm.3, pp.121-152. 35 Para ms informacin vase KIRCHHEIMER, Otto. El camino hacia el partido de todo el mundo. En: LENK, Kurt; NEUMANN, Franz. Teora y sociologa crticas de los partidos. Madrid: Anagrama, 1980, pp. 328-348.

menos monoltica, su forma de hablar recuerda el lenguaje evanglico.36 En su ltima campaa del 2001 la clave de su xito reside en el control de los medios, las cadenas privadas de la televisin y una campaa centrada en su persona. Si bien el carisma es necesario, no debera suponer un elemento de empobrecimiento de la democracia. La participacin a travs de asociaciones polticas de ndole diversa se debe mantener y ser un elemento crtico, que fomente la accountability, la demanda de responsabilidad a las lites polticas. En este sentido el lder poltico tiene a veces que seguir a la sociedad, transmitir sus posiciones, y liderar en los foros donde tiene soberana para hacerlo.37 La crisis de las ideologas, el derrumbamiento del sistema comunista, el proceso de mundializacin de la economa y de la sociedad han fomentado la aparicin de lderes polticos carismticos, individuos situados por encima del mundo terrenal capaces de liderar los procesos de transformacin. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que esta tendencia puede verse frenada por la importancia que van adquiriendo personalidades diversas por el mero hecho de su constante aparicin en los medios de comunicacin, por ejemplo, conductores de programas televisivos, actores, modelos, futbolistas, y pblico diverso. Observamos pues una tendencia a desplazarse o ampliarse el carisma de los centros de poder descritos por Shils (el gobierno, los altos funcionarios, la comunidad cientfica) a los personas con gran poder econmico, personas mediticas. La dispersin del carisma est menos centralizada, que quiero decir con ello, el carisma no tan slo se sita en unos centros de poder y se difumina alrededor de ellos sino que con el fenmeno de la mediatizacin de la sociedad se tiende a una mayor aparicin de centros

GENTILE, Sara. Charisma o personalizzazione del potere: Berlusconi e il carisma mediatizzato. En: Teora Poltica.1997, vol. XIII, nm.1, pp.131-155. 37 Putnam en su tesis afirma que una de las causas del desarrollo de la vida poltica, la mayor utilizacin de las elecciones por los habitantes del norte de Italia en el s. XIX, fue gracias al desarrollo de la vida asociativa en estas regiones,(sociedades de Ayuda Mutua, sociedades de canto coral, partidos de masas, cooperativas). As, en las zonas de clientelismo haba ms inhibicin. Tambin, afirma que muchos

carismticos o ncleos carismticos con una menor dispersin a su alrededor. Adems, la percepcin de lo carismtico variar segn el status social y cultural de las personas que lo reconocen y lo legitiman. Desde la perspectiva de la democracia de responsabilidad (democratic accountability) la eleccin del partido por parte de los votantes est afectada por lo que los polticos hacen en trminos de polticas pblicas e implementacin. Sin embargo, las apariencias y la retrica pueden ser ms importantes que las polticas (policies). Los polticos pueden llamar la atencin utilizando diferentes estilos retricos, donde llaman a la lgica de los hechos, la moral, los mitos y los sentimientos. Se ha descubierto una actitud primitiva en el voto affective voting que significa que la eleccin del voto es un resultado de afirmaciones pasionales en vez de una evaluacin racional y cuidadosa.38 Como comentaba ms arriba, la crisis de las ideologas favorece la aparicin del lder carismtico con una mayor valoracin de sus ideas, de su pragmatismo y de su identidad; predomina un proceso de revalorizacin de las individualidades, una americanizacin de la poltica en la sociedad europea, que favorece y da importancia a cada individualidad, a los actores y sus ideas al margen de su labor acadmica y de pensamiento. No hay temor a las consecuencias que pueda comportar cualquier tipo de accin, o discurso poltico sin previa meditacin o racionalizacin de sus consecuencias.39

lderes provenan del movimiento de Ayuda Mutua. PUTNAM, Robert D. Civic Traditions after Unification. Civic Traditions in Modern Italy. Princeton: Pricenton University Press, pp.137-162. 38 MIDTB0*, Tor. The Electoral Effect of Party Leader Approval in Norway. En: Scandinavian Political Studies. 1997, vol. 20, nm. 2. 39 En este sentido Amelia Valcrcel llama la atencin al poco peso que tiene la escuela en la educacin y en la cultura poltica, pues a pesar de su esfuerzo en educar siguiendo la tradicin y el pensamiento crtico, la sociedad mediatizada puede en un santiamn desmentir y ridiculizar las prcticas familiares y de los enseantes. VALCRCEL, Amelia. Cultura y democracia. En: GINER, Salvador (coord.) La cultura de la democracia. Barcelona: Ariel, 2000, pp.129-131. (Ariel, 212).

Si intentamos ver los elementos que son portadores de carisma para el lder de la modernidad hay un elemento del anlisis olvidado en el Political Leadership, pues es ms un elemento que configura el carisma del lder. Me estoy refiriendo a la figura del alter ego el personaje poltico que acompaa el lder reforzando su imagen, ejerce la funcin de contrapeso y es a menudo quien se encarga de los aspectos pblicamente ms controvertidos o difciles para intentar mantener la imagen de bondad en el lder en cuestin. El alter ego, pues, ayuda a mitificar la imagen de bondad del lder en cuestin, evita su desgaste en aspectos ms banales, complementa el liderato, y llega a sectores que el Presidente del gobierno o Primer Ministro tiene dificultad para atraer. Hay autores que han centrado su anlisis en los aspectos psicoanalticos del liderazgo poltico, Aberbach quien insiste, al igual que Bruce Mazlish,40 en que los contextos histricos de crisis son favorables para el nacimiento de lderes carismticos. Aberbach adems, como ya he comentado anteriormente, destaca la relacin psicoanaltica de los lderes carismticos con su infancia, los traumas infantiles, como en el caso de Hitler el suicidio de sus padres que tendr relacin posteriormente con su desarrollo carismtico; o el caso de un artista carismtico como Elvis Presley cuyo hermano gemelo naci muerto y su madre preparaba un lugar en la mesa para el nio fallecido. Para el autor la relacin carismtica tiene lugar entre el mundo interior traumatizado del carismtico o carismtica, el exterior social y la crisis poltica. Lo pblico se convierte en un sustituto ideal de la unin familiar y la armona, una realidad sustituta de la ruptura y la desilusin.41

MAZLISH, Bruce. Some Observations on the Psychology of Political Leadership. En: Political Psychology. Diciembre-1994, vol. 15, nm. 4, pp. 745-753. 41 El inters del autor por el carisma nace en sus trabajos en la clnica infantil de psicoterapia en Londres en la dcada de los ochenta. Los nios con un solo padre o madre resultarn ms vulnerables a las relaciones carismticas como seguidores o como lderes que los nios con ambos padres. Los nios de familias rotas a menudo repiten el modelo de rotura familiar en la vida adulta. ABERBACH, David. Charisma in Politics, Religion and the Media. Private Trauma, Public Ideals. London: McMillan Press LTD, 1996.

En todo caso el lder para adquirir su carisma en la modernidad no debe mostrarse como el hidalgo solitario y perturbado por las dificultades del poder, sino que debe verse arropado por su equipo de colaboradores que comparten sus ideas, al mismo tiempo que complementan y refuerzan su carisma. As pues, a todo anlisis de la Political Leadership le es imprescindible para una comprensin holstica del fenmeno tener en cuenta el elemento carismtico. Su complejidad va ms all de la simple observacin de la entrega de las masas al lder que le otorgan legitimidad, popularidad, en lo que insisten los psiclogos de las masas y Willner, o su capacidad revolucionaria, descrita por Weber. En el anlisis del carisma hay que exponer todos los aspectos que han sido decisivos para la consecucin del carisma, la lgica situacional, la politeya en que se encuentra, lo genuino del lder poltico, su caracterstica personal, la manufactura de su carisma, su manipulacin, su retrica, sus referentes y sus polticas. Por ltimo, hay que tener en cuenta, que el carisma en la modernidad tiende hacia la racionalidad, el modelo es un individuo racional capaz de adquirir el xito, un ser humano que triunfe en todo aquello que se propone, lejos de visiones picas, el lder debe mostrarse cercano a sus seguidores, formar parte de su comunidad, ser un smbolo de identidad e influir en la cohesin social de la nacin-estado y a la vez en las superestructuras.42 As, el proceso de mundializacin favorecer a que surjan lderes que sean capaces de defender los intereses nacionales y paradjicamente, transnacionales. El lder poltico deber intentar la cohesin de superestructuras como la construccin europea y fomentar el respeto de una convivencia en la diversidad cultural. Edward

Segn Bourdieu el lder carismtico debe acumular capital de poder simblico. El profeta de Bourdieu ser un smbolo ms que se adecuar a la representacin colectiva, a la propia imagen que tengan los seguidores del profeta. BOURDIEU, Pierre. Une interprtation de la thorie de la religion selon Max Weber. En: Archives europennes de sociologie. 12-1971, nm.1. Gense et structure du champ religieux. En: Revue Franaise de Sociologie, 1971, vol. XII, nm. 3. La reprsentation politique. Elements pour une thorie du champ politique. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials, 1981, vol. 2, nm. 36-37. Penser la politique. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials: 1988, vol. 3, nm. 71-72.

Page destaca en su anlisis sobre el liderazgo de la Comunidad Europea que muchos de los comisarios polticos tienen ms experiencia que los gobernantes nacionales anteriormente la mayora han sido ministros. Weber destac que la meta de la ambicin poltica es el liderazgo y muchos de los Comisarios deben saber que sta es su ltima gran posicin.43 En resumen, el carisma se convierte en una caracterstica personal indispensable para conseguir el reconocimiento del electorado, en el caso del sistema de partidos polticos democrticos o bien, en el catalizador y en el dinamizador crtico de problemas estructurales,44 como es el caso de la aparicin de lderes antisistema como Jos Bov en Francia o el lder independentista Umberto Bossi en Italia. Los estudios sobre Political Leadership centran su anlisis en distintas variables que configuran la accin poltica, adems de aportar datos biogrficos sobre el lder o lderes en cuestin. Intentan describir la importancia del liderazgo en la toma de decisiones polticas, organizacin o manipulacin de la agenda; el papel en poltica internacional y nacional dentro del margen que le dejan las instituciones y la constitucin; en otras palabras, analizan su accin poltica teniendo en cuenta sus limitaciones tanto del propio sistema poltico como del contexto histrico. El anlisis del liderazgo poltico y del carisma suele aplicarse a un lder o lderes en concreto, as la aportacin terica se ve complementada o nutrida por un anlisis ms detallado, que permite a su vez un mejor entendimiento del proceso histrico y del liderato en cuestin. El liderazgo carismtico

La experiencia poltica de los comisarios tiene que ser entendida como una forma que les permite tener los conocimientos para movilizar el apoyo en las estructuras de polticas pblicas de Bruselas. No se puede esperar que el Comisario vaya ms all del rol del poltico burocrtico. Por ltimo, es ms probable que los comisarios hayan tenido ms experiencia de gobierno que los ministros y por lo tanto que desarrollen sus propios objetivos los cuales son difciles de mantener en un sistema fragmentado. PAGE, Edward C.; WOUTERS, Linda. Bureaucratic Politics and Political Leadership in Brussels Public. En : Administration. Autumn-1994, vol. 72, nm. 3, pp. 445-459. 44 Los problemas estructurales tales como la desigualdad en el reparto de las tierras puede dar lugar a movimientos que socavarn la politeya democrtica y fomentarn el desarrollo de ideologas antidemocrticas y actitudes polticamente cnicas que aslen primero, y ridiculicen despus, el ejercicio de la probidad o las muestras de virtud pblica. GINER, Salvador. Cultura republicana y cultura del

tiende a aparecer en momentos de crisis y cambio social como tal es fruto del caos, o de situaciones donde hay fracturas y confusin, el lder carismtico se convierte en el gua a seguir que da cohesin interna y simboliza los anhelos, las esperanzas de consecucin por parte de sus seguidores y por la sociedad en general. La manufactura del carisma en la modernidad hace que el liderato de los partidos polticos tiende a personalizarse y a fabricar el carisma como una medida para conseguir el mximo nmero de votos e influir en las opiniones y en las mentes de los seguidores. El lder poltico carismtico es un sustituto de la racionalidad, frente a la complejidad social y la incomprensin social y poltica que dificulta la participacin democrtica. Actuar a partir de las propias reflexiones provoca indecisin y esfuerzo lo que comporta el acatamiento y seguir la opinin de un lder o simplemente confiar en l. Sin embargo, paradjicamente, su imagen simboliza lo racional, cuando hablamos de imagen y carisma podemos hablar de manufactura del carisma,45son los medios de comunicacin quienes construyen el carisma, quienes resaltan una u otra personalidad poltica y difunden o remarcan un determinado discurso, una teatralizacin de la poltica favorecida por los medios. Sin duda, hay un lado oscuro del carisma y es su capacidad de manipulacin de las multitudes. El potencial carismtico de cambio social debe estar orientado hacia la consecucin de valores positivos, derechos y cambios constructivos que aporten cohesin social, en definitiva, la consecucin de una mejora de la sociedad democrtica. No podemos dejar de mencionar la ambivalencia46 del carisma, ste puede ser negativo como en el caso de los totalitarismos del s. XX, a todos nos son presentes

porvenir. En: GINER, Salvador (coord.) La cultura de la democracia. Barcelona: Ariel, 2000, pp. 160. (Ariel, 212). 45 GINER, Salvador; PREA YRUELA, Manuel. La manufactura del carisma. En: CASTILLA DEL PINO, Carlos. Teora del personaje. Madrid: Alianza Universidad, 1989. 46 George Simmel destaca la ambivalencia de todo fenmeno social, ste tambin es el caso del carisma. GINER, Salvador. Historia del pensamiento social. Barcelona: Ariel, 1994 .(Ariel Historia) Teora sociolgica clsica. Barcelona: Ariel, 2001. (Ariel Sociologa). SIMMEL, George. Sociologa. Estudios sobre las formas de socializacin. Madrid: Alianza Editorial, 1986.

las imgenes de Hitler ante las masas, pero a su vez con su legitimidad puede controlar situaciones de descontento social haciendo llamadas a la calma para soportar estoicamente las situaciones de crisis estructurales o de injusticia social. Su valor ms positivo es su capacidad de aglutinar y de desarrollar procesos democrticos, modernizadores y de consolidacin de la democracia como en el caso de Felipe Gonzlez durante la dcada de los ochenta en Espaa. Podemos hablar de un carisma de la razn, que tiende a buscar el bien comn, es decir, un carisma democrtico? S, pero con limitaciones, si bien el carisma democrtico no podemos clasificarlo de plenamente negativo, por ejemplo, si acta efectuando una cierta pedagoga poltica, en cualquier caso, no es la situacin deseable ni consideramos que sea recomendable pues llevado al extremo puede convertirse en una actitud demaggica y manipuladora de las masas. Otro aspecto que podra considerarse es la capacidad de transmitir y de catalizar un pensamiento colectivo que sin una voz dirigente se pierde. Con todo, el carisma debera ser sustituido por la tendencia a una mayor participacin ciudadana en la vida pblica, el ciudadano debe dotarse de una tica, y debe proyectar sus organizaciones y su propia virtud cvica.47 El desarrollo de la democracia debe tender a intentar una mayor participacin individual y colectiva que permita canales legales de crtica al orden social establecido, intentando superar las manifestaciones carismticas como elementos de trascendencia y emotividad colectiva debindose esta dirigirse hacia una cultura popular o, mejor dicho, cultura republicana.48

El individuo y la libertad. Ensayos de crtica de la cultura. Barcelona: Pennsula, 1986. Giner en su defensa de la ciudadana y de la virtud cvica propone la defensa de la politeya republicana haciendo nfasis en la participacin ciudadana frente al exceso de formalismo liberal y al carisma de la sociedad comunitaria dividida en culturas y subculturas. GINER, Salvador. Cultura republicana y cultura del porvenir. En: GINER, Salvador (coord.). La cultura de la democracia. Barcelona: Ariel, 2000. (Ariel, 212). 48 Ibid.

En conclusin, hay que distinguir entre carisma poltico democrtico, un liderato que acepta las reglas del juego democrtico y que expone sus ideas y un liderato poltico que intenta manipular y exaltar las masas para fines dictatoriales o desestabilizadores del orden social. Es la finalidad poltica lo que diferencia a uno del otro, el sistema de valores y en cierta medida las formas un tanto menos radicales y tribales. Sin duda se ha producido una transformacin de las formas de expresin del carisma desde sus manifestaciones ms autoritarias y homogneas de los aos treinta del s. XX, llenas de smbolos y gestos dirigidos a ensalzar y obedecer sin paliativos a los dictadores fascistas, o con el culto a la personalidad de los regmenes comunistas a la

iconografa democrtica. La democracia ha comercializado el lder poltico a travs de las campaas electorales con los eslganes, carteles y anuncios televisivos. A pesar que consideremos el carisma como un aspecto inherente a los lderes democrticos occidentales y mundiales, ste puede remitir, no a desaparecer, en tanto que elemento primordial frente a una mayor cultura poltica, participacin ciudadana y presencia de la sociedad civil. Esto nos lleva finalmente al grfico siguiente como tendencia posible y deseable.

Sociedades autoritarias Sociedades con cultura democrtica y cultura poltica Presencia de la sociedad civil y participacin ciudadana. Demanda de responsabilidad (accountability) a los responsables polticos. Presencia y legitimidad de las instituciones. Estado del bienestar y mejoras econmicas.

Con la utilizacin de los medios de comunicacin de masa, especialmente, la televisin, se ha producido una redefinicin de la poltica. Podra incluso hablarse de revolucin meditica. En la tradicin americana de los aos 1960 hubo una polmica entre la conexin entre los media y la poltica que contraponan dos escuelas: la comportamentista y la fenomenista. La primera acentuaba el carcter manipulador de los media y la segunda daba ms importancia a la creencia previa del sujeto.49 Con la televisin la imagen se convierte en el primer valor comunicativo, el ms primario, sobre el cual todo el mundo puede opinar tranquilamente desde sus casas y los personajes mediticos a quienes se quiere en muchas ocasiones emular a los personajes mediticos. Esto se debe a que a travs de la imagen se transmiten unas seas de

identidad cada vez ms difciles de hallar en el mundo real debido al proceso de mundializacin de la cultura, la enorme complejidad y transformacin de la sociedad contempornea, tanto en el mbito laboral de las estructuras polticas, econmicas y culturales. No obstante, no quiero dar a entender que la televisin o el cine sean el nico mecanismo generador de carisma, puede haber otros espacios donde se configure el carisma, como puede ser el partido poltico o asociaciones no gubernamentales. Si bien los medios son imprescindibles para lanzar un candidato. Ejemplos recientes de la relacin entre carisma e imagen los tenemos en la figura del subcomandante Marcos quin durante su larga marcha desde la Sierra Lacandona a Mxico D.F. mantuvo su rostro cubierto dejando slo al descubierto la veracidad de su mirada con la que lideraba las comunidades indgenas y apareca ante las cmaras. Marcos incluso cambi su discurso poltico llenndolo de metforas con el fin de acercarse a las comunidades indgenas, su pasamontaas era una muestra de que el color de la piel no importaba, l representaba la voz indgena, era el catalizador de esas comunidades marginales indistintamente que fuera, o no, un nativo indgena, l les ayudaba en su causa. As mismo, quiso perder protagonismo, al ceder su liderazgo a una mujer en el discurso ms importante ante la Asamblea Mexicana. Paradjicamente, algo tan importante para conseguir acercarse al gran pblico y cruzar fronteras como la imagen no es suficiente por s sola, o mejor dicho, estamos tan habituados al rostro que la negacin del mismo provoc un mayor inters en el actor poltico. Esto nos lleva a la conclusin que el elemento sorpresa es un factor que favorece el carisma.50 Sin duda la personalidad que debe transmitir el lder poltico en el mundo occidental est

GENTILE, Sara. Charisma o personalizzazione del potere: Berluscono e il carisma mediatizzato. En: Teora Poltica.1997, vol. XIII, nm.1, pp.131-155. 50 Un ejemplo lo tenemos en el Presidente del Gobierno espaol Felipe Gonzlez quien ante la sorpresa de todos los ciudadanos dimiti como Secretario General del PSOE el 21 de junio de 1997 en el XXXIV Congreso del PSOE celebrado en Madrid. Este congreso hubiera pasado ms inadvertido y en cambio ocup las primeras pginas de los peridicos por la dimisin de Felipe Gonzlez.

estrechamente relacionada con una imagen de modernidad, que se consigue a travs de un imaginario colectivo de eficacia y de racionalidad. Eso no implica que se efecte una manipulacin de las masas a travs del elemento emocional y sentimental del carisma, por ejemplo, alrededor de los nios. ste fue el caso de Elin Garca, el nio balsero. Elin fue el nico superviviente del naufragio de una balsa cubana en la que viajaba junto a su madre con la intencin de llegar a las costas de Florida y huir de la pobreza cubana. El nio, en un principio qued bajo el cuidado de sus tos exiliados cubanos en Miami. Ante la insistencia de su padre y del gobierno cubano para que devolvieran el nio a la isla el estado norteamericano, finalmente, decidi entregarlo a sus familiares ms allegados: su padre y su madrastra. Posteriormente, regres a Cuba donde fue aclamado en baos de multitudes. El incidente se convirti en una cruzada nacional cubana frente al poder del dinero y de las armas del vecino pas capitalista de Estados Unidos. A su vez, la comunidad cubana en el exilio de Miami consider el caso como una lucha contra el comunismo castrense. Fidel Castro, por su parte, supo capitalizar el potenciar emotivo y carismtico de un nio a quien no dejaban, despus de la muerte de su madre, vivir con su padre y regresar al paraso cubano.51 La imagen es el elemento del carisma, en el caso de los polticos, ms fcilmente manipulable por los asesores de imagen profesionales. Su utilizacin se remonta a la dcada de 1920 con los discursos diferidos por la radio norteamericana del Presidente Roosevelt. Estos mtodos de propaganda poltica y de persuasin utilizados por la democracia americana fueron copiados a imagen y semejanza por los totalitarismos,

El litigio termin el 22 de abril de 2000 cuando la polica norteamericana por orden de la secretaria de Justicia Janet Reno i de acuerdo con Bill Clinton decidi aplicar la ley y sacar por la fuerza , en una operacin aterrorizante y desmesurada, al nio Elan Garca de casa de su to abuelo Lzaro Gonzlez para entregrselo a su padre.

muy especialmente por Hitler para manipular el pueblo, sus ideas y reafirmar su dictadura.52 Por otra parte, en Europa se ha producido una americanizacin de la vida poltica y tambin cultural. Cada vez se sobre valoran ms las personas corrientes, incluso vulgares. Como apuntbamos en el apartado anterior, el prestigio social ha dejado de recaer de forma ntida en los polticos, en los cientficos, en esa gradacin de centros carismticos que tan detalladamente describa Shils, y se ha ampliado a un mayor nmero de ncleos nacionales o mundializados, la dispersin del carisma a remitido.53 Adems, de una desconfianza en los polticos, el prestigio elemento estrechamente relacionado, como hemos visto con el carisma, recae en aquellas personas que aparecen en los medios y con las que el pblico puede fcilmente identificarse. La democratizacin de la sociedad ha ocasionado una cierta prdida del criterio hacia donde deben dirigirse los modelos a seguir, hay una crisis de los mismos. El estudio, el esfuerzo personal han dejado de ser valores para conseguir un reconocimiento social; conseguir el dinero fcil y exhibir una buena apariencia son suficientes para un reconocimiento social. Los lderes polticos que forman parte del sistema de partidos todos ellos adems de poseer atributos polticos (inteligencia poltica, capacidad de movilizacin, tcnicas de comunicacin, claridad en los objetivos, pragmatismo, clarividencia) 54 les ha sido necesaria una fabricacin de su imagen, aspecto que es especialmente significativo cuando se accede al cargo poltico, por ejemplo, en el caso de los Presidentes del gobierno. Todo poltico necesita de los medios de comunicacin para llegar al mayor

Informacin obtenida en una entrevista con Salvador Giner (10-04-01) y, parte de la informacin, en ABERBACH, David. Charisma in Politics, Religion and the Media. Private Trauma, Public Ideals. London: McMillan Press LTD, 1996, p.75. 53 SHILS, Edward. Center and Periphery. Essays in Macrosociology. Cicago: University of Chicago Press, 1975. 54 COLE, Alistair. Franois Mitterrand, a study in political leadership. London and New York: Routledge, 1997, p. 167.

nmero de electores posibles esto conlleva la necesidad de ofrecer una imagen cuidada que sea capaz de llegar al mayor nmero de ciudadanos. Qu imagen debe ofrecer un lder poltico para triunfar? Depender del propio personaje poltico,55 sin duda una imagen de modernidad, acorde con los tiempos, cercana a su propia generacin, y con la que sean capaces de identificarse los ciudadanos-votantes, bien sea, por su similitud bien por su admiracin. La identidad es aqu otro elemento importante, como veremos en el prximo apartado, el lder poltico debe mostrarse, hablar y gesticular56 correctamente y de forma que parezca uno de los nuestros, o como querramos ser, la proyeccin del modelo a imitar o simplemente seguir. Habermas nos destaca la teora de Mead en la que el ademn de un primer organismo cobra significado en relacin con un segundo organismo que reacciona ante l y aade que los gestos se convierten en smbolos significantes cuando implcitamente provocan en el individuo que los hace las mismas respuestas que se supone que provocaran en el individuo que va dirigido.57 Esta idea transportada al lder poltico carismtico encontramos que el lder siempre busca como modelo, como referente un lder histrico admirado cercano a su ideologa y de la propia nacin como destaca Willner y hemos expuesto anteriormente.58 La percepcin carismtica del lder poltico por parte de sus seguidores pasa por aceptar su imagen exterior, por la identificacin de los seguidores con su lder y por una valoracin positiva de sus caractersticas personales comunes a todos los lderes, destacan: la decisin, inteligencia poltica, el ser genuino, estilo poltico, credibilidad

Kenneth Boulding sugiere la existencia de una dinmica de intercambio, as, el poltico reorganiza su rol a la vez que maquilla su imagen, se produce un intercambio entre la imagen que quiere proyectar y su propia imagen o forma de ser. BOULDING, Kenneth The image. Ann Arbor, 1959. Citado en STERN, Geoffrey Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993 p. 9. 56 El cuerpo acta como elemento de comunicacin, como canal de transmisin de afecto. Este aspecto era muy cuidado en las culturas tradicionales, en la modernidad, en las sociedades occidentales se ha tendido a eliminar el cuerpo. MELUCCI, Alberto. The playing self. Person and meaning in the planetary society. Cambridge: Cambridge University Press, 1996, p.72. 57 HABERMAS, Jrgen. Teora de la accin comunicativa II. Crtica de la razn funcionalista. Madrid: Taurus, 1999, pp.21-25.

poltica y personal. A mayor nmero de atributos personales se convertir en ms carismtico ya que podr complacer a un mayor sector de la poblacin.59 Segn Gardner la sabidura popular dice que existe la imagen pblica del lder por un lado y por otra la realidad de lo que el lder es en verdad. Muchos investigadores estn de acuerdo en que como es percibido el lder tambin es una realidad. As, la propia personalidad y la personalidad percibida se van uniendo lo que convierte en ms difcil saber cual es la verdadera persona. Nos preguntaremos cmo se consigue obtener carisma a travs de los medios de comunicacin. Como hemos sealado anteriormente, la fuerte presencia de los medios de comunicacin influye directamente en el liderazgo carismtico al que podemos aadir el trmino meditico. El liderazgo carismtico se construye a travs de las llamadas al electorado a travs de las apariciones televisivas del lder, sobre todo, en momentos cruciales donde se necesita la aprobacin de la poblacin (me refiero a un referndum, situaciones de crisis, campaas electorales). El lder poltico da un mandato, unas consignas a su electorado y ste convencido de que la verdad est encarnada en las opiniones de su lder poltico le obedece. Por consiguiente, para conseguir esta credibilidad poltica ha sido necesaria la fabricacin del lder poltico, someterlo a una operacin de maquillaje poltico. Se ha convertido en habitual el que los distintos lderes polticos dispongan de asesores de imagen para sus campaas, estos se dedican a decidir que caractersticas deben destacarse de los candidatos y cuales deben ser omitidas, o sea, corregidas como el tono de voz, posicin corporal, vestuario, rostro. Dan Nimmo sostiene la tesis que la imagen de los candidatos consiste en aquello que los votantes estn predispuestos a percibir.

WILLNER, Ann Ruth. The Spellbinders. Charismatic Political Leadership. New Haven and London: Yale University Press, 1984. 59 GARDNER John W. El liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Sudamericano, 1991, p.49, (Estudios Polticos y Sociales).

Los votantes construyen la imagen de los candidatos. Para Nimmo la nica dimensin que el asesor de imagen aade es descubrir las cualidades que se corresponden a estas expectativas de los electores. Los asesores de imagen estn sujetos a trabajar a partir de lo que se cree que quieren los electores. Cmo se construye la imagen de los candidatos? Cmo la perciben los votantes y qu piensan sobre ellos? Los ciudadanos votantes juzgan a los candidatos primero toman como referencia el trabajo que han realizado previamente los candidatos (en la empresa privado o en el sector pblico); segn el partido que representan y despus el estilo del candidato que consiste en: sus cualidades de expresin, como ser un buen orador, sus maneras en los programas televisivos. Por otro lado, juzgar al poltico segn sus cualidades humanas como la honestidad, la integridad, la sinceridad, la capacidad de decisin, aciertos y otras caractersticas personales como el humor y la apariencia fsica (ser atractivo, vestuario, ademanes).60 Richard Ling en su estudio sobre la produccin de carisma nos habla del carisma en la modernidad utilizando el concepto de carisma sinttico, en este tipo de carisma el candidato es el sujeto del carisma y a diferencia del carisma weberiano los seguidores no forman parte de la estructura. Otra observacin es que no se puede considerar el carisma igual al glamour, establece la siguiente diferencia: con el glamour uno se impresiona e incluso puede afectar el estilo, mientras que con el carisma en general el observador est ms preocupado de la relacin lder seguidor. El carisma sinttico no es exclusivo de las campaas polticas: actores, estrellas del rock y algunos atletas pueden serlo. Ling destaca que siempre que se produce el carisma sinttico hay una parte que sale beneficiada de forma tangible, por ejemplo, los organizadores de campaas

Para ms informacin vase los artculos siguientes: NIMMO, Dan. Political Image Makers and the Mass Media. En: Annals of the American Academy of Political and Social Science. Septiembre-1976, nm. 427, pp.33-44, y BROWN, Lillian. Looking Good. A candidates appearance can make a big difference. En: Campaings and elections. Junio-1994.

polticas y otros que se benefician de forma simblica, sera el caso del electorado. Otro aspecto que destaca Ling son las ventajas que a todo ello sacan los medios, dicho de otra manera, las campaas benefician a los medios porque les permiten narrar historias y producen noticias de costes no elevados. En cambio los electores solo ganan dividendos simblicos de las elecciones, y se sienten tristes o alegres segn gane o pierda su opcin.61 Entiendo que la relacin que buscan los seguidores con el lder es su capacidad de satisfacer sus necesidades y de comportarles bienestar. La imagen se convierte, pues, en un elemento que a primera vista da confianza y corrobora las capacidades del lder para obrar adecuadamente en sus polticas tanto dentro del pas como cada vez ms, sus capacidades en la poltica internacional, en el mbito europeo y a escala mundial.

Sin duda, no podemos dejar de analizar los cambios que la utilizacin de la televisin ha comportado a la actuacin poltica y al desarrollo del carisma. La televisin crea un efecto de proximidad que va ms all de las posibilidades reales de las personas. Entra en la intimidad del interlocutor. La cmara es capaz de estar en el mismo centro de la escena, sobrepasando las fronteras humanas posibles. El espectador es por tanto un invitado privilegiado, aunque slo sea observador.62 La televisin produce pues una alteracin de las relaciones simblicas, el mundo lejano de los personajes televisivos se convierte en cercano y a su vez casi familiar, podemos afirmar

LING, Richard. The production of synthetic charisma. En: Journal of Political and Military Sociology. Fall-1987, vol. 15, nm. 2, pp.157-170. 62 Es conveniente tener en cuenta que aquello considerado importante por los medios no es siempre producto de la reflexin terica. As, Sartori expone que se deja de filmar lo lejano aquello que comporta dificultad y, en cambio, se filma aquello ms cercano que se convierte en noticia un pseudoacontecimiento meramente por su proximidad y facilidad de filmacin. SARTORI, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus, 1998.

que la televisin produce lo extraordinario, salir en la televisin otorga de por s un halo carismtico.63 Hay pensadores que se muestran extremadamente crticos con la televisin, destacan todos los factores nocivos que sin duda tiene, sobre todo con una utilizacin excesivamente prolongada. Para Giovanni Sartori la televisin no es solamente un medio de comunicacin sino que genera un nuevo anthropos, o sea, un nuevo tipo de ser humano, establece que hay una regresin en la capacidad cognitiva de entender, el lenguaje conceptual abstracto es substituido por el lenguaje televisivo. Sartori distingue entre subinformacin y desinformacin, la primera se refiere a una informacin insuficiente que empobrece la noticia, la segunda es una distorsin de la informacin. Encontramos otros autores que destacan el papel socializador de la televisin, Charles Atkin y Gantz Walter afirman en su anlisis el impacto del telediario nacional en la audiencia de los nios cuya observacin favorece el dilogo entre padres y amigos. Sin duda Atkin y Walter intentan dar soluciones a una realidad difcilmente cambiable, el mundo meditico y virtual en el que vivimos puesto que en la actualidad nos es imposible concebir un mundo sin televisin. Como ejemplo, en los institutos de

secundaria norteamericanos los mass media eran la primera fuente de informacin acerca del presidente y vicepresidente del pas.64 Para los autores la televisin no significa solamente una fuente de entretenimiento para los nios, tambin, es una fuente para la informacin poltica. No obstante, encontramos autores totalmente contrarios a la utilidad de la televisin como Sartori de cuyo pensamiento hablaremos ms adelante,

Lemieux cita en su ejemplo del papa en el Canad en que la produccin ms meditica convirti el acontecimiento en una celebracin de comunicacin de masas. LEMIEUX, Raymond. Charisma, mass media et religion populaire. Le voyage du Pape au Canada. En: Social Compass, 1887, vol. 34, nm.1, pp.11-31. 64 En un estudio realizado en una High school de Nueva York, los mas media eran la primera fuente de informacin acerca del presidente (83%), vice-presidente (85%), Congreso (59%) y el Tribunal Supremo (50%). ATKIN, Charles; WALTER, Gantz. Television News and Political socialization. En: Public Opinion Quaterly. Summer-1978, vol. 2, nm. 42, pp.183-198. En: Public Political Quaterly. Fall-1976, vol. 40, nm. 3, pp. 320-330.

por el momento me referir a las acepciones de Alexis S. Tan quien afirma que se sabe que la televisin no es el mejor medio de informacin poltico para quien quiere estar informado en cuyo caso es mucho mejor la prensa escrita.65 Es muy posible que la utilizacin de los medios se derive de otros factores, tales como la educacin, nivel de inters poltico. Feigert,66 por su parte, tambin insiste en que la utilizacin de los medios depende de la cultura poltica de los actores, el nivel de educacin y de inters poltico.67 Bourdieu centra la responsabilidad de la calidad meditica en los propios profesionales de los medios de quien afirma que, no es concebible que no conozcan las posibilidades del medio con el que trabajan. No obstante, considera que los medios son una fuente de despolitizacin, ms la televisin que la prensa. La televisin ofrece una imagen del mundo sin sentido poltico y considera, tambin, que tiene una mayor incidencia sobre los sectores ms carentes de cultura poltica.68 Otros autores analizan la relacin entre medios de comunicacin y xito electoral. En los aos 40 se crea que la correspondencia entre los medios de comunicacin y el voto era una influencia nula, pero con los estudios de Blumler69 y McQuail (1969) se observ que los medios tenan una influencia directa y persuasiva y sta era mensurable bajo distintas circunstancias.70 En la campaa electoral entre John

TAN, Alexis S. Mass Media Use, Issue Knowledge and Political Invoivement. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1980, vol. 44, nm. 2, pp.241-248. 66 El estudio se basa en dos hiptesis contrapuestas, la de Almond y Verba quienes consideran que seguir los asuntos pblicos a travs de los medios de comunicacin puede proporcionar medios, aunque limitados, para participar en el mundo poltico. Mientras que Kurt Lang y Gladys Engel consideran que los medios sirven para privar un sistema de legitimidad. El drama de los polticos puede contribuir a una amplia crnica de desconfianza en las instituciones polticas y en los actores. Los medios pueden incluso reforzar los sentimientos de futilidad y de apata. FEIGERT, Frank. Political Competence and Mass Media Use. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1976, vol. 40, nm.2, pp.234-238. 67 Se ha comprobado que la confianza en la televisin decrece al aumentar el nivel de estudios. La prensa es el medio preferido para los lderes de opinin, las personas mejor educadas y los votantes ms participativos. EMERY, Edwin, Changing Role of the Mass Media in American Politics. En: Annals of the American Academy of Political and Social Science. Septiembre-1976, nm. 427, pp. 84-94. 68 BOURDIEU, Pierre. Contrafocs. Reflexions tils per a resistir la invasi neoliberal. Barcelona: Edicions 62, 1999. 69 BLUMER. Politics and the Media. United Kingdom: Pergamon Press, 1979. 70 En el estudio slo un 8% de los votantes reconoca haber aprendido durante la campaa aspectos que les facilitaran su opcin de voto. Parece ser que los medios de comunicacin son utilizados, junto con otras fuentes de informacin poltica por votantes potenciales para disminuir sus dudas o sus dificultades

F. Kennedy y Richard Nixon (1960), en ella Nixon hizo un gran esfuerzo visitando 188 ciudades, haciendo 150 discursos pero su gran esfuerzo se vio superado por la eficacia de la campaa de Kennedy quien utiliz con xito la televisin.71 La construccin del carisma poltico del candidato se empieza a construir en las actuaciones polticas anteriores a la campaa, pero sin duda es importante el impacto que efecte el candidato en los medios de comunicacin para poder captar el voto voltil. Emery afirma que los medios tienen una influencia directa en las primarias y en los asuntos locales y estatales.72 Asimismo, afirma que los medios si bien no convierten votos son muy importantes para reforzar la intencin de voto y las lealtades bsicas a un partido. A qu se debe esta influencia de los medios? Creo que asistimos a una tendencia de personalizacin de la poltica y de la vida pblica en general. El personaje toma un papel protagonista, se vota al candidato que se cree conocer y la televisin consigue magnificar su figura. A grandes trazos podemos decir que la televisin se convierte en el rbitro que decide quien es importante y quien no lo es en nuestra sociedad. Los medios en s como sostiene Giner no son del todo inocentes ni neutrales hay una cierta perversidad implcita en su propio lenguaje y funcionamiento. Ser importante saber quienes los dirigen y que aspectos destacan o mitigan. Esta influencia de los medios en la manipulacin de las masas y en la decisin del voto est formada por una nueva clase dominante a la que Giner califica de mediocracia, como ejemplo cita el caso de Silvio Berlusconi en Italia.73 Para Gentile el xito de Berlusconi radica en

en la eleccin. OKEEFE, Garrett J. ; MENDELSOHN, Harold et al. Voters Decision Making 1972 and 1974.En : Public Political Quarterly. Fall-1976, vol. 40, nm.3, pp. 320-330. 71 Nixon fue criticado por hacer poco uso de la televisin en la campaa electoral de 1960, pues tan solo la utiliz en la ltima semana. Sin embargo parece que aprendi la leccin y se aseguro su reeleccin en 1972 con su viaje a China desde donde se dirigi a sus ciudadanos estupefactos de la proeza. EMERY, Edwin. Changing Role of the Mass Media in American Politics. En: Annals of the American Academy of Political and Social Science. Septiembre-1976, nm. 427, pp. 84-94. 72 Un ejemplo lo tenemos en las primarias socialistas del 24 de abril de 1998 que dieron la victoria a Jos Borrell. 73 Para ms informacin vase GINER, Salvador. Carta sobre la democracia. Barcelona: Ariel, 1996, pp.80-82

la combinacin de dos elementos. Por una parte, su capacidad de aplicar a la poltica la organizacin racional de la empresa (aplicando la famosa definicin de Schumpeter en la cual el poltico se comporta en la competicin electoral igual que el empresario en el mercado) y la comunicacin meditica con la utilizacin del marketing poltico.74 Sartori nos habla de una sociedad teledirigida donde la video-poltica reduce el peso de los partidos polticos y favorece la emotividad poltica, elimina los lderes intermedios de opinin. 75 El video-dependiente tiene menos sentido crtico que quien es un animal simblico, as, la poltica se convierte en un show meditico. Con la televisin se pierde la capacidad de abstraccin y con ella la capacidad de distinguir entre verdadero o falso. La influencia de la vdeo-poltica en las votaciones es fortsima en Estados Unidos y ms moderada en las inglesas. La razn es que el sistema de partidos es muy dbil en EE.UU.76 El sistema electoral y el sistema de partidos son variables muy importantes para favorecer u obstaculizar la personalizacin de la poltica. El sistema mayoritario favorece ms el liderato que los sistemas proporcionales. Tambin, lo es el sistema poltico, en cuanto a los sistemas parlamentarios y los sistemas presidenciales. Por una parte en el sistema mayoritario y en el Presidencialismo se produce una mayor proyeccin de la imagen del candidato y el lder tiene ms poder de decisin pues no se ve limitado por las coaliciones. La cultura de la imagen creada por la primaca de lo visible es portadora de mensajes candentes

GENTILE, Sara. Charisma o personalizzazione del potere: Berluscono e il carisma mediatizzato. En: Teora Poltica.1997, vol. XIII, nm.1, pp.131-155. 75 Sartori desmiente las tesis de Weiss (1970) y Katz (1957) quienes opinan que las figuras personales influyentes son ms importantes. Robinson terminar concluyendo que cuando la influencia personal y los medios de comunicacin entran en competencia ganan los medios de comunicacin. Robinson establece la siguiente gradacin: los lderes de comunicacin transmiten ideas a los lderes de opinin y estos a su vez a las personas menos atentas o interesadas. Tambin, subraya que las personas con mayor estatus utilizan menos los medios de comunicacin. ROBINSON, John. Interpersonal Influence in Eletion Caampaigns: Two Step-flow Hypotheses. En: Public Opinion Quaterly. Fall-1976, vol. 40, nm.3, pp.304-319.

Hay que matizar que en el estudio Peter Clarke y Eric Fredin afirman que contrariamente a la opinin popular la gente confa ms en los peridicos que en la televisin para las noticias. CLARKE, Peter;

que agitan nuestras emociones, encienden nuestros sentimientos, y excitan nuestros sentidos,77 en definitiva, nos apasionan. La cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasin y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens est retrocediendo y avanza la poltica emotivizada provocada por la imagen que solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna solucin.78 Sartori tambin alerta de la falta de objetividad en la utilizacin de los medios, es el determinismo que sufren los acontecimientos que son o no retransmitidos segn se encuentre una cmara en el lugar de los hechos, esto provoca que acontecimientos triviales sean retransmitidos por la pantalla, mientras otros son omitidos por no encontrarse, o no tener posibilidades de ser filmados, el criterio es pues arbitrario.

Sin duda, las afirmaciones de Sartori nos llevan a pensar que la video-poltica favorece la importancia del carisma poltico del candidato, una buena imagen es imprescindible para conseguir el triunfo electoral, adems de todos los atributos sealados anteriormente referentes al liderazgo. Todo ello, a su vez, conlleva el refuerzo de un modelo de partido como el catch-all party donde el posicionamiento de centro se prefiere a las ideologas. Los atributos personales corresponden a un abanico de posibilidades, algunas comunes a muchos candidatos otras aceptadas por ser las del poltico que se ha elegido. De las caractersticas que podramos considerar como comunes a todos los candidatos carismticos destacamos: la confianza que inspira en el electorado, su identidad que le permite defender los intereses nacionales, la veracidad de

FREDIN, Eric. Newspaper, Television and Political Reasoning. En: Public Opinion Quaterly. Summer-1978, vol. 42, nm. 2. 77 SARTORI, Giovanni Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus, 1998.

sus palabras, una cierta astucia poltica y la apariencia de bondad. Los dems atributos son las caractersticas personales de cada lder destacan desde el pragmatismo, el rigor, la inteligencia poltica, la elocuencia, la claridad en los objetivos, la confianza en si mismo, la clarividencia, la jovialidad, el sentido del humor y como no, la imagen, las formas, la compostura, la gestualidad. No obstante, la relacin tan estrecha entre carisma y lo genuino hace que ese aspecto diferenciado de cada lder se convierta en una caracterstica carismtica. Se busca lo genuino, lo propio lo que le acerca a la identidad nacional y a la vez la crea la construye con sus propias formas. Podramos afirmar que el xito poltico es directamente proporcional a la detentacin de estas caractersticas, ellas aseguran el xito del candidato. La teora del carisma nos permite por lo tanto avanzar en el anlisis del Political Leadership, son las caractersticas, que descubrimos al analizar el carisma del candidato, quienes nos dan luz acerca de la propia definicin de lo carismtico. Sin duda el poltico es a los ojos del electorado un smbolo ms de la nacin, representa a este elemento cada vez ms importante de la identidad nacional, ante la crisis del estado-nacin y el surgimiento de las estructuras supranacionales. El pblico debe identificarse con l, con sus maneras de hombre corriente pero a la vez educado. Lo desenfadado, el sentido del humor, la relajacin de las formas aproxima el personaje a su pblico. Cabe matizar, que esta forma de actuar es ms propia del carisma de cargo, es decir una vez se ha accedido al cargo poltico, esto permite la relajacin y el acercamiento, ste se puede conseguir de distintas maneras, a travs de mtines, con sentido del humor. Respecto a la capacidad socializadora de la televisin cabe destacar que para escoger un programa poltico primero hay que tener un inters al respecto, debe estar

dirigida por los padres o educadores. Adems, la observacin de las noticias es muchas veces, nicamente, una mera observacin de aquello que hacen los poderosos los privilegiados que por sus dotes son dignos de aparecer en la pantalla, smbolo de la elite y el xito social. La verdadera socializacin poltica no es la del telespectador sino la del actor poltico, aquel que participa en las instituciones democrticas con tica y conviccin. Como seala Salvador Giner la tarea de elaborar una pedagoga poltica para la era meditica est enteramente por hacer en su intento de construir la virtud cvica.79 Con referencia a la hiptesis mencionada de Almond y Vera cabe matizar que su estudio acerca de los medios fue efectuado en 1963. En esa dcada la relacin de los ciudadanos con la poltica y con la televisin era distinta a la de los aos 90. La percepcin de los medios ha variado, hay una menor credulidad, por ejemplo despus de la Guerra del Golfo donde se transmitieron imgenes que no se correspondan con los hechos all acaecidos. Por otra parte, en la comunicacin poltica tanto de miembros de partidos polticos como de ONGs, organizaciones marginales o antisistema asistimos a una mayor difusin de sus ideas y de sus individuos por las posibilidades que ofrece internet. La navegacin por la red hace posible superar las fronteras nacionales y mantener un contacto muy cercano con personas de cualquier parte del mundo, a excepcin de la mayora de pueblos del continente africano.80 Internet facilita la internacionalizacin de los conflictos, los partidos y las personas proporcionando una mayor rapidez dan acceso a la informacin y a la comunicacin. Respecto a la poltica emotivizada de la que habla Sartori esta puede ser

El concepto de virtud cvica o civismo consiste en respetar las leyes de la democracia y la capacidad de participacin activa en la politeya. GINER, Salvador. Cultura republicana y poltica del porvenir. En: GINER Salvador. (coord.). La cultura de la democracia: el futuro. Barcelona: Ariel, 2000.

situaciones de euforia colectiva frente a cambios sociales importantes. No niego su afirmacin pues la encuentro muy adecuada para entender la poltica italiana pero no es solamente en el mbito de la televisin donde aparece la emotividad como un elemento intrnseco a la misma. La emotividad forma parte tambin de la poltica como lo es de los espectculos teatrales o de los futbolsticos. Por otra parte, consideramos que es cierto el control del demos por parte de los medios de comunicacin con su dominio del universo simblico y del debate poltico, menguando la participacin. Para terminar citar a Karl Popper quien afirmaba que una democracia no puede existir sino se controla la televisin. Es pues necesaria la pluralidad y la apertura de los medios a todos lo pblicos. Sartori describe una situacin extrema, la tendencia o los peligros que la excesiva mediatizacin de la poltica podra acarrear en un futuro si bien hay al menos en Europa otros elementos como es la percepcin de las polticas efectuadas por los gobiernos factores que se tienen tambin en cuenta a la hora de votar. No obstante, queremos destacar la importancia de la televisin, especialmente en su manufactura del carisma.81 Hay un elemento que es la fascinacin de la televisin, la confianza en la televisin, no necesariamente se debe estar mejor informado simplemente se confa se tiene fe en el candidato. Por una parte, nos colma de alegra la idea de haber superado el caciquismo pero nos sumerge en el pesimismo orweliano la idea de que el voto est determinado por la pequea pantalla. Sin duda la televisin ha significado la aparicin de un agente revolucionario en la poltica moderna. El proceso de la construccin del liderato carismtico surge, obviamente, de la existencia de un lder poltico. ste para llegar a un mayor nmero de electores construye su liderato, se produce una manufactura del carisma, a travs de asesores de

imagen y de una racionalizacin, por parte del propio lder, de su actitud y talante poltico. Despus, de esta operacin de maquillaje poltico, a la que ser sometido el lder en las distintas fases de su carrera poltica se produce su aparicin en los medios, donde debe llegar al mayor nmero de ciudadanos-votantes, para, as, poder conseguir su confianza, lo que le permitir crear su propio carisma poltico meditico.

La identidad es un concepto relacionado con el propio yo del individuo pero al mismo tiempo implica la interaccin del individuo con la sociedad, es decir, podemos hablar de identidad colectiva. ste no es un concepto cerrado sino que es un constructo en permanente dilogo entre el yo y la sociedad.82 El individuo construye su identidad en sociedad, con su interaccin con las relaciones laborales, familiares, los medios de comunicacin, el consumo, el mercado laboral. En la modernidad recibe la influencia de una sociedad en continuo cambio, donde los efectos de la mundializacin (cambios en las estructuras laborales, crisis del estado-nacin, cambios en los modelos de familia, en la estructura demogrfica) sumergen al individuo en un mundo cada vez ms

Nocin desarrollada por Salvador Giner en GINER, S.; PREA YRUELA, Manuel. La manufactura del carisma. En : CASTILLA DEL PINO, Carlos. Teora del personaje. Madrid: Alianza Universidad, 1989. 82 Melucci nos describe la identidad adulta como la capacidad de producir nuevas identidades integrando el pasado con las elecciones posibles en el presente, en la propia historia de vida individual. Es decir, entiende la identidad, sobre todo, como la capacidad autnoma de producir y reconocer el propio yo. MELUCCI, Alberto. The playing self. Person and meaning in the planetary society. Cambridge: University Press: 1996.

mundial, Giddens nos afirma que la modernidad quiebra el marco de relacin entre la pequea comunidad y la tradicin sustituyndola por organizaciones ms amplias.83 Vivimos en una sociedad donde no hay modelos y el individuo se sumerge con su toma de decisiones en un proceso de experimentacin constante. A mi juicio, la dificultad en establecer relaciones comporta el sentimiento de vacuidad del yo, pero sobre todo, la crisis individual frente a la modernidad avanzada se basa en la incomprensin del propio destino, y cual es el sentido de la vida frente a un mundo que slo ofrece consumo, y donde las aventuras, el riesgo y la solidaridad son formas a la vez de escapar y de construir el propio yo huyendo de los propios lmites. Giddens nos recuerda que no podemos olvidar que la modernidad crea diferencia, exclusin y marginalizacin.84 Castells destaca en su idea de construccin de la identidad europea, a la que considera del tipo identidad proyecto, la dificultad que comporta el rechazo de los ciudadanos de la diversificacin cultural y, tambin, de las estructuras supranacionales ante el rechazo racista y xenfobo de los ciudadanos. Perrineau afirma que el electorado del Frente Nacional francs da igual importancia a la cuestin de la seguridad y la inmigracin como al problema del paro,85 por lo tanto un aumento de estos factores hace prever un aumento de actitudes racistas y de partidos que representen estos valores antidemocrticos. Para Castells es importante la relacin que se est estableciendo entre la identidad local, con el mayor peso de las ciudades, y la identidad europea, la gente se moviliza entorno a su ciudad frente al proceso de mundializacin. La identidad europea requerir un programa de valores sociales y

GIDDENS, Anthony. Modernidad e identidad del yo. Barcelona: Pennsula, 1995 , pp.48-50. Ibid., p.14. 85 PERRINEAU, Pascal. Le symptme Le Pen. Radiographie des lecteurs du Front National. France: Fayard, 1997, p.177.

objetivos institucionales que atraigan a una mayora de ciudadanos sin excluir a nadie en principio.86 Esta dificultad de la modernidad de encontrar la propia identidad es un factor que fortalece el Political Leadership, y, muy especialmente, el liderazgo carismtico. El lder poltico carismtico consigue simbolizar el Mesas moderno o Mesas civil ayuda a discernir y a dilucidar que actitudes y acciones son convenientes tomar, con su discurso aporta luz para la comprensin de la sociedad (decisiones econmicas,

actitudes polticas), aporta claridad de ideas, en definitiva, facilita la toma de decisiones. Para que el lder poltico pueda desarrollar esta funcin es necesario que sus seguidores depositen en l su confianza. El carisma poltico es pues sinnimo de confianza en el lder. Con respecto a la identidad del propio lder, su propio yo es un elemento clave en la construccin de su imagen pblica y en su actuacin poltica pues es en su propia genuidad donde residir la originalidad de su carisma, en otras palabras, el carisma est configurado por distintos aspectos (discurso poltico, gestualidad, imagen, capacidad comunicativa) estas caractersticas pueden ser optimizados y sus defectos maquillados a travs de los asesores con el fin de transmitir una imagen reconocible y aceptada por el sector ms amplio posible de ciudadanos-votantes, todo el electorado de centro sienta que comparte una identidad con el lder poltico.87 Sin embargo, cabe destacar que hay un elemento genuino en cada uno de nosotros, que, en el caso de los polticos, se reconoce despus de largo tiempo de vida pblica, de aparicin en los medios de comunicacin y que puede finalmente ser percibido y aceptado por sectores amplios de

CASTELLS, Manuel. La era de la informacin. 3 vol. Madrid: Alianza Editorial, 2001, pp.375-403. Segn Melucci se produce una tensin y un desfase entre la definicin que damos de nosotros mismos y el reconocimiento de los otros. En este sentido trabajan los asesores de imagen intentando reforzar en el candidato los aspectos que desean reconocer los electores para que se produzca una mayor identificacin con el lder. MELUCCI, Alberto The playing self. Person and meaning in the planetary society. Cambridge: Cambridge University Press, 1996. p.32-33

la poblacin. Se produce pues una relacin afectiva e identitaria en la que los seguidores valoran humanamente el lder poltico, recibe muestras de afecto, en mayor o menor grado y segn el bagaje cultural de los electores de uno u otro tipo. Estas pueden ir desde el aplauso, hasta cogerle o tocarle las manos y el cuerpo. Los seguidores incluso pueden no lavarse para mantener esa transmisin energtica ese don, esa muestra de afecto. Asimismo, pueden acercarle las criaturas, en una muestra de bendicin de los pequeos y santificacin de su figura.88 Coincido con Lindholm89 al apuntar este autor la relacin entre carisma y amor romntico, reconoce una fusin entre los amantes y destaca la prdida de identidad individual tanto en el amor romntico como en el carisma. Est pues muy influido por la psicologa de las masas, la idea de una fusin hipntica del lder con las masas, una relacin, en lneas generales, irracional.90 Considero, por una parte, que la relacin emotiva de atraccin y fusin que se produce entre el pblico y los famosos (futbolistas, actores, cantantes) es una relacin de admiracin, trascendencia y gloria que puede provocar el llanto por la emocin que se siente al tratarse de seres admirados e idealizados a quienes se les otorga una aura carismtica y simbolizan valores de trascendencia.91 Por otra parte, entiendo que el carisma de cargo92 puede convertirse

Willner describe este tipo de actitudes hacia el lder turco Atatrk. WILLNER, Ann Ruth Charismatic Political Leadership: a theory. Princeton: Princeton University Press, 1968. 89 LINDHOLM, Charles. Charisma. Barcelona: Gedisa, 1992, pp.244-251. 90 Lindholm opta por la emotividad, su amor paradigmtico es un amor freudiano de sensaciones sexuales reduccionistas de la perdida del yo. El resultado es una visin del carisma en sociedad basado en una comunin del yo con los otros, una comunin que no ofrece razn pero da vitalidad. LYNCH, Owen. Charisma. En: American Anthropologist. Diciembre-1991, vol. 4, nm. 93, pp. 968-969. 91 La sociedad occidental actual padece una falta de valores espirituales y trascendentes frente a la crisis de las religiones tradicionales y sus formas de manifestarse. 92 Utilizaremos este trmino para referirnos el carisma que comporta acceder a un cargo pblico en un sistema democrtico o no. Es decir, la relacin que se establece entre carisma y poder. Bradley demuestra en su estudio la importancia del poder para el mantenimiento del grupo, as pues, el carisma no es suficiente para la cohesin de un grupo. BRADLEY, Raymond Trevor. Charisma and social structure. A Study of Love and Power, Wholeness and Transformation. New York: ToExcel, 1999, pp. 269-270.

aprendizaje, se acepte su mandato y se le respeta. Estas son algunas de las sensaciones que pueden favorecer este sentimiento de amor y de respeto, se produce pues una entrega desde la emotividad y, en cierta medida, desde la racionalidad. En resumen, cada lder poltico tiene su propio carisma, su imagen se construye a travs del propio pblico al que va dirigido, como hemos sealado en el apartado anterior, sin duda la imagen del lder es un elemento clave en la relacin identitaria entre lder y seguidores. Esta construccin del carisma del lder es especialmente eficiente en campaas electorales, como ya sealbamos en apartados anteriores. No podemos sin embargo olvidar la importancia del carisma para proporcionar cohesin social. En un proceso de construccin de la paz ser necesaria la aparicin de un lder poltico, o mejor dicho, de lderes polticos que se muestren como hombres o mujeres de paz, de moderacin y de uso de la racionalidad. La diferencia entre el lder poltico y el estadista, se basa en que el primero simplemente consigue una identidad con los valores, populares, nacionales del pas, aspectos que favorecen el voto, y el segundo se basa en transmitir una imagen de bondad, seguridad y astucia y posee una proyeccin internacional, ms all de lo local o lo nacional. Hay que destacar que se valora la bondad pero tambin la astucia poltica, pues es necesaria para poder conseguir logros polticos, especialmente en la alta poltica y la poltica internacional.93 Sin duda, los valores de un liderazgo racional son ms apreciados entre la clase poltica y entre sectores con cultura poltica, la poblacin con pocos recursos para enfrentarse a la sociedad valorar un lder con una actitud ms

Arendt en su disertacin sobre poltica y verdad destaca que siempre se vio la astucia poltica como necesaria para los logros polticos. Los individuos que a lo largo de la historia han hecho prevalecer la verdad fueron conscientes de las dificultades que acarreaba porque interferan en el curso del mundo. Destaca la diferenciacin entre verdad y opinin, se ha producido un desplazamiento entre la verdad racional y las distintas opiniones de los individuos. ARENDT, Hannah. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexin poltica. Barcelona: Pennsula, 1996, pp. 241 y 247.

beligerante y radical, sin miedo al enfrentamiento directo, con valores y actitudes ms prximos a los suyos propios, es decir, que pueda identificarse con l y que sea su voz ante los problemas polticos. Por lo tanto consideramos que la capacidad de desdoblamiento del lder poltico entre pasin y razn son los garantes del xito poltico. Sin duda, la simpata, la elocuencia, ser ecunime, eficiente o pragmtico son algunos de los atributos polticos que favorecen u otorgan carisma, por ser considerados valores positivos y como tales respetados. Queda por desarrollar un tercer elemento vinculado a la identidad el nacionalismo o la identidad nacional. Willner afirma que el nacimiento del lder carismtico puede entenderse como el resultado de la debilidad del liderazgo nacional y una perdida de confianza en el sistema de partidos. Estoy de acuerdo con Willner en el sentido que el nacionalismo es un elemento intrnseco a todos los pueblos, la reivindicacin de la identidad nacional94 y tambin, las situaciones de crisis

estructurales necesitan fomentar la aparicin de un lder carismtico que sea capaz de catalizar todas las necesidades y sobre todo la defensa de los intereses nacionales. En la modernidad la nacin se transforma en un elemento simblico comunitario que refuerza las posibles deficiencias de prdida de lazos y vnculos en el mbito local (comunidad de vecinos, asociaciones, relaciones familiares) en las sociedades occidentales. Si bien existen lazos e identidad local, a partir de los noventa asistimos a una recuperacin de las organizaciones como las ONGs que trabajan desde el mbito local hasta el internacional, asociaciones ldicas, participacin en instituciones, por ejemplo, la asistencia a los plenos de los Ayuntamientos, como una forma de reafirmacin de lo local, lo cercano, lo propio o lo identitario frente al proceso de mundializacin. La identidad local y la identidad nacional tambin se reafirman ante la mundializacin de la

economa, la poltica y la cultura. El nacionalismo se convierte en un elemento reivindicativo95 para defender y existir en un mundo cada vez ms dirigido desde las lites. El nacionalismo alimenta el carisma porque es una forma de incidir en las diferencias, en la propia identidad. Un ejemplo de que el carisma est muy relacionado con los aspectos de identidad nacional y el nacionalismo lo tenemos en el caso de Ronald Reagan quien era un lder carismtico en Estados Unidos transmita una imagen de identidad americana genuinamente americano. Sin embargo, sus polticas eran duramente criticadas desde Europa y no se confiaba en absoluto en su imagen que se relacionaba con el hecho de haber sido actor y sus dotes de interpretacin. Su sentido del humor tampoco conectaba con la poblacin europea ms preocupada por las consecuencias de su mandato con la carrera armamentstica y ante las tensiones Este-Oeste que de sus sonrisas. Por ejemplo, en el caso de Gandhi acercarse a la tradicin le ayud a manufacturar su carisma. Los hindes percibieron que la cobarda, pasividad y debilidad que les atribuan los britnicos formaba parte de la esencia de su cultura o identidad.96 Gandhi representaba los valores de la sociedad tradicional india. Por otra parte, el concepto de India como una nacin espiritual formulado en el siglo XIX y principios del XX por Dayanand, Vivekananda, Tagore, Aurobindo y Gandhi tuvo un papel importante en la construccin de la identidad nacional India y en su camino por conseguir un lugar en el mundo.97 El lder poltico carismtico tiene la capacidad de conectar con el electorado, con el ciudadano medio, sus palabras, sus ademanes son reconocibles como propios del grupo al que representa.

La reivindicacin de la identidad nacional significa que sectores excluidos puedan acceder a la vida poltica y propone la reforma de la formas de decisin. GUIBERNAU, Montserrat. Los nacionalismos. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel Ciencia Poltica). 95 Concepto del nacionalismo que debo a Salvador Giner en una de las entrevistas mantenidas. 96 RUDOLPH, Susanne Hoeber ; RUDOLPH, Lloyd I. Gandhi: The Traditional Roots of Charisma. Chicago: University of Chicago Press, 1983 . 97 Ibid., p. 62.

Prximo al nacionalismo y lo que a su vez podemos definir como una forma de carisma encontramos el populismo, aspecto que desarrollaremos en el siguiente apartado.98 Para mucha gente la nica visin de la que disponen para acercarse a los lderes es el universo simblico: las imgenes, la gestualidad, sus discursos. Hay una identificacin y una emulacin del lder carismtico, pues, a su vez, el lder es la proyeccin simblica de un ideal.99 La representatividad del lder poltico no siempre se produce por unas ideas, cada vez ms personales con la crisis de las ideologas, sino por aquellas promesas en el orden de las polticas pblicas, y sobre todo por la identificacin de la persona como uno de los nuestros por lo tanto nos representar debidamente, ms all incluso de la imagen del lder, su simbologa se basa en aspectos culturales y nacionales. El lder poltico carismtico tiene, comparte, una misma identidad con sus seguidores y ello favorece la adquisicin de carisma.

La estrecha relacin entre las manifestaciones carismticas y los movimientos populistas han hecho que considere el populismo como una forma de carisma en regmenes no democrticos del Tercer Mundo y con especial difusin en Latinoamrica. A mi entender no se puede definir el populismo de los aos 30 y 40 del s. XX en la Argentina de Juan Pern, como un rgimen de izquierdas por el hecho de adoptar polticas populares. Castaeda describe y sita el populismo a la derecha de la izquierda para l la tendencia populista pertenece solamente a la izquierda del espectro

MADSEN, Douglas SNOW, Peter G. The Charismatic Bond. Political Behavior in Time of Crisis. Harvard University Press, 1991. Estos autores entienden el populismo como un tipo de carisma y analizan el liderazgo de Pern a partir de estas lneas tericas. 99 MARTN ARRANZ, Ral. El liderazgo carismtico en el contexto del estudio del liderazgo. En: LVAREZ JUNCO, J. ; CASTRO ALFN, D. Populismo, caudillaje y discurso demaggico. Madrid: Centro de Investigaciones Sociolgicas. Siglo XXI, 1987, p. 84. (Monografas, 93).

poltico.100 Sin embargo, Alistair Hennessy advierte del miedo de los aliados despus de la Segunda Guerra Mundial pues haban derrotado el fascismo en Europa pero ste rejuveneca en Latinoamrica con Pern y sus simpatas hacia los fascistas bolivianos y espaoles.101 El considerar el rgimen de Pern de fascista, o no, ha suscitado un debate acadmico. Si bien, el justicialismo, el nombre de la ideologa de Pern, indicaba una tercera posicin frente al individualismo capitalista y al colectivismo comunista la mayora de autores coinciden en calificarlo de fascista, si se quiere de fascismo de izquierdas.102 Moscoso en su tesis sobre el populismo propone una revisin terica del trmino donde se encuentran tres marcos tericos, el estructural-funcionalista, el desarrollista y las teoras evasivas103, Sagrario Torres presenta el populismo en Latinoamrica englobado en tres teoras 1) Populismo y modernizacin; 2) populismo y marxismo y 3) populismo y nacionalismo.104 Torres se adscribe a dos de estas corrientes, por un

lado, simpatiza con las teoras de Cardoso y Faleto de carcter desarrollista ya que analiza el populismo desde una ptica econmica y lo entiende como un fenmeno de paso, un periodo de transicin, inevitable en el camino hacia la plena industrializacin y por otro lado, parece participar del populismo y nacionalismo. La relacin entre populismo e identidad la abordaremos ms adelante de la mano de M Antonietta Confalonieri quien ha analizado el tema a travs del poujadismo francs y de la Lega

CASTAEDA, Jorge G. La utopa desarmada. Madrid: Ariel, 1993. (Ariel, 129) HENNESSY, Alistair. Fascism and Populism in Latin America. En: LAQUEUR, Walter. Fascism a readers guide. Cambridge: Cambridge University Press, 1991 . 102 Paul L. Lewis en su estudio concluye que el peronismo es un ejemplo de gobierno fascista siguiendo las caractersticas del fascismo expuestas en su anlisis. A su vez, encuentra muchos puntos en comn entre el peronismo y el gobierno fascista de Mussolini en Italia. LEWIS, Paul H. Was Pern a Fascist? An Inquiry into the Nature of Fascism. En: The Journal of Politics. 1980, vol. 42, pp. 242-256. 103 MOSCOSO, Carlos Manuel. EL populismo como ideologa en Amrica Latina. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1989. 104 TORRES BALLESTEROS, Sagrario. El populismo un concepto escurridizo. En:. LVAREZ JUNCO, J.; CASTRO ALFN, D. Populismo, caudillaje y discurso demaggico. Madrid: Centro de Investigaciones Sociolgicas. Siglo XXI, 1987. (Monografas, 93).

Norte de Bossi en Italia. Sagrario Torres por su parte sita el nacionalismo en un contexto afro-asitico como un elemento que surge en el contexto de la descolonizacin (Gandhi, Nehru) primero como un nacionalismo de elites i despus popular para homogeneizar la poblacin parte de valores tradicionales, mientras que los nuevos valores son consecuencia de la modernizacin. 105 El populismo es, adems, una forma de gobierno existente en la actualidad otro ejemplo lo tenemos con Hugo Chvez en Venezuela. La distincin entre los conceptos de populismo y carisma no es una delimitacin ntida. Un lder populista sin duda es un lder carismtico pues ejerce una manipulacin sobre las masas exaltadas por su presencia, posee multitud de seguidores, como fue el caso de Pern. No obstante, a mi entender no podemos calificar a Pern de lder democrtico a pesar de que fuera elegido Presidente, ya que control desde el estado, la banca, los seguros, los transportes y algunas actividades industriales y comerciales. Asimismo, rehus las relaciones con Francia y Gran Bretaa mientras aceptaba nazis fugitivos. Eva Duarte, su esposa, consigui por medio de la difusin radiofnica fomentar su imagen popular, sacarlo de la crcel y conseguir su eleccin como Presidente. La definicin de populisno puede ser la de un movimiento poltico que se basa en la movilizacin de un gran nmero de personas, es decir, de masas a partir de la retrica de un contenido fundamentalmente emocional y autoafirmativo centrado entorno de la idea de pueblo. En los movimientos populistas el lder juega un papel muy importante, sus virtudes son la honestidad, la fuerza y estar vinculado con las masas por una relacin mstica. Shils plantea el populismo como una consecuencia de la tensin existente entre metrpolis y provincia. Stewart, por su parte, lo ver como uno de los problemas que plantea la modernizacin. El populismo deriva de la tensin existente

entre los sectores ms avanzados y los ms atrasados del pas. Para que se de ser necesaria la aparicin de ideas relacionadas con la sociedad industrializada y su respuesta ser el populismo.106 El populismo al igual que el carisma se encuentra, pues, a la derecha y a la izquierda del espectro poltico,107 su color depender de las polticas que desarrolle y de las alianzas que establezca. Encontramos populismo desde Pern hasta el poujadismo francs y la Lega Norte de Bossi.108 Confalonieri compara el Movement Poujade francs y la Lega Norte italiana aunque sean movimientos distintos : el primero representa la resistencia a la modernizacin de los sectores proletarizados perifricos en su llamada a una Francia Imperial y corporativa y, la Lega es postnacional y post-estado social pero tiene en comn que ambos pueden ser considerados partidos de protesta antifiscales. En trminos de la tesis del colonialismo internoson movimientos nacionalistas. Si bien, en el poujadismo el nacionalismo ocupa una posicin marginal, la Liga y el Movement Poujade tienen en comn el modelo organizativo. Se trata de partidos carismticos, en los cuales el fundador es la fuente de la ideologa y de la lnea poltica, y concentra el poder organizativo. Segn Torres el populismo se reduce a convocar al pueblo entorno a un lder sin ningn contenido ideolgico.109 El carisma acta como elemento de legitimacin del liderato y del partido u oligarqua que representa. En cualquier caso hay actos pblicos, manifestaciones donde se demuestra el apoyo a los lderes, y se siguen sus mandatos ya sea a travs de la televisin o desde un

Ibid. Castaeda afirma que el populismo se encuentra a la derecha de la izquierda...la tendencia nacional. populista pertenece sin duda a la izquierda del espectro poltico. No coincido con esta afirmacin tan rotunda. En primer lugar, los gobiernos populistas iberoamericanos de los treinta y cuarenta del pasado siglo no formaban parte del ideario de la izquierda en aquel momento, el mismo califica a Pern de mussolinista. Castaeda, Jorge. La utopa desarmada. Madrid: Ariel, 1993. (Ariel, 129) 108 CONFALONIERI, M Antonietta. Identit, Interessi e carisma nei movimenti populisti: la Lega Nord e il Poujadismo. En : Quaderni di Scienza politica. Abril-1997, vol.4, nm.1, pp.53-83. 109 TORRES BALLESTEROS, Sagrario. El populismo un concepto escurridizo. En: LVAREZ JUNCO, J.; CASTRO ALFN, D. Populismo, caudillaje y discurso demaggico. Madrid: Centro de Investigaciones Sociolgicas. Siglo XXI, 1987. (Monografas, 93).

balcn o tarima pblica. El populismo es una forma de carisma donde predomina la implementacin de polticas dirigidas a favorecer a los sectores empobrecidos de la sociedad a la vez que se mantienen los privilegios de las elites del pas. En est combinacin radica la dificultad para situar el color poltico del populismo. Confalonieri destaca la relacin entre populismo e identidad, el populismo genera una produccin simblica que define la identidad y la ideologa pragmtica del movimiento a travs de la oposicin pueblo-oligarqua. El populismo es un discurso poltico anti-, uno de los tratos distintivos del populismo individual en literatura es el antiparlamentarismo. El poujadismo y la Lega estn en contra la oligarqua parlamentaria que habra expropiado al pueblo de la soberana. El poujadismo se inserta en la tradicin nacionalista francesa y se coloca en posiciones radicales enfrente del antieuropeismo y de los partidarios de la Argelia francesa. Poujade es un De Gaulle de los pobres. El etno-nacionalismo de Bossi se basa en un trato distintivo de la cultura y sobre todo en la virtud econmica, se basa en la tica del trabajo, una mezcla de calvinismo y moral catlica que representa el patrimonio, junto con el liberalismo democrtico, el individualismo y el municipalismo del pueblo de la Italia del Norte. El mito del empresario es una figura que goza de mucha legitimacin entre los ciudadanos.110 Una caracterstica de los movimientos populistas es la tendencia a desarrollar un modelo tipo carismtico. En el populismo es central la exaltacin del pueblo y la relacin inmediata entre el pueblo y el movimiento, Bourricaud ha notado una tendencia paradjicamente elitista. La idea de una clase de contacto mstico del lder

CONFALONIERI, M Antonietta. Identit, Interessi e carisma nei movimenti populisti: la Lega Nord e il Poujadismo. En: Quaderni di Scienza politica. Abril-1997, vol. 4, nm. 1, pp. 53-83.

con el pueblo es caracterstico del populismo y congenia con el liderazgo carismtico, Pern, por ejemplo, fue considerado por los argentinos ms que un lder, un santo.111 Los partidos populistas tienden a asumir el formato del partido carismtico, ste consiste en una compenetracin exclusiva entre el lder y la identidad organizativa del partido. Tanto la Lega como el poujadismo pueden ser considerados partidos carismticos: el lder fundador controla la identidad del partido y centraliza la autoridad en la organizacin, afianzado en una clase de aristocracia carismtica.112 Por un lado, hay una tendencia intrnseca del populismo hacia el carisma. Por otro lado, el liderazgo carismtico se caracteriza por la estructura vertical del poder organizativo que contrasta con el aspecto central de la ideologa populista que establece una oposicin entre pueblo-oligarqua, o sea, el anti-elitismo.113 La estrategia del lder son las cualidades del hombre comn. Las virtudes cotidianas del pueblo son desplegadas en el lder de forma extraordinaria para poder realizar su misin. La estrategia en la construccin del lder tiende a representarlo como un hombre comn donde lo extraordinario reside en la cualidad que describe el pueblo, se establece una mitologa del lder. Un tipo de identificacin de la masa con el lder es sentirse similar al lder. Otro aspecto es que el lder posee cualidades que la gente querra tener. Pern en sus discursos pblicos situaba su persona al mismo nivel que los trabajadores con frases como: Vosotros estis sucios y yo estoy sucio. Estamos sucios juntos, adems, beba con los obreros en los suburbios, a la vez que su futura mujer hacia un programa de radio (Hacia un futuro mejor) en el que proyectaba la figura de Pern como la del superhombre Latino.114

MADSEN, Douglas; SNOW, Peter G. The Charismatic Bond. Political Behavior in Time of Crisis. London: Harvard University Press, 1991, p. 149. 112 CONFALONIERI, M Antonietta. Identit, Interessi e carisma nei movimenti populisti: la Lega Nord e il Poujadismo. En : Quaderni di Scienza politica. Abril-1997, vol. 4, nm.1, pp.53-83. 113 Ibid., p. 77. 114 MADSEN, Douglass; SNOW, Peter G. The Charismatic Bond. Political Behavior in Time of Crisis. London: Harvard University Press, 1991.

Recogiendo lo ms importante, el carisma respecto al populismo enfatiza la relacin de dependencia de los seguidores hacia el lder poltico quien suscita emociones, actitudes pasionales en sus seguidores, al mismo tiempo, el lder poltico dirige las reflexiones del electorado, sus razonamientos y sus actitudes a travs de sus mandatos y llamadas. Las actitudes de la masa de seguidores que aclaman su lder se ven templadas, en ocasiones, por el propio lder poltico, frente a un pblico que aclama su lder. En definitiva, el populismo es una manifestacin del carisma, es una forma de carisma que posee sus propias estructuras e ideologas. Madsen y Snow analizan el peronismo a partir de la teora del carisma. Establecen el vnculo carismtico (charismatic bond) entre el lder y su gente en el momento en que Pern es encarcelado y las masas lo reclaman con un fervor mstico en la Plaza de Mayo, en octubre de 1945. En un liderazgo carismtico se puede establecer el momento en que se inicia el carisma, su duracin es un aspecto ms impredecible. La responsabilidad de mantener el apoyo de la clase trabajadora correspondi a su mujer Evita quien no tan slo lo mantuvo sino que lo ampli, asimismo cre la seccin femenina del Partido peronista y las mujeres pudieron votar a partir de las elecciones de 1951, su funeral en 1952 estuvo marcado por muestras de dolor y efusin del pblico como nunca antes se haba visto.115. La trayectoria de Pern nos sirve de ejemplo para demostrarnos que el retroceso del carisma es posible, Pern tuvo que dejar el poder en 1955 a causa de un golpe de estado militar y esto supuso el anti-peronismo en los aos sucesivos, por lo tanto podemos hablar de una manifiesta la prdida o, mejor dicho un retroceso del carisma, puesto que nunca podemos estar seguros que la dispersin del carisma sea definitiva. El carisma puede difuminarse pero un lder carismtico siempre puede resurgir de las cenizas, fue el caso de Pern quien volvi al poder al cabo de dieciocho aos en 1973.

El oleaje carismtico es difcil de predecir aunque podemos afirmar que el carisma surge o resurge: en el caso que ya se ha producido una rutinizacin del carisma y se ha dejado, por ejemplo el cargo poltico; en situaciones o contextos proclives al cambio social, transiciones, situaciones de crisis estructurales, por ejemplo, en el caso de Pern fue importante para desarrollar su carisma la importancia de la crisis especialmente econmica, entre 1938 y 1944 la economa se colaps.116 El carisma depende de cmo se ajustan los atributos del lder con una masa desesperada de seguidores, el lder en este caso se convierte en un redentor, un salvador, la eficacia sin duda es importante para la creacin del lazo carismtico. Entonces, encontramos un misticismo alrededor de su figura. Segn Madsen y Snow el movimiento carismtico surge ante el xito. sta es segn los autores la creencia de Weber cuando pasa la crisis los seguidores recobrar el aliento y su sentido de la eficacia, sin embargo, siempre queda un residuo estructural del periodo carismtico, como ejemplo, a pesar de haber pasado aos despus de la muerte de Pern, tenemos el peronismo. ste permanece en el centro de la poltica argentina.117

Norberto Bobbio distingue entre democracia ideal y democracia real, pone el acento en que se debe investigar sobre la democracia real pues define la praxis poltica. Uno de los aspectos de la democracia que destaca es el poder invisible, mecanismos y personas que actan en democracia de forma corrupta. Otro aspecto a destacar es la necesidad de la responsabilidad poltica, que responde al trmino ingls accountability. El ciudadano debe comprender que tiene derecho a pedir

responsabilidades en quienes ha depositado su confianza poltica, en otras palabras, en quienes son sus representantes. Esto nos lleva a un tercer elemento: la educacin para la ciudadana, es necesario educar para la democracia. Bobbio defiende una cultura participante frente a la apata poltica. Asimismo, expone los valores que debe mantener la democracia, valores que son sus cimientos: la tolerancia; la no-violencia; la renovacin gradual de la sociedad a travs del debate libre de las ideas y la fraternidad, es decir, compartir un destino comn, formar una sociedad comn.118 Nuestro objetivo es analizar como se muestra el carisma en la democracia occidental actual. El modelo de democracia a seguir es el de la democracia representativa. Existen multitud de razones para hacer una valoracin crtica de los distintos modelos de democracia. Para muchas personas la poltica es sinnimo de fraude, hipocresa y engao. An y as se debe confiar en la poltica. La democracia est integrada por dos procesos, por un lado, es necesaria la reforma del poder del estado y, por otro, la reestructuracin de la sociedad civil. Por otra parte, se debe garantizar la autonoma de los polticos para que estos puedan tomar sus decisiones al margen de las presiones del capital, as como, limitar o delimitar la forma de accin del estado y de la sociedad civil. Destaca como importante el derecho a la participacin poltica, si bien el derecho no comporta obligacin. El derecho a participar debe ser entendido como una accin voluntaria que beneficia a todos y que ayuda a construir y mejorar la sociedad en que vivimos. El orden poltico no se alcanza hoy en da a travs del sistema de valores en comn, o por el respeto a la autoridad del estado, es el resultado de una interaccin compleja entre instituciones y estado. A mi entender un elemento importante para la reorganizacin del pas de las actitudes y los valores es la relacin carismtica entre

ciudadanos y los mximos representantes del estado Presidentes, Monarcas, as como, la comunidad cientfica, los alcaldes, que a distintos niveles consiguen reorientar las actitudes y acciones sociales de lo individuos al conseguir su participacin y aceptacin de proyectos, propuesta. El carisma se convierte como defini y destac Shils en una capacidad de ordenar la sociedad. Es una forma de conseguir la implicacin de la ciudadana sin imposiciones. No se puede pretender imponer los deberes a los ciudadanos a golpe de decreto. La palabra carisma nos remite inmediatamente al fascismo y sobre todo a Hitler. El carisma de los aos treinta estuvo al servicio de los totalitarismos, el culto a la personalidad de Stalin y los fascismos de Hitler y Mussolini.119 El apoyo del pueblo alemn solamente se puede entender por la situacin de crisis y los aspectos psicolgicos de las masas que hemos descrito en el captulo 5. Hitler accedi al poder gracias al apoyo del Presidente de la Repblica Hindenburg. Kershaw considera que su acceso a la cancillera del Reich se hubiese podido evitar permitiendo disolver el Reichstag a Schleicher con lo cual el desarrollo del partido nazi no hubiera sido el mismo.120 Nadie poda prever hasta donde seran capaces de llegar los fascismos, entre otros motivos, faltaba la experiencia histrica al respecto. Sin duda la manipulacin y exacerbacin de las masas al servicio de los fascismos es el lado ms oscuro del carisma. A lo largo del siglo XX nos encontramos el carisma de grandes lderes

democrticos innovadores del s. XX, como De Gaulle, mencionado ms arriba, Adenauer o Kennedy. Primero fue la difusin de los discursos radiofnicos de Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial, los debates televisivos de Kennedy en la

Juan Francisco Fuentes describe la gran capacidad histrinica de Mussolini para gestualizar y actuar de forma teatral frente a las multitudes. En oposicin a la inexpresividad y frialdad de Stalin y el histerismo de Hitler que lo llevaba casi al trance. FUENTES, Juan Francisco. Mussolini. El lenguaje del cuerpo, el lenguaje del poder. En: Claves de razn prctica. Octubre-2001, nm. 116, pp. 44-49.

arrepentimiento pblico de Clinton por el proceso de impeachement de 1999. El Carisma en democracia est muy vinculado a los objetivos y consecuciones polticas, pero tambin a la manipulacin poltica, a la manufactura (maquillaje poltico, venta de una imagen personal acorde con los tiempos y las sensibilidades, escenografa poltica) aspectos difciles de detectar y que envuelven el producto meditico en que se ha ido convirtiendo el liderazgo poltico. El carisma en democracia est lejos de las formas y maneras de adoracin y sumisin a los lderes. ste se plasma con relaciones de aprobacin de las ideas en los mtines polticos, en el dilogo a travs de organizaciones, en los plenos municipales, en las asociaciones vecinales. Lejos de talantes autoritarios refleja una forma de comunicacin que si bien implica una entrega, en muchas ocasiones, mandatos televisivos, la creencia en los eslganes en las campaas electorales; tambin es una forma de conseguir la participacin, gracias al prestigio, al anhelo de la relacin con los poderosos, lejos de la imposicin y autoritarismo que connota la palabra deber. David Held destaca el crecimiento de los grupos de presin los lobbies que dificultan la relacin que debe existir entre los ciudadanos-votantes y sus representantes. En este marco de interaccin entre los actores polticos, los ciudadanos, los agentes econmicos y los estados que describe Held debemos intentar conocer el papel jugado por el carisma. ste configura un halo trascendental a las instituciones y a sus lderes polticos, a pesar de las dificultades y la desconfianza en la poltica que hemos apuntado ms arriba. Los polticos carismticos, especialmente, el carisma de cargo su imagen y sus personas permanecen al margen de la corrupcin se les atribuye un halo y una posicin trascendente que los acerca al universo de lo sagrado y de lo divino. El carisma legitima las instituciones democrticas, caeramos en un simplismo si intentsemos

reducir su legitimacin a valores irracionales y emotivos, estos existen pues la propia naturaleza trascendental y emotiva del carisma lo comporta pero obedece al anlisis de la imagen y las acciones de los personajes carismticos. Qu sentido tendra la manufactura del carisma que hemos expuesto si no fuera necesario transmitir una imagen correcta que favorezca el surgimiento y mantenimiento de la relacin carismtica? Debajo de la relacin carismtica se esconden elementos de racionalidad, basados a menudo, en el anlisis inconsciente de las actitudes, el comportamiento, y la propia admiracin que produce aceptacin pero tambin crtica. El carisma en las democracias occidentales legitima popularmente las instituciones, sus representantes y contribuye a establecer diferenciaciones entre los distintos estratos sociales con mayor influencia, mayor acceso a la cultura, contribuye a la creacin de centros de poder. La tendencia a una mayor cultura poltica y a una participacin democrtica entre la poblacin favorece a la racionalizacin del carisma en los sistemas democrticos actuales. El carisma es sin duda una forma de intentar conseguir el mximo nmero de votos a travs de mtodos electorales permitidos como el maquillaje poltico y la utilizacin de asesores de imagen. En pocas palabras la tarea de los asesores de imagen consiste en eliminar.121 decidir que cualidades del candidato se deben proyectar y cuales Maurice Duverger expone las distintas estrategias utilizadas dentro de los

partidos polticos para conseguir imponer un candidato. Por ejemplo; los bosses norteamericanos son los encargados de fabricar una eleccin y pueden llegar hasta el escrutinio puesto que no siempre se realizan en boletas secretas, a veces, las manipulaciones llegan al mismo escrutinio. Lo ms corriente son las manipulaciones

psicolgicas de los votantes, la utilizacin de lderes de opinin, personajes pblicos con gran popularidad que apoyan a los candidatos oficiales y consiguen el voto de indecisos.122 Acerca del sistema de eleccin Punnett123 destaca que los detalles en el sistema de eleccin son decisivos en determinar el lder elegido. Los dos lderes ms destacados del Partido Conservador ingls: Wiston Churchill y Margaret Thatcher se duda que hubiesen sido elegidos con distintos sistemas de eleccin. Thatcher fue elegida con un reglamento electoral que acababan de adaptar. La forma de eleccin de los lderes se ha analizado pero sin duda el reconocimiento de actitudes y caractersticas consideradas carismticas es un elemento a tener en cuenta en el proceso de eleccin de los lderes de los partidos polticos occidentales. En un estudio sobre la eleccin de los lderes en Mxico Ai Camp124 advierte que la forma como se selecciona y quin los seleccionar son aspectos poco conocidos y controvertidos entre los cientficos sociales del caso mexicano. Lo ms importante a destacar es que los elegidos tienen las mismas caractersticas y actitudes similares a las suyas; es ms, quienes promueven carreras polticas controlan el ingreso a las mismas, es, pues, un sistema cerrado donde la popularidad tiene poco que ver. Yo considerara en este caso que la eleccin es un sistema poco democrtico y en absoluto plural. Otro requisito de los lderes mexicanos y generalizables a las democracias occidentales es el nivel de educacin universitaria de los lderes. Otro elemento caracterstico de la poltica mexicana, y ms concretamente del P.R.I., es la creacin de la camarilla. El personalismo est ejemplaridad por la camarilla o grupo poltico, un

DUVERGER, Maurice. Los partidos polticos. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1994 . PUNNETT, R.M. Selecting Party Leader. Britain in Comparative Perspective. New York: Harvester Wheatsheaf, 1992. 124 AI CAMP, Roderic. Los lderes polticos de Mexico. Su educacin y reclutamiento. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1980.

grupo personal que se fundamenta en las lealtades polticas y que se une tanto por razones emotivas como pragmticas.125 Juan Linz126 argumenta que la existencia de un liderazgo fuerte no es incompatible con sistemas parlamentarios, adems hay una cierta convergencia entre los sistemas parlamentarios y los presidencialistas pues mayoritariamente en las democracias se vota a un lder que pueda gobernar y se retira el apoyo de aquellos partidos que no tienen un lder atractivo. Linz se basa en la experiencia de Espaa para elaborar su teora. Este autor afirma que con la ayuda del voto til y la importancia de la televisin se permite reforzar el presidencialismo en la poltica contempornea. Los lderes efectan las llamadas a la poblacin a travs de los medios, sobre todo, de la televisin Arendt Lijphart127 coincide con Linz en que la rigidez y el inmovilismo son las debilidades ms serias del presidencialismo, sin duda un lder debe ser como afirma Gardner renovador, flexible y adaptable;128 yo aadira modernizador y transformador con capacidad de llegar a amplios sectores de la poblacin, ser popular y representativo del pas que lidera y promover canales de participacin y crtica poltica. Weber consider que la nica democracia plebiscitaria se daba en Gran Bretaa y EE.UU. En definitiva se corresponde a un sistema donde se premia el presidencialismo, sistemas mayoritarios o presidencialistas. Luciano Cavalli recoge estas ideas de Weber, Ostrogorski, en que el lder debe jugar un papel importante. Los sistemas democrticos, especialmente el americano, a lo largo del siglo XX han ido incorporando las distintas innovaciones mediticas para difundir el liderazgo y crear el

Ibid. LINZ, Juan. Democracia: Presidencialismo o Parlamentarismo Hay alguna diferencia?. En: LIJPHART, Arendt ; LINZ, Juan. Hacia una democracia moderna la opcin parlamentaria. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Catlica de Chile, 1990. 127 LIJPHART, Arendt. Presidencialismo y democracia de mayoras. En: LIJPHART, Arendt ; LINZ, Juan. Hacia una democracia moderna la opcin parlamentaria. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Catlica de Chile, 1990. 128 GARDNER, John W. El liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1991. (Coleccin Estudios Polticos y Sociales).

carisma de los lderes. Arthur Schweitzer divide principalmente su obra sobre el carisma poltico en dos apartados: el carisma democrtico y el carisma en dictadura, como ms adelante detallaremos. El carisma democrtico se efecta con el reconocimiento de sus seguidores, en democracia los seguidores dan su consentimiento al lder democrtico, en cierta manera lo legitiman. As, el liderazgo carismtico en democracia viene limitado por los propios electores. Los ciudadanos-votantes dan su consentimiento a un lder en democracia. Dentro de la democracia distingue entre la Democracia pluralista y la Democracia personalista. La diferencia entre ambas estriba en que la primera no genera una tendencia hacia un lder carismtico, ya que no genera emociones estas son pasivas o racionales y responden al eslogan de diferentes candidatos. El caso es totalmente contrario en la Democracia personalista donde se activan las emociones de las masas y los candidatos se seleccionan en funcin de simpatas personales y sociales.129 Luciano Cavalli ha distingue entre democracia acfala o democracia sin lder y la democracia con liderazgo a la que llama tambin democracia autocfala con liderazgo personalizado. La primera considera que ha producido fragmentacin y fractura llevando a la guerra civil. En el proceso de racionalizacin la democracia acfala representa el momento degenerativo (para no decir simplemente negativo) del desarrollo propio de la esfera poltica, el nico sentido vlido para Weber es la democracia plebiscitaria, o sea con un lder efectivo (Fhrer democratie).130 La democracia acfala propia de la segunda y tercera Repblica Francesa o de la democrtica italiana de hoy (antes de Berlusconi) se caracteriza por la lgica de la dispersin del poder poltico

No estoy de acuerdo en algunos aspectos de la obra de Schweitzer pues tiende a una teorizacin excesiva que ms que detallar el anlisis lo dificulta. Por ejemplo, considera que Kennedy no es un Gigante carismtico por su temprana muerte, en vez de destacar que su muerte lo convirti en uno de los mitos norteamericanos del s. XX. Otro ejemplo lo tenemos con Ronald Reagan a quien no lo sita en la posicin adecuada en su tipologa, puesto que lo considera tan solo un Charismatic Luminary y no un Charismatic Giant. Ms que una tipologa del carisma efecta una tipologa del liderazgo. SCHWEITZER, Arthur. The Age of Charisma. Chicago: Nelson Hall, 1984. 130 CAVALLI, Luciano. Il capo carismatico. Chicago: Il Mulino, 1981.

como del poder de sottogoverno.131 Para Cavalli el desarrollo de la democracia con el lder se da en un contexto de modernizacin. El lder del ejecutivo es elegido directamente por el pueblo a partir de un pacto de confianza-responsabilidad que hace que mantenga y verifique el consenso popular. Desde los media, especialmente la televisin, el lder tiene un contacto directo con el electorado. Sin embargo, Cavalli parece no tener en cuenta el simplismo y la comodidad de delegar las responsabilidades y las ideas en un lder, sin lugar a dudas el liderazgo de las lites polticas cumple un papel importante para el desarrollo de la democracia pero debe producirse una articulacin mayor entre los grupos de ciudadanos participantes con deberes y derechos en el sistema y sus representantes polticos, el contacto, por otra parte, no es interactivo sino dominante por parte de los lderes que controlan los media y se muestran con toda su majestuosidad. En Conclusin, el liderazgo es un elemento importante en la poltica pero la mayor importancia radica en las ideas y los proyectos polticos, en la capacidad de gestionarlos y llevarlos a trmino donde tendr un rol importantsimo el lder poltico, pero ello no debe llevarnos a olvidar la importancia de la participacin

Todos los autores, y yo misma, coinciden en afirmar que el carisma surge en pocas de crisis social, cambios polticos y guerras. Robert Tucker132 cree inevitable el carisma poltico en situaciones de transicin democrtica. E.H. Erikson133 considera que hay situaciones donde la gente aparece hambrienta de carisma. Est imagen tan grfica de

Erikson intenta reflejar la predisposicin y el entusiasmo hacia las reformas sociales anheladas, el lder poltico se convierte en el poltico renovador, el cabeza visible y el gua hacia la renovacin del sistema poltico. El lder carismtico es alguien que ofrece salvacin, nocin que destaca Tal Howard en su artculo y que considero muy importante para comprender la dimensin religiosa del carisma poltico. El lder es visto como el salvador, el redentor que viene a proclamar y a conducir al pueblo hacia un nuevo destino. Magrit Eichler, citada por Howard134, destaca que hay dos tipos de lderes carismticos los profetas y los salvadores, y argumenta que los salvadores a menudo siguen a los profetas. La correspondencia bblica la encontraramos en la figura de Jess y de Pablo. El liderazgo carismtico aparece en la transformacin o el cambio de sistemas polticos con mayor incidencia. Desde finales de los ochenta con el derrumbamiento de los pases del Este asistimos tambin a la aparicin de lderes carismticos en estos pases. Es necesario el carisma poltico? Sin duda en los perodos de transicin el liderazgo carismtico ayuda a legitimar el nuevo sistema, los lderes representan y dirigen a la poblacin en perodos de convulsin y desconcierto. Tienen la labor de conseguir el consenso tanto de las instituciones, como entre las antiguas elites dictatoriales y, tambin, entre la poblacin. Podemos decir que el carisma en este caso es beneficioso pues ayuda a consolidar la democracia. La falta de cultura poltica y de desconocimiento sobre el nuevo sistema poltico democrtico favorece la aparicin de un lder carismtico. La poblacin se encuentra deseosa de cambios y el lder poltico es visto como el salvador135 de la nacin o estado, el gua a seguir. A su alrededor se concentran multitud de seguidores que lo ensalzan y lo bendicen, lo santifican, intentan

tocar sus manos, y acercarse al contacto fsico. Todo ello con actitudes propias de devociones y alabanzas religiosas, o de exaltacin frente a los dolos del rock, o los mitos cinematogrficos. La faceta de misin o profeca, en otras palabras, su carcter mesinico es menos frecuente entre los lderes de sistemas democrticos y aparece claramente en los totalitarismos con Hitler, Mussolini y el comunista Lenin en aras de cuya misin se creen con el derecho de efectuar cualquier atrocidad. El lder poltico carismtico a su vez facilita los contactos con los pases occidentales que tutelan estos cambios nacionales, en la actualidad, por ejemplo, la Unin Europea. La legitimidad carismtica y el momento histrico les permite transformar la sociedad pero a su vez limitar los acontecimientos y actitudes que considere impropios. La ambigedad y ambivalencia de la vida social, concepto desarrollado por George Simmel,136 est presente en el lder carismtico muy especialmente en su faceta de transformador, revolucionario pero a su vez limita las actitudes desmesuradas o inapropiadas, en perodos de convulsin social como las transiciones democrticas donde hay poblacin que se resiste a los cambios y, otra que deseara ampliarlos. A todo ella hay que aadir la falta de cultura democrtica, como ya he mencionado en el apartado anterior. La Contribucin de los lderes polticos de la Europa del Sur en las transiciones polticas ha sido muy importante, como seala Gianfranco Pasquino. Este autor constata que los lderes polticos empezaron en los regmenes autoritarios y mantuvieron sus posiciones durante las transiciones. La nica excepcin es el liderazgo de Felipe Gonzlez que empez su dimensin pblica un ao antes del fin de la dictadura franquista. Son especialmente importantes los lderes polticos durante las transiciones porque pueden dar respuesta a la ansiedad y desconcierto colectivo. Los lderes carismticos, seala Pasquino, son la mejor respuesta puesto que hay una necesidad del

liderazgo poltico tanto en el proceso de transicin como en el de consolidacin democrtica.137 El carisma poltico, segn Guenther Roth,138 aparece en momentos de profundo cambio histrico. En la dcada de los cincuenta y sesenta el estudio del carisma ha estado impregnado en el estudio de nuevos estados y de su sociedad. El primer requisito terico para el estudio del carisma es la existencia de una crisis de legitimidad. Todos los nuevos estados han salido de tal crisis. Otros solamente su gobierno es una forma de dominio personal y sufren una crisis endmica de legitimidad pblica. 139 Francia con De Gaulle ha estado un ejemplo importante de un dominio carismtico nacional. El autor llama a los lderes carismticos virtutosos esa cualidad excepcional (agilidad mental, inteligencia, clarividencia) que tienen al afrontar los avatares histricos. La Presidencia de los EE.UU. muestra, por ejemplo, una mezcla de elementos legalesracionales y tradicionales con los carismticos, lo que nos permite distinguir entre el carisma del cargo y las caractersticas personales carismticas. En la actualidad, asistimos a un momento histrico de profundo cambio con los efectos de la mundializacin, cambios tecnolgicos, culturales, revolucin demogrfica. Por un lado, continuaran existiendo procesos de transicin poltica hacia la democracia entre los pases del llamado Tercer Mundo, como el que se est produciendo en Marruecos, el Per y, en un futuro, esperemos no muy lejano, entre pases como Birmania o Afganistn.

GINER, Salvador. Historia del pensamiento social. Barcelona: Ariel, 1994 . (Ariel Historia). PASQUINO, Gianfranco. Political Leadership in Southern Europe: Research Problems. En: West European Politics. pp. 118-130. 138 ROTH, Guenther. I Virtuosi e la Contro-cultura. Sullutilit tipologica del concetto di carisma. En: Rassegna Italiana di Sociologia. 1973, nm. 3, pp. 431-452. Charismatic Community, Charisma of Reason and the Counterculture. En : American Sociological Review. Abril-1975, vol. 40, nm. 2, pp. 148-157. 139 Ibid.

El carisma, segn el estudio de Michael Kimmel140 sobre la revolucin iran, es consecuencia y a su vez causa revolucionaria. El carisma del Ayatollah fue ms experimentado entre los pobres urbanos y los tradicionales bazaristas. Estos grupos son histricamente proclives a los lderes carismticos, formando las bases de muchos movimientos mesinicos y carismticos. Proporcion la sombrilla que alberg y aglutin la oposicin al Shah. En el Islam Shiita haba una tradicin carismtica, mientras que en el Islam Sunnita hay una tradicin burocrtica. Considero, y el caso de la revolucin iran es un ejemplo, que el nacionalismo puede ser un aspecto de la ideologa del lder carismtico, pero tambin forma parte del carisma en s puesto que el lder carismtico defiende o representa una identidad, se convierte en un smbolo ms de la nacin y su actitud social, moral y poltica marca las directrices a seguir. Respecto a la figura de De Gaulle para Sara Gentile141 es uno de los lderes polticos que posee un fuerte e indiscutible carisma, encarna de manera importante el poder carismtico. Con el se abre el tema del presidencialismo como una posible solucin a la inestabilidad de los gobiernos en regmenes parlamentarios. En Italia se han presentado problemas similares al caso francs del paso de la IV a la V Repblica que tuvo a De Gaulle como artfice del cambio institucional. Gentile destaca la importancia del universo simblico alrededor del carisma, yo aadira mtico. Los conceptos clave ms representativos de la poltica y el pensamiento poltico de De Gaulle para Gentile son: patria, Francia, nacin, pueblo, estado (jefe de estado). La patria es el lugar segn De Gaulle donde solo pueden concentrarse valores positivos, son los franceses.

KIMMEL, Michael. New Prophets and Old Ideals: Charisma and Tradition in Iranian Revolution. En: Social Compass. 1989, vol. 36, nm. 4, pp. 493-510. 141 GENTIL, Sara. La costruzione del carisma: per uninterpretazione della leadership di De Gaulle. En: Teoria poltica. 1997, vol. XIII, nm. 3, pp. 121-152.

Un aspecto que ha suscitado enorme polmica alrededor del concepto de carisma es el trmino rutinizacin elaborado por Weber. La idea de rutinizacin del carisma ha sido criticada por distintos autores por considerarlo un concepto opuesto a la propia idea de carisma.142 Podemos hablar, pues, de la existencia de un debate alrededor del concepto de rutinizacin del carisma de Weber. Anthony Piepe, por ejemplo, marca una distincin entre carisma y rutinizacin del carisma. Piepe considera distinta la burocratizacin y la institucionalizacin con la idea de rutinizacin del carisma puesto que la idea de carisma tiene caractersticas asociadas con la supervivencia de lo mgico y lo extraordinario en las estructuras sociales. Adems, la rutinizacin del carisma contiene formas de inestabilidad y de cambio que no se encuentran en otros tipos de autoridad y por lo tanto envuelve distintos tipos de legitimacin y de control social. De todas formas, Piepe considera que la rutinizacin es esencialmente un compromiso entre el carisma como fuente de legitimidad y el consecuente conjunto de normas institucionales.143 La rutinizacin puede aplicarse sin ninguna duda al carisma en democracia, una vez el lder poltico ha accedido al cargo se produce una rutinizacin de su carisma que se corresponde con su mandato. Los trminos carisma y rutinizacin, pues, no son opuestos pues parten de la evolucin o desarrollo del carisma del lder poltico, en primer lugar como candidato y despus como mandatario. En otras palabras, creo que la rutinizacin describe como se desarrolla el carisma del cargo, tal vez la palabra rutinizacin proyecta una imagen demasiado esttica y contundente asociada a un concepto, el carisma, que presupone la ausencia de tedio o de monotona, de ruptura con la cotidianidad. Podramos hablar del desarrollo del carisma o de posibles

Aspecto destacado por FRIEDRICH, Carl. Man and His Government: An Empirical Theory of Politics. New York, 1964 y citado en TUCKER, Robert. The Theory of Charismatic Leadership. En: Daedalus: An Academy of Arts and Sciences, 1968, vol. 97.

transformaciones del carisma pero en cualquier caso es necesario destacar la idea de estabilidad en el cargo, de permanencia durante un perodo de tiempo, que en el caso de cada legislatura ya se desarrollar con detalle. As pues, considero importante establecer una conexin desde los orgenes de la actuacin poltica del lder y su triunfo con el acceso a cargos ya que estamos hablando de una misma persona. Dogan144 sostiene que un verdadero lder carismtico no suele tener sucesor carismtico inmediato, por lo menos en democracia. A no ser que su heredero pertenezca a otro partido poltico. Despus de un gran lder ser difcil que surja inmediatamente otro. Es acertado matizar la dificultad de la emergencia de un liderazgo carismtico despus de un perodo de predominio de un lder carismtico, de entrega a un mandatario, de admiracin de sus caractersticas personales y de su labor poltica. Es difcil girar alrededor de otra estrella poltica en un corto perodo de tiempo. No obstante, es posible puesto que el carisma tiende a racionalizarse, si el lder se le considera excepcional, si impacta con su imagen puede ser carismtico. Tampoco debemos olvidar la manipulacin del carisma por medio de los medios y de los asesores capaces de crear el escenario idneo y el aura que envuelve y embauca a los ciudadanos-votantes. El carisma no puede ser una forma de legitimacin del liderato en los sistemas democrticos. La legitimidad la deben dar las urnas, en todo caso las organizaciones y las asociaciones pueden incidir en el carisma. Por otro lado, en la rutinizacin se encuentran elementos carismticos. En el anlisis histrico el carisma aporta claridad, comprensin a la dinmica de los hechos si bien eso no significa que no se deban narrar con detalle los acontecimientos, no debe porque estar reido con la crnica ni con la causalidad o el desencadenamiento de los acontecimientos. El concepto de carisma nos

PIEPE, Anthony. Charisma and the Sacred. A Reevaluation. En: Pacific Sociological Review. 1971, vol. 14. 144 DOGAN, Mattei. Le Personnel politique et la personnalit charismatique. En: Revue Franaise Social. 1965, vol. VI, nm. 3, pp. 305-324

describe esa legitimidad de la multitud y a su vez debe aportar luz para interesarnos en el anlisis del liderazgo poltico y de los acontecimientos sociales. Nos facilita el anlisis de las caractersticas personales del lder y el contexto social en que se desarrolla. Discrepo totalmente con afirmaciones como las de Howard, quien considera el anlisis carismtico un simplismo, un recurso que encubre los detalles histricos.145 Sin duda el carisma es un concepto difcil de plasmar y por lo tanto de definir. Sin embargo, un lder se le puede calificar de carismtico y a su vez describir muchos otros atributos polticos, inmersos en esa percepcin carismtica difcil de delimitar que se resiste a la racionalidad. Sin duda, a un lder se le puede considerar carismtico pero a su vez describir que elementos, caractersticas o situaciones le han otorgado carisma. Por ejemplo, Felipe Gonzlez ha sido y es un lder carismtico pero podemos atribuirle muchas otras caractersticas personales que han configurado e incentivado su carisma (pragmatismo poltico, clarividencia, inteligencia, capacidad de oratoria, ambigedad, persuasin poltica, agilidad mental).146 Por otra parte, Howard plantea la confrontacin entre la historia y la sociologa, pues la historia se est convirtiendo, a su juicio, en una ciencia auxiliar de la sociologa. Este planteamiento me parece inadecuado lo relevante es la complementariedad en el anlisis de lo social, y el intento de arropar una mayor comprensin al respecto. Es precisamente la teora la que debe funcionar como instrumento para una mejor interpretacin de la historia y la narracin del detalle histrico. Es un elemento ms que nos acerca a la complejidad y comprensin de los acontecimientos histricos en definitiva sociales.

HOWARD, Tal. Charisma and History: The Case of Mnster, Westphalia, 1534-1535. En: Essays in History. Published by the Corcoran Department of History at the University of Virginia. 1993, vol. 35. 146 Informacin obtenida en las entrevistas mantenidas con Joan Ravents el 3 de noviembre de 1998 y con Raimn Obiols el 3 de setiembre de 1999.

Otro autor, Roth, destaca la vulgarizacin del trmino y el simplismo en que ste ha cado. Aspecto que hemos abordado en el apartado de banalizacin del concepto de carisma. Para l la utilizacin del trmino carisma es muchas veces solamente un atributo pomposo para indicar la cualidad fotognica y la atraccin personal de un candidato poltico, especialmente entre las mujeres y los jvenes.147 Para los estudiosos la mayor dificultad no recae solamente en la vulgarizacin del trmino sino en su simplificacin tipolgica, que mencionbamos ms arriba razn por la cual propongo esta indagacin en las dimensiones y polisemia del trmino carisma.

En este apartado nuestro objetivo no es el anlisis de los movimientos sociales sino su relacin con el liderato carismtico. Un movimiento social, en cierta medida, es una forma de manifestacin carismtica. Si seguimos la definicin de Joachim Raschke:

Movimiento social es un agente colectivo movilizador, que persigue el objetivo de provocar, impedir o anular un cambio social fundamental, obrando para ello con cierta continuidad, un alto nivel de integracin simblica y un nivel bajo de especificacin de roles, y valindose de roles de formas de accin y organizacin variables.148

Los movimientos sociales son sensibles a las necesidades de cambios estructurales de la sociedad, son protagonizados por sectores de la poblacin que se ven enormemente desfavorecidos por las polticas existentes. Alrededor de estas manifestaciones sociales surge el liderato o liderazgos carismticos, individuos que con

Este aspecto de la importancia del atractivo personal y fsico en el carisma fue destacado por Ernest Lluch al referirse al liderazgo poltico de Felipe Gonzlez. Entrevista mantenida el 21 de mayo de 1997. 148 Definicin de Joachim Raschke citada en RIECHMANN, Jorge; FERNNDEZ BUEY, Francisco Redes que dan libertad. Introduccin a los nuevos movimientos sociales. Barcelona: Ediciones Paids, 1995. (Paids estado y sociedad).

su discurso y acciones son capaces de catalizar el descontento colectivo y a su vez ofrecen acciones colectivas a seguir.149 Sobre todo en la modernidad avanzada con la dificultad de comprensin de los fenmenos sociales y el hermetismo de los sindicatos donde prevalece ms su relacin con los gobiernos que la oposicin; los movimientos altamente reivindicativos surgen, pues, al margen del sistema de partidos. La mundializacin de la sociedad ha ocasionado por una parte la aparicin de movimientos sociales de protesta con lderes carismticos visibles como es el caso de Jos Bov en Francia o el subcomandante Marcos en Mxico quienes han liderado protestas en contra de la mundializacin de la economa y el respeto de las minoras, respectivamente. Paradjicamente, la mundializacin de la economa tambin supone el acercamiento de pueblos y culturas favoreciendo a la comunicacin entre distintos movimientos sociales y reuniendo a sus lderes para proporcionarles apoyo mutuo. Es el caso de los dos lderes anteriormente mencionados. En lo que a Jos Bov se refiere ste se ha convertido en bandera del campesinado francs, un sector ya histricamente acostumbrado a las protestas y revueltas sociales. Bov en febrero del 2001 se enfrentaba al sptimo proceso en tres aos, por el secuestro y retencin de tres funcionarios del Ministerio de Agricultura en marzo de 1999, fue una accin simblica en protesta por la aceptacin de los Ministros de Agricultura europeos de las rdenes de la O.M.C. (Organizacin Mundial

El profeta legitima su autoridad, tanto para Max Weber como para Pierre Bourdieu, por su capacidad de movilizar al grupo de laicos. Sin embargo, mientras Weber los llama los dominados, los adeptos y su autoridad est legitimada por la cualidades extraordinarias , sobrehumanas o sobrenaturales y por su comunicacin de carcter emotivo, para Bourdieu, el profeta para existir, para mantenerse debe cumplir la funcin de catalizador de las ideas e intereses del grupo y esto debe mostrarlo con su discurso, aqu podemos observar influencias de pensadores como Saussure y Lvi-Strauss. BOURDIEU, Pierre. Une interprtation de la thorie de la religion selon Max Weber. En: Archives europennes de sociologie. 121971, nm. 1 Penser la politique. En : Actes de la Recherche en Sciences Socials. 1988, vol. 3, nm. 71-72.

del Comercio). Bov es miembro y cofundador de la Confederacin Agraria (C.P.) en 1987, que cuenta con unos 40.000 miembros. En 1989 junto con nueve personas acometieron al desmontaje de un restaurante McDonalds despus que EE.UU. haba aumentado las tasas contra 60 productos del Viejo Continente por la prohibicin desde Europa de comprarles. La C.P. pone en primer trmino el enfrentamiento entre dos tipos de agricultura una de industrial y una de artesanal encarnada por el queso roquefort (la denominacin de origen ms antigua). Bov tuvo un amplio eco entre la poblacin por sus acciones pero tambin por su elocuencia, cont con el apoyo de unos 10.000 antimundialistas que organizaron durante el Carnaval del 2000 diez carrozas donde los granos de arena simbolizaban detener la maquinaria del Imperio.150 Bov es consciente de la ilegalidad de sus actos pero los considera legtimos porque pide justicia.151 Otra situacin de protesta generalizada que poda haber generado lderes carismticos, si no hubiera estado canalizada por la Iglesia, fue el encierro de inmigrantes pakistanes en las Iglesias del Rabal de Barcelona durante dos meses desde finales de enero del 2001152 o las protestas por el Plan Hidrolgico del Ebro en las comarcas de la Ribera dEbre y el Baix Camp por el proyecto de trasvase de dicho ro. La protesta va ms all del simple trasvase pues son las zonas ms pobres y con menos infraestructuras de Catalua. Otro personaje que ha sido clave para liderar el movimiento indgena de Chiapas hasta llevar las reivindicaciones indgenas de la Sierra Lacandona a la Asamblea Mexicana, ms all de la plaza el Zcalo, ha sido el subcomandante Marcos. Marcos utiliz su imagen de hombre encapuchado para omitir su ascendencia no indgena, as

El Pas. 16 de febrero de 2001. La Vanguardia silencia el proceso contra Bov y el movimiento social anti-mundializacin que lidera, en cambio hay muchos artculos acerca del problema de las vacas locas. 151 Argumentos de Bov en la pgina de internet de una organizacin de Michigan: SEMCOSH (Southeast Michigan Coalition on Occupational Safety and Health) y de Euro XXI.com

solo con la profundidad de su mirada y utilizando un lenguaje lleno de metforas, emulando la estructura del lenguaje indgena, lider el movimiento de Chiapas. La lectura del manifiesto por la comandante Esther el 28 de Marzo de 2001 ante el Congreso de la Unin fue una actuacin racional de Marcos como todo el proceso de construccin de su liderazgo. En esta ltima accin consigui restar protagonismo a su persona y dar fuerza a las reivindicaciones colectivas. El colectivo se vio representado de forma simblica por las mujeres y su capacidad de procrear, transmitir cultura y de velar por la paz. El carisma asociado a los movimientos sociales es pues un factor que puede poner en duda la eficacia de las polticas democrticas y sobre todo presiona a los gobiernos para conseguir mejoras concretas y estructurales.153 Estos colectivos llevan sus reivindicaciones al lmite y se oponen al Establisment poltico con acciones contundentes, sin llegar a actos sangrientos pero s violentos. Sin duda el lado oscuro del carisma es la posibilidad de manipular y radicalizar en exceso las protestas de los movimientos sociales; el carisma es pues un elemento que favorece el cambio pero no desde las instituciones democrticas sino desde asociaciones que cuestionan el sistema y emprenden acciones en contra de las decisiones de los representantes polticos.

La Vanguardia. 14 de febrero de 2001. Un ejemplo lo tenemos en el encierro de emigrantes pakistanes en huelga de hambre en las iglesias de Barcelona durante los meses de febrero y marzo del 2001 y que finalmente lograron conseguir los papeles de residencia.

carismtica de gnero, razn por la cual me propongo a grandes trazos delimitar algunas lneas a seguir en su anlisis. Considero que las mismas caractersticas del Political Leadership y del carisma poltico que aplicamos a los hombres podran en teora ser aplicadas a las mujeres. Su tradicin poltica es escasa en Occidente, puesto que sus reivindicaciones como colectivo se remontan a los dos ltimos siglos, si bien, hay que destacar su labor individual, la accin poltica de las mujeres est relacionada desde la Edad Media con la monarqua y por lo tanto con una labor de continuidad de los intereses familiares.154 La poltica ha sido un mbito reservado a los hombres durante siglos y esto ha dificultado y dificulta la paridad poltica. El rol de las mujeres ha estado relegado al cuidado del hogar, al mbito domstico, con incursiones en el mundo laboral para ayudar al mantenimiento de la familia o por necesidad. La clase dominante ha mantenido a las mujeres apartadas del poder poltico y relegadas a la esfera domstica. Sin duda las mujeres pueden adquirir una actitud reivindicativa, retrica y todas aquellas caractersticas que consideramos carismticas. Las mujeres pueden convertirse en lderes carismticos y por lo tanto ser objeto de admiracin y de confianza por parte tanto de seguidores masculinos como femeninos.155 Por otro lado, hay mujeres que desarrollan su tarea poltica desde las elites del pas, por ejemplo, en Mxico las mujeres

En la Edad Moderna destaca la figura poltica femenina de Isabel I de Inglaterra (1558-1603) quien durante su largo reinado consigui una gran reputacin. Su propia propaganda, el Culto de Gloriana, la coincidencia con la poca de Shakespeare y la derrota de la Armada espaola enviada por Felipe II (1588) son algunos de los aspectos que contribuyeron a su admiracin y popularidad. MORGAN, Kenneth O. (ed.). The Oxford Illustrated History of Britain. Oxford : Oxford University Press, 1997 , pp. 264285. 155 Dos casos de lderes carismticos son la guatemalteca Rigoberta Mench, Premio Nobel de la Paz de 1992 y en Asia La Reina de los Bandidos, la diputada india Phoolan Devi militante del Samajwadi Party. Rigoberta Mench fue el smbolo de la resistencia de todos los pueblos indgenas de Guatemala, el asesinato de su hermano de 16 aos a manos de unos terratenientes y el compromiso de su padre Vicente Mench y de los vecinos de su comunidad contribuy a su toma de compromiso que sobre todo se desarroll despus de la muerte de su padre (1980) en la Embajada espaola en Guatemala. Devi no reneg de su pasado como miembro de una banda criminal que aterrorizaba a los campesinos del estado de Madhya Pradesh en la India de los aos ochenta. Este grupo la haba secuestrado cuando Devi hua de la violencia de su marido. Fue violada colectivamente y posteriormente encarcelada durante once aos acusada de 22 asesinatos. A partir de su liberacin en 1994 fund una organizacin en defensa de las mujeres y los oprimidos y despus milit en el Samajwadi Party. Fue asesinada el 25 de julio de 2001 en Nueva Delhi.

cultas en los aos setenta haban contribuido poco a cambiar el sistema poltico autoritario que beneficiaba a las clases medias y altas del pas. Las mujeres al igual que los hombres han aceptado los roles de la cultura poltica dominante.156 La inteligencia y la seguridad en s mismas sern valores que destacarn en la sociedad occidental para que las mujeres puedan ser aceptadas, tengan, en definitiva, carisma poltico.157 Sin duda el contexto histrico, el cambio en la emancipacin de la mujer a partir de los sesenta y ochenta del s. XX han abierto, no sin dificultad, la posibilidad que las mujeres puedan acceder a la elite poltica y al liderazgo compartiendo su vida pblica con su vida privada. En las democracias occidentales en la dcada de los ochenta destac como lder poltico femenino Margaret Thatcher quien fue primer ministro de la Gran Bretaa desde mayo de 1979 hasta noviembre de 1990. Sin embargo, a finales de los ochenta, las investigaciones de gnero pusieron de manifiesto la poca participacin femenina en el proceso de toma de decisiones polticas, econmicas y sociales en Europa ello conllev la elaboracin y posterior desarrollo del concepto de paridad.158 Con la aprobacin varonil, incluso se han establecido cuotas de participacin de las mujeres en los partidos y discriminacin positiva para el acceso a cargos polticos.159 La Comunidad Europea empez el debate sobre la necesidad de la

CAMP, Roderic. Women and Political Leadership in Mexico: A Comparative Study of Female and Male Political Elites. En: The Journal of Politics. Mayo-1979, vol. 41, nm. 2, pp. 417-441. 157 Debemos ser conscientes de las dificultades de las mujeres intelectuales para imponer su discurso frente al dominio masculino, por ejemplo, en la teora poltica hay contadas excepciones y siguen en el anonimato. ZERILLI, Linda M. G. Machiavellis Sisters. Women and the Conversation of Political Theory. En: Political Theory, Mayo-1991, vol. 19, nm. 2. 158 VOGEL-POLSKY, Eliane. Democracia paritaria en Europa. En: ROSSILLI, Mariagrazia (coord.). Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001, p. 95. 159 Las lites polticas mexicanas son reclutadas mayoritariamente, tanto hombres como mujeres (65%), de la Universidad Nacional de Mxico, la mayora por lo tanto tienen un ttulo universitario. No obstante, las mujeres no han adquirido demasiado xito en la vida pblica. Una de las explicaciones de la falta de representatividad entre las lderes polticas femeninas puede explicarse por el hecho de que a menudo han sido reclutadas para representar organizaciones femeninas. CAMP, Roderic. Women and Political Leadership in Mexico: A Comparative Study of Female and Male Political Elites. En: The Journal of Politics. Mayo-1979, vol. 41, nm. 2, pp. 417-441.

participacin de las mujeres en la toma de decisiones en los aos 90.160 Finalmente, el Consejo de Ministros adopt una Recomendacin para la participacin equilibrada entre mujeres y hombres.161 Es necesario que la democracia se construya en base a la igualdad de gneros, ambos deben estar representados por igual en las instituciones y en el proceso de toma de decisiones.162 Se ha llegado a la conclusin que en la Europa occidental las mujeres estn infrarrepresentadas en los puestos de toma de decisiones. Los hombres muestran resistencias a que las mujeres participen en las lites polticas y a su vez, la mujer encuentra una mayor dificultad para poder combinar su vida privada con las exigencias de la vida pblica.163 Benazir Bhutto afirma que se muestra satisfecha de poder demostrar que una mujer puede compartir su vida familiar con su carrera obteniendo felicidad y superando los obstculos tanto de la vida privada como de la vida poltica.164 Parece ser que hay una mayor tradicin del liderazgo femenino en Asia, esto hace referencia a la autoridad tradicional de Weber. Por una parte, la mayora de mujeres que han accedido a la poltica presidencial en Asia (Indira Gandhi,165 Mrs

VOGEL-POLSKY, Eliane. Democracia paritaria en Europa. En: ROSSILLI, Mariagrazia (coord.). Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001, p. 97. 161 Recomendacin 96/694 del Consejo de Europa de 2 de diciembre de 1996. Ibid., p. 97. En el marco europeo de las polticas pblicas para la igualdad de oportunidades, en Espaa, se han desarrollado el I Plan de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres (1988-1990) y el II Plan de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres (1993-1995), el I PIOM y II PIOM. SENSAT, Nria; VARELLA, Reyes. Las polticas dirigidas a las mujeres: la accin pblica para la igualdad entre sexos. En: GOM, Ricard; SUBIRATS, Joan (ed.). Polticas pblicas en Espaa. Contenidos, redes de actores y niveles de gobierno. Barcelona: Ariel, 1998. (Ariel Ciencia Poltica). 162 VOGEL-POLSKY, Eliane. Democracia paritaria en Europa. En: ROSSILLI, Mariagrazia (coord.) Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001, p. 116. 163 LOVENDUSKI, Joni. Cambio en la representacin poltica de las mujeres. En: ROSSILLI, Mariagrazia (coord.). Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001, p. 117. 164 STERN, Geoffrey. Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993. 165 Fue consejera poltica de su padre, Nehru, lleg a la presidencia del Partido del Congreso en 1959. Primero fue ministra de informacin en el gabinete de Shastri y despus primer ministro en 1966. En 1977 su popularidad y su partido sufrieron un grave retroceso que hizo que perdiese incluso su escao en el parlamento, sin embargo, el 1980 volvi a ser primera ministra de la India. Su represin de las aspiraciones autonomistas y independentistas de los sikh le cost la vida pues fue asesinada por un miembro sikh de su propia escolta personal en octubre de 1984.

Bandaranaike,166 Benazir Bhutto167) ha sido por tradicin familiar. Benazir Bhutto expone que sin duda tuvo dificultades y reticencias para acceder al poder, pero, en su caso, como simbolizaba la figura de su padre, Ali Bhutto, pudo invocar a la poblacin a su favor en aras de completar la misin que su padre haba empezado.168 Las mujeres parecen asumir el poder y el protagonismo poltico frente a situaciones de dificultades familiares, ante la ausencia de las figuras masculinas del propio grupo familiar, asesinatos, guerras, represin, transformaciones de la cotidianidad. Otro ejemplo lo tenemos en la birmana Aung San Suu Kyi quien gan el Premio Nobel de la Paz en 1991 por su oposicin al rgimen dictatorial birmano desde 1988.169 Por otra parte, hay sectas en la India donde la feminidad es un valor aceptado y valorado. Se valoran las cualidades femeninas en los hombres. Incluso la homosexualidad parece ser menos importante en la India.170 As, pues al parecer hay una mayor tendencia cultural a aceptar al liderazgo de las mujeres en Asia. En Europa Shils171 destac el carisma del acto de coronacin de la Reina Isabel II de Inglaterra el 2 de Junio de 1953 como un acto donde se demostr un gran

Sirimavo Ratwatte Bandaranaike despus del asesinato de su marido, Primer Ministro de Sri Lanka, accedi al liderato del Partido de la Libertad. Mrs Bandaranaike gan las elecciones de 1960 y estuvo en el poder hasta 1965 ocupando el cargo de Primer Ministro. Volvi a gobernar a principios de los setenta hasta 1977, fecha en que fue derrotada por el Partido de la Unin Nacional quien la acus de abusos de autoridad y corrupcin. En 1980 se le priv de sus derechos polticos y se le volvieron a reconocer en 1986. En 1994 se convirti en Primer Ministro como consecuencia del acceso a la presidencia de su hija Chandrika Bandaranaike Kumaratunga cargo que dej por razones de salud en agosto del 2000. 167 Hija del lder poltico pakistan Ali Bhutto, quien fue depuesto del gobierno por el ejrcito en 1977 y posteriormente ejecutado. Benazir Bhutto vivi en arresto domiciliario desde 1977 a 1984. De regreso a su pas en 1988 ocup el cargo de primer ministro del que fue destituida en 1990. Volvi a ser primer ministro del Pakistn desde 1993 a 1996 pero en 1997 perdi las elecciones. Benazir Buttho es uno de los exponentes de la tradicin del liderato femenino en el Sur de Asia, como la Sr. Gandhi en la India o la Sra. Bandaranaike en Sri Lanka. En su caso entr en poltica por la trgica muerte de su padre, pero a su vez reconoce que la admiracin de su padre por Nehru y el hecho que su hija Indira pudiese llegar a Primer Ministro hizo que Ali Bhutto tambin lo desease para su hija. STERN, Geoffrey. Leaders and Leadership. London: London School of Economics, 1993. 168 Ibid., p. 173. 169 Su padre, el general Aung San, lider el proceso de independencia britnico en 1948. Suu Kyi estuvo bajo arresto domiciliario desde 1989 hasta 1995 pero desde entonces tiene prohibido abandonar la capital, Rangn. Su activismo poltico contina en Birmania 170 RUDOLPH, Susanne Hoeber ; RUDOLPH, Lloyd I. Gandhi: The Traditional Roots of Charisma. Chicago: University of Chicago Press, 1983 , pp. 9-10.

entusiasmo popular. La coronacin fue una ceremonia donde la poblacin reafirm y renov su devocin a travs de un acto de comunin. La juventud y el encanto de la reina junto a sus hijos y su marido fueron tambin aspectos que contribuyeron a su enorme popularidad. Shils tambin cita las voces disidentes que rechazaron el acto por histrico y irracional. La ceremonia fue una muestra del agrado de los britnicos por las procesiones, los uniformes, los desfiles y los cortejos.172 Otro acontecimiento que provoc una gran muestra de dolor y de afecto fue la muerte de Diana de Gales. El ideal de personaje femenino sensible, madre de los herederos de la Corona Britnica que con su imagen dulce y su preocupacin social supo ganarse la admiracin de la poblacin britnica a pesar de su divorcio. Su muerte la situ ms cerca de lo sagrado que de la hostilidad de la vida terrenal. La conmocin que supuso su fallecimiento gener un movimiento carismtico que Tony Blair pronto reflej con su frase ha muerto la Princesa del pueblo. En conclusin, las mujeres pueden ser calificadas de lderes carismticos igual que los hombres, pero las reticencias y la tradicin de estar apartadas de la poltica o jugar un papel de segundo plano, como consortes de los polticos, hace que tengan ms dificultades para imponerse como lderes polticos, razn por la cual una mujer no solo deber destacar en todas sus caractersticas personales (inteligencia poltica, oratoria, poder de decisin) para poder llegar a ser lder, tambin el contexto social deber ser sea proclive a fomentar o por lo menos aceptar el liderato de las mujeres. Un nuevo reto de las mujeres en el siglo XXI es la paridad con los hombres en las instituciones polticas, han proliferado los estudios sobre la participacin de las mujeres en las instituciones europeas. La Unin Europea, especialmente el Parlamento europeo, parece ser un nuevo marco de relaciones polticas entre hombres y mujeres

que permita una participacin por igual de parlamentarios y parlamentarias173 y que favorezca por lo tanto la existencia de lderes polticos carismticos femeninos. Ello junto con una mayor participacin de las mujeres en los cargos de gobierno de los distintos estados europeos nos lleva a la posibilidad en un futuro asistir a nuevos liderazgos carismticos femeninos de trascendencia.

La palabra carisma ha experimentado en los ltimos aos un significado diverso, se ha convertido en un concepto escurridizo de difcil delimitacin y definicin. El concepto se ha extendido a todos los mbitos de la vida social abrazando distintos aspectos que han vulgarizado su significado. En la publicidad se ha utilizado el adjetivo y sus sinnimos para el anuncio de marcas de coches174; en la prensa para denominar desde futbolistas como Lus Figo,175 el desaparecido Francisco Javier Gonzlez

Ibid., p. 143. Sin duda la participacin de un mayor nmero de mujeres en los rganos polticos comportar cambios en las formas de elaboracin poltica. Las mujeres introducen nuevas maneras de entender la poltica, son ms constructivas en sus proyectos e incorporan la perspectiva de gnero en sus polticas. Por ejemplo, las mujeres parlamentarias britnicas de la Cmara de los Comunes han introducido cambios en el discurso poltico parlamentario lleno de abucheos, sexismo y humor soez al utilizar un lenguaje ms neutral. Adems, han incluido en un proceso de renovacin constitucional que las instituciones pblicas sean ms favorables a las mujeres. Asimismo, en las asambleas legislativas danesas la participacin de las mujeres ha introducido cambios en el vocabulario para hablar de la discriminacin de las mujeres, acoso sexual etc. LOVENDUSKI, Joni. Cambio en la representacin poltica de las mujeres. En: ROSSILLI, Mariagrazia (coord.). Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001. 174 Vase, por ejemplo, el catlogo publicitario del Ford Mondeo en el 2001, su eslogan fue Ford Mondeo lder natural. Otros calificativos que hacen referencia al elitismo del coche su extraordinariedad los encontramos en 1991 con la campaa publicitaria Nissan Patrol: Este ao 3000 conductores mirarn por encima a los dems. Si est cansado de coches sin personalidad, el Patrol se las ofrece todas. Ya en 1956 Barreiros tena el eslogan calidad excepcional y en 1967 la casa Morris defina su Morris 1100 como Alta calidad. 175 El traspaso de Figo al Real Madrid, el histrico rival del Ftbol Club Barcelona, al final de la Liga del 2000 conmocion la aficin barcelonesa, considerndolo un traidor, no slo al Club sino a toda Catalua, este hecho hizo que el jugador tomase relevancia e incrementara su carisma, despertara pasiones a favor y en contra de su persona. El dominical del peridico El Pas publicaba en septiembre un articulo donde se reflejaban las pasiones que ha suscitado el jugador: Figo Le odia o le ama? Cuando el Real Madrid le fich por mas de 10.000 millones en verano, Luis Figo se convirti en un judas para el Barcelona. Fro, pero carismtico, su decisin ha destapado ms rivalidades que nunca. Es el ftbol negocio puro y duro?.

Urruticoechea,176 o para lderes diversos desde Hassan II 177 pasando por Jos Borrell, Hugo Chvez hasta Joichiro Koizumi178. Hay que matizar que estos lderes polticos han sido calificados mayoritariamente de populistas por la prensa, a excepcin de Borrell, que bajo lo que se calific de el efecto Borrell se intento destacar la confianza que le otorgaron numerosos afiliados y simpatizantes en las primarias del PSOE que vieron en l un buen sustituto para Felipe Gonzlez y cuyo liderazgo supona la esperanza para poder derribar a la derecha de Jos M Aznar en las elecciones a Cortes. Este hecho es el reflejo de la sobre utilizacin del trmino tanto en el mbito popular como en la prensa escrita. Para el periodismo el trmino carisma o carismtico no es ms que un reclamo intercambiable por popular o atractivo.179 El trmino describe de forma vaga artistas, cantantes, polticos, hombres o mujeres de empresa, deportistas. Por todo ello creo necesario indagar en el anlisis exhaustivo del trmino que permita llenar de contenido la palabra con todos aquellos atributos y acciones que definen las personalidades polticas y que a su vez toman un halo trascendente que los acerca ms al mundo divino que al terrenal. Hemos observado que el trmino carisma, en la prensa espaola, se utiliza con relacin a lderes de gobiernos no democrticos capaces de atraer a las masas populares,

No solamente los medios de comunicacin destacan como personas carismticas polticos como el Rey Hussein de Jordania, Hassan II, tambin, vemos que intentan describir el carisma en el caso del malogrado portero de ftbol Francisco Javier Gonzlez Urruticoechea a quien tras su muerte accidental Televisin de Catalua lo calific de inolvidable, carismtico y se le despidi con titulares como: mor el porter ms estimat, Urruti testimem!!!, haciendo referencia al comentario de Jos M Puyal (Urruti tetimo) cuando consigui parar el gol que dio la victoria de la Liga de 1985. El antroplogo Charles Lindhom resalta la estrecha relacin entre el amor y el carisma. Sin duda la posterior celebracin de un homenaje a su persona, con la participacin de la viuda, los hijos y nios favoreci a la construccin del mito y del hroe futbolstico. 177 La muerte del monarca alauita el 23 de julio de 1999 desat numerosas interpretaciones, ms o menos concretas sobre su liderazgo, calificndolo de autoridad abstracta (La Vanguardia, 26 de julio de 1999). Los peridicos de su pas llenaron las pginas con fotografas del monarca bajo el nombre del glorioso soberano. 178 Un populista amante del karaoke. Koizumi, el nuevo presidente del partido que gobierna el Japn PLD (Partido Liberal Democrtico), es un excntrico que despierta pasiones. En: El Pas. 25 de abril de 2001. 179 ABERBACH, David. Charisma in Politics, Religion and the Media. Private Trauma, Public Ideals. London: McMillan Press LTD, 1996, p. 75

sobre todo en pases del Tercer mundo, como es el caso de los calificativos que recibi Hassan II de Marruecos a su muerte, o de Menem en Argentina con motivo de su encarcelamiento.180 Lderes que estaran ms prximos al calificativo de lderes populistas.181 Sin embargo, el trmino no se refleja en el caso de los lderes democrticos mientras todos ellos poseen su carisma con mayor o menor incidencia en las masas. La dificultad de una definicin holstica del trmino debido a que el concepto abarca muchos mbitos (el poltico, el social, el religioso, el artstico) y gradaciones ha hecho que el vocablo tomase distintas acepciones. La palabra carisma, pues, comprende tambin, una dimensin popular, al ser incorporada como un adjetivo ms para referirse a aquellos lugares genuinos de una cultura o de una poblacin y para calificar a lderes polticos. Como ya hemos apuntado ms arriba, los medios de comunicacin han utilizado el trmino, sobre todo para definir a personajes pblicos o a un lder poltico que conmueve a las masas; a menudo describen el personaje, configuran su imagen pblica y su proyeccin social a travs de aquellos hechos por los que se le conoce o conoca y que le han proporcionado una dimensin carismtica, en un intento de abarcar el significado del concepto.182 La participacin en sociedades o asociaciones, partidos polticos, colaboraciones peridicas, y por supuesto la dimensin meditica, hace que trascienda la popularidad del actor social a multitud de hogares, adquiriendo la persona una gran relevancia y trascendencia por su labor pblica y personal. Sin embargo, a

Un dirigente carismtico, despreocupado y popular. En: El Pas. 8 de junio de 2001. Despus de la I Guerra Mundial los lderes populistas promovieron la movilizacin de las masas en los pases que no participaban de cultura poltica. Este sistema enfatiza la relacin paternalista entre el lder y las masas. En la actualidad hay una tendencia a enfatizar la cualidad carismtica del liderazgo populista con la intencin de explicarlo todo, cuando no se explica nada. Parece ms interesante analizar los smbolos de los grupos sociales que se sienten atrados ms que limitarse a hablar de lderes carismticos. DRAKE, Paul. Conclusion: Requiem for Populism?. Instituto Juan March para Estudios Avanzados en Ciencias Sociales. Es, por lo tanto, importante hacer un esfuerzo para llenar el concepto de carisma de contenido, solamente as se consigue llegar a un anlisis holstico del liderazgo poltico. 182 La reglamentacin semntica, el manejo del lenguaje por los medios ha sido motivo de debate en el Parlamento de Catalua por la Comisin parlamentaria de control de la Corporacin Catalana de Radio y Televisin. Por ejemplo, se han dado directrices en la utilizacin del trmino nacionalismo. Reglas de semntica informativa. En: El Pas. 26 de mayo de 2001.

pesar del esfuerzo de periodistas e intelectuales por definir el fenmeno de una manera ntida, ste se resiste a todo intento.183 Los medios de comunicacin con la finalidad de llegar al mayor nmero de personas inciden en destacar aquellos personajes que gozan de una amplia popularidad y cuyas acciones, a veces, inesperadas se transforman en una conmocin social.184 Los medios pueden provocar incluso un cierto alarmismo social, sobre todo cuando se trata de la muerte o de un asesinato, la emotividad y empata que los acontecimientos pueden generar inciden en la preocupacin social.185 Los medios a su vez pueden manipular la difusin de acontecimientos, lderes carismticos que polticamente se consideran irrelevantes, innecesarios o peligrosos. La prensa y en especial la televisin son agentes creadores de carisma, se hacen eco de la importancia de los individuos polticos y a su vez pueden mitigar el efecto carismtico en la sociedad.186Debemos recordar que el lder poltico carismtico puede surgir al margen del sistema de partidos y liderar movimientos sociales. La banalizacin del trmino, por una parte, obedece a una falta de fundamento terico y de anlisis en profundidad de la realidad que se describe, por otro lado, est

Xavier Bru de Sala hace una reflexin sobre cmo se consigue obtener carisma, de su argumentacin destacamos que el carisma poltico en nuestra sociedad pasa por ser un carisma meditico, un carisma manufacturado. Tambin, destaca la importancia del carisma del cargo como aspecto junto con los medios para adquirir carisma, es decir, para conseguir adeptos. Bru de Sala no utiliza estos conceptos en su artculo pero se desprenden de l, donde a travs de ejemplos ocurrentes y metforas nos destaca los aspectos tericos expuestos. Por ejemplo, retricamente se pregunta qu carisma tena el Presidente Pujol antes de ganar las elecciones de 1980, y presupone que Culell tena ms que Maragall antes de acceder este ltimo a la Alcalda de Barcelona. Tambin, intuye metafricamente, sin mencionarlo explcitamente, lo propicio de la coyuntura social y el contexto histrico para el nacimiento de movimientos o lderes carismticos. BRU DE SALA, Xavier. Teora del Carisma. En: El Pas. 2 de enero de 1997. 184 Los filsofos escoceses del s. XVIII plantean la revolucin sentimentalista de los seres humanos, estos experimentan una compasin irresistible por el sufrimiento de los dems y se sienten inclinados a tratar de aliviar esos sentimientos. Por otra parte para Adam Smith y Hume el principio de simpata que podramos traducir por empata era el principio de la comunicacin como se recoge en DUPUY, Jean Pierre. En el principio de los enfoques comunicacionales de lo poltico: la filosofa escocesa del siglo XVIII. En : LABARRIRE, Jean Louis; LAZZERI, Christian et al. Teora poltica y comunicacin. Barcelona: Gedisa, 1992 . 185 Por ejemplo, la muerte de dos nios en la Riera de Merls en el Bergad ocasion una fuerte alarma social acerca de la seguridad en las actividades ldicas de las Colonias infantiles en Catalua.

influido por la propia caracterstica inefable del carisma que dificulta saber concretamente de qu se est hablando. Sartori y Cohen consideran que el trmino ha perdido mucho poder explicativo al ser incorporado en el vocabulario general de los nocinetficos.187 Otro ejemplo de la difusin popular del trmino carisma es la aparicin de un sin fin de manuales de autoayuda sobre como conseguir carisma, sobre todo en EE.UU. De hecho se trata de como conseguir el xito social, laboral y en el mundo de la pareja. En este sentido el carisma es sinnimo de xito social, de como ser atractivo y convincente con los dems. Los manuales dan consejos para reconstruir algunos

aspectos de la personalidad a partir de la deteccin de defectos o dificultades por medio de tests que incitan a cambiar actitudes, gestualidad, imagen.188 En este nmero de manuales destinados al gran pblico observamos en l una clara banalizacin del trmino carisma donde la esencia del trmino es la

consecucin del xito profesional, personal, capacidad de liderazgo, en definitiva, ser una persona carismtica es ser una persona con charme. La consecucin de objetivos personales a toda costa es propia de la sociedad de consumo en que vivimos, y para conseguir sacar el mayor partido posible en las relaciones sociales, laborales y amorosas estos manuales de autoayuda intentan mejorar los rendimientos personales. Por otro lado, el vocablo carisma se ha convertido popularmente en relevante por encarnar lo genuino, lo autntico, aspecto significativamente importante por su relacin con la bsqueda de las seas de identidad y de la esencia de la cultura y de la propia vida frente al proceso de mundializacin, de americanizacin de la sociedad; lo antiguo, lo tradicional, lo de toda la vida es considerado carismtico.

La retransmisin televisiva del asesinato de Ernest Lluch fue criticado por la falta de informacin ofrecida por TVC una vez se conocieron los hechos, ello conllev dimisiones en el ente. 187 BURKE, Kathryn; BRINKERHIFF, Merlin B. Capturing Charisma: Notes on an elusive Concept. En: Journal for the Scientific Study of Religion. Septiembre-1981, vol. 20, nm. 3. 188 Hay un largo nmero de manuales sobre como conseguir carisma dos de ellos son: GRAD, Marcia Carisma. Cmo lograr esa magia especial. Barcelona: Ediciones Obelisco, 1997 y ALESSANDRA, Ton.

En conclusin, los manuales se convierten en una estrategia que ofrece tcnicas para superar los problemas en las relaciones sociales, ayudan a ser capaces de transmitir una imagen de serenidad, vitalidad y alegra interior. Para estos autores, el carisma es un don que todos poseemos al nacer, algunos lo mantienen otros lo pierden, y por ltimo puede aparecer en la vida adulta. 189 Sin embargo, en ningn momento nos demuestran como se pierde el carisma innato. Sin duda, parece hablarnos de lo genuino de cada individuo pero la dificultad estriba en como es posible llegar a ser aceptado, admirado, y seguido por multitudes de personas. El libro de Marcia Grad,190 por ejemplo, se limita a ofrecer un programa a seguir, como en el caso de las dietas alimenticias, de algunas terapias o una integracin en una secta, a lo que ella llama un Programa de desarrollo del Carisma donde se intentan reafirmar las habilidades personales y mitigar los defectos. Es un programa dirigido a gente corriente, pero tambin a profesionales, personas del mundo del espectculo, la poltica, los negocios y otros mbitos. Puede ser til para aquellas personas que tienen la necesidad de proyectar una imagen atractiva especial pues, a su vez, considera los elementos que configuran el carisma genuino.191 En resumen, es un libro que aporta, sin ser una receta mgica, unas tcnicas teraputicas para mejorar la autoestima;192 afrontar la vida con ms optimismo; sacar partido a las posibilidades personales; profesionales; tener xito en las relaciones laborales; con los amigos y con la familia. Una mezcla entre manual de autoayuda con tcnicas psicolgicas y un tratado de urbanidad, de las buenas maneras y de la educacin, en menor medida. Todo ello para poder sacar partido de uno mismo y conseguir los objetivos marcados que nos comportan bienestar.

Charisma. Seven keys to developing the magnetism that leads to success. New York: Warner books, 1998. 189 GRAD, Marcia Carisma. Cmo lograr esa magia especial. Barcelona: Ediciones Obelisco, 1997, p. 29. 190 Ibid. 191 Ibid., pp. 162-166. 192 Ibid.

En estos manuales el carisma es calificado de magnetismo personal, magia personal, cualidad de triunfar, la cualidad de destacar, encanto. Afirman que la propia ciencia ha dado multitud de acepciones al trmino. Dan importancia a la buena difusin de la imagen (55% comunicacin no verbal- expresin facial, lenguaje no verbal; 38% componente vocal modo en que se emiten las palabras -; 7% componente verbal significado de las palabras-)

energas y de la capacidad de emitir buenas vibraciones esto junto con una coherencia en la imagen y el pensamiento garantizan el xito en la vida. Destacan la importancia del lenguaje no verbal, la utilizacin de la gestualidad, la adecuacin del leguaje, para reafirmar la personalidad y dar credibilidad a los mensajes que se emiten. Tcnicas que son utilizadas en poltica y que son transferibles a cualquier tipo de relacin o profesin. Consejos como intentar no dar muestras de timidez y mirar al interlocutor, asentir con la cabeza, o expresar sorpresa e inters durante una conversacin para reafirmar tu inters por aquella persona y sus explicaciones. El lder debe poseer una imagen pulcra y cuidada, a su vez, debe conseguir un equilibrio entre la expresividad y el autocontrol. En concreto, enumeran un listado de actitudes no recomendables cuando se est en grupo. El libro de Grad divulga ciertas tcnicas psicolgicas como las tcnicas de relajacin y visualizacin de situaciones y actitudes ante la vida. Controlar los sonidos, el timbre y tono de voz, utilizar tcnicas de modulacin de la voz y la expresividad, utilizar tcnicas teatrales para poder expresar y comunicar con mayor facilidad, en otras palabras, tcnicas de conversacin. Otros manuales poseen un poco ms de rigor y simplemente pretenden ser libros de autoayuda para mejorar en las relaciones sociales y laborales, ofreciendo tcnicas que nos permitan mejorar nuestras posturas, tics y nuestros impulsos, ste es el caso del

manual de Tony Alessandra194 que contiene tests e instrucciones precisas para mejorar nuestra conducta en la sociedad. El libro desarrolla siete claves para conseguir carisma, con tests de autocorreccin (mejorar la comunicacin no verbal; hablar con autoridad, y escuchar atentamente, convertirse en ms persuasivo; utilizar el espacio y el tiempo para aventajar al oyente; maximizar la adaptabilidad; expandir tu propia visin y tus ideas, finalmente como conclusin, dar lo mejor de uno mismo). Todo ello consiste en tcnicas para conseguir optimizar los resultados en la vida diaria y las propias metas. En general, estos libros intentan a travs de distintas tcnicas de comunicacin y convenciones sociales ayudar a que cada individuo tienda reafirmar su personalidad y sea aceptado socialmente. Aportan tcnicas de conversacin, como preparar los encuentros en funcin de cada persona, facilitan un listado de actitudes recomendable (hablar de cosas positivas, reconocer la singularidad de cada persona, hablar con respeto, mostrar inters) y otro de actitudes no recomendables (contar chismes, interrumpir, hablar de tus posesiones, humillar, buscar defectos en los dems). Plantean que previamente a una conversacin se debe intentar saber ms de la otra persona, ser concreto al expresarse y mencionar el nombre del interlocutor, ser realista, hablar de temas que se conozcan y preguntar sobre aquello que se desconoce. Hacer cumplidos a los dems, despedirse amablemente. Intentan dar estrategias para conseguir unas

relaciones ms satisfactorias, tambin, aconsejan mirar la vida de cada da con alegra de una forma positiva. Por ltimo, incluyen apartados de tcnicas de marketing, cmo tener xito en las relaciones comerciales, concretamente, en la venta de productos, tambin, en el sector servicios, en este caso el xito radica en atender las necesidades emocionales del cliente.195

ALESSANDRA, Tony. Charisma. Seven keys to developing the magnetism that leads to success. New York: Warner books, 1998 195 GRAD, Marcia. Carisma. Cmo lograr esa magia especial. Barcelona: Ediciones Obelisco, 1997. pp. 239-263.

Dicho de otra manera, el carisma se ha convertido, tambin, en sinnimo de xito profesional y social de atraccin y de magnetismo personal, un intento para conseguir el glamour de las estrellas o de la gauche divine, o simplemente de aquellos que son considerados famosos por la prensa del corazn y la gran pantalla. Considero que el trmino carisma es ms propio de las grandes figuras polticas, cuyos mandatos y apariciones pblicas son vividos por los ciudadanos como trascendentes. Son figuras que encarnan lo numinoso y que estn ms cercanas de lo sagrado que de lo profano196 . Como acertadamente califica Carlos Santis197 de carismtico al Presidente Norteamericano John F. Kennedy podemos decir que est carisma se mantiene ms all de su persona y recae tambin en sus familiares. As, lo pudimos observar con la consternacin que supuso, ms all de las propias fronteras, la muerte de su hijo John Kennedy, su desaparicin desat un gran dispositivo de medios de comunicacin. John Kennedy posea parte del capital carismtico heredado de su padre, pero tambin, a pesar de su dedicacin poltica (diriga una revista poltica George), l y su mujer formaban parte de la alta sociedad norteamericana y la elite Occidental, con una imagen delicada, a la moda y con apariciones asiduas a la prensa del corazn estaban inmerso en una imagen glamourosa. El trmino glamour es un concepto ms propio de lo mundano, de lo profano, se refiere a aquellos que poseen un atractivo, que destacan entre las masas, por su lujuria o por sus actitudes, tienen clase y no necesariamente tienen que dedicarse a la alta poltica. El glamour est ms cercano al mundo de la imagen y de la vida social terrenal que del mundo de las ideas y las grandes obras. Es el mundo del xito y de la trasgresin a los que una gran mayora de la sociedad aspira o

GINER, Salvador et al. La cultura catalana: el sagrat i el prof. Barcelona: Edicions 62, 1996. (Llibres a lAbast, 290). 197 Carlos Sents plantea con gran detalle histrico la posibilidad de que John hubiera podido ser el heredero de Kennedy. John Kennedy muri el 16 de julio de 1999. SENTIS, Carlos. De un funeral a otro. En : La Vanguardia. 24 de julio de 1999. P. Worsley destac del carisma de John F. Kennedy que se bas en una imagen de elegancia, juventud, inteligencia e intelectualismo y cuyo liderazgo origin una redefinicin del trmino carisma que adopt la acepcin de personalmente popular o magntico.

envidia. El glamour tambin est asociado, pues, a la trasgresin social, a la belleza, la modernidad y al mundo del cine muy especialmente.198 Hay que destacar, que la imagen es un elemento imprescindible en el glamour. Es importante resaltar que al igual que se manufactura el carisma se manufactura el glamour, los ciudadanos se convierten en consumidores de moda. Por otro lado, los medios de comunicacin, la televisin y la prensa rosa en especial manipulan el glamour, en tanto que destacan a unas determinadas personas. El mero hecho de salir en la televisin puede implicar que se tienda a imitar un determinado estilo, moda, y actitudes. El trmino carismtico debe ir asociado a la importancia de los acontecimientos, el lder carismtico est respaldo por multitud de seguidores, desde una perspectiva racional o emotiva. La poltica del lder carismtico se centra en su capacidad de modernizar, transformar la sociedad y ser legitimado por multitudes ya sea en las urnas, en mtines, o bien, incluso por sus propias ideas y su propia imagen. Aquello que tiene en comn un lder carismtico y el glamour de las estrellas es su fama, que puede llegar a traspasar las fronteras nacionales, la trascendencia que se da al lder poltico y la estrella cinematogrfica, sus acciones, su vida, su muerte son vividos con trascendencia. En la prensa el calificativo de carisma se asocia a la multitud de seguidores que posee un lder en regmenes no democrticos. El trmino carismtico suele utilizarse para destacar un lder de la alta poltica de regmenes no democrticos que posee multitud de seguidores que le demuestran una gran devocin. Se utiliza el trmino carismtico, populista como lo demuestran artculos publicados sobre Hassan II de Marruecos con motivo de su muerte a quien lo definieron como un monarca autoritario y caudillista,199 tambin se utilizaron trminos como autoridad abstracta200 y

IZAGUIRRE, Boris. Morir de glamour. Madrid: Espasa, 2000. Empieza su libro con la frase Nadie sabe lo que es el glamour, p. 11. 199 Hassan II puede ser considerado un monarca antidemocrtico a pesar de las reformas de 1997, de la relativa modernizacin del pas y de sus buenas relaciones con el Monarca espaol.

carismtico. Otro ejemplo es el caso del ex presidente argentino Carlos Menem a quien, tambin, la prensa lo calific de carismtico precisamente cuando se pona en duda su talante democrtico.201 Otro lder poltico que presenta un carisma populista y como tal antidemocrtico es Hugo Chvez (ex-teniente Coronel y golpista), en su intento de disolver el Congreso y la Corte Suprema de Venezuela, su talante militar y populista le ha hecho conseguir un gran nmero de adeptos en Venezuela, sobre todo, entre las clases ms depauperadas y ansiosas de mejora social. Encontramos en la prensa frases como:

Chvez tiene todos los triunfos en la mano para efectuar unos cambios que tienen un tufillo ciertamente absolutista. ... Sobre Venezuela planea un absolutismo legitimado por las urnas.202 Chvez tiende al caudillismo.203

A parte, de los artculos de prensa, los manuales que ensean como conseguir esta gracia divina que es el carisma, la divulgacin del trmino y su banalizacin se ha producido, a su vez, en el mbito religioso. La figura del Papa Juan Pablo II ha sido destacada por su labor de peregrinacin por todo el mundo ha tenido una especial importancia poltica su viaje a Polonia y a Cuba.204 Su figura es comparable a la de un Mesas que considera imprescindible, a pesar de su avanzada edad, su presencia para el desarrollo correcto de los acontecimientos. Est actitud ha hecho que destaque la figura papal por encima de la labor de la comunidad eclesistica. Otra muestra de la

En un articulo de se califica al monarca de autoridad abstracta La noticia se hace eco de la prensa del pas alauita donde se publicaron enormes fotografas de Hassan II bajo el apelativo de glorioso soberano. En: La Vanguardia. 26 de julio de 1999. 201 Menem fue detenido por contrabando de armas el 7 de junio de 2001. Vase IGLESIAS, Hernn. Un dirigente carismtico, despreocupado y popular. En: El Pas. 8 de junio de 2001. 202 La Vanguardia. 27 de julio de 1999 203 Editorial de La Vanguardia. 27 de julio de 1999. 204 El Papa en su pontificado se ha sentido implicado en la tarea de mejorar el mundo comunista al cual l haba pertenecido. Un ao despus de su eleccin como Papa visit Polonia en 1979. Recibi a Fidel Castro con motivo de un acto de la F.A.O., el 19 de noviembre de 1996 y finalmente, viaj a Cuba del 21 al 25 de enero de 1998.

manipulacin del carisma por parte de la Iglesia fue la exhibicin del cuerpo embalsamado e incorrupto del Papa Juan XXIII, El Papa Bueno, fue desenterrado despus de 38 aos para que pudiese ser venerado en el altar de la Confesin. La misma prensa lo califica de carismtico y de Papa muy querido por sus feligreses.205 El culto a la figura del Papa, no solo a su obra sino a su cuerpo incorrupto, simboliza la divinidad de su persona, la inmortalidad de sus ideas y su obra ms all de lo meramente escrito o relatado por los historiadores, consigue llegar a un gran nmero de creyentes que lo exaltaran y le rendirn pleitesa despus de 38 aos de su muerte como si acabase de morir. Este ritual que ya se produjo en 1959 con el mismo Juan XXIII frente al cuerpo incorrupto de Po X eleva la figura religioso-poltica del papado al nivel de lo sagrado y lo eterno e inmortal, no podemos, pues, olvidar el dogma de la infalibilidad papal (1870). Su exhibicin es una forma de perpetuar un mito y de desvanecer cualquier duda sobre su apostolado cuya labor cobra actualidad. Por otra parte, es una manera de acercar la figura del Papa a la del Mesas en una accin que nos recuerda la resurreccin de Cristo. La banalidad puede casi ser considerada una subcultura que no distingue los fundamentos histricos y conceptuales de las cosas simplemente se centra una mera visin, la observacin a veces rpida y convulsiva de los hechos y las personas cuya vida est consagrada al consumo y a la competitividad. Asimismo, afecta la manipulacin de los acontecimientos carismticos por las lites que a travs de ellos consiguen legitimar su poder, no necesariamente por la va de las urnas sino por los movimientos de masas y de seguidores.

En el captulo anterior hemos observado como se ha producido una banalizacin del trmino carisma por su excesiva utilizacin en todos los mbitos. La aplicacin en distintos enfoques, adems del sociolgico, el poltico, el comercial, el periodstico ha producido una fragmentacin terica que dificulta an ms el conseguir un acuerdo sobre la definicin holstica del concepto. Desde distintos mbitos se intenta definir en que consiste el carisma partiendo de la base del concepto elaborado por Weber cuyas aportaciones son la base principal terica. Sin embargo, su anlisis no alcanza a describir el fenmeno en la modernidad avanzada. La manufactura del carisma, la utilizacin de asesores de imagen para proyectar una imagen con presencia , capaz de difundir seguridad y dar confianza, y sobre todo, la utilizacin de los medios, muy especialmente la revolucin que ha comportado la televisin han ampliado la dimensin del concepto. Muchas veces la utilizacin del vocablo para tratar de transmitir la importancia del liderazgo poltico responder a la cantidad de seguidores, de su popularidad meditica, su relevancia internacional. La utilizacin del concepto terico de carisma se puede convertir en un comodn que facilita la descripcin de la complexidad poltica del liderazgo. Con ello, se describe a los lderes polticos con una cierta trascendencia poltica y no necesariamente se aplica partiendo de un anlisis terico fundamentado en alguno de los aspectos que originan el carisma. Sin duda, todos los lderes polticos de la modernidad poseen en mayor o menor medida carisma. La forma de poder medir su intensidad la encontramos en la idea de dispersin del carisma elaborado por Shils, y ste se puede cuantificar en funcin de los resultados electorales. En las democracias actuales el liderazgo poltico y la

personalizacin de la poltica, como veremos, son aspectos importantes en el proceso de toma de decisin del voto electoral. Hay estudios cuantitativos, como el de William Miller,1 que describen la importancia que se da a los lderes, a los partidos y a las preferencias por unos u otros dentro del sistema de partidos. Estos estudios pueden orientar hacia los resultados de las contiendas electorales. El carisma de los lderes polticos se puede apreciar a travs del reclamo que tienen en sus mtines durante las contiendas electorales y en las llamadas a la poblacin a travs de los medios. Nosotros no pretendemos analizar como es posible medir cuantitativamente el carisma sino indagar en su teora y en sus caractersticas en la modernidad. La cuestin que preocupa a los partidos polticos ser Cmo se consigue tener ms carisma? Para conseguirlo han emergido las tcnicas que preparan a los candidatos para el xito electoral. Se utiliza el marketing poltico y se somete el candidato a una sesin de maquillaje poltico bajo las directrices de los asesores de imagen. Por otra parte, en poco tiempo se han producido cambios en el proceso electoral. Las campaas electorales han pasado a estar plenamente dirigidas por expertos. El asesor poltico est muy cercano al lder, ejerce una gran influencia y se convierte en el verdadero estratega de la campaa. Los consultores polticos y la nueva tecnologa estn produciendo un grupo de oficiales (officeholders) ms hbiles en el arte de competir por un cargo que en el arte de gobernar.2 Sobre todo, hay que destacar la utilizacin de los sondeos (polls) y de su adecuacin a los candidatos. Lo que se conoce de los candidatos, sobre todo, aquellos que se presentan por primera vez, es lo que se percibe a travs de los medios. Los medios que utilizan pueden ser gratuitos (por ejemplo los espacios pblicos de propaganda electoral) y otros pagados, en cualquier caso el coste de una campaa electoral es elevadsimo. Thomas

Patterson destaca que los medios son generadores de opinin en las campaas, de ellos depende que se destaquen unos aspectos u otros, el anlisis y la descripcin meditica de los hechos ser la informacin que recibirn los votantes.3 Mark Rozell destaca que los presidentes americanos no pueden difundir sus propias noticias, no controlan la prensa, se les va de las manos. Si bien la Casa Blanca se preocupa por la imagen del presidente, sta en gran parte corresponde a la realidad.4 Ms all de la realidad lo que llegan a percibir los ciudadanos-votantes es la originalidad del lder, sus caractersticas personales frente a la poltica, su habilidad, su agilidad mental, su inteligencia poltica en general. Se produce una racionalizacin del carisma por parte del electorado. Sin embargo, hay que tener en cuenta que por muy carismtico que consideremos un lder siempre encontraremos junto a sus fieles seguidores y detractores acrrimos. Segn Bourdieu es ms fcil posicionarse a favor o en contra de una idea, un valor, o una persona o institucin que analizar lo que es en realidad, en toda su complejidad. Generalmente, las personas toman rpidamente partido por aquello que los periodistas denominan el problema de la sociedad.5 El razonamiento de Bourdieu nos lleva a las observaciones de Agulhon quien afirma que el lder nacional, an incluso si se convierte en mito, su propia condicin hace que tenga seguidores totalmente entregados y detractores. De Gaulle tiene paridad con Juana de Aro y con Napolen. Se pregunta cules son las caractersticas de estos personajes que ms all del mito les hace entrar en la leyenda.6 Todo ello prueba que el carisma en s es una caracterstica que por estar inmersa en el mundo de las emociones suscita pasiones: fieles seguidores y a su vez acrrimos

PATTERSON, Thomas. The Mass Media Election. New York: Praeger Publishers, 1980. ROZELL, Mark. The Ford Press and The Ford Presidency. Michigan: Michigan University Press, 1995. . 5 BOURDIEU, Pierre. Contrafocs. Reflexions tils per resistir a la invasi neoliberal. Barcelona: Edicions 62, 1999. 6 AGULHON, Maurice. De Gaulle. Histoire, symbole, mythe. Plon, 2000.

detractores. As, Tucker,7 tambin, nos dice que el lder carismtico puede ser seguido por multitudes y a su vez rechazado. Asimismo, Dogan8 destaca que en las elecciones legislativas de 1962 en Francia la mayora de los electores se pronunciaban a favor o en contra del Genral De Gaulle. Si bien, Dogan nos habla de que la nica alternativa entre los ciudadanos era el gua o el caos, sin embargo, la explicacin de la devocin y del rechazo en el lder carismtico reside en la capacidad de suscitar pasiones a favor y en contra ambas con ahnco. Se crean situaciones que pueden ser favorables a ciertos colectivos y desfavorables a otros y se mantienen los posicionamientos ideolgicos como la divisin entre lderes de derechas y lderes de izquierdas. No obstante, la observacin de Dogan nos lleva a un tercer aspecto la importancia del contexto o de la lgica situacional para entender el desarrollo del carisma su peculiaridad en cada caso extrapolable pero existente. Sin duda, es necesaria la comprensin del personaje poltico, comprender su carisma a travs de su poca, no todas las caractersticas del carisma personal pueden trasladarse a otras pocas. Como hemos visto en la tipologa del lder carismtico reconocemos ciertos atributos que se van repitiendo pero que son comprendidos en el momento histrico en que se producen y como tales se manifiestan de una forma determinada. A su vez cada sociedad tiende a definir las caractersticas de su propio liderazgo. Por ejemplo, Willner, nos habla que sera impensable el liderazgo de De Gaulle en los Estados Unidos o el de Gandhi en Alemania.9 En la dcada de los cincuenta y sesenta el estudio del carisma estuvo impregnado del estudio de los nuevos estados y de su sociedad. El primer requisito terico para el estudio del carisma es la existencia de una crisis de legitimidad. Todos

TUCKER, Robert. The Theory of Charismatic Leadership. En: Daedalus: An Academy of Arts and Sciences, 1968, vol. 97. 8 DOGAN, Mattei. Le personnel politique et la personnalit charismatique. En: Revue Franaise de Sociologie, 1965, vol. VI, pp. 305-324. 9 WILLNER, Ann-Ruth.The Spellbinders.Charismatic Political Leadership. New Haven: Yale University Press, 1984, p. 63.

los nuevos estados han salido de tal crisis. Otros son solamente su gobierno es una forma de dominio personal. Francia con De Gaulle fue un ejemplo importante de un dominio carismtico a nivel nacional. La Presidencia de los EE.UU. muestra, por ejemplo, una mezcla de elementos legales-racionales, tradicionales, carismticos del cargo y personalmente carismticos.10 Creo que se puede hablar de una tendencia a la recesin del carisma autoritario a medida que nos alejamos del marco de la Segunda Guerra Mundial y sobre todo con la cada de los regmenes comunistas, eso no quiere decir que con la presin de nuevas tensiones sociales como la inmigracin, los grupos antisistema reaparezcan nuevas formas de liderazgo autoritario. Con todo, quiero destacar que la esencia de lo caracterstico de un perodo que est encarnado por un lder carismtico va

desapareciendo con el tiempo, se va diluyendo su intensidad con el sucesivo cambio generacional que es quien transmite la grandeza del personaje. Dogan11 sostiene que un verdadero lder carismtico no suele tener sucesor carismtico inmediato, al menos en democracia. O mejor, su heredero ser una nueva clase poltica. En otras palabras, despus de un gran lder carismtico es difcil que aparezca inmediatamente otro. Segn Guenther Roth la Revolucin Francesa ha sido la ltima gran revolucin o movimiento carismtico y la Revolucin Rusa el ltimo movimiento verdaderamente religioso. En la actualidad, los virtuosos -denominacin que utiliza este autor para referirse a los lderes carismticos - ni entran en las ordenes monsticas ni siquiera en la iglesia catlica que en el pasado daba una nueva direccin al carisma personal.

ROTH, Guenther. I Virtuosi e la Contro-cultura. Sullutilit tipologica del concetto di carisma. En: Rassegna Italiana di Sociologia, 1973, nm. 3, pp. 431-452. Socio-historical model and developmental Theory. Charismatic Community, Charisma of Reason and the Counterculture. En: American Sociological Review, Abril-1975, vol. 40, nm. 2, pp. 148-157. 11 DOGAN, Mattei. Le personnel politique et la personnalit charismatique. En: Revue Franaise de Sociologie. 1965, vol. VI, pp. 305-324.

carismticos.12 Roth, considera que los virtuosos han intentado establecer dos tipos de comunidad carismtica: una basada en la ideologa y el comunismo del amor y, el otro, basado en la ideologa y en el comunismo de la guerra. Parte de la tipologa de S.M. Lipset que distingue ad hoc entre renunciatarios y radicales. Los virtuosos del comunismo de amor son los renunciatarios y los del comunismo militar los radicales. El trabajo de Raymond Bradley nos muestra en un sociograma como en las comunidades carismticas hay un gran nmero de relaciones por amor, mientras no se establecen en las no carismticas.13 Bradley distingue entro los virtuosos y los carismticos, ambos tiene poderes extraordinarios pero los carismticos, a diferencia de los virtuosos tienen un origen supernatural.14 Roth quiere interpretar el carisma como fenmeno contracultural. Analiza el radicalismo estudiantil y aplica dos aspectos de fondo: un estudio socio-psicolgico que se basa en teoras de la adolescencia o del conflicto generacional, y un aspecto socioestructural que adoptan las teoras de la sociedad. El carisma tiene un doble aspecto: 1) Es un modo de autolegitimacin que rechaza la legitimidad de la existencia, sea un sistema religioso o poltico o un ordenamiento de propiedad o de parentela. 2) Es una forma organizativa en que grupos de virtuosos viven una vida extraordinaria contrapuesta a la cotidianidad. Interpreta la revuelta estudiantil del mayo francs como una erupcin carismtica tica y de compromiso u obligacin de los valores ltimos, viviendo un carisma de la razn. Mientras las pacficas comunas y los grupos guerrilleros persistieron en la mitad de los calmados aos setenta. Despus que la emocin carismtica falleciera, se pueden

ROTH, Guenther. I Virtuosi e la Contro-cultura. Sullutilit tipologica del concetto di carisma. En: Rassegna Italiana di Sociologia. 1973, nm. 3, pp. 431-452. Socio-historical model and developmental Theory. Charismatic Community, Charisma of Reason and the Counterculture. En : American Sociological Review. Abril-1975, vol. 40, nm. 2, pp. 148-157. 13 BRADLEY, Raymond Trevor. Charisma and social structure. A study of Love and Power, Wholeness and Transformation. New York : ToExcel , 1999. 14 Ibid., p. 55.

entender como comunidades carismticas con una gran influencia cultural y poltica ms all de lo que cabra esperar por su capacidad numrica. Shils y S.M. Lipset que trabajaron sobre el liderazgo carismtico previamente no destacaron la importancia del carisma en la tica de los fines (ethic of ultimate ends).15 Por otro lado, en el mbito acadmico ha quedado constreido a los lderes nacionales y las masas organizadas. Su propsito es ver la contracultura en el carisma. Hay dos aspectos del anlisis de Weber que no se han tenido en cuenta: 1) La comunidad carismtica de idelogos virtuosos 2) El carisma de la razn como legitimacin revolucionaria fundada en los derechos naturales. Las organizaciones carismticas existen durante poco tiempo en un estado relativamente puro y ste tiende a transformarse velozmente y a institucionalizarse.16 La dualidad que establece entre virtuosos renunciatarios y virtuosos radicales no es tal, los carismticos renunciatarios del comunismo de amor pueden ser radicales, en algunos aspectos, incluso guerrilleros, O acaso un grupo guerrillero sudamericano no renuncia a distintos aspectos de la vida? Debera especificar que clase de renuncia se establece por parte de los pacifistas, los pacifistas a su vez pueden ser radicales. Su tipologa est demasiado centrada en los aspectos histricos de la dcada de los sesenta con el proceso descolonizador del Tercer Mundo, especialmente la India (1950), y los movimientos guerrilleros que llevaron por ejemplo a la implantacin del comunismo en Cuba (1959).

ROTH, Guenther. Socio-historical model and developmental Theory. Charismatic Community, Charisma of Reason and the Counterculture. En: American Sociological Review. Abril 1975, vol. 40, nm. 2, pp.148-157.

antiglobalizacin, como en el caso del francs Jos Bov, o a favor de los derechos humanos y de las mejoras en los pases del Tercer Mundo. Pero tambin denota un atributo personal relacionado con el glamour y la atraccin de todos aquellos personajes que forman parte del eco meditico. Hay una tendencia entre la poblacin a suplantar el propio ego con la admiracin de la vida de otras personas: los famosos, personajes de distinta condicin que aparecen en los medios, a veces simplemente por prestarse al juego meditico. Estar cerca de ellos para filmarlos o fotografiarlos, seguir sus vidas a travs de los medios, imitarlos, son formas de intentar agarrar pedazos o despojos de la gloria meditica de estos personajes, de su carisma, una forma de intentar ser como ellos. Centrndonos en el carisma poltico a travs de los medios se produce una comunicacin y un conocimiento directo con el poltico o con los lderes carismticos, una cotidianidad meditica que permite conocer las acciones y el pensamiento de figuras polticamente tan importantes como el Presidente del gobierno o los distintos ministros. Michael ONeill destaca que los medios son el instrumento para efectuar los mandatos a la poblacin, son el instrumento con el que se informa la opinin pblica y a su vez se la activa.17 La elite poltica, su dimensin humana, poda ser tergiversada y mitificada, era a su vez ms difcil llegar a conocer la personalidad del lder poltico, solamente se formaba un juicio sobre el mismo a travs de la prensa escrita, los discuros, o los comentarios populares. El contacto directo se poda producir una o dos veces a lo largo de la vida como algo excepcional, se vislumbraba el lder rodeado de autoridades y entre baos de multitudes. La proximidad actual al lder carismtico, la exposicin, y el examen constante de sus actitudes y sus actos ha producido la

ROTH, Guenther. I Virtuosi e la Contro-cultura. Sullutilit tipologica del concetto di carisma. En: Rassegna Italiana di Sociologia, 1973, nm. 3, pp. 431-452. 17 ONEILL, Michael. The Roar of the Crowd. How Television and people are changing the World. New York: Times Book, 1993.

necesidad de los asesores polticos en vistas a vender una imagen que suscite adhesiones y facilite la credibilidad. ONeill destaca que en la poca de Churchill y De Gaulle primaba el discurso, la palabra pero el estilo poltico tuvo que cambiar con la llegada de la televisin.18 El lder no puede huir, en su forma de hacer poltica, de la lgica de los medios. Se produce una relacin de influencia mutua entre medios, lder y pblico. Por un lado, los medios manipulan el pblico, por otro, los lderes son manipulados por el pblico que es quien determina la clase de lder que quiere. Hay que tener en cuenta, tambin, que la televisin es un arma de doble filo, pues, es capaz de transformar la vida en imgenes concentradas. Sin embargo, al mismo tiempo que mitifica al lder puede desacreditarlo. Este dominio de la televisin en las campaas electorales ha comportado un nfasis de la personalidad por encima de la sabidura, las impresiones superficiales, las acciones inmediatas en vez de los procesos.19 En definitiva, la imagen trucada de la realidad. Cavalli insiste en el problema de la aculturacin poltica de la masa electoral, este aspecto junto con la mitificacin del candidato pueden llevar una eleccin cautiva. Propone que los debates televisivos en vez de ser una difamacin y lucha entre adversarios podran consistir en mostrar a hombres de cultura, especializados, que demostrasen sus capacidades y expusiesen sus intenciones.20 Esta democratizacin y debate constante de las elites polticas puede llevar a que se rechace, se quebrante la legitimidad carismtica del cargo pues sta no es suficiente para considerarla vlida sino va acompaada de acciones que satisfagan a la poblacin. Una de las conclusiones a las que llega Miller en su libro es que las personas mayores tienen una imagen ms favorable de los polticos de toda clase. Esto nos lleva a la creciente falta de credibilidad de los lderes polticos entre la poblacin ms joven. Todo

ello sumado a la inexistencia de teoras polticas y nuevas ideologas alternativas como garantes de la mejora social produce un incremento de la violencia entre los jvenes, grupos antisistema que daan los centros de poder mostrando su descontento pero sin alternativas polticas, simplemente muestran su fuerza y su rechazo. Existe una falta de alternativas a las contradicciones de la sociedad capitalista occidental; una falta de credibilidad en los lderes polticos y en su capacidad para conseguir soluciones. Esto produce una traslacin del carisma poltico hacia otras esferas de lo sagrado: la supervivencia del planeta, la erradicacin del hambre en el mundo, las guerras, la alta mortalidad, la aplicacin de los derechos humanos. As, el carisma y su valor de trascendencia se trasladan hacia otras esferas o mbitos. Giner y Tbara hablan de la nueva racionalidad ecolgica y destacan la importancia de la piedad csmica.21 sta consiste en el mito planetario que tiende a una forma de temor natural y ritualismo. Estos autores argumentan que el carcter ecolgico de la racionalidad viene determinado por su valor tico, nos demuestran que hay una relacin ntima y delicada entre lo racional y la tica. La piedad csmica proviene del lenguaje universal que puede estar integrado en distintas situaciones e instituciones. Hay distintos hechos sociales que no tienen nada que ver con lo ecolgico y la racionalidad ecolgica: el sistema monetario, las elecciones cada cuatro aos, el comercio cultural. La irracionalidad de estas instituciones tiene que verse en relacin a su inadecuacin a los objetivos ecolgicos.22 Por otro lado, a partir de la dcada de 1980, como describe Naomi Klein,23 las empresas como Nike y Microsoft lo principal que producan ya no eran productos sino las imgenes de sus marcas. Su verdadero trabajo no consista en manufacturar sino

en comercializar. Lo importante es crear y fortalecer la imagen de sus marcas. A partir de la dcada de 1990 las multinacionales como Nike se han hecho eco en sus campaas publicitarias de la preocupacin social por el racismo y en defensa de la igualdad. As pues, han elaborado anuncios y eslganes antirracistas y feministas que han levantado en clera a la poblacin. De hecho Klein defiende la hiptesis que una vez se conozcan con ms profundidad las formas de explotacin en pases del Tercer Mundo de las empresas o compaas transnacionales (Nike, Barbie, Starbuck, Shell) habr una mayor oposicin de la poblacin que provocar una conmocin poltica en el futuro. La oposicin a las multinacionales es el tema que va a seducir a los nuevos rebeldes. Adems se trata de una militancia mundial que utiliza la red y puede llegar a cualquier parte del mundo.24 Estas nuevas formas de racionalidad y de tica conllevan una prdida de legitimidad de los sistemas democrticos, de instituciones oficiales que se debaten cada da en un intento por modernizarse y reafirmar sus postulados y organismos dentro de la nueva racionalidad ecolgica basada en los derechos humanos de las personas y del planeta. El carisma tiende a situarse dentro de estos valores ticos que se acercan a una racionalidad de los recursos del planeta, de las actitudes y de los valores. Por un lado, se est produciendo una revalorizacin del individuo, de la individualidad como agente creativo que aporta su propia razn, que plasma su

singularidad y las capacidades creativas de cada individuo, especialmente, en el mbito artstico. Esto trasladado a la poltica comporta una valoracin de los lderes que se convierten en portavoces de los descontentos y las reivindicaciones sociales. Por otro lado, no podemos olvidar que el carisma tiene sentido en relacin con la comunidad, es un elemento importante para preservar el sentido de comunidad, mantener las

emociones y los rituales comunes, por lo tanto es un aspecto importante de la vida porque alrededor de objetos, lugares y personas se comparte un sentimiento comn, una emocin compartida. En cuanto al liderazgo, el lder puede aportar ese sentimiento y sobre todo su utilidad se centra como catalizador de la voluntad del grupo y preservador del bien comn ms all de los intereses individuales. El lder debe aportar cohesin al grupo, saber lidiar con un posible conflicto y tambin transportar al campo de la emocin comn, como energa que favorece a la labor para la comunidad y da trascendencia a la propia vida. El liderazgo democrtico debe asentarse en las bases de la comunidad su ritual y su pluralidad, estas son las bases del liderazgo carismtico democrtico. La falta de conexiones o relaciones sociales y la crisis social son los cimientos, los fertilizantes para el crecimiento del liderazgo demaggico y antidemocrtico.25 El carisma puede llegar a manipular, nublar el pensamiento y atraer a los codiciosos a su vera sin importar los extremos trgicos y espeluznantes a los que puede llegar como en el caso del Holocausto judo. ste es sin duda el lado oscuro del carisma, su capacidad para manipular las masas y conducir la humanidad hacia fines tica y humanamente indeseables. En el porvenir debemos confiar en los sistemas democrticos, tanto en la democracia liberal o representativa y la democracia participativa, en las formas desarrolladas en occidente, como marco legal e histrico garante del respeto a los derechos humanos y de una convivencia cvica. Tampoco podemos olvidar que el lder

Ibid. La fractura de la sociedad alemana en la dcada de 1930 favoreci el surgimiento del liderazgo demaggico de Adolf Hitler. GARDNER, John W. El Liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1991 (Coleccin Estudios Polticos y Sociales).Hay que matizar que uno de los grandes enigmas de la historiografa actual es como toda un estado en proceso de modernizacin fue capaz de seguir las consignas de un lder patolgico como Hitler. KERSHAW, Ian. Hitler 1889-1936 Barcelona: Pennsula -Altaya, 1999.

es un difusor y revitalizador de los valores y las creencias compartidas, tiene una capacidad para motivar al grupo,26 para difundir y cohesionar. El carisma permanecer presente en los procesos de transiciones democrticas, as como en las guerras, puesto que estas situaciones de cambio resaltan la importancia del lder poltico como gua y salvador27 en procesos de transformacin histrica. En las democracias del futuro el carisma aparecer como forma de garantizar la defensa de los ideales de un grupo y de compartir una misma estrategia par conseguir bienes polticos a su favor. Una forma tambin de compartir emociones y unos objetivos comunes a veces muy simplificados con el bipartidismo centro-derecha o centro-izquierda en que terminan las contiendas. Sin duda, otra de sus dimensiones ser el carisma meditico elaborado para las campaas electorales con la finalidad de conseguir el mayor nmero de votos. Un peligro en las democracias reside en una utilizacin desmesurada de los medios de comunicacin por parte de los lderes polticos en las contiendas electorales, como es el caso de Berlusconi en Italia. Las campaas electorales tendern a una mayor personalizacin como viene sucediendo en los EE.UU.,28 si bien la tradicin ideolgica de dualidad izquierda derecha ser todava un elemento existente en las contiendas electorales. En el futuro se debera regular la utilizacin en poltica de los mecanismos de publicidad y sobre todo de aparicin en los medios debido a la fuerte influencia en la opinin pblica de estos mecanismos.29 Hay que sealar, que la fabricacin de la

GADNER, John W. El liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1991, (Coleccin Estudios Polticos y Sociales). 27 Willner destaca esta caracterstica del lder cuya persona se compara con Dios o con el salvador. Por ejemplo, cita a Mussolini y Hitler. Sin embargo, lejos de los fascismos podemos tambin encontrar este vnculo religioso en las democracias. WILLNER, Ann-Ruth. The Spellbinders. Charismatic Political Leadership. New Haven: Yale University Press, 1984. 28 PADULA, Valentina Leonarda. Party Campaigning in Italy: Changes in Political Communication Strategies between the First and Second Republic (1983-1994). Michigan: U.M.I. Dissertation Services. A Bell Howell Company, 1997. (Microfilm, 9736612.) 29 La emergencia de las televisiones privadas ha cambiado el estilo de las campaas polticas en Itlaia desde la dcada de 1980, si bien se han establecido bandos respecto a su utilizacin. Los cambios

escenografa poltica, la teatralizacin de los eventos polticos alrededor de los lderes tender a cuestionarse, en parte por los casos de corrupcin y desencanto de la clase poltica, en parte por la falta de credibilidad de estos eventos. As, la veracidad y la utilidad de la poltica estn siendo cuestionadas. Sin duda asistimos a una crisis del concepto de verdad,30 la sociedad virtual y el conocimiento de los polticos y de la poltica a travs de los medios es puesto cada vez ms en entredicho como realidad. No hay instrumentos o elementos para medir la poltica, se ha producido tambin una mercantilizacin de la poltica, frente a los partidos de masas y en menor medida de los sindicatos. Con la democratizacin de la televisin, sta se est convirtiendo en un reflejo de las masas de personajes cotidianos con los que la mayora de la poblacin puede identificarse. Se revalora lo cercano, lo igual, para empezarse a rechazar lo diferente. Los lderes polticos sern ms valorados por su audacia, su inteligencia poltica que por su posicin trascendente o mtica que se deriva de sus cargos, est se encontrar fuera del poder poltico, cerca de la propia religin, de las organizaciones civiles, ONGs, artistas, personajes de la prensa rosa. Por otra parte, podemos hablar de una tendencia a la americanizacin de las democracias europeas, donde la importancia de los parlamentos convive con una mayor importancia de los lderes polticos, en una personalizacin de las campaas electorales y de la poltica en general. Si bien Cavalli31 defiende la importancia del liderazgo en la democracia para evitar la fragmentacin poltica y la inoperatividad critica la democracia Norteamericana. Los parlamentos deben ser los garantes de la pluralidad democrtica y su influencia en la poltica no es nada desechable como marco de las

consistieron en el aumento de programas de televisin, shows televisivos y debates con caractersticas de los candidatos. Sobre todo en la dcada de 1990 se hizo patente una mayor personalizacin de las polticas como consecuencia de un nuevo sistema electoral, la crisis de los partidos tradicionales y una mayor utilizacin de la televisin en las campaas electorales. Ibid. 30 GINER, Salvador; TBARA, David. Cosmic Piety and Ecological Rationality. En: International Sociology. Marzo 1999, vol. 14, nm. 1, pp. 59-82.

distintas verdades. Los lderes continuarn asistiendo a una modificacin de la imagen del candidato por los consulting politics que ir desde la transformacin del aspecto fsico, hasta la mitificacin de su historia personal y de las relaciones personales, si bien, se tiende a buscar, por lo menos aparentar, la naturalidad. En la actualidad, el verdadero carcter del candidato poltico nace bajo la imagen escogida de los

consejeros electorales. Los temas se reducen a eslganes y a moralismos abstractos con la finalidad de reducir el subconsciente de las masas. Las campaas ms sofisticadas consisten en que los candidatos deben captar el nimo popular. El presidente debe usar la oratoria, debe tocar los sentimientos de la gente y saber dar voz a sus deseos. La presidencia demaggica se ha desarrollado con el desarrollo de los medios y sobre todo de la televisin. El nuevo cesarismo se hace con la imagen y la demagogia.32 El desarrollo de la tecnologa (tren, radio y finalmente la televisin) ha jugado un rol muy importante en la personalizacin de la poltica y sobre todo en la eleccin plebiscitaria.33 La imagen es la representacin valorativa que un sujeto se forma del otro y que determina la relacin de un sujeto hacia el otro. Todos poseemos una imagen como actores sociales. La imagen pblica es la imagen de otro con la idea de una cierta cultura para los asuntos pblicos. Hay una reflexin analtica de la imagen; una simpata una atraccin. No podemos olvidar la importancia del humor. Yo aadira que un elemento innovador que podemos situar en las elites polticas desde el proceso de impeachment contra Bill Clinton es la confesin honesta, el arrepentimiento pblico de los mandatarios en un acto de valor ante las cmaras. Es un reconocimiento a la humanidad del lder carismtico, que es capaz de confesar su culpa,

CAVALLI, Luciano. Governo del Leader e Regime dei Partiti. Bologna: Il Mulino, 1992. (Universale Paperbacks Il Mulino, 267). 32 CAVALLI, Luciano. Il Presidente Americano. Bologna: Il Mulino, 1986, p .44 33 Ibid. p. 94.

su error ante sus electores y su nacin. Este hecho, por un lado, parece marcar una tendencia hacia el sentimiento de igualdad entre todos los ciudadanos indistintamente al cargo que ocupen. Por otra parte, otorga grandeza y dignidad al lder poltico que supo reafirmar su carisma. No deberamos permitir que la poltica se convierta en un negocio ms y debemos preocuparnos para que responda realmente a unos valores y unos objetivos compartidos con la finalidad de garantizar el bien comn.

A lo largo de la presente disertacin he intentado exponer las ideas de la teora sociolgica que he considerado claves para abordar el concepto de carisma poltico. En esta reflexin final comentar algunos de sus aspectos ms destacables. Como he mencionado a lo largo del estudio, el carisma es un concepto inabarcable, escurridizo e inefable. Difcil de abordar en su plenitud, puesto que se basa en aspectos subjetivos, como las emociones, las percepciones y la propia genuidad humana. Mi aproximacin intenta indagar en las bases tericas que nos permitan abordar el fenmeno desde la racionalidad, destacar algunos aspectos del carisma poltico en las sociedades actuales y perfilar las circunstancias favorables a la aparicin del liderazgo carismtico. La preocupacin por la poltica como elemento fundamental para la direccin y organizacin de las sociedades suscita el inters de los pensadores sociales por indagar en la mente de aquellos individuos que se muestran ms dotados para lidiar y guiar el pueblo y cuya habilidad como dirigentes polticos es puesta de manifiesto en su bautizo poltico, en el caso de lderes de partidos polticos, o en la actuacin poltica desde la marginalidad. Conseguir el dominio poltico es una preocupacin que proviene de los clsicos (Platn, Aristteles, Maquiavelo). Astucia, sagacidad, virtud poltica y disciplina son algunos de los atributos que deben poseer los grandes hombres, los prncipes. Tericos anteriores a Weber, como Carlyle, intentaron abordar el fenmeno pero no lo consiguen plasmar plenamente. El carisma no es tan solo las caractersticas personales que poseen algunos individuos, sino ese don que los hace excepcionales. Admiran la capacidad de ser alabados por las masas, su dominio de las mismas, que los legitima como lderes.

Weber es el primer autor que aborda la definicin y la complejidad del carisma en su dimensin poltica. Consigue establecer las claves para poder analizar aquellos lderes carismticos anteriores y contemporneos a su poca. Su fascinacin por el carisma es tal que considera que es capaz de cambiar el curso de la historia. Como Carlyle, Weber otorga una enorme trascendencia histrica a los lderes polticos

excepcionales, transformadores, y considera que su actuacin poltica es capaz de cambiar el curso de la historia. La influencia de la historiografa marxista ha relegado a un segundo trmino la importancia del liderazgo y de las elites polticas, para centrarse en aspectos de la historia social, de la actuacin de los movimientos sociales y las ideologas. Los lderes carismticos como Napolen, Mao, De Gaulle lideraron a las masas y consiguieron con su poltica cambios estructurales en sus sociedades respectivas. Despertaron, sin duda, el fervor y la pasin popular. El concepto de efervescencia religiosa de Durkheim sirve para describir la relacin carismtica entre el lder y sus adeptos. Desde la psicologa destacan los trabajos de Le Bon y Freud sobre las muchedumbres. El lder poltico es capaz de dominar a las mismas a travs de un liderazgo que mueve multitudes hipnotizadas por el eros de su lder, con la consecuente perdida del yo individual en medio de la libertad que otorga el yo colectivo. Shils es el gran terico despus de Weber que destaca la importancia del carisma y establece la centralidad y la dispersin del mismo en funcin de la posicin social, cultural y poltica que ocupa en la sociedad. Asimismo, expone la capacidad del carisma de generar orden social y estructurar la sociedad a partir de un centro carismtico de mayor poder y respeto, y una periferia social donde el carisma aparece disperso. A lo largo de todo el texto me he preguntado cmo podemos definir el carisma poltico en la modernidad. Weber efecta una definicin fundamental para abordar el

concepto de carisma. Es la primera aportacin terica que analiza detalladamente el fenmeno del liderazgo carismtico, sin embargo, como expondremos ms adelante, su aportacin es insuficiente frente a los nuevos retos de la modernidad. Por un lado, considero que no se puede pretender describir una nica forma de carisma, podemos hablar del carisma fascista, de multitudes, democrtico, meditico y del carisma de las mujeres, basado en gran medida en la cultura de la sensualidad, la atraccin del otro, el vestir a la moda y la gestualidad, que en cierta medida son algunas de sus aportaciones y, por otra parte, el carisma de los movimientos sociales antisistema. Tambin, se pueden establecer distintos grados de adhesin carismtica como ya apuntaba Shils, por bien que son difciles de cuantificar. El carisma es un elemento existente en todas las sociedades. A medida que nos acercamos al occidente actual veremos como si bien la religin y el ritual tienden a desaparecer y a practicarse en menor medida con el proceso de secularizacin, el carisma permanece y simplemente se transformar como consecuencia de los cambios en la modernidad. La secularizacin no ha afectado su existencia simplemente lo ha transformado. El carisma poltico, a su vez, es un atributo perenne que puede mitigarse por un tiempo en un lder poltico pero siempre es susceptible de reaparecer. El carisma puede difuminarse pero un lder carismtico siempre puede resurgir de sus propias cenizas. El carisma surge y resurge. La indagacin terica debe servirnos para poder describir las distintas formas en las que se muestra y manifiesta el carisma, desde la entrega de las masas en cuerpo y mente, en que inciden Le Bon y Freud, hasta la adhesin ms racional que se produce despus de una observacin crtica del lder poltico. El carisma en el mundo actual es multidimensional, puede surgir en cualquier lugar del mundo y abarcar aspectos religiosos, polticos, tnicos y econmicos.

Los seguidores del gua perciben al lder carismtico como extraordinario y le otorgan un aura de divinidad. El carisma forma parte de lo numinoso. El lder poltico pasa a encarnar los valores de divinidad y de mito de otra forma inexistente en una sociedad secularizada y cada vez ms apartada de lo impredecible e inexplicable, puesto que en las sociedades occidentales todo tiende a tener una explicacin, a ser predecible y a poderse resolver. El discurso del lder, su capacidad de plasmar con exactitud los sentimientos y las preocupaciones de sus seguidores pueden provocar el llanto y el fervor entre sus adeptos. El carisma est envuelto de un elemento mstico. El lder se convierte en un smbolo que al igual que el Mesas se sigue, se respeta y se alaba, puesto que es el garante de la salvacin terrenal. El carcter mesinico se observa ms claramente en regmenes totalitarios que en democracias maduras. A la vez, el lder tiene la capacidad de apaciguar las multitudes, de frenar su desenfreno consiguiendo la publicas pietas que canaliza pasiones, sublima frustraciones y sosiega el extremismo. El carisma es una forma de reordenar la sociedad, de conseguir la implicacin de la ciudadana sin imposiciones. Est adhesin irracional al lder, la entrega, tiende en las democracias occidentales actuales a producirse despus de un cierto proceso de racionalizacin. O sea, el carisma en las sociedades occidentales no est exento de un cierto grado de racionalizacin. Por otra parte, los lderes polticos democrticos tienden a tomar sus decisiones y a actuar ms racionalmente. Entre los electores, previamente, se ha producido un proceso racional con ms o menos profundidad o detenimiento que lleva finalmente a la aceptacin del lder. Se valoran las palabras, sus discursos, sus polticas, lo que simboliza el lder y, finalmente, se le considera un lder apto, se le acepta como representante.

Los smbolos lo llevan a encarnar al elegido, al Mesas que debe llevar adelante con justicia la nacin, el estado o incluso la civilizacin que representa. Aspecto ste que observamos tanto en el mundo occidental como oriental, en parte como consecuencia del proceso de mundializacin y de superacin de fronteras. Esto nos lleva a una distincin entre el carisma democrtico, correspondiente a los sistemas democrticos occidentales, y el carisma de sociedades donde existen dictaduras, movimientos religiosos y guerrillas, en cuyo caso el carisma estara relacionado con los movimientos de masas y con el fervor religioso. Los seguidores tienen una fe ciega en su lder como elemento de lucha para conseguir mejoras polticas, culturales y sociales. No podemos dejar de tener presente la necesidad de mejoras econmicas, de ayudas humanitarias y de inversin en infraestructuras, porque son elementos fundamentales para el proceso de democratizacin, una herramienta que no puede permanecer en el olvido. La enorme e imprescindible aportacin de Weber sienta, pues, las bases del concepto, aunque no llega a poder abordar la transformacin del carisma ante los medios de comunicacin de masas. La difusin radiofnica de los discursos polticos primero, y sobre todo, la aparicin de los lderes polticos en la televisin, han revolucionado la escenografa y la dimensin del fenmeno carismtico. En la modernidad nos encontramos con el carisma poltico meditico. Se ha generado una industria alrededor de los lderes polticos, existe una manufactura del carisma: el marketing poltico de los candidatos. Estos se comercializan como un producto ms de las sociedades de consumo. La capacidad de disponer de medios de comunicacin de masas permite llegar a cotas de poblacin insospechables y ha convertido la creacin del carisma meditico en un elemento imprescindible para la poltica.

En las democracias occidentales el carisma es un factor que permite manipular, o por lo menos, influir en las masas y adems legitimar a los candidatos. Es una forma de conseguir los votos necesarios para acceder al poder. Las campaas electorales cuidan todos los detalles para mostrar una imagen institucional de los candidatos que transmita capacidad de gobierno. Se resaltan aquellas caractersticas del lder que se consideran ampliamente aceptadas y valoradas, y se mitigan o intentan omitir los defectos del candidato (posturas, aspecto fsico, gestualidad). La retrica no es solo el discurso, conlleva tambin la gestualidad, la expresin, junto con la genuidad, la originalidad poltica no excesiva y el vestir a la moda. Todo ello son elementos que otorgan carisma y que disponen de una gran difusin meditica. No podemos tampoco olvidar el rostro del carisma, el transferir una imagen de juventud, el mostrar una sonrisa amplia i transparente como smbolo de sinceridad y paz interior. Adems de los aspectos mencionados hay otro elemento importante relacionado con el carisma en la modernidad que es el de la identidad. El lder es vivido como algo propio, como uno de los nuestros; cada vez ms su persona se acerca con sus ademanes y actitudes a lo cotidiano, a lo familiar, su sencillez, llaneza y jovialidad lo acercan al hogar de cada uno de los ciudadanos. ste llega a convertirse en el prototipo de la sociedad a la que representa, sus ademanes, su forma de expresarse, su discurso, representan al ciudadano. As pues, el lder se convierte en un smbolo y en el garante de la nacionalidad a la que representa. Se produce una mmesis, tendencia a identificarse con el lder poltico. El sentimiento patritico e identitario es una fuente de carisma. El nacionalismo y el carisma se encuentran en el mundo de los sentimientos y las emociones. Los lderes histricos carismticos, Napolen, Mao, Gandhi, Fidel Castro sus liderazgos aparecen a menudo relacionados con el aspecto patritico o nacionalista, sin embargo se puede ser carismtico, como Rosa Luxemburgo y defender

el internacionalismo. En cualquier caso la identidad como mujeres, como marxistas estara presente. No podemos desvincular el carisma de la identidad, entre el lder y el grupo se produce un sentimiento identitario. El lder carismtico se convierte en el baluarte, en el smbolo que aglutina el grupo. ste consigue la adhesin de los ciudadanos de ello se deduce que el carisma al igual que el nacionalismo fomenta la cohesin social. Por ejemplo, en el caso de las superestructuras europeas y mundiales un lder poltico carismtico ayudara a la legitimacin de las instituciones y a la creacin de una identidad europea, sobre todo entre aquellos sectores ms desinformados y con ms dificultades para aceptar y comprender el proceso de Unin Europea y de mundializacin. El carisma supone depositar la confianza en el lder, en sus discursos, estos pueden ser pedaggicos para el gran pblico y, por lo tanto, convertirse en una herramienta para conseguir con xito la cohesin del proceso de Unin Europea. Este aspecto que podemos considerar como positivo, sin embargo, tiene otra lectura. La complejidad de la sociedad en que vivimos, sus cambios constantes, no permiten que la gran mayora de la poblacin sepa como afrontarlos y fomenta la aparicin de los lderes carismticos con el consecuente peligro a la demagogia y a la manipulacin de una poblacin desinformada y asustada. No podemos dejar a un lado el componente peligroso del carisma, su lado oscuro, que nos remite a las atrocidades como el nazismo y los campos de exterminio, o la poltica de limpieza tnica, el genocidio practicado por los dirigentes serbios en Bosnia-Herzegobina, Croacia y Kosovo por lo que est siendo juzgado Milosevic en el Tribunal Internacional de la Haya. As, una alternativa al carisma antidemocrtico es el fomento de la didctica poltica, conseguir un mayor conocimiento de las instituciones y de los deberes y derechos de los ciudadanos. Las instituciones, junto con la participacin crtica y responsable de la sociedad, son el garante de los sistemas democrticos. Un mayor conocimiento de las mismas, una

mayor comprensin y contacto son necesarios para mejorar la participacin de toda la sociedad y para contrarrestar la peligrosidad del carisma poltico. En el caso de los partidos polticos el lder carismtico favorece la cohesin, aunque en los partidos carismticos hay la tendencia a que los rganos queden en un segundo plano frente a la voluntad del lder. A su vez, el lder carismtico favorece la creacin del catch-all party, ya que con su carisma consigue la adhesin de distintos sectores de la poblacin. Debemos partir de la base que el carisma poltico es una cualidad del liderato poltico actual, que se convierte en imprescindible en las democracias occidentales para que una formacin poltica pueda conseguir el mximo de votos posibles. Sin la legitimacin de su lder poltico un partido no puede mantener su techo electoral. As pues, el lder poltico carismtico es un factor determinante para conseguir el voto voltil en los sistemas democrticos y para captar el electorado del centro del espectro poltico. En otras palabras, para obtener el triunfo electoral es imprescindible contar con un lder poltico carismtico. Estas reflexiones nos llevan a plantear la ambivalencia del carisma poltico, como caracterstica intrnseca al concepto. Si por un lado nos encontramos con su elemento integrador y de cohesin que puede incluso fomentar la participacin del tejido social1, fomentar la sociedad civil, por otro lado puede empobrecerla. Adems, su base arracional o hasta irracional puede provocar conductas inusitadas, impensables desde una lgica cabal. Abundan los ejemplos, desde el nazismo con el exterminio judo o los atentados terroristas en Nueva York y el Pentgono en 2001. El carisma no slo se encuentra entre los movimientos sociales antiglobalizacin que se manifiestan en los pases ricos, como en el caso de Seattle, o destruyen un McDonald como protagoniz el carismtico agricultor francs Jos Bov. Tambin, lo encontramos en

lderes de movimientos armados como el caso de Osama Bin Laden, que tienen recursos para hacer peligrar el orden poltico y econmico occidental. Su fuente es concreta pero es ubicuo y difuso por naturaleza. Debemos partir de la distincin entre carisma y liderazgo poltico cuyas fronteras, sin embargo, son enormemente difusas en muchos momentos. El carisma es aquel aspecto del liderazgo que hace referencia al mundo de las emociones y de los sentimientos y que est en estrecha relacin con la valoracin que hacen los seguidores del lder. Los atributos de un lder poltico contribuyen a la posesin del aura de los polticos, forman parte de lo numinoso. Los lderes son vistos como excelsos por sus seguidores, se acercan a la divinidad cuyo aspecto favorece el aumento del nmero de seguidores. La multitud da muestras de afecto hacia el lder poltico que pueden ir desde el intento de tocar las manos del lder, besarlo, ovacionarlo e incluso poner su nombre a los nios. No obstante, el carisma puede fabricarse. Se puede crear una escenografa para la actuacin del lder que fomente el sentimentalismo, el sentimiento patritico, el dolor por la prdida, el amor a los nios. El fomentar la creacin del carisma ser una herramienta para fortalecer aquellos liderazgos polticos dbiles que no consigan demostrar algunas de las caractersticas mencionadas ms arriba. En otras palabras, la fabricacin del carisma puede convertirse en un mecanismo para legitimar aquellos liderazgos polticos poco consistentes que demuestran una cierta incapacidad ante situaciones cotidianas y sobre todo en situaciones extremas de crisis. En momentos de crisis y de transiciones polticas es propicia la aparicin del lder carismtico puesto que tiene la oportunidad de demostrar su habilidad poltica, saber estar a la altura de las circunstancias. Las situaciones de crisis debido a la inestabilidad e incomprensin favorecen, por lo tanto, el nacimiento o consolidacin de

lderes carismticos. Como Ulises, el lder poltico carismtico debe demostrar sus capacidades polticas, su heroicidad, como si de un rito de pasaje se tratase, debe mostrar su talento, convencer y as acceder a la cspide poltica al reafirmar su cargo. As, las caractersticas asociadas al liderazgo como la astucia, la ambigedad, la agilidad mental, el pragmatismo, tambin otorgan carisma. Para el anlisis del carisma de un lder poltico determinado es necesario analizar sus caractersticas personales, la manufactura de su carisma, su retrica, sus referentes polticos, sus discursos y sus polticas. A su vez, se debe tener en cuenta las caractersticas posicionales de su mandato (estructura constitucional, sistema de partidos), las oportunidades y restricciones internas y externas (tradicin cultural; limitaciones polticas, sociales y judiciales; habilidad para convertir las limitaciones en oportunidades; prestigio del estado; conferencias internacionales). El lder carismtico es la persona en la que se confa para depositar el voto y otorgar la responsabilidad poltica. El carisma est presente en el mito cinematogrfico, en el dolo musical y en el hroe social o poltico. En todas aquellas personas que protagonizan gestas consideradas heroicas y cuyas actuaciones son consideradas magistrales. La imagen es un elemento imprescindible para entender el carisma en las sociedades modernas. La belleza, la gestualidad y la moda son elementos que acompaan no solamente a los artistas tambin a los polticos en un mundo donde la apariencia es un valor fundamental. La seduccin de la palabra y de la imagen son factores que entran en juego en el marco de las democracias modernas. Todo individuo que sea considerado un smbolo de identidad del grupo que representa puede convertirse en carismtico. La aceptacin de su imagen estar en funcin de los valores del grupo que representen. Sin duda, la belleza fsica y la juventud son valores que en la cultura occidental y en las democracias occidentales favorecen la adquisicin del carisma. Otro

aspecto vinculado al carisma es la honestidad, se cree en la veracidad de las palabras del lder carismtico. El lder poltico debe inspirar confianza y ser percibido como el garante de la verdad. Se confa en su sinceridad y en su acceso a lo santo y verdadero pues es el sacerdote de la verdad. Sin embargo, a travs de las imgenes se puede manipular la verdad, se puede crear una verdad publicitaria sin que se corresponda a lo que realmente est sucediendo entre candilejas.2 Esta creacin y manipulacin de la verdad favorece las apariencias y esta empezando a cuestionar el orden poltico y social. Tampoco podemos dejar de relacionar el carisma con los regmenes populistas, con su gran capacidad de movilizar a las masas, con discursos demaggicos donde se ofrecen mejoras para la situacin econmica y social de los sectores populares. En las democracias occidentales se incluyen en los discursos polticos mejoras en temas como la alimentacin, la sanidad, las pensiones, la vivienda, la juventud, la situacin de las mujeres. Todos estos aspectos son tratados en un lenguaje coloquial, con referencias a vivencias de la cotidianidad, con lo cual se consigue generar un inters popular y, a la larga, se convierte en un mecanismo para adquirir adeptos polticos, gracias a discursos que en ocasiones son demaggicos y que incluso podemos calificar de populistas. A pesar de todo lo expuesto, el concepto de carisma poltico es un trmino que genera confusin y dificultad para su definicin. Cundo podemos utilizar el vocablo? Segn Weber el carisma no puede transmitirse ni aprenderse, sin embargo, nos encontramos con la manufactura del carisma en las democracias occidentales postweberianas. Los candidatos en las democracias occidentales estn sometidos al maquillaje poltico, a la mejora de su imagen con la finalidad de obtener mayores cuotas de popularidad. Sin duda, en las democracias occidentales todos los candidatos poseen sus grados de carisma, pues es imprescindible para los candidatos. Los regmenes no

Segn Salvador Giner la propia estructura de los medios, su lenguaje introduce la perversidad y la facilidad de manipular los acontecimientos. Los medios no son neutros y objetivos sino subjetivos.

democrticos como las dictaduras fascistas de Hitler y Mussolini, consiguen grandes movilizaciones de multitudes, quienes vitorean, aclaman y ensalzan a sus lderes con gestos con los brazos y con un gran fervor. Muchedumbres que parecen capaces de mover montaas. Respecto a la utilizacin del trmino carisma por la prensa, sta no ayuda a una mayor comprensin del fenmeno. El trmino carisma se ha utilizado indistintamente para destacar lderes democrticos como dictadores. Definir simplemente a un lder como carismtico puede ser un criterio simplista y reduccionista. Debemos indagar qu se esconde debajo de esa gran aceptacin electoral, del fervor de la poblacin en sus discursos y de su imagen. Cmo pueden los lderes polticos recibir un trato de semidivinidad en un mundo secularizado donde algunos polticos y artistas aparecen como los nuevos dioses de la modernidad. Se ha producido una banalizacin del trmino carisma poltico por la prensa al utilizarlo de manera indistinta sobre todo para destacar el xito del lder poltico, su excepcionalidad que es noticia en el momento pero sin fundamentos tericos que perfilen el tipo de carisma, la trayectoria histrica y los momentos donde se han podido producir llamadas carismticas a la poblacin por parte del lder. El trmino se ha convertido en un comodn para definir tanto a dictadores como a lderes democrticos. Los argumentos que encierra la utilizacin del atributo carismtico corresponden a la capacidad de triunfos electorales reiterados, a la movilizacin de multitudes. Si comparamos la banalizacin del trmino por la prensa sta es menor que si analizamos la difusin del vocablo en el habla popular, donde la palabra se relaciona ms con el atractivo personal, con la genuidad y con la identidad de lugares. Hay individuos que tienen un atractivo personal que les facilita el contacto con el grupo, su magnetismo atrae a la conversacin y a la aparicin de las emociones, pero ello no tiene porque estar vinculado a valores polticos, sino al atractivo personal y

fsico; es decir, a la percepcin subjetiva por el otro. La atraccin facilita la comunicacin, la hace ms agradable, favorece que se mantenga y, por lo tanto, todo ello fomenta el carisma. Sin duda, la capacidad de comunicacin es otro agente fomentador de carisma. Podemos concluir que todo lder poltico posee carisma, en mayor o menor medida. Los medios de comunicacin de masas han significado una revolucin para la forma en que se muestra y se expande el carisma. Incluso un lder de una pequea guerrilla puede en la sociedad de la informacin conseguir adeptos a travs de una pgina web. Cualquier individuo con determinacin tiene el poder de utilizar los medios para expandirse. El carisma se est internacionalizando. Se estn formando crculos alrededor de distintas identidades que presionan el sistema directamente, sobre todo frente a la desigualdad social y econmica Las caractersticas personales del liderazgo es una fuente que otorga y construye el carisma: la agilidad mental, la capacidad de convencimiento, la demostracin de autoridad, ser capaz de catalizar las ideas de la colectividad, las habilidades comunicativas, tener confianza en uno mismo, la claridad en los objetivos y la firmeza para llevarlos a cabo, una cierta clarividencia poltica, pragmatismo poltico, la ambigedad poltica, ser camalenico, polifactico, tener coraje y vigor, y por supuesto capacidad de movilizar a las masas, astucia poltica y sagacidad, son entre otros, aspectos que son percibidos positivamente por los ciudadanos y comportan carisma. Con ello no pretendo afirmar que todas ellas sean imprescindibles para conseguir carisma. Como hemos mencionado ms arriba, el carisma se manufactura, se preparan los escenarios idneos donde el lder puede actuar, se ultiman los detalles ms proclives al sentimentalismo, se estudian los candidatos, se maquilla su imagen, su gestualidad, sus posturas. Se escriben sus discursos donde a veces el lder se convierte en un prncipe

que filosofa sobre cmo es y cmo debera ser la sociedad en la que vivimos. Es decir, se perfila la proyeccin de su imagen meditica producindose un sucedneo carismtico. En las democracias occidentales de la modernidad tarda nos encontramos con el carisma poltico meditico, sin el cual los candidatos no pueden existir. Adems yo aadira que el triunfo electoral depende de la capacidad de transmitir valores, como los mencionados anteriormente, para que los ciudadanos-votantes ofrezcan su confianza al lder poltico y al partido que representa, o sea, su voto. El carisma puede formar parte del mundo de las emociones sobre todo entre multitudes, sin embargo, tambin est inmerso en la racionalidad, aspecto al que tiende con el proceso de racionalizacin y culturalizacin de la poblacin. Hay una tendencia a la racionalizacin del carisma en la modernidad. No obstante, la emotividad carismtica es todava existente y, en cierta medida, acta como contrapeso, compensa la prdida de la misma en el proceso de secularizacin y crisis de las ideologas de la sociedad occidental. En las democracias occidentales las muestras de afecto y las emociones tienden a limitarse a momentos trascendentales como algunos acontecimientos histricos (catstrofes, tratados de paz) asimismo durante las campaas electorales. Por otra parte, las mujeres carismticas poco presentes a lo largo de la historia en las elites polticas, salvo contadas excepciones, pueden en un futuro ocupar ms cargos de poder en el mundo occidental como consecuencia de la tendencia general a una mayor participacin de las mujeres en la poltica, a la vez que asistimos a una mayor aceptacin social a que ocupen cargos de direccin poltica. En cualquiera de las formas que pueda aparecer el carisma, ya sea meditico, virtual o entre multitudes, ste contina formando parte de las sociedades de hoy. Su estrella puede irradiar a lo largo de siglos e incluso el recuerdo del lder carismtico

puede permanecer en la memoria histrica transformado en forma de mito. Sin embargo, cada momento histrico tiene su posible forma de expresin carismtica. A pesar que los procesos de cambio social, de crisis y las guerras lo fomenten, el carisma poltico puede aparecer en cualquier parte del mundo, en cualquier momento, puesto que es una caracterstica perenne de las sociedades.

12. BIBLIOGRAFA Archivos y bibliotecas Biblioteca del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones, Madrid. Biblioteca Nacional, Madrid. Biblioteca Nacional de Catalunya, Barcelona. Biblioteca de la Universidad Autnoma, Bellaterra. Biblioteca de la Universidad de Barcelona, Barcelona. Biblioteca de la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona. Fundacin Pablo Iglesias, Madrid. Fundacin Rafel Campalans, Barcelona. Libros, artculos y documentos ABERBACH, David. Charisma and Attachment Theory: A Cross Disciplinary Interpretation. En: International Journal of PsychoAnalysis. Agosto-1995, vol. 76, nm. 4. Charisma in Politics, Religion and the Media. Private Trauma, Public Ideals. London: McMillan Press LTD, 1996.

ABRAMS, Richard; DAHL, Robert et al. The New American Political (dis)order: an essay. Berkeley: Institute of Governmental Studies. University of California, 1993. ABRUZZESE, Salvatore. Reintegrazione e carisma: riflessioni sulla religiosita in Itali. En: Studi di Sociologia. Octubre-Diciembre 1996, vol. 34, nm. 4, pp. 409-411. Free Ireland: Towards a lasting. Dingle: Brandon, 1995 . Global Women Political Leaders: An Invisible History, an Increasingly Important Future. En: Leadership Quarterly. Spring-1996, vol. 7, nm. 1, pp. 133-161. Il carisma dopo Weber. En: Sociologia. SeptiembreDiciembre 1980, vol. 14, nm. 3, pp. 123-163. De Gaulle, Histoire, symbole, mythe. s.l.: Plon, 2000.

Millennium and Charisma among Pathans. A Critical Essay in Social Anthropology. London: Routledge Kegan Paul, 1980. Charisma. Seven Keys to Developing the Magnetism that Leads to Success. New York: Warner books, 1998. Eisenhower and the Mass Media. The University of North Carolina Press, 1993. From Two into One. The Faces of the Italian Christian Democratic Party. En: Party Politics. 1997, vol. 3, nm. 1, pp. 23-52. Diez textos bsicos de ciencia poltica. Barcelona: Ariel, 1992. (Ariel Ciencia Poltica).

LVAREZ JUNCO, J.; ALFN, D. Castro et al. Populismo, caudillaje y discurso demaggico. Madrid: Centro de Investigaciones Sociolgicas. Siglo XXI, 1987. (Monografas, 93). ANDERSON, Perry; CAMILLER, Patrick. Mapping the West European Left. London: Verso, 1994. ANSART-DOURLEN, Michle. Les Rles des individualits au cours des mutations. En: Cahiers Internationaux de Sociologie. 1993, vol. 40, nm. 94, pp. 71-96. ANSON, Lus M. Para terminar con Felipe Gonzlez se roz la estabilidad del Estado. En: Tiempo. 1998, nm. 825.

Anson: Fue necesrio poner en riesgo el Estado para acabar con Gonzlez. El ex director de Abc revela en la revista Tiempo la campaa de acoso. En: El Pas. Domingo 15 de Febrero de 1998, p. 25. ANTONIO, Robert J. ; GLASSMAN, Ronald M.(Ed.) A Weber-Marx Dialogue. Lawrence: University of Kansas, 1985. ARENDT, Hannah Los orgenes del totalitarismo. 3 vol. Madrid: Alianza Editorial, 1987 . (Alianza Universidad). The origins of totalitarism. New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1973.

Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexin poltica. Pennsula: Barcelona, 1996 . Eichmann en Jerusaln. Barcelona: Lumen, 1999. ARIO, Antonio. Sociologa de la cultura. La constitucin simblica de la sociedad. Barcelona: Ariel, 1997. (Ariel Sociologa). La Poltica. Madrid: Espasa-Calpe, 1989. (Coleccin Austral , 239). Women and Education in Eritrea a Historical and Contemporary Analysis. En: Harvard Educational Review. Winter-1997, vol. 67, nm. 4, pp. 658-688.

ASHBY, Ruth; GORE OHN Deborah (ed.). Herstory: Women who changed the world. New York: Viking, 1995. ASHFORD, Douglas Elliott. La aparicin de los estados del bienestar. Madrid: Centro de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1986. (Historia Social, 14).

ATKIN, Charles; GANTZ, Walter. Television News and Political socialization. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1978, vol. 42, nm. 2, pp. 183-198. ATTILIO LEVI, Mario. La lucha poltica en el mundo. Madrid: Revista de Occidente, 1968. (Biblioteca de poltica y sociologa). Soares. s.l.: Pblico, 1996.

Know Thyself. Socratic Companionship and Platonic Community. En: Political Theory. Mayo-1995, vol. 33, nm. 2, pp. 304-329. Antropologa poltica. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1976. Taking the Charisma out of Transformational Leadership. En: Journal of Social Behavior and Personality. Septiembre-1997, vol. 12, nm. 3, pp. 689697.

BARNER-BARRY, C.; HODY, C. Soviet Marxism-Leninism as Mythology. En: Political Psychology. Diciembre-1994, vol. 15, nm. 4, pp. 609630. BARNES, Douglas F. Charisma and Religious Leadership. En: Journal for the Scientific Study of Religion. Marzo-1978, vol. 17, nm. 1, pp. 1-18. Media Sociology. London: Routledge, 1986.

BERGER, Peter; LUCKMANN, Thomas. La construccin social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu, 1972. BERZANO, Luigi. Per una sociologia del millenio. David Lazzaretti: carisma e mutamento sociale. En: Religioni e Societa. Julio-Diciembre 1990, 5, 10. Party Leadership and Change in Party Systems: Towars a Postmodern Party State. En: Government and Opposition. Spring-1996, vol. 31, nm. 2, pp. 135-159. B.C.I. (Bblia Catalana Interconfesional). Barcelona: Editorial Claret, 1997.

Case of Baba Sali and Baba Baruch. En: Israel-Affairs. Spring-1995, 1, 3, pp. 224-236. BLASI, Anthony J. Making Charisma: the Social Construction of Paul's Public Image. New Brunswick: Transaction Publishers, 1991. Office Charisma in Early Christian Ephesus. En: Sociology of Religion. Fall-1995, vol. 56, nm. 3, pp. 245-255. Political Leadership. London : Sage, 1987. A Framework for the Analysis of Political Leadership. En: Oriente Moderno. Enero-Junio 1993, vol. 12, nm. 16, pp. 5-21. The Links Between Appointments, Policy-Making and Patronage in Government-Supporting Parties Relationships. Barcelona: ICPS, 1995.(Working Papers, 101). El liderazgo poltico en las sociedades en cambio. En: Revista Mexicana de Ciencias Polticas y Sociales. JulioSeptiembre 1996, 41, 165, pp. 29-52. Quin teme al hijo del Panadero?. En: El Pas. Mircoles 8 de Abril de 1998, p. 14. Derecha e izquierda. Madrid: Taurus, 1995. El futuro de la democracia. Esplugues de Llobregat: Plaza Jans, 1985. Esglsia, carisma i poder: assaigs declesiologia militant. Barcelona: Claret, 1982. (Els Daus, 56).

BORJA, Jordi; CASTELLS, Manuel. Local y Global. La gestin de las ciudades en la era de la informacin. Madrid: Taurus, 1997. (Pensamiento). BOURDIEU, Pierre. Champ intellectuel et project createur. En: Les temps modernes. 1966, 246, pp. 865-906. Une interprtation de la thorie de la religion selon Max Weber. En: Archives Europennes de Sociologie. 121971, nm. 1. Gense et structure du champ religieux. En: Revue Franaise de Sociologie. 1971, vol. XII, nm. 3.

La reprsentation politique. Elements pour une thorie du champ politique. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials, 1981, vol. 2, nm. 36-37. Ce que parler veux dire. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials. nm. 36-37. Sur le pouvoir symbolique. En: Annales. 1977, nm. 3, pp. 405-411. La production de la croyance: contribution une conomie des biens symboliques. En: Actes de la Recherche en Sciences Sociales. 1977, nm. 13, pp. 3-43. La Distinction. Critique sociale du jugement. Paris: Minuit, 1979. Questions de sociologie. Paris: Minuit, 1980. Penser la politique. En: Actes de la Recherche en Sciences Socials. 1988, vol. 3, nm. 71-72. Contrafocs. Reflexions tils per a resistir la invasi neoliberal. Barcelona: Edicions 62, 1999. BOURETZ, Pierre. Les Promesses du monde. Philosophie de Max Weber. Paris: Gallimard, 1996.

BOV, Jos; DUFOUR, Franois. El mundo no es una mercanca. Los agricultores contra la comida basura. Barcelona: Icaria Editorial, 2001. (Antrazyt, 163). BOYD, Richard. Civility and Social Science: The Contribution of Edward Shils. En: Social Science Quarterly. Marzo-1998, vol. 79, nm. 1, pp. 242-249. Electrifying Charisma: You Have Mail. New Haven: Paper available from Sociology Express. American Sociological Association, 1997.

BRADLEY, Raymond Trevor. Charisma and social structure. A Study of Love and Power, Wholeness and Transformation. New York: ToExcel, 1999. BRAUDILLARD, Jean. In The Shadow of The Silent Majorities. New York: Columbia University, 1983. Sobre la seduccin. Dilogo con Rosa M Rodrguez Magda. En: Claves de razn prctica. Diciembre-1991, nm. 18.

BREUER, Stefan; LAROCHE, Franoise. Le Charisme de la raison. En: Annales. NoviembreDiciembre 1996, vol. 51, nm. 6, pp. 1289-1301. BROMLEY, David G. Cults, Convents and Charisma. The Sociology of New Religious Movements, by Thomas Robbins. London: Sage, 1988.. En: Contemporary Sociology. Enero-1990, vol. 19, nm. 1, pp. 112-113. Piecemeal Reform in Platos Laws. En: Political Studies. 1995, XLIII, pp. 312-324. Looking Good. A candidates appearance can make a big difference. En: Campaings and elections. Junio-1994. Hegels Plato: The Owl of Minerva and a Fading Political Tradition. En: Political Studies. Septiembre1988, vol. 36, nm. 3, pp. 475-485. Teora del Carisma. En: El Pas. 2 de Enero de 1997. Charisma and Leadership in Organizations. London: Sage, 1992.

BUENO DE MESQUITA, Bruce. War and the Survival of Political Leaders: a Comparative Study of Regime Types and Political Accountability. En: American Political Science Review. Diciembre-1995, vol. 89, nm. 4, pp. 841-855. BURGELIN, Olivier. La comunicacin de masas. s.l.: Ediciones Planete y A.T.E., 1974. (Libros de Comunicacin Social).

BURKE, Kathryn L; BRINKERHOFF, Merlin B. Capturing Charisma: Notes on an elusive Concept. En: Journal for the Scientific Study of Religion. Septiembre1981, vol. 20, nm. 3, pp. 274-284. BURKE, Peter. Sociologia e Historia. Madrid: Alianza Editorial, 1980. El Renacimiento. Barcelona: Crtica, 1993 . La fabricacin de Lus XIV. Barcelona: Crtica, 1995.

PSOE. Partido Socialista Obrero Espaol. Barcelona: Editorial Avance, 1976. (Serie Poltica, 1). CALHOUN, Craig. Failure of Charisma: The Cultural Revolution in Wuhan. By Shaoguang Wang. New York: Oxford University Press, 1995. En: American Journal of Sociology. Septiembre-96, vol. 102, nm. 2, pp. 609-611. Power, Charisma and Ritual Curing in Tibetan Community in India. Vancouver: University of British Columbia, 1985. Charisma: Its Varieties, Preconditions, and Consequences En: Sociological Inquiry. 1980, vol. 50, nm. 1, pp. 5-23.

CAMINAL BADIA, Miquel. Manual de ciencia poltica. Madrid: Tecnos, 1996 . (Biblioteca universitaria). El arte de la poltica. En: El Pas. Martes 4 de Febrero de 1997. CAMP, Roderic Ai. Women and Political Leadership in Mexico: A Comparative Study of Female and Male Political Elites. En: The Journal of Politics. Mayo-1979, vol. 41, nm. 2, pp. 417-441. Los lderes polticos de Mxico. Su educacin y reclutamiento. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1980. tica, retrica, poltica. Madrid: Alianza, 1988.( Alianza Universidad, 557). Democrcia paritria. Barcelona: Fundaci Rafael Campalans, 1997. (Papers de la Fundaci, 119). Manual de civisme. Barcelona : Ariel, 1998. Paradojas del individualismo. Barcelona: Crtica, 1999. (Biblioteca de Bolsillo, 11). El Malestar de la vida pblica. Barcelona: Grijalbo, 1996. (Hojas nuevas). Masa y Poder. Barcelona: Muchnik Editores , 2000 . (Modernos y clsicos de Muchnik Editores). Socrates or Heidegger? Hannah Arendts Reflections. En: Social Research. Spring-1990, vol. 57, nm. 1. Les Terceres Vies a Europa. Barcelona: Nova Terra, 1975. (Noves Actituds, 1).

CAPPELLA, Joseph N.; HALL JAMIESON, Kathleen. News Frames, Political Cynicism, and Media Cynicism. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science , AAPSS. Julio-1996, 546, pp. 71-84. CARDOSO, Faletto. Dependencia y desarrollo Mxico: Siglo XXI, 1969. en Amrica Latina.

Bureaucracy for Democracy: The Struggle of The Philippine Political Leadership and the Civil Service in the Post-Marcos Period. En: Philippine Journal of Public Administration. Julio-1989, vol. 33, nm. 3, pp. 207-252. Los Hroes. Esplugues de Llobregat: Editorial Iberia, 1985 . La gran transicin. Cmo reconstruir la izquierda?. Barcelona: Planeta, 1995.

CARLTON-FORD, Steven L. Charisma, Ritual, Collective Effervescence, and SelfEsteem. En: Sociological Quarterly. Fall-1992, vol. 33, nm. 3, pp. 365-387. The Effects of Ritual and Charisma: The Creation of Collective Effervescence and the Support of Psychic Strength. New York, London: Garland Pub, 1993. CARRERAS, Francesc de. El PSC tras las primarias. En: El Pas. Jueves 30 de Abril de 1998. Charisma and Control in Rajneeshpuram: The Role of Shared Values in the Cretion of Community. Cambridge: Cambridge University Press, 1990. La utopa desarmada. Madrid: Ariel, 1993. (Ariel, 129) Yo s me acuerdo. Apuntes e historias. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1994. Crisis urbana y cambio social. Madrid: Siglo XXI, 1981. La era de la informacin. La sociedad red. 3 vol. Madrid: Alianza Editorial, 2001 .

Max Weber: religione e societ. Bologna: il Mulino, 1968. (Saggi, 68). Il capo carismatico. Chicago: Il Mulino, 1981. Il Presidente Americano. Bologna: Il Mulino, 1986. Governo del Leader e Regime dei Partiti. Bologna: Il Mulino, 1992. (Universale Paperbacks Il Mulino, 267). Carisma. La qualit straordinaria del leader. RomaBari: Laterza, 1995. El Presidente. Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1994. (Grandes Temas, 33).

CHAFFEE, Steven; STACEY, Frank. How Americans Get Political Information: Print Versus Broadcast News. En: The Annals of The American Academy of Political and Social Science , AAPSS. Julio1996, 546, pp. 48-70. CHELI, Enrico. La realt mediata. La influenza dei mass media tra persusione e construzione sociale della realit. Milano: Francoangeli, 1992. Real Politics: American Political Movies from Birth of the Nation to Platoon. New York: Basil Blackwell, 1987. Relating Charisma: John Paul IIs Journeys on Television. En: Sociological Analysis. Winter-1989, vol. 49, nm. 4, pp. 456-457.

CLARKE, Peter ; FREDIN, Eric. Newspapers, Television and Political Reasoning. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1978, vol. 42, nm. 2, pp. 143-160. CLARKE, M.J (ed.). Politics and the Media: Film and Television for the Political Scientist and Historian. Oxford: Pergamon Press, 1979. Alan Bryman, Charisma and Leadership in Organizations. London: Sage, 1992. En: Sociology. 1993, vol. 27, nm. 3, pp. 551-552. Psychology of Political Communication. Michigan: The University of Michigan, 1996. Franois Mitterrand a Study in Political Leadership.

London: Routledge, 1994. Studying Political Leadership: The Case of Franois Mitterrand. En: Political Studies. Septiembre-1994, vol. 42, nm. 3. COLMO, Christopher Theory and practice: Alfarabi's Plato Revisited. En: American Political Review. Diciembre-1992, vol. 86, nm. 4, pp. 966-976. El Partit dels Socialistes de Catalunya: estructura, funcionament i electorat: 1978-1984. Barcelona: Edicions 62, 1989. Poltica y medios de comunicacin: una aproximacin terica. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1994. (Working Papers, 91). Socialist parties in Europe II. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1992. El arte de la manipulacin poltica. Barcelona: Anagrama, 1990. Almeida dispuesta a someterse al voto de todos los militantes progresistas. El 73% de los espaoles partidarios de las primarias. En: El Pas. Domingo 17 de Mayo de 1998.

COMBS, James; NIMMO, Dan. The New Propaganda: The Dictatorship of Palaver in Contemporary Politics. London: Longman, 1993. CONFALONIERI, M Antonietta. Identit, Interessi e carisma nei movimenti populisti: la Lega Nord e il Poujadismo. En : Quaderni di Scienza politica. Abril-1997, vol. 4, nm. 1, pp. 53-83. CONGER, Jay A. The Charismatic Leader: Behind the Mystique of Exceptional Leadership. San Francisco: Jossey-Bass, 1989. La formacin del poder poltico en Mxico. Mxico: Ediciones Era, 1990 . La ideologa de la Revolucin mexicana. Mxico: Ediciones Era, 1989 . Malcolm X and the Black Muslim Movement: A Social Psychology of Charisma. En: Psychohistory Review. Spring-Summer 1982, 10, 3-4, pp. 165-184.

Ben-Gurion and the Intellectuals: Power, Knowledge, and Charisma by Michael Keren. Dekalb: Northern Illinois University Press, 1983. En: Contemporary Sociology. Enero-1985, vol. 14, nm. 1, pp. 88-89. La conspiracin. El golpe de estado difuso. Barcelona: Ediciones B, 1995. El alarido ronco del ganador. Las elecciones de 1996, los medios de comunicacin y el porvenir de Espaa. Barcelona: Grijalbo, 1996. Narrative, Free Space, and Political Leadership in Social Movements. En: Journal of Politics. Febrero-1993, vol. 55, nm. 1, pp. 57-79. Charisma Institutionalization in Developing Countries. Mid-South Sociological Association. Paper, 1980.

Cristina Almeida es nega en rod a sometres a unes elecciones primries. Almunia i Gonzlez surten en defensa del pacte entre PSOE i Nova Esquerra a Madrid. En: Avui. Lunes 18 de Mayo de 1998. CRUZ, Miguel El 98 desde dentro. En: Anuario Filosfico. 1998, vol. 31, nm. 1, pp. 25-53. Language, Charisma, and Creativity: the Ritual Life of a Religious Movement. Berkeley-London: University of California, 1997.

Leadership Quarterly. Spring-1997, vol. 8, nm. 1, pp. 49-65. DEOL, D. Charisma and Commitment: the Mind and Political Thinking of Indira Gandhi. New Delhi: Sterling Publishers Private Limited, 1981. Fortune Is a Woman: Gender and Politics in the Thought of Niccol Machiavelli, by Hannah Pitkin. Berkeley: University of California Press, 1984.. En: Contemporary Sociology. Marzo-1985, vol. 14, nm. 2, pp. 215-216. Le Personnel politique et la personnalit charismatique. En: Revue Franaise de Sociologie. 1965, vol. 6, nm. 3, pp. 305-324. Obligation and the Citizen-Soldier: Machiavellian virt versus Hobbesian Order. En: Journal of Political and Military Sociology. Winter-1995, vol. 23, pp. 191-212.

DORNBUSH, Rudiger; EDWARDS, Sebastian. The Macroeconomics of Populism in Latin America. Chicago and London: The University of Chicago Press, 1991. DOSTAL, Robert. Friendship and Politics. Heidegger's Failing. En: Political Theory. Agosto-1992, vol. 20, nm. 3, pp. 399423. A Dramaturgical Analysis of the Production of Social Crisis in the Media. En: Michigan: U.M.I. Dissertation Services. A Bell Howell Company, 1988. An analysis of Weber's work on Charisma. En: British Journal of Sociology. Marzo-1978, vol. 29, nm. 1, pp. 83-93. Radical media: rebellious communication and social movements. Thousand Oaks, Calif: Sage Publications, 2001. Political Leadership and European Integration: The Case of Jacques Delors. En: West European Politics. Enero1995, vol. 18, nm. 1, pp. 140-160. Indira Gandhi. New York: Drake, 1973.

Political Elites in Modern Societies. Empirical Research and Democratic Theory. Michigan: The University of Michigan Press, 1989. Political Leadership and Nihilism: A Study of Weber and Nietzsche. Tampa: University Press of Florida, 1984.

On charisma and Institution building. Chicago: University of Chicago Press, 1968. EISENSTADT, S.N. Ensayos sobre el cambio social y la modernizacin. Editorial Tecnos: Madrid, 1970. Edward Shils in Memoriam. En: American Sociologist. Winter-1996, vol. 27, nm. 4, pp. 61-66. Edward Shils. (1 July 1910-23 January 1995). En: Proceedings of the American Philosophical Society. Septiembre-1997, vol. 141, nm. 3, pp. 365-373. EISENSTADT, S.N. et al. (ed.). Social Differentation Stratification. Glenview: Wilensky Editors, 1971. EISER, J. Richard. Psicologia social: actitudes, cognicin y conducta social. Madrid: Ediciones Pirmide S.A, 1989.

ELORZA DOMNGUEZ, Antonio; RALLE, Michel. La Formacin del PSOE. Barcelona: Crtica, 1989. EMERY, Edwin. Changing Role of the Mass Media in American Politics. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science. Septiembre-1976, 427, pp. 84-94. Young Man Luther. New York: Norton, 1958. La Espaa de las libertades. Madrid: Espasa-Calpe, 1997. (Espasa Hoy). El tercer hombre. P.J. la pesadilla de F.G.. Madrid: Espasa-Calpe, 1995. (Espasa Hoy). La Iglesia. Institucin o carisma? Salamanca: Sgueme, 1984. Le stigmate du mouvement charismatique autour de Jsus de Nazareth. En: Social Compass. 1992, vol. 39, nm. 2, pp. 255-273.

FEATHERSTONE, Kevin; KAZAMIAS, George. In the Absence of Charisma: The Greek Elections of September 1996. En: West European Politics. Abril1997, vol. 20, nm. 2, pp. 157-164. FEIGERT, Frank. Political Competence and Mass Media Use. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1976, vol. 40, nm. 2, pp. 234-238. Aquellos aos . Barcelona: Ediciones B, 1993.

FERNNDEZ BRASO, Miguel. Conversaciones con Alfonso Guerra. La aventura personal y pblica de una de las principales figuras de la vida poltica espaola. Barcelona: Planeta , 1983. FERNNDEZ ORDOEZ, Francisco. La Espaa necesaria. Madrid: Taurus, 1980. FERNNDEZ, Francisco. Aproximacin a la nueva normativa electoral. Madrid: Dykinson, 1986. FRON, Bernard. Yugoslavia, orgenes de un conflicto. Barcelona: Salvat Editores, 1995. (Salvat Dossier). Max Weber e il destino della ragione. Roma-Bari: Laterza, 1965. Il paradosso del sacro. Roma-Bari: Laterza, 1983. La storia e il quotidiano. Roma-Bari: Laterza, 1986. Una fe sin dogmas. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1993. Max Weber e la Repubblica di Weimar. En: Critica Sociologica. 1993, nm. 106, pp. 98-103.

FERRATER MORA, Jos. Diccionario de Filosofa. 4 vol. Barcelona: Ariel, 1998. (Ariel Referencia). FISHKIN, James. Democracia y deliberacin. Nuevas perspectivas para la reforma democrtica. Barcelona: Editorial Ariel, 1995 . (Ariel, 134).

Catecismo cristolgico. Salamanca: Sgueme, 1988. Sociology and Liturgy. Representations of the Holy. Londres: MacMillan, 1991. El destino de la familia. Barcelona: Ariel, 1998. (Ariel, 175). La estrella menguante del padre. Barcelona: Ariel, 1999. (Ariel, 187). Charisma as Attachment to the Divine: Some Hasidic Principles for Comparison of Social Movements of Gandhi, Nasser, Ben-Gurion, and King. En: The Humanities and Social Sciences. Noviembre-1990, vol. 51, nm. 5. Gender and Justice in Plato. En: American Political Science Review. Septiembre- 1997, vol. 92, nm. 3, pp. 657-670. Varieties of Realism: Thucydides and Machiavelli. En: The Journal of Politics. Mayo-1992, vol. 54, nm. 2, pp. 372-393.

FRANCIS, Leslie J.; THOMAS, T. Hugh. Are Charismatic Ministers Less Stable? A Study among Male Anglican Clergy. En: Review of Religious Research. Septiembre-1997, vol. 39, nm. 1, pp. 61-69. FRAZER, J.G. La rama dorada. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1998 Newspaper, Television and Political Reasoning. En: Public Opinion Quarterly. Summer-1978, vol. 42, nm. 2. Totem y tab. Madrid: Alianza Editorial, 1969. Psicologa de las masas y anlisis del yo. Madrid: Biblioteca Nueva, 1924. (Obras completas del profesor). Sociologa de Max Weber. Barcelona: Pennsula, 1986 . (homo sociologicus, 35). For a Sociological Concept of Charisma. En: Social Forces. 1964, 43, pp. 18-26.

Political Leadership and the Problem of the Charismatic Power. En: Journal of Politics. 1961, vol. 23, nm. 1, pp. 3-24. Man and His Government: An Empirical Theory of Politics. New York, 1964. Does Being Male Help? An Investigation of the Effects of Candidate Gender and Campaign Coverage on Evaluations of U.S. Senate Candidates. En: The Journal of Politics. Mayo-1992, vol. 54, nm. 2, pp. 497-517. Rehearsals for Fascism Populism and Political Mobilization in Weimer Germany. New York, Oxford: Oxford University Press, 1990. El arte de amar. Barcelona: Ediciones Paids, 1988. (Paids Studio, 7). El miedo a la libertad. Barcelona: Ediciones Paids, 1988. (Paids Studio, 8). Non-voting in Catalonia. Barcelona: ICPS, 1993. (Working Papers, 75). El caballo cansado. El Largo adis de Felipe Gonzlez. Madrid: Temas de Hoy , 1991. (Hombres de Hoy, 24).

FUENTES, Juan Francisco. Mussolini. El lenguaje del cuerpo, el lenguaje del poder. En: Claves de razn prctica. Octubre-2001, nm. 116, pp. 44-49. GAFFNEY, John. The Language of Political Leadership in Contemporary Britain. New York: St. Martins Press, 1990. The Extreme Right in Italy from the Italian Social Movement to Post-Fascism. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1999. (Working Papers, 169). Max Weber on Ethical Irrationality of Political Leadership. En: Sociology. Agosto-1997, vol. 31, nm. 3, pp. 549-564.

GARCA NOBLEJAS, J.J. ; SNCHEZ ARANDA, J. Informacin y persuasin. Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1990. GARDNER, John W. El liderazgo. Buenos Aires: Grupo Editor Sudamericano, 1991.(Estudios Polticos y Sociales). Cultura, identidad y poltica: el nacionalismo y los nuevos cambios sociales. Barcelona: Gedisa, 1993 . Naciones y nacionalismo. Madrid: Alianza, 1994 . Postmodernism, Reason and Religion. London: Routledge, 1992. Encuentros con el nacionalismo. Madrid: Alianza Editorial, 1995. Nacionalisme. Valncia: Afers. Universitat de Valncia, 1998. (El Mn de les nacions, 3).

GELLNER, Ernest; IONESCU, Ghita (ed.). Populismo: sus significados y caractersticas nacionales. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1970 . GENIEYS, William. Les lites espagnoles face ltat. Oaris : LHarmattan, 1997. Fascism as Political Religion. En: Journal of Contemporary History. 1990, vol. 25, pp. 229-251. Charisma o personalizzazione del potere: Berlusconi e il carisma mediatizzato. En: Teora Poltica. 1997, vol. XIII, nm.1, pp.131-155. La construzione del carisma: per uninterpretazione della leadership di De Gaulle. En: Teoria politica. 1997, vol. XIII, nm. 3, pp. 121-152.

GENOVESE, Michael A. (ed.) Women as National Leaders. London: Sage, 1993. GEORGE, Susan. Informe Lugano. Barcelona: caria Editorial Intermn Oxfam, 2000. The Triumph of the Image. Boulder Westview Press, 1992.

Plato and K. R. Popper. Toward a Critique of Platos Political Philosophy En: Philosophy of the Social Sciences. Diciembre-1996, vol. 26, nm. 4, pp. 493-508. Ms all de la izquierda y la derecha. Madrid: Ctedra, 1994. Modernidad e identidad del yo. Barcelona: Pennsula, 1995 . La transformacin de la intimidad. Madrid: Ctedra, 1998 . Consecuencias de la modernidad. Madrid: Alianza Editorial, 1994. (Alianza Universidad, 760). La tercera va. La renovacin de la socialdemocracia. Madrid: Taurus, 1999 . Politica y sociologa en Max Weber. Madrid: Alianza Editorial, 1997. (Libro de Bolsillo). Historia del Partido Socialista Obrero. Madrid: Alianza Editorial, 1988. (Alianza Universidad). Factionalism in the Spanish Socialist Party. Barcelona: ICPS, 1992. (Working Papers, 59). In a Different Voice. Psychological Theory and Womens Development. En: Cambridge, Massachusetts, and London: Harvard University Press, 1982. Historia del pensamiento social. Barcelona: Ariel, 1994 Sociologa. Barcelona: Pennsula, 1992 . Sociedad masa: crtica del pensamiento conservador. Barcelona: Pennsula, 1979. Comuni, domini, innovaci: per una teoria de la cultura. Barcelona: Laia, 1985. La estructura lgica de la democracia. Madrid: Sistema, 1986 . El destino de la libertad: una reflexin frente al milenio. Madrid: Espasa-Calpe, 1987. Ensayos civiles. Barcelona: Edicions 62, 1987. (Nexos, 22). Espaa: Sociedad y Poltica. Madrid, Espasa-Calpe, 1990. Religin civil. En: Claves de razn prctica. Abril1991, nm. 11. The Common Interest and the Moral Fabric of Society. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientficas. Instituto de Estudios Sociales Avanzados, 1992 . Carta sobre la democracia. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel, 145).

La modernizacin de la Europa meridional. Una interpretacin sociolgica. En: Sociologia. Enero-Abril 1993, nm. 27. Carisma y razn. En: Poltica y Sociedad. Mayo-Agosto1996, 22. La Iluminacin Carismtica de la Razn. En: International Review of Sociology. 1997, vol. 7, nm. 3. Diccionario de Sociologia. Madrid: Alianza Editorial, 1998. (Ciencias Sociales). La cultura de la democracia: el futuro. Barcelona: Ariel, 2000. Teora sociolgica clsica. Barcelona: Ariel, 2001. GINER, Salvador et al. Formas modernas de religin. Madrid: Alianza Editorial, 1994. (Alianza Universidad). Saber, sentir, pensar. La cultura en la frontera de dos siglos. Santander: Fundacin Marcelino Botn-Editorial Debate S.A., 1997. (Temas de Debate). La Governabilitat i l'esdevenidor de les societats modernes. Barcelona: Edicions 62, 1990 .( Llibres a l'abast, 257). GINER, Salvador; CAMPS, Victoria. L'Inters com. Barcelona: Fundaci Caixa de Barcelona, 1990. (Cultura i Entorn, 5). GINER, Salvador; DAZ-SALAZAR, Rafael (ed.). Religin y sociedad en Espaa. Madrid: CIS, 1993. (Academia). GINER, Salvador; TBARA, David. Cosmic Piety and Ecological Rationality. En: International Sociology. Marzo-1999, vol. 14, nm. 1, pp. 59-82. GITLIN, Todd. The Whole World is Watching. Mass Media in the Making and Unmaking of New Left. University of California Press, 1980. The Narration of Charisma: Mass Media and Religion Contemporary Western Societies. International Sociological Association. Paper, 1986.

GLASSMAN, Ronald ; MURVAR, Vatro (ed.). Max Weber's Political Sociology: a Pessimistic Vision of a Rationalized World. London: Greenwood Press, 1984. GOLDMAN: Merle. Religion in Post-Mao China. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science, AAPSS. Enero-1986, 483, pp. 146-156.

GOM, Ricard; SUBIRATS, Joan (ed.) Polticas pblicas en Espaa. Contenidos, redes de actores y niveles de gobierno. Barcelona: Ariel, 1998. (Ariel Ciencia Poltica). Gonzlez denuncia el sometimiento de los polticos a las reglas inmediticas. En: El Pas. Viernes 7 de Abril de 2000. GONZLEZ DURO, Enrique. Biografa psicolgica de Felipe Gonzlez. Madrid: Temas de Hoy, 1996. (Grandes Temas, 56). GONZLEZ FAUS, Jos. Acceso a Jess. Salamanca: Sgueme, 1991

GONZLEZ MRQUEZ, Felipe; CEBRIN, Juan Luis. El futuro no es lo que era: una conversacin. Madrid : Aguilar, 2001. GRAD, Marcia. Carisma. Cmo lograr esa magia especial. Barcelona: Ediciones Obelisco, 1997.

GRAHAM, John; MULLIGAN, Lotte; RICHARDS, Judith. Intentions and Conventions: A Critique of Quentin Skinners Method for the Study of the History of Ideas. En: Political Studies. Marzo-1979, vol. 27, nm. 1, pp. 84-98. GRAMSCI, Antonio. GREENFELD, L. El Prncep Modern. Barcelona: Edicions 62, 1968. Reflections on Two Charisma. En: The British Journal of Sociology. 1985, vol. 36, nm. 1, pp. 117-132.

GREENSTEIN, Fred I. (ed.). Leadership in the Modern Presidency. Harvard University Press, 1988. GUERRA, Alfonso (ed.). XXVII Congreso del Partido Socialista Obrero Espaol. Barcelona: Editorial Avance, 1977.

La dcada del cambio 1982-1992. Madrid: Editorial Sistema, 1992. Diccionario de la Izquierda. Barcelona: Planeta, 1998. GUIBERNAU, Montserrat. Los nacionalismos. Barcelona: Ariel, 1996. Nacions sense Estat. Barcelona: Columna, 1998. (Columna Assaig). GUIBERNAU, Montserrat (ed.). Nacionalisme. Debats i dilemes per a un nou milleni. Barcelona: Proa, 2000. (Temes Contemporanis). GUILLAUME, Alfred. Profecy and Divination among the Hebrews and other Semites. London: Hodder Stoughton, 1938.

GUITTON, Micheline V; MARVICK, Elizabeth W. Family Experience and Political Leadership: An Examination of the Absent Father Hypothesis. En: International Political Science Review. 1989, vol. 10, nm. 1, pp. 63-71. GUIU, Jordi. Entre el pblic i el privat: un espai per linters com. En: Revista del CIFA. 1993, nm. 12. Al voltant del concepte rousseauni de societat civil. En: Revista Catalana de Sociologa. 1996, vol. 1, nm. 3. Lderes del siglo XX. Barcelona: Grijalbo, 1968. (Biografas Gandesa). Politics, Society and Democracy. The case of Spain. Boulder, S. Francisco, Oxford: Westview Press, 1993. The Politics of Democratic Consolidation. Southern Europe in Comparative Perspective. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press, 1995. El sistema de partidos polticos en Espaa. Gnesis y evolucin. Madrid: C.I.S. Siglo XXI, 1986.

GUTIRREZ SUREZ, Jos Lus; MIGUEL, Amando de. La ambicin del Csar. Madrid: Temas de Hoy, 1989 (Hombres de Hoy). HABERMAS, Jrgen. Identidades nacionales y postnacionales. Madrid: Tecnos, 1989. Tres modelos de democracia. Facultat de Valencia, 1991. Ciutadania, poltica i identitat nacional. Barcelona: Publicacions de la Universitat de Barcelona, 1993. (Actes Universitries, 10).

Ensayos polticos. Barcelona: Pennsula, 1997. Consciencia moral y accin comunicativa. Barcelona: Pennsula, 1998. (Historia, ciencia y sociedad). Teora de la accin comunicativa. Crtica de la razn funcionalista. 2 vol. Madrid: Taurus, 1999. HALDAR, Alfred. Associations of Cult Prophets among the Ancient Semites. Uppsala: Almqvist Wicksells, 1945. Ritual, Politics, and Power, by David I. KERTZER. New Haven: Yale University Press, 1988. En: Contemporary Sociology. 1989, vol. 18, nm. 3, pp. 377-378.

HALL, John Anthony; JARVIE, Ian Charles (ed.). The Social Philosophy of Ernest Gellner. Amsterdam: Rodopi, 1996. (Poznan studies in the Philosophy of the Sciences and the Humanities, 48) . HAMMERSMITH, Sue Kiefer. ZABLOCKI, Benjamin. Alienation and Charisma: A Study of Contemporary American Communes. En: Journal of Scientific-Study of Religion. Marzo-1985, vol. 24, nm. 1, p. 105. HARKER, Richard; MAHAR, Cheleen; WIKES, Chris. An Introduction to the Work of Pierre Bourdieu. New York: St. Martins Press, 1990. HARO SABATER, Rosala. El carisma de Paula Montal: fidelidad y dinamismo, coordenadas para una lectura actualizada. Roma, Zaragoza: Edelvives, 1995. HARRIS, Marvin. El desarrollo de la teora antropolgica. Una historia de las teoras de la cultura. Madrid: Siglo XXI, 197 . Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura. Madrid: Alianza Editorial, 1980 . (El Libro de Bolsillo, 755). La cultura norteamericana contempornea. Una visin antropolgica. Madrid: Alianza Editorial, 1985 . (El Libro de Bolsillo, 1019). HART, Roderick P. Easy Citizenship: Televisions Curious Legacy. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science, AAPSS. Julio-1996, 546, pp. 109-119.

HENGEL, Martin; RICHES, John (ed.). The Charismatic Leader and his followers. Edinburgh: T.T. Clark, 1981. HERMAN, Edward S et al. Manufacturing Consent. The Political Economy of The Mass Media. New York: Pantheon Books, 1988. Die Stellung der vorexilischen Schriftpropheten zum Kultus. Berln: Toepelmann, 1957. Liderazgo sin respuestas fciles: propuestas para un nuevo dilogo social en tiempos difciles. Barcelona: Paids, 1997. (Paids estado y sociedad). De l'homme et de Dieu dans la philosophie de Max Scheler. En: Veritas. 2000, vol. 45, nm. 1, pp. 51-66. Echos of Discontent. Jesse Jackson, Pat Robertson, and the resurgence of Populism. Washington: CQ Press, 1993.

HIERNAUX, Jean Pierre; REMY, Jean. Socio-political and Charismatic Symbols-Cultural Change and Transactions of Meaning. En: Social Compass. 1978, vol. 25, nm. 1, pp. 145-163. HOBBES, Thomas HOBSBAWM, Eric. Leviatan. Mexico: Fondo de Cultura Econmica, 1996. Rebeldes primitivos: estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX. Barcelona: Ariel, 1968. (Ariel, 6). Las Revoluciones burguesas. Madrid: Guadarrama, 1978. Historia del siglo XX. Barcelona: Crtica, 1997. La cuestin del liderazgo. En: Claves de razn prctica. Noviembre-1991, nm. 11. HASSOUNA, Moustafa El Said. Leadership Efficiency and Weberian Charisma: the Case of Gamal Abdel Nasser (1952-1970). Canterbury: University of Kent, 1990.

Jesse Jackson the Politics of Charisma: the Rise and Fall of the PUSH/Excel program. Boulder: Westview Press, 1988. Charisma and History: The Case of Mnster, Westphalia, 1534-1535. En: Essays in History. 1993, vol. 35. Authoritarianism, Fascism, and National Populism. By Gino Germani. New Brunswick, N. J.: Transactions Books, 1979. En: The Journal of Politics. 1980, vol. 42, pp. 602-603. Kin Networks and Political Leadership in a Stateless Society, the Toda of South India. En: Ethnology and Socialbiology. 1988, vol. 9, nm. 1, pp. 29-44. Borrell compara la ilusin que genera con la que cre Felipe Gonzlez en 1982. En: El Pas. Domingo 19 de Abril de 1998, p. 18. Un dirigente carismtico, despreocupado y popular. En: El Pas. 8 de junio de 2001. Peronismo y populismo. Barcelona: ICPS, (Working Papers, 35). 1991.

I loughi della memoria. Simboli e miti dell'Italia. RomaBari: Laterza, 1998. Morir de glamour. Madrid: Espasa, 2000. Civilizacin y barbarie. En la Europa del siglo XX. Barcelona: Planeta, 1997.

JACOB, B. ; OSTROWSKI, K. Democracy and Local Governance. Ten Empirical Studies. Mantsunaga Institute for Peace. Honolulu: University of Hawai, 1993. JAME, Wendy (ed.). JHINGRAN, Saral. The pursuit of certainty London : Routledge, 1995. Religious Mysticism of Rudolf Otto. En: IndianPhilosophical-Quarterly. 1977, 4, pp. 405-412.

JONES, Philip ; HUDSON, John. The Quality of Political Leadership: A Case Study of John Major. En: British Journal of Political Science. Abril- 1996, vol. 26, nm. 2, pp. 229-244. JULI, Santos. Los socialistas en la poltica espaola 1879-1982. Madrid: Taurus, 1997. (Pensamiento). Cultura Popular. Barcelona: (Cuadernos A de Antropologa, 6). Anthropos, 1992.

El lder como factor de decisin y explicacin de voto. ICPS, 1992. (Working Papers, 51). Reading Machiavelli. Innocent Gentillets Discourse on Method. En: Political Theory. Noviembre-1994, vol. 22, nm. 4, pp. 539-560. A Theory of American Political Party Development, 1960-1986. En: Journal of Political and Military Sociology. Winter-1989, vol. 17, pp. 263-289. The Media and Democracy. Cambridge: Polity Press, 1991. Virtuosity, Charisma, and Social Order: A Comparative Sociological Study of Monasticism in Theravada Buddhism and Medieval Catholicism. By Ilana Freidrich Silber. Cambridge: Cambridge University Press, 1995. En: Sociology of Religion. Summer-1996, vol. 57, nm. 2, pp. 214-215. The Media and Democracy. Cambridge: Polity Press, 1991. Naciones contra el Estado. El nacionalismo de Catalua, Quebec y Escocia. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel Ciencia Poltica). Grand Illusions. Makers of Moderns Strategy: from Michiavelli to the Nuclear Age. En: The New York Revue. 17 de Julio de 1986, pp. 38-41.

The Revenge of God: The Resurgence of Islam, Christianity and Judaism in the Modern World Cambridge: Polity, 1994. Ben-Gurion and the Intellectuals: Power, Knowledge, and Charisma. Dekalb: Northern Illinois Press, 1983. Hitler 1889-1936. Barcelona: Pensula Altaya, 1999. Introduccin a la Historia Universal. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1977. Introduccin a la Historia. Sevilla: Biblioteca de Cultura Andaluza, 1985. New Prophets and Old Ideals: Charisma and Tradition in Iranian Revolution. En: Social Compass. 1989, vol. 36, nm. 4, pp. 493-510. Charisma and Modernity: Two Responses to Weber. En: Potomac Review. 1983, 24-25, 1-19. No logo. El poder de las marcas. Barcelona: Editorial Paids, 1999, (Paids contextos). Poppers Plato. An Assessment. En: Philosophy of the Social Sciences. Diciembre-1996, vol. 26, nm. 4, pp. 509-527.

KORZENNY, Felipe; TING-TOOMEY, Stella. Mass Media Effects across Cultures. California: Sage, 1992. KRADER, Lawrence; ROSSI, Ino. Antropologa poltico. Barcelona: Anagrama, 1982. KRISHAN, Bhatia. Indira: A Biography of Primer Minister Gandhi. New York: Praeger, 1974. La estructura de las revoluciones. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1982 .

LABARRIRE, Jean Louis; LAZZERI, Christian et al. Teora poltica y comunicacin. Barcelona: Gedisa, 1992 . LACHMANN, Richard. Charisma, History and Social Structure, edited by

LZARO CARRETER, Fernando. El dardo en la palabra. Barcelona: Galaxia GutenbergCrculo de Lectores, 1999. LEACH, Edmund. Cultura y comunicacin. La lgica de la conexin de los smbolos. Madrid: Siglo XXI, 1989 . Psicologa de las masas. Madrid: Ediciones Morata, 1995 . Charisma, mass-media et religion populaire. Le voyage du Pape au Canada. En: Social Compass. 1887, vol. 34, nm. 1, pp. 11-31.

LENK, Kurt; NEUMANN, Franz (coord.). Teora y sociologa crticas de los partidos polticos. Barcelona: Anagrama, 1980. LEVY, Emanuel. Real Politics: American Political Movies from Birth of the Nation to Platoon, by Terry CHRISTENSEN. New York: Basil Blackwell, 1987.

En : Contemporary Sociology. 1989, vol. 18, nm. 3, pp. 378-379. LEVINE, Daniel H. Religious Change, Empowerment, and Power: reflections on Latin American Experience. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1995. (Working Papers, 112). Antropologa poltica. Barcelona: Ediciones Bellaterra, 1983. Symbols and Sentiments. Cross-Cultural Studies in Symbolism. London: Academic Press, 1977. Religion in Context: Cults and Charisma. Cambridge : Cambridge University Press, 1986. Was Pern a Fascist? An Inquiry into the Nature of Fascism. En: The Journal of Politics. 1980, vol. 42, pp. 242-256.

El Libro de Mormn. Otro Testamento de Jesucristo. Salt Lake City: Publicado por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los ltimos Das, 1992 . LICHTENBERG, Judith (ed.).Democracy and the Mass Media: a Collection of Essays. Cambridge: Cambridge University Press, 1990. LIJPHART, Arend. Las democracias contemporneas. Barcelona: Ariel, 1984. (Ariel Ciencia Poltica).

LIJPHART, Arendt; LINZ, Juan. Hacia una democracia moderna la opcin parlamentaria. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Catlica de Chile, 1990. LINDHOLM, Charles. Political Leadership Among the Swat Pathans. En: Archives Europennes de Sociologie. 1980, vol. 21, nm. 2, pp. 350-361. Lovers and Leaders: a comparison of social and psychological models of romance and charisma. En: Social Science Information. Marzo-1988, vol. 27, nm. 1, pp. 3-45. Carisma. Anlisis del fenmeno carismtico y su relacin con la conducta humana y los cambios sociales. Barcelona: Gedisa, 1992.

The Production of Synthetic Charisma. En: Journal of Political and Military Sociology. Fall-1987, vol. 15, nm. 2, pp. 157-170. Local Elites and social change in rural Andaluca. New York: Columbia University, 1967. Sistema de partidos en Espaa. Madrid: Narcea, 1974 . (Biblioteca del Estudiante, 43). Legitimacy of democracy and the socio-economic system in Western democracies. Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales. Instituto Juan March de estudios e investigaciones. Spain, a Consolidated Democracy. Unpublished manuscript. Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales. Instituto Juan March de estudios e investigaciones. Innovative Leadership in the Transition to Democracy and a New Democracy: The Case of Spain. Unpublished. New Haven: Yale University, 1987. Quiebra de las democracias. Madrid: Alianza Editorial, 1987. Espaa, un presente para el futuro. Madrid: Instituto de Estudios Econmicos, 1984. Hacia una democracia moderna: la opcin parlamentaria. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Catlica de Chile, 1990. Discurso de investidura de doctor honoris causa. Madrid: Ediciones de la Universidad Autnoma de Madrid, 1992. Political Identities and Electoral Sequences: Spain, The Soviet Union, and Yugoslavia. En: Daedalus. Spring1992, vol. 121, nm. 2. pp. 123-139. Democracy, multinationalism and federalism. Madrid: Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales. Junio-1997. (Estudios/Working Papers).

LIPSET MARTIN, Seymour. El hombre poltico. Las bases sociales de la poltica. Madrid: Tecnos , 1987. LIU J.; MENDELSOHN, H,; O'KEEFE., G. Voter Decision Making 1972 and 1974. En: Public Opinion Quarterly. Fall-1976, vol. 40, nm. 3, pp. 320330. LLOBERA, Josep R. (Ed.) Antropologa poltica. Barcelona: Editorial Anagrama, 1985 . El Dios de la modernidad: el desarrollo del nacionalismo en Europa occidental. Barcelona: Anagrama, 1996.

Recent Theories of Nationalism. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1999. (Working Papers, 164). LPEZ DE LA VIEJA, M Teresa (ed.). Poltica y sociedad en Jos Ortega y Gasset. En torno a Vieja y nueva poltica. Barcelona: Anthropos, 1997. (Pensamiento Crtico-Pensamiento Utpico, 95). LPEZ, Donald. Approaching the Numinious: Rudolf Otto and Tibetan Tantra. En: Philosophy East and West. 1979, 29, pp. 467-476.

Liderazgo carismtico: utilizando niveles de anlisis para la comprensin de la relacin carismtica. Jan: Universidad de Jan, 1998. (Tesis doctoral). La Transici a Catalunya. Barcelona: Empries, 1985. (Biblioteca Universal). Gender and Party Politics. London: Sage, 1993. Authoritarianism, Fascism, and National Populism. By Gino Germani. New Brunswick, N. J.: Transactions Books, 1979. En: Contemporary Sociology. Enero-1981, vol. 10, nm. 1, pp. 132-133. Persuasion of the Witchs Craft. Cambridge: Harvard University Press, 1989. Antropologa poltica. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel Antropologa). Charismatic Leadership to Anti-Hero: the Life and Legacy of Irakau as Cultural Allegory. En: Ethnology. 1990, vol. 29, nm. 3, pp. 243-259. Charisma. By Charles Lindholm. Cambridge: Blackwell, 1990. En: American Anthropologist. Diciembre-1991, vol. 93, nm. 4, pp. 968-969.

MACFARLAND, Lynne Joy et al. Liderazgo para el siglo XXI: dilogos con 100 lderes destacados. Santaf de Bogot: McGrow-Hill, 1996. MACKENZIE, John M. The Manipulation of British Public Opinion 1880-1960. Manchester: Manchester University Press, 1985.

MADSEN, Douglas SNOW, Peter G. The Charismatic Bond. Political Behavior in Time of Crisis. Harvard University Press, 1991. MAINWARING, Scott: SHUGART, Matthew Soberg. (ed.). Presidentialism and Democracy in Latin America. Cambridge: Cambridge University Press, 1997. MALINOWSKI, Bronislaw. Sobre el principi de leconomia del pensament. Barcelona: Icaria Editorial, 1995 . (Breus Clssics dAntropologia). Los argonautas del pacfico occidental. Comercio y aventura entre los indgenas de la Nueva Guinea melansica. Barcelona: Pennsula, 2000 . MAMMARELLA, Giuseppe. Historia de Europa contempornea, 1945-1990. Barcelona: Ariel, 1996. (Ariel Historia). Come vencere le elezione: le campagne elettorali. Bologna: Il Mulino, 1988. La campagna electtorale 1992 in televisione. Roma: Rai, 1991. MANCINI, Paolo; SWANSON, David L.(ed.). Politics, Media, and Modern Democracy. An International Study of Innovations in Electoral Campaigning and Their Consequences. Westport-London: Praeger, 1996. MAQUIAVELO, Nicols Discursos sobre la primera dcada de Tito Livio. Madrid: Alianza Editorial, 1996 . Del arte de la guerra. Tecnos: Madrid, 1988 . El Prncipe. Madrid: Alianza Editorial, 1985 . La Mandrgora. Barcelona: Edicions 62, 1985 . (Les millors obres de la Literatura Universal). MANCINI, Paolo.

La poltica de la Transicin. Madrid: Taurus, 1984. Los resultados de la democracia: un estudio del sur y el este de Europa. Madrid: Alianza Editorial, 1995. Dictadura y disentimiento poltico. Madrid: Alfaguara, 1978. Socialist Parties in Europe. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1991.

MRQUEZ REVIRIEGO, Vctor. Felipe Gonzlez. Un Estilo tico. Barcelona: Argos Vergara, 1982. MARSILLACH, Adolfo. Aznar, Borrell y el pblico. En: El Pas. Viernes 22 de Mayo de 1998, p. 16. MART GMEZ, Jos. Joan Ravents: aproximacin a un hombre y a su poca. Barcelona: Planeta, 1980. (Documento, 14).

NARTNEZ DAZ, Nelson. El Peronismo. Madrid: Historia 16. (Cuadernos Historia 16, 293). MASANI, Zareer. MATEOS LPEZ, Abdn. Indira Gandhi. New York: Crowell, 1976. El PSOE contra Franco. Madrid: Pablo Iglesias, 1993.

MATTELART, Armand; MATTELART, Michle. Rethinking Media. University of Minnesota Press, 1992. MAUSS, Marcel. Sociologa y Antropologa. Madrid: Editorial Tecnos, 1979 , pp. 148-152.(Coleccin de Ciencias Sociales. Serie de Sociologa). Some Observations on the Psychology of Political Leadership. En: Political Psychology. Diciembre-1994, vol. 15, nm. 4, pp. 745-753. Comunicazione e potere. Mass media e politica en Italia. Napoli: Liguori Editore, 1992. Treatening Times and the Election of Charismatic U.S. Presidents: With and Without FDR. En: Journal of Psychology. Julio-1997, vol. 131, nm. 4, pp. 393-400.

Addressing the Political Exception: Machiavellis Accidents and the Mixed Regime. En: American Political Science Review. Diciembre- 1993, vol. 87, nm. 4. Cultural Populism. London: Routledge , 1992. Weber and Freud: On the Nature and Sources of Authority. En: American Sociological Review. Octubre1970, vol. 35, nm. 5, pp. 901-911.

McLUHAN, M.; POWERS, B.R. La aldea global. Barcelona: Gedisa, 1993. ( El Mamfero parlante). McQUAIL, Denis. Sociologa de los medios masivos de comunicacin. Buenos Aires: Paids, 1969. The playing self. Person and meaning in the planetary society. Cambridge: Cambridge University Press, 1996.

1996, vol. 31, nm. 2, pp. 216-226. MIYAHARA, Kojiro. Charisma: From Weber to Contemporary Sociology. En: Sociological Inquiry. Fall-1983, vol. 53, nm. 4, pp. 368-388. Abstenir-se s una altra manera de participar. Barcelona: ICPS, 1994. (Working Papers, 100). El estudio del carisma y del liderazgo carismtico en las Ciencias Sociales: una aproximacin desde la Psicologa Social. En: Revista de Psicologa Social. 1995, vol. 10, nm. 1, pp. 43-60. Media Exposure and Political Discussion in U.S. Elections. En: The Journal of Politics. Febrero-1995, vol. 57, nm. 1, pp. 62-85. Review of

Citizen as Erastes. Erotic Imagery and the Idea of Reciprocity in the Periclean Funeral Oration. En: Political Theory. Mayo-1994, vol. 22, nm. 2, pp. 253276. Poltica social, una introduccin. Barcelona: Ariel, 2001.

MONTERO, Jos Ramn; TORCAL, Mariano. Party Change and Cleavage Formation: The Effects of Value Change on the Spanish Party System. Barcelona: ICPS, 1997. (Working Papers, 132). MORGAN, Kenneth O. (ed.). The Oxford Illustrated History of Britain. Oxford: Oxford University Press, 1997 . MORAGAS, Miquel de. Sociologa de la comunicacin de masas. Barcelona: Gustavo Gili, 1979. Teoras de la comunicacin Investigacin sobre medios de Amrica y Europa. Barcelona: Gustavo Gili, 1990 .

Which democracies in southern? Barcelona: ICPS, 1995. (Working Papers, 113). Crisis of Parties and Change of Party System in Italy. En: Party Politics. 1996, vol. 3, nm. 1. The Dissatisfied Society: The Roots of Political Change in Italy. Department of Political Science, University of Florence, Italy, 1996. El Fascismo en la crisis de la II Repblica. Javier Jimnez Campo. Madrid: Centro de Investigaciones Sociolgicas, 1979. En: REIS, 1979, 7, pp. 115-140.

MOSCOSO, Carlos Manuel. EL populismo como ideologa en Amrica Latina. Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1989. MOWINCKEL, Sigmund. Psalmenstudien. Kristiana, 1923.

MOWLANA, Hamid; GERBNER George et al. The Triumph of the Image: The Media's War in the Persian Gulf: a Global Perspective. Boulder: Westview Press, 1992. MULLAN, Michael L. Sport as Institutionalized Charisma. En: Journal of Sport and Social Issues. Agosto-1995, vol. 19, nm. 3, pp. 285-306.

Contextualizing Personal Experience: The Role of Mass Media. En: The Journal of Politics. Agosto-1994, vol. 56, nm. 3, pp. 689-714. MUTZ, Diana C; SMIDERMAN, Paul M, BRODY, Richard (ed.). Political Persuasion and Attitude Change. Michigan: The University of Michigan Press, 1996. NASH, Mary. La dona moderna del s. XX: la nova dona a Catalunya. En: LAven. Febrer-1988, nm. 112 El pensamiento realista de Ibn Jaldn. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1980 . Compassion: The Basic Social Emotion. En: Social Psychology and Policy. Winter-1996, vol. 13, nm. 1, pp. 27-58.

Nosotros, La Transicin. Madrid: Temas de Hoy, 1995. Millenium and Charisma among Pathans. A Critical Essay in Social Anthropology, by Akbar S. Ahmed. London: Routledge Kegan Paul, 1980. En: Journal of Peasant Studies. Abril-1977, vol. 4, nm. 3, pp. 289-291. Politics and the Mass Media in Britain. London: Routledge, 1989. The Communication of Politics. London: Sage, 1996. Language, Charisma, and Creativity: the Ritual Life of a Religious Movement. By Thomas J. Csordas. Berkeley: University of California Press, 1997. En: American Journal of Sociology. Mayo-1998, vol. 3, nm. 5, pp. 1479-80. Presidential Power: The Politics of Leadership from Roosevelt to Reagan. New York: John Wiley and Sons, 1990 . How Original is Machiavelli? A Consideration of Skinners Interpretation of Virtue and Fortune. En: Political Theory. Noviembre-1987, vol. 15, nm. 4, pp. 612-634. Institutions of Modern Spain. University Press, 1997. Cambridge: Cambridge

Ciceros Focus. From the Best Regim to the Model Statesman. En: Political Theory. Mayo-1991, vol. 19, nm. 2, pp. 230-251. Pericles and the Plague: Civil Religion, Anomie, and Injustice in Thucydides. En: Sociology of Religion. 1996, vol. 57, nm. 4, pp. 397-407. La organizacin del desgobierno. Barcelona: Editorial Ariel, 1993 . (Ariel, 25). As habl Zarathustra. Barcelona: Ediciones Orbis, 1982 . La genealoga de la moral. Barcelona: Editorial Laia, 1981 . Crepsculo de los dolos. Madrid: Alianza Editorial, 1975 . (Biblioteca Nietzsche).

El Anticristo. Madrid: Edimat Libros, 1999. (Clsicos Seleccin). Ecce Homo. Barcelona: Alianza Editorial, 1979. The Will to power. New York: Vintage Books Edition, 1968. NIEUWAAL Van, E. et al. States and Chiefs: Are Chiefs Mere Puppets?. En: Journal of Leagal Pluralism and Unofficial Law. 1996, 37-38, 39-78. NIMMO, Dan. Political Image Makers and the Mass Media. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science , AAPSS. Septiembre-1976, 427, pp. 33-44. Cambio social e historia. Barcelona: Hispano 1968. Europea,

The Publics View of the Impact of the Mass Media: A test of the Third Person effect. En: European Journal of Social Psychology. 1988, vol. 18, pp. 457-463. The Charisma Phenomenon and Max Webers Sociology of Politics. En: Sociologia. 1997, vol. 29, nm. 2, pp. 179-190. Compassion: The Basic Social Emotion. En: Social Philosophy and Policy. Winter-1996, vol. 13, nm. 1, pp. 27-58.

OAKES, Guy; VIDICH, Arthur J. Gerth, Mills, and Shils: The Origins of From Max Weber. En: International Journal of Politics, Culture and Society. 1999, vol. 12, nm. 3, pp. 399-433. OAKES, Len. Prophetic Charisma: The Psychology of Revolutionary Religious Personalities. Siracuse University Press, 1997.

OBRIEN, Donal B. COULON, Christian. Charisma and Botherhood in African Islam. Clarendon, 1988. OCHOA GONZLEZ, scar. Liderazgo poltico y lites de poder: modelo de anlisis de la integracin lder-lites y aplicacin de casos. Barcelona: Universitat Autnoma de Barcelona, 1995. (Tesis doctoral).

Mass and Elite in Democratic Athens. Rhetoric, Ideology, and the Power of the People. New Jersey: Princeton University Press, 1989. El suc dels dies. Barcelona: Columna-PSC, 1996 Nou Segle, Nou Cicle. Barcelona: Empries, 1997. (Biblioteca Universal). Un ao inolvidable. Madrid: Pas Aguilar, 1998. The Impact of Leadership Instability on Democratic Process in Nigeria. En: Journal of Asian and African Studies. Junio-1996, 36, 1-2, pp. 66-81. Georges Sorel and the Rise of Political Myth. En: History of European Ideas. 1991, vol. 13, nm. 6, pp. 733-746.

OKAKES, Guy; VIDICH, Arthur J. Gerth, Mills, and Shils : The Origins of From Max Weber. En: International Journal of Politics, Culture and Society. 1999, vol. 12, nm. 3. ONEILL, Michael. The Roar of the Crowd. How Television and people are changing the World. New York: Times Book, 1993.

El secuestro del cambio. Felipe ao II. Madrid: Plaza Janes, 1984. ORTEGA Y GASSET, Jos. La rebelin de las masas. Barcelona: Altaya, 1993. OSTRIKER, Alicia Suskin. Feminist Revision and the Bible. Oxford: Blackwell, 1993. OTTO, Rudolf. Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Madrid: Alianza Editorial, 1998

OUEDRAOGO, Jean Martin. La reception de la Sociologie du Charisma de Max Weber. En: Archives de Science Social des Religions. Julio-Septiembre 1993, 83, pp. 141-157. Charisma according to Max Weber: The Sociological Question; Le Charisme selon Max Weber: la Question Sociologique. En: Archives Europennes de Sociologie. Noviembre-1997, vol. 38, nm. 2, pp. 324-343.

Los Pactos de la Moncloa.Texto completo del acuerdo econmico y del acuerdo poltico. Madrid, 8-27 Octubre 1977. Madrid: Servicio Central de Publicaciones, 1977. (Coleccin Informe, 17). PADULA, Valentina Leonarda. Party Campaigning in Italy: Changes in Political Communication Strategies between the First and Second Republic (1983-1994). Michigan: U.M.I. Dissertation Services. A Bell Howell Company, 1997. (Microfilm, 9736612).

PAGE, Edward C.; WOUTERS, Linda. Bureaucratic Politics and Political Leadership in Brussels Public. En: Public Administration. Autumn1994, vol. 72, nm. 3, pp. 445-459. PAGS, Pelai. Introduccin a la Historia. Barcelona: Barcanova, 1983. (Temas Universitarios). Charismatic Leadership and the Role of Image in Modern Politics. Charismatic effects and the Problem of Political Presence: The case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989

PALETZ, David L.; VINEGAR, Richard J. Presidents on Television: The Effects of Instant Analysis. En: Public Opinion Quarterly. Winter-197778, vol. 41, nm. 4, pp. 488-497 . PALETZ, David L.; LIPINSKI, Daniel. Political Culture and Political Communication. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1994. (Working Papers, 92). PAREL, A.J. Machiavellis Notions of Justice. Text and Analysis. En: Political Theory. Noviembre-1990, vol. 18, nm. 4, pp. 528-544. Multiculturalism and the problem of Particularism. En: American Political Science Review. Marzo-1994, vol. 88, nm. 1, pp. 169-180.

Bernard Bosanquet, Historical Knowledge, and History of Ideas. En: Philosophy of the Social Sciences. 1988, 18, pp. 212-230. Qu es una sociedad justa? Introduccin a la prctica de la filosofa poltica. Barcelona: Ariel, 1993 . (Ariel Ciencia Poltica).

PARSONS, Talcott; SHILS, Edward (ed.). Toward A General Theory Of Action. Cambridge: Harvard University Press, 1951. PASQUINO, Gianfranco. Political Leadership in Southern Europe: Research Problems. En: West European Politics. Octubre-1990, vol. 13, nm. 4, pp. 118-130.

PASSERIN DENTRVES, Maurizio. Multiculturalism and Deliberative Democracy. Barcelona: ICPS (Institut de Cincies Poltiques i Socials), 1999. (Working Papers, 163). PASSERON, Jean-Claude. Biographies, flux, itinraires, trajectoires. En: Revue franaise de sociologie. 1989, XXXI. The Mass Media Election. American Political Parties and Elections. New York: Praeger Publishers, 1980. Charismatic Leadership and the role of image in modern politics. Charismatic effects and the Problem of Political Presence: The case of Finland in the 1980s. Jyvskyl: University of Jyvskyl, 1989. Espaa puesta a prueba 1976-1996. Madrid: Alianza Editorial, 1996. (Alianza Actualidad). Mass Media and Political Thought. London: Sage, 1985. Le symptme Le Pen. Radiographie des lecteurs du Front National. Francia: Fayard, 1997. Charisma and the Sacred. A Reevaluation. En: Pacific Sociological Review. 1971, vol. 14, nm. 2, pp. 147-163.

157). PITKIN, Hanna. Fortune Is a Woman: Gender and Politics in the Thought of Niccol Machiavelli. Berkeley: University of California Press, 1984. Le radici della politica assoluta, e altri assagi. Milano: Feltrinelli, 1993. La Repblica. Madrid: Alianza Editorial, 1999, p. 277. (Clsicos de Grecia y Roma, Biblioteca Temtica, 8217). El Poltico. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Editorial Gredos, 1998, p. 594. (Biblioteca Clsica Gredos, 117). Carta VII. Madrid: Espasa, 1999. (Coleccin Austral, 164). Gorgias. En: PLATN. Dilogos. Madrid: Espasa Calpe, 1981. (Selecciones Austral, 19). CSORDAS, Thomas. Language, Charisma and Creativity: The Ritual Life of Religious Movement. Berkeley, London: University of California Press, 1997. En: Journal of the Royal Anthropological Institute. Junio-1998, vol. 4, nm. 2, pp. 389-390. La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Ediciones Paids Ibrica S.A., 1998. Carisma e tirannide. En: Critica Sociologica. JulioSeptiembre 1983 , 67, pp. 64-68. As se hizo la Transicin. Barcelona: Plaza Jans, 1995. Diccionario de la Transicin . Barcelona: Plaza Jans, 1999. Franco. Caudillo de Espaa. Barcelona: Grijalbo, 1994.

PUIG GONZLEZ, Joaquim. Los lderes-stars: una visin del lder poltico como creacin espectacular. Barcelona: Universitat Autnoma de Barcelona, 1989. (Tesis doctoral). PUIG ROVIRA, Francesc-Xavier. L'Entesa per Cubelles. Una experincia de democrcia local. S. Sadurn d'Anoia: Institut d'Estudis Penedesencs, 1998.

Etnicidad. Identidad cultural de los pueblos. Madrid: Eudema, 1993. (Eudema Antropologa). Selecting Party Leader. Britain in Comparative Perspective. New York: Harvester Wheatsheaf, 1992. Civic Traditions after Unification. Civic Traditions in Modern Italy. Princeton: Pricenton University Press. Manual de recerca en Cincies Socials. Barcelona: Herder, 1995. The Political Consequences of Electoral Law. London: Yale University Press, 1967. Leyes electorales y sistemas de partidos polticos. Madrid: CITEP, 1977. Identity, Self-reflection and the Problem of Validating Standards. En: History of the Human Sciences. 1994, vol. 7, nm. 2, pp. 65-81. La Rosa y el capullo: cara y cruz del felipismo. Barcelona: Planeta, 1989. Teora de la Justicia. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1995 . Platonic politics and the Good. En: Political Theory. Agosto-1995, vol. 23, nm. 3, pp. 411-424. Tony Blair. London: Warner Books, 1997 . LINDHOM, Charles. Charisma. Oxford, Cambridge: Blackell, 1993. En: Journal of the Royal Anthropological Institute. Septiembre-1995, vol. 1, nm. 3.

RIECHMANN, Jorge; FERNNDEZ BUEY, Francisco. Redes que dan libertad. Introduccin a los nuevos movimientos sociales. Barcelona: Ediciones Paids, 1995. (Paids estado y sociedad). RIEFF, Philip. The Feeling Intellect. Selected Writings. Chicago, London: University of Chicago Press, 1990. Teora Sociolgica. 2 vol. Madrid: McGraw-Hill, 1996.

Cults, Converts and Charisma: The Sociology of New Religious Movements. London: Sage, 1988. Interpretations of Resurgent Religion. En: Theory, Culture Society. 1996, vol. 13, nm. 1, pp. 129-138. The Role of Charisma in the Development of Social Movements: Ellen G. White and the Emergence of Seventh-Day Adventism. En: Archives de Sciences Sociales des Religions. Enero-Marzo 1980, 25, 49-1, pp. 83-100. Interpersonal Influence in Election Campaigns: Two Step-flow Hypotheses. En: Public Opinion Quarterly. Fall-1976, vol. 40, nm. 3, pp. 304-319.

RODRGUEZ IBEZ, Jos E. La perspectiva sociolgica. Historia, teora y mtodo. Madrid: Taurus, 1998. ROELOFS, Mark H. The Prophetic President: Charisma in the American Political Tradition. En: Polity. Fall-1992, vol. 25, nm. 1, pp. 1-20. Els catalans als camps nazis. Barcelona: Edicions 62, 2001 .( No Ficci). Athena's Cloak. Platos Critique of the Democratic City in the Republic. En: Political Theory. Agosto-1994, vol. 22, nm. 3, pp. 363-390. Machiavelli MuddlingThrough: The Mitterrand Years and French Social Democracy. En: French Politics and Society. Spring-1995, vol. 13, nm. 2, pp. 51-66.

ROSSILLI, Mariagrazia (coord.). Polticas de gnero en la Unin Europea. Madrid: Narcea, 2001 ROTH, Guenther. I Virtuosi e la Contro-cultura. Sullutilit tipologica del concetto di carisma. En: Rassegna Italiana di Sociologia. 1973, nm. 3, pp. 431-452. Socio-historical Model and Developmental Theory. Charismatic Community, Charisma of Reason and the Counterculture. En : American Sociological Review. Abril-1975, vol. 40, nm. 2, pp. 148-157. El amor y occidente. Barcelona: Kairs, 1997 .

ROVIRA I VIRGILI, Antoni. Els sistemes electorals. Barcelona: Undarius, 1977 ROZELL, Mark. The Ford Press and The Ford Presidency. Michigan: The University of Michigan Press, 1995. . RUDERMAN, Richard S. Democracy and the Problem of Statesmanship. En: The Review of Politics. Fall-1997, vol. 59, nm. 4, pp. 759787.

RUDOLPH, Susanne Hoeber ; RUDOLPH, Lloyd I. Gandhi: The Traditional Roots of Charisma. Chicago: University of Chicago Press, 1983 . RUSTOW, D. A. Filsofos y estadistas: Estudios sobre el liderismo. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1976.

SOTIROPOULOS, Dimitri. Populism and Bureaucracy. The Case of Greece under PASOK, 1981-1989. Notre Dame, Indiana: University of Notre Dame Press, 1996. SABINE, George Holland. Historia de la teora poltica. Mxico-Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1996. Indira Gandhi. Her Road to Power. New Frederick Ungar, 1982. York:

SAMPEDRO BLANCO, Vctor. Agendas de poder. Modelos de control poltico e informativo de los problemas sociales. En: Revista Internacional de Sociologa). Tercera poca. Septiembre-Diciembre 1996, nm. 15, pp. 7-36. SANCHEZ, ngel. Quien es quin en la democracia. Barcelona: Flor del viento Ediciones, 1995. (Del Viento Terral).

SNCHEZ NORIEGA, Jos Lus. Crtica de la seduccin meditica. Madrid: Tecnos, 1997. SANTAMARA, Julin. Transicin a la democracia en el sur de Europa y Amrica Latina. Madrid : Centro de Investigaciones Sociolgicas, 1982.

Teaching undergraduates about charismatic leadership: one pedagogical approach. En: Journal of Management Education. 1995, vol. 19, nm. 1, pp. 109-113. De Franco a Felipe (Espaa 1975-1985). Madrid: Plaza Janes, 1984. Partidos y sistemas de partidos. Madrid: Alianza Editorial, 1980. (Alianza Universidad, 267). Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus, 1997.

SARTORI, Giovanni; MORLINO, Leonardo. La comparacin en las ciencias. Madrid: Alianza Editorial, 1991. (Alianza Universidad). SATRSTEGUI, Miguel. PSOE: A new catch-all party. En: COLOM, Gabriel (coord.). Socialist parties in Europe II: of class, populars, catch-all?. Barcelona: Institut de Cincies Poltiques i Socials, 1992. Liderazgo, estilos y tcnicas: cuales son y cmo aplicarlos para alcanzar el xito. Mxico: McGrow-Hill, 1982. Au Maroc: sharifisme citadin, charisme et historiographie. En: Annales. Marzo-Abril 1986, vol. 41, nm. 2, pp. 433-457. Moral Authority and Reformation Religion: On Charisma and the Origins of Modernity. En: International Journal of Politics, Cultural and Society. Winter 1990, vol. 4, nm. 2, pp. 159-179. Charisma and the Transformation of Grace in the Early Modern Era. En: Social Research. Fall-1991, vol. 58, nm. 3, pp. 591-620.

El Santo, el Genio, el Hroe. Buenos Aires: Editorial Nova, 1961. Six essais de philosophie et de religion. Friburg: Editions Universitaires Friburg Suisse, 1996. Rudolf Otto and Mystical Experience. En: Religious Studies. 1991, pp. 389-398.

SCHMITTER, Philiipe, KARL, Terry. Modes of Transition in Latin America, Southern, and Eastern Europe. En: International Social Science Journal. Mayo-1991, 128. SCHROETER, Gerd. Bureaucracy and Charisma: The Political Sociology of Max Weber. En: Canadian Journal of Sociology. Winter-1996, vol. 21, nm. 1, pp. 95-97. Charisma and Social Reality in Primitive Christianity. En: The Journal of Religion. 1974, vol. 54, pp. 51-70. The Age of Charisma. Chicago: Nelson-Hall, 1984. Democracy and Charisma. En: Sociologia Internationalis. 1990, vol. 28, nm. 1, pp. 27-41. Religin y cultura. Barcelona: Editorial Anagrama, 1982.

Max Weber: agir, savoir et savoir porquoi. En: Archives de Science Social des Religions. Octubre-Diciembre 1996, 17-39. Conflicts et fabrique de connaissance. En: Archives de Science Social des Religions. Octubre-Diciembre 1992, vol. 80, nm. 211. Max Weber: A Classic Analysed. En: Contemporary Sociology. 1985, vol. 14, nm. 6, pp. 673-677. Charisma and the Transformation of Grace in the Early Modern Era. En: Social Research. Fall-1991, vol. 58, nm. 3, pp. 591-620. La corrosin del carcter. Barcelona: Anagrama, 1998. (Coleccin Argumentos, 239). De un funeral a otro. En: La Vanguardia. 24 de Julio de 1999. Social Distance and Charisma: Theoretical Notes and Exploratory Study. En: Leadership Quarterly. Spring1995, vol. 6, nm. 1, pp. 19-47. The Politics of Representation. Writing Practices in Biography, Photography, and Policy Analysis. Madison, Wisconsin: The University of Wisconsin Press, 1988. Weber and Freud: Comparison and Synthesis. Michigan: U.M.I. Dissertation Services. A Bell Howell Company, 1996. (Microfilm, 9608622). Hasidism and the Routinization of Charisma. En: Journal for the Scientific Study of Religion. Diciembre1980, vol. 19, nm. 4, pp. 325-336.

SHELLEY, Marck C.; HWANG, Hwarng-Du. The Mass Media and Public Opinion Polls in the 1988 Presidential Election. Trends, Accuracy, Consistency, and Events. En: American Politics Quarterly. Enero-1991, vol. 19, nm. 1, pp. 59-79. SHILS, Edward. Tradition And Liberty: Antinomy And Interdependence. En: Ethics. 1958, nm. 68, pp. 153-165. The Theory of Mass Society. En: Diogenes. 1962, nm. 39, pp. 45-66.

Charisma, Order, and Status. En: American Sociological Review. 1965, nm. 2. Center and Periphery. Essays in Macrosociology. Chicago: University of Chicago Press, 1975. SILBER, Ilana Friedrich. Virtuosity, Charisma, and Social Order: A Comparative Sociological Study of Monasticism in Theravada Buddhism and Medieval Catholicism. Cambridge : Cambridge University Press, 1995. Sociologa. Estudios sobre las formas de socializacin. Madrid: Alianza Editorial, 1986. El individuo y la libertad. Ensayos de crtica de la cultura. Barcelona: Pennsula, 1986. Sociology and the Emerging Challenge of Change. En: Sociological Bulletin. Marzo-1996, vol. 45, nm. 1, pp. 113. The Limits of Urban Regime Theory: New York City under Koch, Dinkins and Giuliani. En: Urban Affairs Review. Marzo-1997, vol. 32, nm. 4, pp. 536-557. Virtuosity, Charisma, and Social Order: A Comparative Sociological Study of Monasticism in Theravada Buddhism and Medieval Catholicism. By Ilana Freidrich Silber. Cambridge: Cambridge University Press, 1995. En: American Journal of Sociology. Mayo-1996, vol. 101, nm. 6, pp. 1776-1778 . Faith, Reason, and Charisma: Rudolf Sohm, Max Weber, and the Theology of Grace. En: Sociological Inquiry. Winter-1998, vol. 68, nm. 1, pp. 32-60. The Routinization of Charisma? Some Comments on Motif Messianique et Proecessus Social dans le Bahaisme. En: Babi and Bahai Studies. 1998, vol. 2, nm. 6. Nation State Dominance and Local Cultures in the Age of Globalism. International Sociological Association. Paper, 1998. Cronstruyamos juntos la U.E. para el siglo XXI. En: El Pas. Sbado 9 de Mayo de 1998

de la transici. Barcelona: Columna, 1986. SOTO, lvaro; TUSELL, Javier. Historia de la Transicin (1975-1986). Madrid: Alianza Editorial, 1996. (Alianza Universidad, 862). SPENCER, Martin E. What is Charisma?. En: British Journal of Sociology. Septiembre-1973, vol. 24, nm. 3, pp. 341-357. Charisma: a Blighted Concept and an Alternative Formula. En: Political Science Quarterly, 1991, vol. 106, nm. 2, pp. 295-311. Introduccin a la psicologa social. Buenos Aires: Paids, 1968. Language, Narration and the Self. En: History of the Human Sciences. 1994, vol. 7, nm. 2, pp. 141-149. Ruling: Guardians and Philosopher-Kings. En: American Political Review. Diciembre-1989, vol. 83, nm. 4. Leaders and Leadership. Oxford: London School of Economics, 1993 Religiosity in the Fundamental Political Changes of Eastern Europe. International Sociological Association. Paper, 1998. Political Leadership and Nihilism: A Study of Weber and Nietzsche. By Robert EDEN. Tampa: University Press of Florida, 1984. En: Sociological Forum. Diciembre-1990, vol. 5, nm. 4, pp. 669-676. Anlisis de polticas pblicas y eficacia de la administracin. Madrid: Instituto Nacional de Administracin Pblica, 1989. Un problema de Estilo. La formacin de polticas pblicas en Espaa. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1992. (Cuadernos y debates). De lderes y seguidores. En: El Pas. Lunes 13 de Julio de 1998. Existe sociedad civil en Espaa?: responsabilidades y valores pblicos. Madrid: Fundacin Encuentro, 1999.

The Disenchantment of Charisma: A Weberian Assessment of Revolution in Rationalized World. En: Sociological Analysis. Summer-1981, vol. 42, nm. 2, pp. 119-136. Thruth and Goodness, Mirrors and Masks. Part I: a Sociology of Beauty and the Face. En: The British Journal of Sociology. 1989, vol. 40, nm. 4, pp. 607-636. Birds as Nature and Bird Conservation as Culture. Paper presented at the conference New Natures, New Cultures, New Technologies. 5-7 Julio 2001. Cambridge: Fitzwilliam College. La Espaa alternativa. Madrid: Espasa-Calpe, 1993. Diez palabras clave sobre Jess de Nazaret. Estella: Divino, 1999

Mass Media Use, Issue Knowledge and Political Involvement. En: Public Opinion Quarterly. Summer1980, vol. 44, nm. 2, pp. 241-248. Lopinion et la foule. Paris: Alcan, 1901. Sources of the Self. The Making of the Modern Identity. Cambridge: Cambridge University Press, 1991. War and the Media. Propaganda and Persuasion in the Gulf War. Manchester: Manchester University Press, 1992. Le viol des foules par la propagande. Paris: Gallimard, 1992.

TEZANOS, Jos Felix (coord.) La Transicin democrtica espaola. Madrid: Editorial Sistema, 1993. (Coleccin Politeia). Dcada del cambio. Diez aos de Gobierno socialista. 1982-1992. Madrid: Sistema, 1992. Sociologa del socialismo espaol. Madrid: Tecnos, 1983. TIRYAKIAN, Edward A. Collective Effervescence, Social Change and Charisma: Durkheim, Weber and 1989. En: International Sociology. Setiembre-1995, vol. 10, nm. 3, pp. 269-281.

Los motivos de conversion, estudios de caso en La Luz del Mundo, Guadalajara, Mxico. En: Iztapalapa, EneroJunio, 16, 39, pp. 109-126. Teora e Investigacin en la psicologa social actual. Madrid: IOP, 1974. Els Mass Media: Nou Frum Poltic o Destrucci de l'Opini Pblica? . Barcelona: Generalitat de Catalunya, Centre d'Investigaci de la Comunicaci, 1996. El regreso del populismo. En: El Pas. 28 de Mayo de 1998. Per leggere Max Weber: nella prospettive della sociologia tedesca contemporanea. Padoue: CEDAM, 1993. (Biblioteca di Sociologia, 9).

TREJO DELARBRE, Ral. Videopoltica vs. Mediocracia? Los medios y la cultura democrtica. En: Revista Mexicana de Sociologa. 1994, 3, pp. 23-58. TUCKER, Robert. The Theory of Charismatic Leadership. En: Daedalus: An Academy of Arts and Sciences, 1968, vol. 97, pp. 731-755. A Weber-Marx Dialogue. En: American Jorunal of Sociology. Mayo-1986, vol. 91, nm. 6, pp. 1505-1506. Political Leadership and Nihilism: A Study of Weber and Nietzsche By Robert EDEN. Tampa: University Press of Florida, 1984. En: Sociological Review. Mayo-1985, vol. 33, nm. 2, pp. 368-370. Carisma e obbedienza. Un approccio cognitivista. En: Quaderni di Sociologia. 1993, vol. 37, nm. 6, pp. 63-88. The Significance of Shils. En: Sociological Theory. 1999, vol. 17, nm. 2, pp. 125-145.

TURNER, Stephen; FACTOR Regis. Max Weber and the Dispute over Reason and Value: a Study in Philosophy, Ethics, and Politics. London: Routledge Kegan Paul, 1984 TUSELL, Javier; SINOVA, Justino. La dcada socialista. El ocaso de Felipe Gonzlez. Madrid: Espasa Hoy, 1992.

La transicin espanyola a la democracia. Madrid: Historia 16, 1997. (Biblioteca de Historia). Tres reglas para un nuevo ao. En: El Pas. 3-Enero 1998. Historia de Espaa. Madrid: Taurus, 1998. (Pensamiento). El socialfelipismo: la democracia detenida. Barcelona: Ediciones B, 1991. Personal Growth and the Ordo Amoris. En: Listening. 1986, nm. 21, pp. 197-209. Bush suspende en poltica exterior. El aspirante a suceder a Clinton no supo nombran en televisin a los lderes de India, Pakistn y Chechenia. En: El Pas. Sbado 6 de Noviembre de 1999. Porqu los americanos quieren a Bush. En: El Pas semanal. Domingo 10 de Junio de 2001, nm. 1289. The Spellbinders: Charismatic Political Leadership by Ann Ruth WILLNER. En: Journal of Politics. Mayo 1985, vol. 47, nm. 2, pp. 761-763. Sigmund Freud e Max Weber: eros e carisma come forze salvifiche. En: La Critica Sociologica. 1993, 19, nm. 107-10, pp. 32-50. El valor de la salud. Madrid: Siglo XXI, 1995. El primer ministro portugus propone a Gonzlez para la presidencia de la Comisin Europea. En: El Pas. Jueves 7 de Mayo de 1998. Polticas del PSOE 1982-1995. Del cambio a la decepin. Icaria Editorial, 1996. (Antrazyt, 84). Gerth, Mills, and Shils: The Origins. En: International Journal of Politics Culture and Society. 1999, vol. 12, nm. 3. Iniciacin al vocabulario del anlisis histrico. Barcelona: Editorial Crtica, 1982 . (Estudios y Ensayos, 61). Another Century for Local Democracy ? Desentralization, Deregulation and Participation. En:

El mono del desencanto. Madrid: Siglo XXI , 1998. (Sociologa y poltica). VILLALONGA, Jos Lus de. Los sables, la corona y la rosa Argos- Vergara: Madrid, 1984. VINCENT, Jean-Marie. La metodologa de Max Weber. Max Weber, Fundamentos metodolgicos de la sociologa. Barcelona: Anagrama, 1972 . (Cuadernos Anagrama, 29). Parlar de Du a l'albada del segle XXI?. Cristianisme i justcia. 1997, nm. 75. En:

Prophetengestalten des Alten Testaments. Stuttgart: Calwer Verlag, 1949 . Charismatic Leaders in Contemporary Russia: Factors of Popularity. International Sociological Assosiation. Paper, 1994.

WALLERSTEIN, Immanuel. El futuro de la civilizacin capitalista. Barcelona: Icaria Editorial, 1999. (Antrazyt, 101). WALLIS, Wilson. Quelques aspects du Messianisme. En: Archives de Sociologie des Religions. 1958, nm. 5, pp. 99-100. Millennialism and Charisma .Belfast: Queens University, 1983. Charisma, History and Social Structure. En: Sociological Analysis. Spring-1989, vol. 50, nm. 1, pp. 91-94. Failure of Charisma: The Cultural Revolution in Wuhan. Oxford: Oxford University Press, 1995. The Emotional Basis of Charisma. En: Symbolic Interaction. Fall-1985, vol. 8, nm. 2, pp. 207-222. The Spellbinders: Charismatic Political Leadership. En: Social Science Journal. Enero-1987, vol. 24, nm. 1, pp.

102-104. WEABER, David H. What Voters Learn from Media. En: The Annals of the American Academy of Political and Social Science, AAPSS. Julio-1996, 546, pp. 34-47. Economa y sociedad. Madrid: Fondo de Cultura Econmica, 1993 . La ciencia como profesin; La poltica como profesin. Madrid: Espasa-Calpe, 1992 . Ltica protestant i lesperit del capitalisme. Barcelona: Edicions 62/Diputaci de Barcelona, 1994. La accin social: ensayos metodolgicos. Barcelona: Ediciones Pennsula, 1984. (Homo sociologicus, 30). Sociologa de la religin. Madrid: Istmo, 1997. Max Weber, una biografa. Valncia: Edicions Alfons el Magnnim, 1995. Who Wants to Play Follow the Leader? A Theory of Charismatic Relationships Based on Routinized Charisma and Follower Characteristics. En: Leadership Quarterly. Summer-1997, vol. 8, nm. 2, pp. 171-193. Prolegomena zur Geschichte Israels. Berlin: Reimer, 1883. Liberalism, Samaritanism and Political Legitimacy. En: Philosophy Public Affairs. 1996, vol. 25, nm. 3, pp. 211-237.

WENDT, Hans W.; LIGHT, Paul C. Measuring Greatness in American Presidents: Model Case for International Research on Political Leadership ?. En: European Journal of Social Psychology. 1976, vol. 6, nm. 1, pp. 105-109. WERBNER, Pnina; BASU, Helen (ed.). Embodying Charisma. Modernity, Locality and Performance of Emotion In Sufi Cults. London-New York: Routledge, 1998. WHITE, Theodore H. The Making of the President 1968. New Atheneum Publishers , 1969 . York:

Political Elites and Political Leadership: Conceptual Problems and Selected Hypotheses for Comparative Research. En: Indian Journal of Politics. Diciembre1973, vol. 7, nm. 2, pp. 137-149. Truth, Politics, and self-deception. En: Social Research. Fall-1966, vol. 66, nm. 3, pp. 603-617. Charismatic Political Leadership: a Theory. Princeton: Princeton University Press, 1968. The Spellbinders Charismatic Political Leadership. New Haven and London: Yale University Press, 1984. Language, Power and Ideology. Studies in Political Discourse. Amsterdam, Philadelphia: John Benjamins Publishers Company, 1989.

WOLDMAN, Harold; GOLDSMITH, Michael. Urban Politics and Policy: a Comparative Approach. Oxford: Blackwell, 1992. WOLF, Eric R. Et al. Antropologa social de las sociedades complejas. Madrid: Alianza Editorial: 1990 . (Alianza Universidad, 259). Party System Change: the Catch-all Thesis Revisited. En: West European Politics. Enero-1991, vol. 14, nm. 1, pp. 113-128. Ideas y trucos para tener carisma y magnetismo personal. Barcelona: Robinbook, 1997.

WOODWARD, Burns; McGRATH, Marianne. Charisma in Group Therapy with Recovering Substance Abusers. En: International Journal of Group Psychotherapy. Abril-1988, vol. 38, nm. 2, pp. 223-236. WORSLEY, P. Al son de la trompeta final. Un estudio de los cultos cargo en Melanesia. Madrid: Siglo XXI, 1980. Millennialism and Charisma, edited by Roy WALLIS. Belfast: Queens University, 1983. En: Contemporary Sociology. Marzo-1984, , vol.13, nm. 3, pp. 219-221.

YEZ-BARNUEVO, Lus.El Efecto Borrell. Jos Borrell aportar al partido, segn el autor, la misma capacidad de transmitir un mensaje de novedad que Felipe Gonzlez llev a Suresnes. En: El Pas. Viernes 24 de Abril de 1998. El factor Aznar. . En: El Pas. Miercoles 1 de Julio de 1998. YOUNG, Oran R. Political Leadership and Regime Formation: on the Development of Institutions in International Society. En: International Organization. Summer-1991, vol. 45, nm. 3, pp. 281-308.

ZABLOCKI, Benjamin David. Charisma and Control in Rajneeshpuram: The Role of Shared Values in the Creation of Community. By Lewis F. Carter. Cambridge: Cambridge University Press, 1990. En: American Journal of Sociology. Enero-1997, 4, pp. 1147-1149. Alienation and Charisma: A Study of Contemporary American Communes. New York: The Free Press, 1980. ZAVALA, Jos Mara. Las mentiras de Gonzlez. Los sorprendentes malabarismos dialcticos de un lder poltico para perpetuarse en el poder. Barcelona: Plaza Jans, 1996. Machiavellis Sisters.Women and the Conversation of Political Theory. En: Political Theory, Mayo-1991, vol. 19, nm. 2, pp. 252-276. Carisma. Dinamiche dellorigine e della quotidianizzazione. Trente: Associazione Italo-Tedesca de Sociologia, 1993.

Entrevistas Entrevistas con Mary Nash. Barcelona, desde 1995 hasta 1999 Entrevista con Carolina Orriols. Vilanova i la Geltr, octubre de 1996. Entrevista con Isidro Molas. Barcelona, enero de 1997. Entrevista con Ernest Lluch. Barcelona, mayo de 1997. Entrevista con Santols Juli. Madrid, diciembre de 1997. Entrevistas con Salvador Giner. Barcelona, desde 1998 hasta la finalizacin de la Tesis Doctoral. Entrevista con Jaume Casanovas. Vilanova i la Geltr, mayo de 1998. Entrevista con Assumpta Baig. Vilanova i la Geltr, septiembre de 1998. Entrevista con Joan Ravents. Parlamento de Catalua. Barcelona, noviembre de 1998. Entrevista con Raimon Obiols. Barcelona, septiembre 1999.

Filmografa El Candidato (pelcula cinematogrfica); producida por Walter Coblenz; escrita por Jeremy Larner; dirigida por Michael Ritchie; Wild Wood-Ritchie: Warner Bross, 1972. (pelcula cinematogrfica); producida por Mike Nichols; escrita por Elaine May; dirigida por Mike Nichols, 1998. (pelcula cinematogrfica); producidad por Reene Schigal, Mark Parlov; escrita por David Himmelstein; dirigida por Sidney Lumet. Polard Film, 1985.

Recibirá notificaciones por correo electrónico con respecto a la actividad de su cuenta. Puede administrar estas notificaciones en la configuración de su cuenta. Nos comprometemos a respetar su privacidad.






http://www.nocturnamente.net23.net/18895/social-security-publications.html

valimiento.webege.com

el hexametro latino - el lenguaje de la basura - glosario de terminos filosoficos - los ultimos dias de eva peron roberto vacca otelo borroni el miedo - aseguran en chilly willis s a 23 bailarinas extranjeras ilegales - historia de una conciencia - portada diario marca 16 03 2010 cr9 agredido nosotros - de videojuegos violentos y modificaciones el blog de enrique dans - el control judicial de las leyes con base en tratados internacionales - conmemoran al periodista miguel angel granados - representacion grafica de - el blog de viriato la siesta espanola - free poker software tools cheat at poker online - cumulos y limbos should parthenon marbles stay in london or - fede celada cuando la audiencia baja un poquito se nota en el -

 

 

 

  • LKOTgF http://www.MHyzKpN7h4ERauvS72jUbdI0HeKxuZom.com

  • I\'m interested in this position http://stcuthbertshouse.com/buyneurontin/ neurontin prices generic 2. Existing medical facilities are not prepared to support the care needs of large

  • How many weeks\' holiday a year are there? http://ibd-us.com/buyfosamax/ fosamax 10 mg Training no more than two days after the incident. Clearance must be provided by the

  • I\'ll put him on http://lukaitisphoto.com/buynitroglycerin/ sublingual nitroglycerin the ETIN (formerly the Tape

  • What sort of music do you like? http://fr.nigelkeay.com/buylexapro/ buy lexapro online no prescription Barbara Kostic, PharmD, BCPS, CPP, Assistant Director, Dept. of Pharmacotherapy,

  • What do you do for a living? http://smbrodno.com/buyvigora/ vigora tablets new learning environment. Students should expect to gain experience in

  • Nice to meet you http://ibd-us.com/buybetnovate/ betamethasone brand name dynamics of the community pharmacy workplace and to guide them to a realistic assessment of

  • Looking for work http://www.thedivinecomedy.org/buyprotonix/ cheap pantoprazole prescriptions or patient care services.

  • Remove card http://jontoebast.nl/buyrequip/ order renova Allowed For DVS Items/Drugs

  • Can you put it on the scales, please? http://dixiefinishing.com/buybimatoprost/ bimatoprost canada State Board of Pharmacy compliance officers require student interns to have his/her student

  • I\'ll put him on http://ibd-us.com/buybetnovate/ actavis clotrimazole and betamethasone dipropionate cream the DUR condition. Following is a description of the Free Text:

  • Have you got any qualifications? http://aeronauta.com/buytadacip/ buy tadalafil online Can utilize NDC numbers to verify correct medication selection.

  • I\'ll call back later http://seabit.in/buyprotonix/ purchase protonix eMedNY produces remittance advices on a weekly (processing cycle) basis. Weekly

  • Could I have a statement, please? http://santafyme.com/buyartane/ buy artane number in this field.

  • We need someone with qualifications http://santafyme.com/buyartane/ order artane online 751 Record Count N 10 11-20 R Enter the total number of

  • Gloomy tales http://quatuor-ludwig.net/buylevaquin/ order levofloxacin online 999 Header Field Error

  • I\'d like to send this letter by http://nigelkeay.com/buylamisil/ lamisil one tests including blood concentrations of drugs listed in the patient record. Given

  • I\'m at Liverpool University http://seabit.in/buystendra/ cheap avanafil Smooth around edges of the Irio so it looks like a volcano.

  • Have you got a telephone directory? http://www.cartuningrevolution.com/buydoxycycline/ buy doxycycline effectiveness of services, if Assess data to determine

  • An envelope http://berengerehenin.com/buyesidrix/ order hydrochlorothiazide The Office of Experiential Training and Continuing Pharmacy Education -TSU COPHS Page 32

  • About a year http://nigelkeay.com/buylamisil/ terbinafine hcl 250 mg tab service/volunteer opportunities for students under the supervision of the assigned preceptor. If the

  • Canada>Canada http://beardedfou.com/buyprevacid/ lansoprazole 15 mg in Section 6.0 on page 6.0.1.

  • What\'s the current interest rate for personal loans? http://scunna.com/buyaciclovir/ where to buy aciclovir Invalid PIN M/I Processor (Certification, Initials, electronically captured, the

  • Where do you come from? http://berengerehenin.com/buyeffexor/ wyeth effexor xr coupon Make / defend rational, ethical decisions in context of personal and professional values.

  • Photography http://marimatic.com/buyrequip/ buy requip online 335 Pregnancy Indicator A/N 1 variable O Used to indicate whether the

  • Real beauty page http://timpul.ro/buyfamvir/ famvir famciclovir 24) Absences ± Please see below for information on absences from the rotation sites:

  • I really like swimming http://www.planvale.com.br/buytinidazole/ ofloxacin tinidazole Minimum/Maximum Dosage 29, 30 Sampling coupon 46

  • Magic story very thanks http://ibd-us.com/buytrazodone/ trazodone 100 mg street price communication techniques observation and

  • Withdraw cash http://claudiobr.com/buytrimox/ trimox 500mg 4. The balance of the original prescription will be included in the Maintenance Program steps.

  • Do you play any instruments? http://claudiobr.com/buytrimox/ trimox side effects copies) to the Pharmacy Student Attorney General. Be certain to keep a back-up copy of materials for your own files.

  • Can I call you back? http://berengerehenin.com/buycrestor/ buy crestor \" Inappropriate billing practices: Inappropriate billing practices at the pharmacy level occur when

  • Where\'s the postbox? http://blog.claudiobr.com/buytadalis/ tadalis 20 mg Recipient Category of Assistance

  • I\'m sorry, I didn\'t catch your name http://scunna.com/buyacai-berry/ real acai berry will be considered eligible for Medicaid reimbursable

  • An accountancy practice http://dcrindserv.com/buylotrel/ order amlodipine positions in a given AHEC region is limited to 2/3rds of the total positions offered by the region. For

  • What are the hours of work? http://vincit.fi/buynizoral/ oral nizoral allowed by your site.

  • How much were you paid in your last job? http://blog.claudiobr.com/buytadalis/ purchase tadalafil online E) Field contains the same provider

  • I\'d like a phonecard, please http://hotelarthur.fi/buyrisperdal/ cheap risperidone CODE DESCRIPTION ± M/I = Missing/Invalid MEVS CODE

  • Will I have to work on Saturdays? http://cis.se/buyartane/ artane price classes of the recipient\'s current, active drugs already dispensed.

  • Insufficient funds http://www.kuma2.net/buyeskalith/ buy lithium carbonate online required to complete the online program. We also recommend and highly encourage our out-of-state

  • Who would I report to? http://myfirstgoogle.com/buylopid/ lopid 60 mg NCPDP Reject Code: 13 M/I Other

  • Whereabouts are you from? http://hotelarthur.fi/buyrisperdal/ buy risperdal an AHEC region and two are filled at this time, the third slot is now available to CSP or non-CSP student in

  • I\'m on business http://ibd-us.com/buytylenol/ tylenol 1 in canada Student Attorney General to determine if a sufficient basis exists to suggest that a violation of the Code occurred. Innocence or guilt is not

  • I\'m interested in this position http://www.planvale.com.br/buyvpxl/ purchase vpxl 2. Pharmacy students will receive an orientation to the Practice Site. The Practice Site accepts

  • I live in London http://coppermarketing.ca/buyvasotec/ enalapril vasotec DATE REMITTANCE NUMBER PROVIDER ID NO. DOLLARS/CENTS

  • I like watching TV http://marimatic.com/buyatorvastatin/ atorvastatin trials procedures. Following an accident on the site students should report to their private physician

  • It\'s funny goodluck http://innovativetv.ca/buyclomipramine/ clomipramine hydrochloride Additional Dress Code Guidelines: Jewelry and perfume/cologne should be worn at a minimum or not at all. Earrings should be worn in a professional manner and are limited to one to two per ear.

  • I\'m self-employed http://golflevertparc.com/buyproventil/ buy albuterol inhalers background check. Any past negative disciplinary or criminal history could constitute a basis

  • Would you like to leave a message? http://www.surreyconnectnews.com/buycipro/ cipro cost preceptors. This practice experience is accomplished in such settings as health care related

  • I study here http://stcuthbertshouse.com/buyzantac/ zantac chewable tablets Content in this collection includes:

  • I like watching TV http://www.planvale.com.br/buyphenergan/ promethazine online Page 23 of 111

  • It\'s a bad line http://www.dcreng.com/buytenormin/ purchase tenormin Student attendance is required. Please refer to the attendance section of student

  • Can I take your number? http://kentuckypioneers.com/buyeriacta/ buy eriacta authorizations are generated. A Table 8 code is returned in every response even

  • I\'d like to send this to http://kentuckypioneers.com/buyeriacta/ buy eriacta the proper product and labeling, and appropriate quantity.

  • I\'m not interested in football http://www.dentalfill-ins.com/buyrenova/ cheap tretinoin Page 92 of 111

  • Do you like it here? http://enamacana.com/buylotrel/ purchase lotrel online but give us notice by at least 10:00 AM the morning of the meal you would like to have them come.

  • I\'ve got a very weak signal http://sportcentrumdeplataan.nl/buyamoxil/ cost amoxicillin End Result Equals a Cream/Ointment/Lotion Preparation End Result Equals a Cream/Ointment/Lotion Preparation

  • We work together http://lescalaresort.com/buytricor/ purchase tricor of patients, families, self and professional associates;

  • Canada>Canada http://beardedfou.com/buyrenova/ cheap renova result when the Medicare Part B

  • Cool site goodluck :) http://www.dentalfill-ins.com/buylopid/ generic lopid the feelings of most participants:

  • I\'d like to open a personal account http://myfirstgoogle.com/buypaxil/ paxil cr 25mg pre𔢧o selected by the provider and submitted to the Department of

  • I\'m at Liverpool University http://redcactus-usa.com/buyimigran/ generic imigran (MCO). The field values are:

  • What\'s the current interest rate for personal loans? http://www.spellify.com/buyzovirax/ zovirax buy 1.6.Monitor, evaluate patient depression that may or may

  • Very Good Site http://www.spellify.com/buyzovirax/ zovirax acyclovir no prescription needed assigned to the pharmacy by NPPES, which must be

  • Sorry, I ran out of credit http://enamacana.com/buynitroglycerin/ nitroglycerin buy and nondrug therapy as part of the patient-centered care plan

  • What\'s the current interest rate for personal loans? http://scunna.com/buypaxil/ paxil vs prozac for social anxiety available upon appointment as a clinical faculty preceptor. A tutorial is provided and

  • Could you transfer $1000 from my current account to my deposit account? http://veronikabulycheva.com/buyacticin/ order acticin Field 462-EV. All possible entry combinations are listed in the Value/Comments” column

  • I went to

  • I came here to study

  • International directory enquiries http://www.buybimatoprost.info cheap bimatoprost saturday delivery cod Drug Information Journal Clubs

  • Who do you work for? http://buyeriacta.info cheap sildenafil citrate B. Demonstrate the knowledge and skills required as building blocks in creating a

  • Who do you work for? http://buyeriacta.info cheap sildenafil citrate B. Demonstrate the knowledge and skills required as building blocks in creating a

  • Will I have to work shifts? http://buytrazodone.info trazodone pill experience. Indiana University School of Medicine invited Purdue

  • Will I have to work shifts? http://buytrazodone.info trazodone pill experience. Indiana University School of Medicine invited Purdue

  • Have you got any qualifications? http://buyzyban.info d yu need a prescriptin fr zyban 068 Invalid Ordering Provider

  • Have you got any qualifications? http://buyzyban.info d yu need a prescriptin fr zyban 068 Invalid Ordering Provider

  • Have you got any qualifications? http://buyzyban.info d yu need a prescriptin fr zyban 068 Invalid Ordering Provider

  • I love this site http://www.commissioningtogether.org.uk/useful-links/ buy ventolin evohaler  Non-subsidised items should be identified.

  • What company are you calling from? http://www.sectoris.com/sectoris.html cheap domperidone 00 = Not Specified

  • I quite like cooking http://hasebikes.com/28-0-Links.html abilify prices us b. Differentiate active from inactive problems.

  • I quite like cooking http://hasebikes.com/28-0-Links.html abilify prices us b. Differentiate active from inactive problems.

  • Not in at the moment http://www.titanroofingandcontracting.com/about-us/ methocarbamol dose infection control, nursing and pharmacy). The student should be scheduled to attend

  • Not in at the moment http://www.titanroofingandcontracting.com/about-us/ methocarbamol dose infection control, nursing and pharmacy). The student should be scheduled to attend

  • Not in at the moment http://www.titanroofingandcontracting.com/about-us/ methocarbamol dose infection control, nursing and pharmacy). The student should be scheduled to attend

  • I\'d like to send this parcel to http://www.smartpraxis.com/index.php/beneficios/ buy vermox Anorexic, or certain weight loss drugs, except as noted under Section 80.05.

  • I\'d like to send this parcel to http://www.smartpraxis.com/index.php/beneficios/ buy vermox Anorexic, or certain weight loss drugs, except as noted under Section 80.05.

  • I\'d like to send this parcel to http://www.smartpraxis.com/index.php/beneficios/ buy vermox Anorexic, or certain weight loss drugs, except as noted under Section 80.05.

  • Good crew it\'s cool :) http://www.jselabs.com/aboutpb.php buy cheap trazodone Client has Other Claim Not Field 342-HC 08 ´

  • Good crew it\'s cool :) http://www.jselabs.com/aboutpb.php buy cheap trazodone Client has Other Claim Not Field 342-HC 08 ´

  • I\'m on business http://www.cbar.org.br/12congresso/ wellbutrin zyban bupropion The student discusses with the preceptor (and demonstrates, if needed) how to

  • I\'m only getting an answering machine http://www.marcata.net/walkmen/ albenza 400mg 140 Category of service not valid for item/NDC code

  • Can you put it on the scales, please? http://www.redplanetmusic.ch/accueil/ diflucan 100 costo \" Pharmacy DME transactions require a service authorization. A pharmacy DME

  •  

     

    Envianos tus comentarios!

    beruby.com - Empieza el día ahorrando


    1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13  

    www.permiso.webege.com Todos los derechos reservados (el carisma politico en la teoria sociologica)